Gestión Ambiental (II)


El compromiso de conservar el Parque Nacional Canaima
Articulista
Viviana Salas es Doctora en Zoología con Maestría en Gerencia Ambiental. Desde hace 15 años ha trabajado en varias organizaciones ambientales de Venezuela. En el año 2002 fundó la Asociación Civil BioParques, organización de la que es Directora Ejecutiva.
Cuando un amigo extranjero me dijo que tenía sólo una semana para visitar Venezuela y que quería aprovecharla conociendo un lugar que no pudiera ver en otra parte del mundo, no dudé en recomendarle que pasara sus vacaciones en el Parque Nacional Canaima.
En él se encuentra el Kerepacupai o Salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo, y también un grupo de montañas conocidas como tepuyes, de paredes verticales y cumbres rocosas aplanadas. Canaima fue decretado Parque Nacional el 12 de junio de 1962, con el fin de proteger este importante patrimonio natural.
Este parque nacional fue creado con una extensión de casi 2 millones de hectáreas que comprendía la localidad turística de Canaima, así como las montañas del Chimantá-tepui y el Auyán-tepui. Actualmente tiene unos 3 millones de hectáreas, siendo el segundo parque nacional más grande de Venezuela. El 9 de septiembre de 1975, el parque fue ampliado para incluir una gran extensión de la Gran Sabana y de las nacientes del Río Caroní, principal alimentador del Embalse Guri.
Un tercio del área de captura del agua del Embalse Guri forma parte del Parque Nacional Canaima. A su vez, este embalse es la fuente de agua de la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, la cual provee el 70% de la energía eléctrica que se utiliza en Venezuela. Contar con energía hidroeléctrica implica que los venezolanos utilizamos energía más limpia y que ahorramos petróleo. Sería necesario consumir alrededor de 500 mil barriles diarios de petróleo, para producir una energía equivalente a través de centrales termoeléctricas.
Este parque nacional posee una importante biodiversidad y numerosas especies endémicas de flora y fauna, es decir, plantas y animales que solamente viven allí. En parte esto se debe a que los tepuyes funcionan como islas en la tierra. El parque también es refugio para especies claves para el ecosistema como el yaguar y la danta, así como para especies amenazadas como el águila arpía y el cuspón, cuya figura actualmente está plasmada en los billetes de 10 y 5 bolívares.
Los beneficios que ofrece este parque nacional cruzan las fronteras de la región de Guayana, por eso fue declarado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio de la Humanidad en 1994. Sin embargo, los aportes de Canaima al bienestar humano del mundo se ven amenazados por la minería ilegal, el turismo no regulado, los incendios de vegetación, el crecimiento demográfico, el personal insuficiente y la falta de infraestructura.
Aunque existe una importante inversión pública para el funcionamiento de los parques nacionales de Venezuela, no resulta suficiente. En 2011, al Instituto Nacional de Parques se asignó apenas el 0,02% del presupuesto nacional pero está encargado de manejar más del 15% del territorio venezolano.
Es urgente contar con el compromiso político y financiero de los distintos sectores de la sociedad, a nivel regional, nacional e internacional, para asegurar la conservación de estas áreas estratégicas con el fin de alcanzar el desarrollo sustentable, no sólo de la región Guayana, sino de Venezuela.


La visión Pemon de la gestión ambiental
Articulistas
Mariapia Bevilacqua, Lya Cárdenas y Domingo Medina, científicos de la Asociación Venezolana para la Conservación de Áreas Naturales (Acoana).
La visión del pueblo Pemon sobre la gestión ambiental de sus hábitats y tierras tradicionales, concibe su calidad de vida asociada a la seguridad de sus territorios tradicionales, donde se localizan los recursos naturales fundamentales para su estilo de vida y cultura.
Su enfoque de gestión territorial se basa en vivir dentro de los principios y valores propios de la cultura y ser protagonistas de las decisiones de su propia vida.
En la enseñanza y el aprendizaje se fortalece lo cultural, al permitir que se conozca y se transmitan los saberes necesarios de su cotidianidad, donde reside su cultura material (por ejemplo: el sebucán, el cernidor, el porta casabe, etc.).
La conservación de los recursos naturales es el eje transversal fundamental para la vida cotidiana y la falta de respeto a las normas culturales puede contribuir a que desaparezcan los recursos, lo cual compromete su seguridad alimentaria y supervivencia. Las tecnologías para el manejo de los recursos se conciben como una integración de lo mejor de los dos mundos (indígena y occidental), siendo aplicados en contexto de las realidades propias de las comunidades.
Se considera pertinente incrementar la producción agrícola, pero con base en la técnica ancestral, promoviendo la siembra de los rubros tradicionales y la elaboración de derivados, que ayuden al balance nutricional adecuado a las exigencias de la población.
La realidad ambiental y socioeconómica de cada sector y comunidad es la base de partida para la aplicación de estrategias y acciones de manejo de recursos. Por su parte, los indicadores del desarrollo sustentable del pueblo Pemon, incluyen:
  1. Titularidad sobre los hábitats y tierras tradicionales, 
  2. Inventario de recursos naturales, flora, fauna, cuerpos de agua y minerales, 
  3. Conservación de recursos naturales, sobre la base del uso de tecnologías y prácticas tradicionales, la transferencia de aquellas apropiadas y el manejo sustentable de los recursos naturales, con la aplicación de normas culturales y restricciones; 
  4. Ordenación del territorio tradicional dependiendo de los ecosistemas, los recursos, las actividades productivas y sitios sagrados, y 
  5. La movilidad demográfica Pemon, dentro y fuera del territorio tradicional.
Dado el contexto de los cambios socio-culturales que ha experimentado el Pueblo Pemon, es importante que los Pemon evalúen cuan vigente están, en las generaciones nuevas de jóvenes y líderes, sus instituciones de manejo a nivel comunitario y regional, así como el conocimiento ecológico tradicional asociado, para hacer viable la visión de gestión ambiental que tienen y más aun, se integre en la concepción de co-manejo del Parque Nacional Canaima.


Los indígenas y la conservación de la vida
Articulista
Luis E. Pérez es Biólogo, especialista en ecología de peces y dinámica del mercurio en embalses del estado Bolívar. Ha desarrollado tecnología de piscicultura en jaulas flotantes para embalses neotropicales.
Hace menos de 20 años, escuchábamos voces de desarrollistas que se burlaban de los científicos que pretendían transmitir a toda la humanidad, la angustia que sentían por las evidencias de un cambio climático que avanzaría rápidamente y con graves consecuencias. Pocos años bastaron para que todos nos demos cuenta de que el clima está totalmente desarreglado.
Aun así, los ciudadanos de cualquier país no terminamos de decirles a los políticos, elegidos por nosotros, que dejen de ver la reelección como el objetivo supremo de la existencia y tomen las medidas necesarias para frenar este inevitable proceso, que afectará las vidas de las sucesivas generaciones.
De nada nos sirve que en nuestro país mejore egoístamente el PIB, la balanza de pagos o los niveles de bienestar material, si el costo de nuestra irresponsabilidad lo van a pagar carísimo los que todavía no han nacido. Como ciudadano consciente del planeta Tierra yo suplico a los responsables de las políticas ambientales de este país y de todos los demás, que se apresuren a apretar los cinturones del bienestar actual, reduciendo drásticamente el consumo de energías no renovables, parando en seco la deforestación y destrucción de ecosistemas valiosos, explicando a la población que cada pareja no puede estar trayendo al mundo tres o cuatro hijos, de modo que nuestros nietos puedan vivir en un mundo algo parecido al maravilloso que aún tenemos hoy.
Aclaro que el camino al futuro con conciencia ecológica, debemos recorrerlo bajo esquemas de equidad. Pero, así como un magnate no controla el vicio de acumular cada vez más bienes hasta el fin de sus días, la mayoría de los políticos de ésta y de otras latitudes no pueden poner coto a sus deseos de gobernar durante el próximo periodo, al precio que sea, incluso hipotecando el futuro de sus hijos.
Al menos en los países con mayores niveles educativos existen los partidos verdes, los que tienen la inteligencia de dar prioridad al tema ambiental, siendo una minoría de la sociedad que va creciendo en la medida en que más ciudadanos dejan de taparse los ojos ante la realidad que muestran los científicos. Estas sociedades distorsionadas veneran a actrices, cantantes y futbolistas, copiando su manera de vestir y hasta de caminar, pero están de espaldas a esos científicos que consagran su vida a entender cómo funciona el planeta y a hacer advertencias desagradables sobre las reacciones de Gaia, el planeta vivo.
Nos recuerda el trato que recibían los impertinentes profetas del antiguo testamento cuando aguaban las fiestas del pueblo, llamándoles a la penitencia para aplacar la ira divina que se avecinaba. También hay que reconocer que importantes canales de televisión internacionales especializados en temas ecológicos están emitiendo excelentes programas que permiten entender la situación.
Tengo la certeza de que nuestros mismos hijos dirán: “Nuestros padres estuvieron muy equivocados  cuando se entretuvieron en discusiones ideológicas, en pugnas políticas, mientras el planeta se enfermaba gravemente y se perdían ecosistemas y especies que necesitábamos. No supieron identificar lo más grave y prioritario. Tenían que haber tomado medidas drásticas para retroceder a tiempo en los niveles de consumo y destrucción de recursos no renovables”.
De qué les servirá a nuestros hijos vivir encerrados en habitáculos con aire filtrado, saturados de las más avanzadas tecnologías de comunicación y entretenimiento digital si han estropeado el aire, el agua y la vida, sin poderse bañar en una playa no contaminada ni escuchar el canto de los pájaros.
Venezuela contaba con considerables extensiones de bosques, e incluso con la cuenca boscosa tropical mejor conservada del mundo, hasta que una minoría de mineros enfebrecidos por el oro, no frenados por autoridades que tenían la responsabilidad de impedirlo, decidió que también había que destrozarla.
Esos son los espacios en los que todavía se refugian los “socialistas originarios”, los venezolanos originarios, los indígenas de una treintena de culturas. Y venían viviendo bajo el sabio concepto de que ellos no dominan a la naturaleza, sino que pertenecen a ella. Mantenían el equilibrio que siempre mantuvieron, con poblaciones que se ajustaban a la disponibilidad de recursos, siendo  reciclables todos los materiales que usaban durante el curso de su vida, sin nada que contaminara.
El actual pueblo venezolano, consciente y responsable, debe tener claro que lo más conveniente para sus hijos es que los indígenas sigan ocupando, sin amenazas, esos espacios, sin abandonar su relación con la naturaleza, sin dejar perder la sabiduría de sus ancestros, que nos lleva a reflexionar que el “hombre primitivo pero sabio” mantenía la capacidad de seguir viviendo feliz en el planeta, mientras el “hombre tecnológico pero estúpido”, ya  comenzó ahogar en las excrecencias de su desarrollismo, a toda la humanidad. Seamos sensatos, controlemos la instintiva voracidad  y renunciemos a extraer nuevos recursos al sur del Orinoco, exigiendo -eso sí- que los países desarrollados compensen a Venezuela por ese valioso aporte ecológico global.
Pero, independientemente de que sea capitalista neoliberal o socialista revolucionario, el desarrollismo sigue caminando en dirección contraria a la que señalamos como sensata. El temor que me entristece profundamente es que el conflicto socio-político que apasiona a la sociedad polarizada nos impida ver más allá y que, gobierne quien gobierne, durante los próximos años la sociedad avale más destrucción de ecosistemas al sur del Orinoco y más expulsión de indígenas a la marginalidad de las ciudades. Como ciudadano debes asumir una posición y buscar la forma de hacer llegar a los políticos tu mensaje y el de los que coinciden contigo.


¿Es posible pensar la sostenibilidad sin la gente?
Articulista
Nalúa Rosa Silva Monterrey es antropóloga con postgrado y doctorado de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Paris, Francia. Miembro del Centro de Investigaciones Antropológicas de la UNEG y desde 1987 ha trabajado con los pueblos indígenas de Venezuela acompañándoles en sus luchas.
A veces cuando revisamos las propuestas de figuras de conservación estricta, en espacios donde hacen vida comunidades indígenas, nos preguntamos si es posible pensar el desarrollo sustentable sin la gente. ¿Para quién se conserva?
Sabemos que el problema ambiental no se circunscribe solamente a lo local, pues el impacto de la conservación local es global. El cambio climático, la reducción de la capa de ozono, la acumulación de basura, la desaparición de especies, etcétera, son problemas mundiales que nos impactan, por lo cual todos tenemos responsabilidad en función de nuestra propia conservación como especie.
Pero, si esto es así, ¿cómo resolvemos la situación in situ?, ¿qué debemos hacer frente a las comunidades que depredan sus espacios? o ¿frente a las que demuestran sabiduría y experiencias exitosas de manejo?
Las acciones deben ser diferentes en ambos casos; frente a las primeras, la educación, la reorientación de las actividades, los controles, las alternativas económicas sostenibles, deben ser bien pensadas e implementadas; pero en el caso particular de las segundas, es claro que debemos aprender de ellas, de sus experiencias, de sus tecnologías.
Se deben construir en ambos casos, a través de la educación, la sensibilización y los controles, programas ambientalmente responsables y sostenibles que permitan a las comunidades alcanzar el bienestar que ellas persiguen.
Se trata de lograr mejores condiciones de vida, sin que por ello se vean comprometidos los recursos que se aprovechan en la actualidad y que serán necesarios para el desarrollo también de las generaciones futuras. No es entonces cualquier tipo de desarrollo, sino específicamente “desarrollo sostenible”.
El peso de salvar al planeta no debe recaer solamente en las comunidades indígenas locales, sino sobre todos nosotros. Me viene a la mente la reivindicación histórica de los pueblos indígenas de nuestro país, en el sentido de que se les deben reconocer  sus derechos territoriales; y la diatriba surgida con algunos ambientalistas que prefieren que en esas áreas se creen parques nacionales, santuarios o monumentos naturales, obviando los justos reclamos de sus habitantes cuya supervivencia cultural se ve comprometida por la inseguridad jurídica que genera el no reconocimiento de sus derechos sobre las tierras que habitan.
Pareciera que quienes des-oyen las peticiones de las comunidades tienen miedo del rumbo que ellas puedan tomar, una vez que tengan en sus manos los títulos de propiedad sobre los hábitat. Temen que los que han demostrado tener prácticas  ancestrales sostenibles, como el caso de los indígenas de la cuenca del río Caura por ejemplo, cambien súbitamente de rumbo.
Todo reconocimiento de derechos tiene riesgos implícitos, pero frente a ello se debe tener confianza en la sensatez y en la madurez que ese grupo humano mostrará en función de su propia supervivencia. En efecto, el mal uso de la libertad por un ciudadano, no justifica la restricción de la libertad de los otros ciudadanos.
Es claro que ningún Estado debe renunciar a su derecho a supervisar y controlar las actividades que se desarrollen en su territorio y a orientar las políticas ambientales, sociales y económicas que garanticen efectivamente la sostenibilidad.
Es evidente para nosotros, que ese objetivo no se puede alcanzar de manera aislada, sino que requiere incluso de la participación de quienes no entienden lo que significa la sostenibilidad y poseen valores e ideas diferentes sobre el desarrollo. No debemos olvidar que esta es una agenda que nos concierne a todos.    



Reflexión desde la acción
Articulista
Yamily Haydar es Presidenta de la Cámara de Turismo del estado Bolívar.
Bolívar, importante por su potencial natural, su riqueza histórica y cultural, hoy le queremos rendir tributo por sus extraordinarios parques y monumentos naturales, surcados por las imponentes y generosas aguas del Orinoco y Caroní, cuyos ramales se extienden por un paisaje conformado por inmensos altiplanos y mesetas, por los tepuyes de paredes abruptas, por el despliegue exuberante de la Gran Sabana, por Canaima y nuestro majestuoso Salto Ángel, además de un sinfín de bellezas naturales.
Nos quedamos cortos en resumir sus atributos ya que consideramos que deben ser nombrados, identificados y honrados por su pueblo, para hacernos recordar el respeto y devoción ante nuestra madre naturaleza que nunca debemos olvidar porque vivimos en tierras milenarias, con una gran diversidad biológica.
Hoy, estamos frente a un presente lleno de deseos, incertidumbre y esperanzas en la búsqueda de lograr sensibilizar, integrar, formar y educar a toda nuestra comunidad y al pueblo venezolano en pro de mantener nuestros espacios naturales.
Es oportuno que hagamos una reflexión, realmente ¿qué estamos haciendo por preservar nuestro medio ambiente? Recordarnos continuamente que somos responsables por nuestras acciones y ellas determinan nuestro diario existir, entonces ¿por qué fallamos continuamente en esta meta a pesar de lo benevolente que ha sido nuestro creador para con nosotros? Son muchas las interrogantes y pocas las respuestas o peor aún, pocas las reflexiones, es que acaso no nos importa la depredación de nuestra naturaleza, nos hemos percatado que nos estamos convirtiendo en los asesinos de ella….Si!! Nuestra Madre Naturaleza. Parecieran duras las palabras, pero peor es no hacer nada absolutamente, para  resarcir este daño irrevocable.
Nosotros, desde la Cámara de Turismo del Estado Bolívar les invitamos a unirse a nuestros programas de preservación del medio ambiente, entre los cuales se destacan: Siembra vida, Siembra un árbol;  desarrollo, sustentabilidad e impacto ambiental de los embalses del Caroní, así como  formación y capacitación de nuestra comunidad empresarial turística, incluidos los usuarios de servicios y espacios recreacionales;  planificación de infraestructura turística con bajo impacto ambiental; conoce a Bolívar con Destinos Bolívar; proyecto ambiental Parque Nacional Canaima, entre otros.
El desarrollo de infraestructura así como el uso indebido por el hombre de los espacios naturales, generan un impacto ambiental, pero somos concientes del resultado de esta acción, que en algunos casos está justificada, pero en otras no.
Es por ello que apreciamos esta oportunidad de poder llegar nuevamente a Ustedes, para invitarles a meditar que ya es hora de hacer nuestra parte en esta vida, que ya no podemos seguir caminando sin importar lo que dejamos atrás o lo que dejamos de hacer, que reconozcamos que el medio ambiente nos necesita y nosotros a él, y que no esperemos que sea tarde para reaccionar recordando que le debemos a una generación futura disfrutar de lo que nosotros estamos admirando hoy. En resumen, no te quedes preguntando a los demás qué haces por el medio ambiente, sino pregúntate qué estás haciendo tú por salvar nuestro medio ambiente.


En busca del millón
Articulista
Miriam Gravante es Licenciada en Educación Especial y Abogada, vicepresidenta de la Cámara Venezolana Italiana, coordinadora de Turismo de Fedecamaras Bolíva.
Los montos repartidos durante el pasado Maratón de Nueva York me hacen reflexionar.  A estas cantidades se suman bonos especiales por batir récords en las distintas categorías. ¿Creen que estamos hablando de una lotería?  ¡Pues no!  Estamos hablando de premios – ¡Sí, de premios! –  Dinero que se paga a gente que va correr a estas ciudades – nada más y nada menos que turismo de maratón, - nos preguntamos cuánto estamos dispuestos a pagar por el ¿millón de turistas?  ¿Confundidos? – ¡Pues, aclaro! Cuando vemos estas grandes cifras y las analizamos, de entrada pensamos que son montos muy altos que se pagan y que es mucho dinero por correr en un Maratón, - si lo vemos así,  es cierto pero si sumamos y multiplicamos, entonces podemos tener algunos resultados, que quizás nos pongan a meditar, como por ejemplo.
Se calcula que un evento de esta naturaleza genera, la nada desdeñable cifra de 200 millones de dólares, es decir, unos 157 millones de euros. El año pasado hasta la ciudad de los rascacielos viajaron participantes de 107 nacionalidades diferentes. La última estimación del impacto económico, indica que se gastaron unos 71 millones de dólares en alojamiento, 45 millones  en alimentación, 42 millones  en comercialización  de la prueba, 16 millones en ocio, 14 millones en transporte y 11 millones en material deportivo. Negocio redondo y… saludable. Correr y viajar está de moda.
De hecho, algunas agencias de viajes ofertan paquetes turísticos para este tipo de turismo. Avión, hotel, dorsal para la prueba y excursiones por la ciudad. Ese es el patrón común. ¿Cuántas personas se inscriben en un Maratón como el de Nueva York? Nada más y nada menos que unas 150.000 personas de las cuales han tenido que reducir y ahora los participantes deben ganar un sorteo entre unos 500.000,  lo cual nos lleva a pensar la gran logística que implica una carrera de esta magnitud.
Pero, no siempre fue así, porque cuando se organizó el primer maratón de Nueva York en año de  1970, tan sólo participaron 127 corredores que se dieron unas cuantas vueltas por el Park Drive, en el Central Park. También para entonces los espectadores eran muy pocos, unas cien personas. Sólo 55 participantes completaron la carrera, de 42.1 kilómetros,  mientras que fue el norteamericano Gary Muhrcke a ganarla, con una marca de 2 horas 31 minutos 38 segundos.
Piensen  entonces que no es imposible ser un destino de maratón en Ciudad Guayana,  cuando tenemos una ciudad plana, tres puentes que comunican Puerto Ordaz y San Félix y dos Parques Urbanos como la Llovizna y Cachamay, que muy bien pudieran servir de partida y de llegada, una vez recorrido los 42.10 Kilómetros. Pero, vayamos un poco más lejos, ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por ese millón de turistas?, ¡Sí!, así como lo decimos, porque cuando se promueven premios de gran envergadura, es llamativo para mucha gente. Pero volvamos a las cuentas, si sólo corrieran 150.000 corredores y cada uno viniera con 4 personas y cada uno gastara,  un promedio de 100 dólares diarios para dormir y comer serian 2.500 dólares en cinco días por cada persona, y si eso lo multiplicamos por 150.000 se convierten en 375.000.000.00  millones de dólares, solo en alojamiento y comida, sin considerar,  los ingresos por avión, comercialización, el gasto de ocio.
Una cifra nada despreciable para motorizar una  economía como la nuestra, pero yendo un poco más allá en busca del millón de turistas vemos con gran asombro que 150.000 corredores como por arte de magia se convierten en 750.000 turistas, razón suficiente para buscar esos premios y hacer lo más llamativo posible un evento de esta naturaleza.
Cuando hurgamos en los diferentes calendarios de maratones mundiales, vemos que casi todas las ciudades tienen uno y cada ciudad se precia de tener el más grande y el que más y mejores  premios paga. ¿Casualidad o estrategia?, pues vamos a decir que es la estrategia que utilizan los países para completar sus números que anualmente nos pasan y nos hacen verdes de envidia, como cuando España nos dice que llegó a 55 millones de turistas y que Italia llegó a 54 y así vemos que cada país nos pasa por delante con cifras astronómicas  y nosotros con tantos atractivos turísticos naturales, hemos sido incapaces de utilizar una estrategia que nos lleve al millón de turistas.
Si Filípides tuviera la posibilidad de observar por una mirilla la evolución humana, desde su anuncio victorioso hasta hoy en día, seguro que se escandalizaría por todo el desarrollo que ha tenido su gran anuncio.  Quizás tener el honor de ser el primer corredor de maraton en la historia de la Humanidad, lo hubiese llenado de orgullo, pero a lo mejor el hecho de haber podido contribuir con el desarrollo turístico de ciudades en el mundo quizás lo hubiera hecho sentirse más orgulloso.
Pero, a nosotros hoy nos toca hacer las cuentas que necesitamos para llegar al millón de turistas y poder erigir, esa figura majestuosa que debe indicarnos el turista. Un millón y ¿dónde seria la instalación? Sin duda abría que ubicarla entre Ciudad Guayana y Ciudad Bolívar. Pero eso es otro tema. Lo que debemos es organizarnos para llegar al millón y utilizar la estrategia de los eventos, porque nos permite llevar cuentas hasta llegar al ansiado millón.
En la ciudad tenemos grandes eventos que permitirían completar números, solo  es necesario la comercialización con un buen equipo que los de a conocer, entre ellos las 400 Millas del Orinoco; el gran Rally Nuestros Ríos son Navegables (es difícil conseguir un rally de esta naturaleza en otros países por la magnitud del mismo; pero si esto es difícil, más complicado conseguir uno tan bello y que envuelva tanta naturaleza como el Paso a Nado entre los Ríos Orinoco y Caroní).
Pero también están las válidas de motos, la de pesca de pavón; futbol a la carta, beisbol, pero lo que más nos daría sustentabilidad es que el estado disponga un gran premio y promueva la entrada de miles de turistas deportivos con el entusiasmo de llevarse un gran premio, para nosotros despegar como destino turístico y poder sumar el tan ansiado millón.  
Para ello es importante tener conocimiento e información sobre el mercado turístico y saber que ofrecer y sobre todo, tener un calendario que nos indique mes por mes todas las actividades que nos traerían gente a nuestro estado. Una manifestación tan grande e importante que serviría de ancla para dar a conocer nuestro estado y por supuesto las ciudades.


Conservación de la biodiversidad al sur del Orinoco
Articulista
Franklin Rojas-Suárez, es Presidente deProvita. Biólogo especialista en especies y ambientes amenazados, desarrollo sustentable, e instituciones sin fines de lucro. Autor de diversas publicaciones, incluyendo el Libro Rojo de la Fauna Venezolana.
El billete venezolano con denominación de 5 bolívares, exhibe en su adverso a un cuspón o cuspa gigante, el más grande de los  cachicamos vivientes. Con un peso de 30 a 50 kilos y un largo con cola mayor a 1,6 metros, se trata de un imponente animal que nos habla de esplendores antiguos, cuando los edentados (grupo de mamíferos caracterizados por poseer dientes primitivos o carecer de ellos) dominaban la isla-continente que era Suramérica.
Hasta hace poco, el cuspón habitaba ampliamente Venezuela, incluyendo los bosques del piedemonte de las cordilleras de la Costa y los Andes, llanos y en las tierras bajas de los estados Bolívar y Amazonas. Hoy sus poblaciones al norte del Orinoco están virtualmente extintas. Algo similar ocurre con otras especies de gran tamaño, como el perro de monte, el yaguar, el águila arpía, y en menor grado, la danta. Los ambientes al norte del río padre, han sufrido un gran impacto al ser desplazados o estar cercados por los principales desarrollos urbanos e industriales, que concentran la mayoría de la población venezolana.
Al sur del Orinoco la situación cambia radicalmente. La densidad poblacional aun es baja, y si bien se detectan impactos ambientales significativos a escala local, a nivel de la región, es posible encontrar grandes extensiones de ambientes inalterados y en condiciones prístinas. Allí, sobreviven poblaciones grandes de las especies mencionadas, así como de otras que alcanzan sus mayores densidades poblacionales y también, sus mayores tallas corporales.
Guayana no solo es poseedora de la mayor biodiversidad en Venezuela, sino que además una fracción significativa es endémica, es decir que el único lugar del mundo en que es posible encontrarlas es en nuestra Guayana.
En la otra mano, entre los problemas ambientales que enfrenta la Guayana, destacan la explotación minera, el avance de la frontera agrícola, incendios forestales, sobreexplotación de especies, e incluso, sus preciados tepuyes han sido identificados como uno de los más vulnerables ecosistemas del mundo ante el cambio climático.  
Ante esta doble situación, se hace urgente lograr la protección de las especies y bosques, con la que también se garantizarían las principales fuentes de agua de Venezuela, las cuales nos entregan el preciado líquido, la electricidad, y constituyen una de las principales riquezas de nuestro país, en medio de un planeta donde cada vez es más escasa el agua dulce. A estos dones se debe sumar la función de regulación de clima que producen los bosques guayaneses, que resultan de especial significancia ante el calentamiento global.
Para los venezolanos, y en especial para los guayaneses, Guayana representa la oportunidad de poder implementar un modelo de desarrollo sustentable, en el cual no se comentan los mismos errores en los cuales se ha incurrido al norte del Orinoco, y que tan caro han costado a la naturaleza en el corto plazo, y a los humanos en el mediano y largo plazo.
De las seis especies que ilustran los billetes venezolanos, el cuspón, la tonina y el águila arpía, tienen en Guayana su principal esperanza de sobrevivir. Esto dependerá de un cambio radical en cuanto a los paradigmas actuales que tenemos sobre el desarrollo. En esta nueva concepción, los valores culturales y ambientales, los servicios que nos brinda la naturaleza, el uso de energías alternativas, la planificación urbana en equilibrio con el ambiente, y muy especialmente, el respeto por todas las formas de vida, serán algunas de las aristas que no se deberán dejar por fuera, so pena de repetir errores pasados. En Guayana es hora de aprender de la experiencia por el bien de nuestras futuras generaciones.



Bolívar...tierra de aves
Articulista
Rosauro Navarro es director ejecutivo del Grupo de Investigaciones Ornitológicas (GIO) de Venezuela.
Sudamérica se reconoce como el continente de las aves. Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia y Venezuela ocupan los primeros puestos de la lista de países megadiversos.
En estos cinco países, que representan solo el 3% de la superficie mundial, se pueden observar cerca de 2.780 especies de aves, lo que corresponde al 85 % de la diversidad continental y el 28% del total de las especies del planeta.
Venezuela ocupa un lugar privilegiado dentro de ese contexto, pues nos situamos entre los países líderes en megadiversidad con 1.383 especies de aves, agrupadas en 21 órdenes y 82 familias. En nuestros variados ecosistemas se han reportado 55 especies endémicas, lo que nos coloca en el 5to país de America en relación a endemismo.
La región de Guayana, específicamente el estado Bolívar, dado la diversidad de paisajes y ecosistemas que lo conforman, es uno de los estados con mayor cantidad de especies de aves. Acá tenemos cerca de 795 especies, lo que representa casi el 58% de las aves del país; sólo en la Reserva Forestal de Imataca los inventarios arrojan  un total de 582 especies de aves, lo que viene a ser, el 42% del total de las aves del país.
En la Gran Sabana, sector oriental del Parque Nacional Canaima, se han observado y reportado 495 especies, de las cuales 32 son endémicas de ese sector, lo que representa el 58% del total de las especies endémicas para el país.
Todo este panorama de bellos plumajes, hermosos cantos y variadas formas, se ensombrece cuando nos percatamos de cifras altamente peligrosas de aves que de una manera u otra, traspasan las fronteras a través del contrabando o tráfico ilegal de fauna, sufren la destrucción y polución de sus hábitats ó son comercializadas para utilizarlas como mascotas. Todos estos elementos contribuyen con cuotas cada vez más elevadas a la tasa de pérdida o extinción regional de la biodiversidad.
Es muy común ver en los semáforos de la ciudad de Puerto Ordaz,  a individuos ofreciendo EN venta ejemplares de aves, sobre todo miembros de la familia  Psittacidae   (pericos, loros, cotorras y guacamayos), ante la mirada complaciente de las autoridades ambientales de los gobiernos central, regional y municipal.
La minería en las cuencas altas de los ríos Caroni y últimamente en la cuenca del río Caura, es la causante de la destrucción  de bosques a veces prístinos, lo que conlleva a la pérdida de hábitats de especies, quizás, hasta desconocidas para la ciencia. La extracción de arena de los playones del río Orinoco, único sito donde se reproducen las especies del orden Charadriiformes (gaviotas, turillos, alcaravancitos  y rayadores) ponen en peligro la subsistencia de estos.
El  Ejecutivo Nacional desde muchos años atrás,  a suscrito acuerdos internacionales como: Convención Internacional de Diversidad Biológica (1994), Convención para la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural (1990), Especies Amenazadas de Flora y Fauna (1977), Convención Ramsar (1988), Protocolo relativo a las Áreas, Flora y Fauna Silvestre especialmente protegidas del Convenio para la Protección y el desarrollo del Medio marino en la Región del Gran Caribe .SPAW (1996).
Desde hace una década en la legislación venezolana hay dos decretos promulgados para proteger la fauna vertebrada, con algún grado de amenaza (156 spp), de las cuales 80 especies son aves, es decir el 51% del total a proteger.
En 2008 la Asamblea Nacional aprobó la Ley de Gestión de la Diversidad Biológica,  conformada por 143 artículos, que le dan marco legal a la protección de la biodiversidad.
Hay una especie de guerra no declarada, pero muy efectiva, del hombre contra la naturaleza, esta guerra tiene como víctima a una da las formas más llamativas de la vida: las aves; las cuales juegan un importante papel en la inmensa cadena ecológica de la vida.
El Dr. Arturo Uslar Pietri, en el año 1968, citaba: “si enseñáramos en la escuela, a los niños, a amar la vida, y a preservarla y a conservarla, y la inmensa red con que cada vida está tejida en las otras formas de la vida orgánica, la suerte del hombre en el mundo seria distinta, y el problema de la conservación dejaría de ser tan angustioso como es actualmente”.
Sin embargo, la muy mala actuación de las autoridades encargadas de hacer valer las leyes y sus reglamentos, la falta de educación ambiental en todos los estratos, hacen ver un futuro muy oscuro para mis amigas aladas.



Zoocriaderos para el uso sostenible y la conservación
Articulista
Carlos Valeris es biólogo con Maestría en Ciencias Ambientales. Docente Investigador del Centro de Investigaciones Ecológicas de Guayana UNEG.
Los zoocriaderos son los espacios acondicionados por el ser humano para mantener la fauna silvestre en cautiverio, con fines de autoabastecimiento, comerciales, industriales, científicos o para la protección y conservación de las especies en grave o inminente peligro de extinción.
Se entiende por fauna silvestre, la totalidad de animales no domésticos utilizada por las sociedades humanas desde su aparición bien sea para consumo (uso consuntivo) o bien como mascota (uso no consuntivo) u otros.
En muchos países de la región Latinoamericana, han demostrado ser rentables, eco-eficientes y haber contribuido a la conservación y protección de muchas especies, aunque estas experiencias están primordialmente basadas en la cría de reptiles como la baba, varios tipos de tortugas terrestres y acuáticas y lagartos.
No obstante, aunque hay experiencias positivas, también existen casos en los cuales estas empresas, sean comunales o privadas, no han logrado mantener una producción sostenida, debido principalmente, al manejo indebido e inadecuado de las condiciones sanitarias y a la poca o ninguna sistematización del proceso productivo, aspectos fundamentales para lograr el objetivo de toda unidad de producción, además de contribuir con un sustancioso porcentaje para la conservación de las especies en sus hábitats.
En Venezuela, hay pocas experiencias en el establecimiento de zoocriaderos, aún cuando, cuenta con un marco legal muy explícito que favorece la aplicación de políticas destinadas a la protección de los recursos naturales y su uso sostenible. Sin embargo, la poca atención oficial que generalmente recibe la fauna silvestre y el desinterés colectivo hacia este y otros recursos, hacen muy difícil que estas y otras iniciativas de uso y conservación sean verdaderamente exitosas.
Entendiendo esto, la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Uneg) y sus Centros Biotecnológico de Guayana (Cebioteg) y de Investigaciones Ecológicas de Guayana (Cieg), han unido esfuerzos con empresas de la región para promover inicialmente, la creación de zoocriaderos comunitarios como alternativa para el uso sostenible y la conservación de dos especies muy utilizadas como la iguana verde y el morrocoy sabanero –esta última incluida en el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna (Cites), del cual Venezuela es signatario desde 1978.
Con relación al morrocoy sabanero, esta especie es utilizada ampliamente para su consumo cotidiano y como alimento de temporada de Semana Santa en varias localidades del estado Bolívar, lo que ha puesto en peligro algunas de sus poblaciones. Como la mayoría de los quelonios los individuos son de lento crecimiento y baja tasa de reproducción en condiciones silvestres, los cuales la hace susceptible a la extinción pues sus poblaciones tardan un período prolongado de tiempo significativo antes de su completa recuperación.
Atendiendo esta problemática, el Curso de Zoocriaderos comunitarios está desarrollándose a cabalidad conjuntamente con la participación de un primer grupo de jóvenes y adultos de la localidad de Aceital del Yabo, estado Monagas, donde se pretende establecer un el centro piloto.
El manejo de estas especies en los zoocriaderos será adecuado a las condiciones ambientales y culturales de la localidad, lo que implica el rescate y participación del conocimiento popular sobre la fauna, la flora y el hábitat, dando un valor agregado de suma importancia social que fomenta el aprecio de los conocimientos ancestrales y su uso práctico en unión con el conocimiento científico.
Es importante destacar que la fauna silvestre puede generar recursos económicos no sólo derivados de su uso como alimento, sino además de su venta como animales de compañía, elaboración de artesanías, para la educación ambiental y el turismo, sin olvidar uno de los objetivos más importantes, como la reducción de la presión humana sobre las poblaciones silvestres y su consecuente conservación.
Uno de los inconvenientes que podrían ocurrir para el control de los ejemplares y sus productos es la certificación que legitime que fue criado en cautiverio y que cumpla con las leyes y reglamentos vigentes. Esto puede lograrse favoreciendo el registro de los productores, distribuidores, consumidores y de los especímenes y aplicando los correctivos necesarios cuando no se cumplan con los procedimientos legales.
Pertinencia de los zoocriaderos
La evidente crisis de la biodiversidad global, sus consecuencias presentes y futuras hacen prioritaria la búsqueda y aplicación de alternativas que integren el uso de los recursos y su conservación. Especialmente, cuando de esos recursos depende la alimentación de muchos grupos humanos, bien por sus costumbres o por la imperiosa exigencia de satisfacer sus necesidades básicas. El Proyecto Nacional Simón Bolívar 2007- 2013, menciona la necesidad de fortalecer la accesibilidad a los alimentos y de incentivar un modelo de producción y consumo ambientalmente sustentable, como estrategias y políticas para lograr la suprema felicidad social, lo cual debe servir de base para la promoción de este tipo de producción animal en todos los niveles, desde las comunidades hasta las universidades y centros de investigaciones, que permitan posicionar y catapultar a nuestro país como uno de los principales productores y usuarios de  la fauna silvestre en la región.

   
Política minera con visión holística
Articulista
Rafael Darío Bermúdez Tirado es Doctor en Ciencias de la Salud en el Trabajo. Coordina el Doctorado Internacional en Ciencias de la Salud en el Trabajo de la UNEG; y consultor del Centro Mundial de Minería Artesanal de la  Universidad de Columbia Británica (Vancouver, Canadá).
La discusión sobre la definición de la pequeña minería (MPE) aún está en marcha, hasta el punto de que todavía no se ha logrado tener una delimitación única con criterios objetivos en el ámbito mundial.
Las definiciones de pequeña minería también varían de un país a otro y entre los principales aspectos considerados para tal propósito, lo que a continuación mencionamos podría ser aplicable en Venezuela: costos de inversión inferiores a doscientos cincuenta millones de bolívares, fuerza laboral inferior  a ochenta personas y una producción de mineral bruto menor a cien mil toneladas por año.
En el estado Bolívar existen, conservadoramente, 15.000 personas trabajando en la MPE, de este total 2.000 individuos se ubican en la minería artesanal; se incluyen en este tipo de minería a los llamados “bateeros” y “suruqueros”, los cuales realizan operaciones no mecanizadas para la recuperación de oro y diamante de aluvión, respectivamente.
Las personas que realizan este tipo de minería dependen prácticamente de la fase extractiva de la pequeña minería, y de hecho coexisten muchas veces, para trabajar con las “colas” produciéndose en algunos casos invasiones y saqueos. En la mayoría de los países en desarrollo a la pequeña minería la han hecho aparecer como una actividad artesanal debido fundamentalmente a la escasa mecanización, pocos conocimientos técnicos del personal, planificación deficiente de la explotación minera, baja recuperación del mineral y bajo rendimiento del trabajo.
Los otros 13.000 mineros se encuentran en la pequeña minería, de esta última cifra 5.000 mineros utilizan monitores hidráulicos en operaciones en tierra (oro y diamante de coluvión y aluvión) y 3.000 trabajan en minería de aluvión (vetas y vetillas) removiendo material aurífero al seco mediante el uso de equipos de trituración y molienda. Los 5.000 mineros restantes realizan actividades de minería fluvial con el empleo de dragas y balsas. En ambos casos la minería es semi-mecanizada, es decir, las plantas no son completas y en la gran mayoría de los casos no son tomadas en cuenta las normas de higiene y seguridad apropiadas
La relación concomitante entre política (estamentos legales) y las ejecutorias institucionales materializadas en planes y proyectos, pareciera  que no han podido lograr  los resultados esperados. En realidad, en la visión técnica-instrumental para la calificación de la pequeña minería y del pequeño minero, no han sido tomados en cuenta aquellos aspectos relacionados con la percepción subjetiva del pequeño minero, de sus conceptos sobre modos, formas y relaciones de producción vinculadas a las actividades que realiza, de la manera cómo se interpreta a sí mismo, a su familia, a las relaciones de amistad entre sus pares y sobre todo, los conceptos que privan alrededor del eje central u objeto mineral de la explotación o trabajo.
El interés institucional se ha centrado sobre las ganancias que se generan de una explotación comercial, luego se incorporó al debate la cuestión de los daños ecológicos propios de una actividad con poco o ningún control y últimamente, ha venido ganando importancia el elemento social, pero sólo circunscrito a mejoras materiales en el ámbito de la salud, la educación, los servicios, etc. para aquellas comunidades mineras asentadas y aparentemente consolidadas.
Evidentemente, la visión del pequeño minero respecto a la actividades que realiza, sobre el mineral que explota, sobre sus vínculos con el mercado, sobre la forma de tasar sus ganancias y el uso de ésta, está muy lejos de la percepción que sobre lo mismo tienen los técnicos de las instituciones con competencia en estas actividades; por tanto, la planificación no contempla variables pertinentes sobre tales particularidades; de tal forma que sería inevitable cuantificar las pérdidas y calificar la responsabilidad directa del fracaso, a lo “desordenado” y “caótico” de la organización del pequeño minero.
Existe bastante consenso en la región de que la causa principal de los problemas mencionados obedece a la ausencia de una política minera por parte del Estado venezolano. Una política que debe estar orientada hacia la elaboración y aprobación de un plan integral de desarrollo minero con sujeción a las directrices y lineamientos del Plan Estadal de Ordenación del Territorio, así como también a la elaboración y aprobación de los planes de ordenamiento de las Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (Abrae), y sus respectivos reglamentos de usos.
También es necesario señalar que por el hecho de aparecer por primera vez los términos “pequeña minería” y “minería artesanal” en la nueva ley de minas, la acción gubernamental tendría que estar dirigida, no solo hacia la asistencia técnica en las labores de exploración y explotación sino también hacia la inclusión de estos sectores dentro de las políticas nacionales ambientales.
Estamos conscientes de que en la ejecución y control de los planes de ordenamiento del territorio, y de las disposiciones legales y reglamentarias que regulan el uso y aprovechamiento de los recursos  naturales renovables se presentan problemas de operatividad. El problema se complica aún más en el momento de ejercer las competencias, en este sentido es necesario llevar a acabo una revisión objetiva y profunda tanto del régimen de autorizaciones como el de sanciones.
Es imperativo que el manejo ambiental de la minería de oro y diamante en el estado Bolívar, se realice a través de una figura que contemple los problemas desde una visión holística y esto sólo lo podremos lograr, desde una institución que maneje en forma clara los conceptos de sustentabilidad e interdisciplinariedad.


Oro en Venezuela…oportunidades perdidas
Articulista
Guillermo Tinoco Mejía es Docente de Postgrado en la cátedra de Planificación Estratégica de la Universidad de los Andes (ULA), estado Mérida. Investigador Científico de FundaGeominas y de la Escuela de Ciencias de la Tierra, Universidad de Oriente (UDO).
Los venezolanos tenemos entre las muchas aristas de nuestro perfil socio típico, el de ser constantes “perdedores de oportunidades”. ¿Ejemplos? Cuando deberíamos estar en niveles producción de hidrocarburos, alrededor de los 4.5 millones de barriles diarios, con precios cíclicos pero ascendentes, sobre los US$ 100 barril; escasamente rondamos los 2 millones.
Cuando deberíamos estar en 30 millones de toneladas de mineral de hierro, estamos en aproximadamente el 50% de esa meta. Cuando el aluminio y la alúmina alcanzan su mayor cota de precios, tenemos el menor nivel de producción histórico. Cuando deberíamos estar produciendo sobre las 50 Toneladas anuales de oro fino, según los proyectos de la década de años 80 del siglo pasado, estamos en algo menos del 40%. Y toda indica que estos niveles de producción  aurífera tienden a disminuir por la ausencia o minimización de los elementos más importante de la minería: la exploración  técnico-científica sistemática  y la producción y posterior metalurgia, artesanal, minería en pequeña escala o gran minería, sosteniblemente y apoyada en lo legal, técnico, financiero, mercadeo, etc.
El oro, no es solo  un metal precioso para  la garantía o refugio  patrimonial, de respaldo físico de reservas monetarias, para joyería. Ahora, es un valioso recurso  mineral natural que aplica en tecnología de cuarta y próximamente quinta generación, presente en forma masiva en los componentes de la exploración espacial, comunicaciones, nanotecnología, automotriz anti contaminante, ciencias de la salud, odontología, medicina y  tecnologías de bioingenierías, para curar ciertos tipos enfermedades como el cáncer y  prótesis muy especiales.
De allí que el incremento de la demanda, haya superado todos los registros históricos conocidos o inferidos, también sus niveles de precio, de compra-venta, a la vista o spot  y de colocaciones a futuro.
Tenemos en las entrañas de nuestras montañas, en los meandros de nuestros ríos, aproximadamente 12.000 TM de oro fino cuyo color  amarillo es considerado, en las cotas técnicas, entre los dos más bellos conocidos. Se estima que sólo se ha extraído, en 200 años, el 3,6% de esa potencialidad conocida. Hay serias presunciones técnico-científicas  que esta potencialidad es mayor pero falta exploración para su verificación; la cual está paralizada.
El oro llegará a los  $ 2.500 la onza en  horizonte de mediano plazo 5 años o antes. No es una intuición, es una resultante de proyección  matemática estocástica con una mínima desviación en los estudios del Consejo Mundial del Oro.
El aumento significativo de la demanda es un reflejo de la incertidumbre que enfrentan los consumidores y los países. La gente está comprando oro para protegerse de los riesgos macroeconómicos y el aumento de la inflación, como sucede en los 27 países de la  Unión Europea, Estados Unidos, Japón, Corea, Medio Oriente asiático, Suráfrica y en nuestra América, países como Chile, Perú, Argentina, México, Colombia y Venezuela.
El precio del oro se disparó un 30% el año 2010, (también la plata y el platino, con incrementos de precios porcentualmente mayores que el oro) alcanzando un récord de US $ 1,431.25 la onza. Este año 2011, en abril, superó de largo la barrera de los US$ 1.500 por primera vez en la historia conocida del hombre sobre el planeta.
En Venezuela, poseyendo un  potencial aurífero, mantenemos a la industria aurífera en su conjunto, en la propia miseria, paralizada o en huelgas, empíricamente explotada y hasta expoliada, con graves conflictos, algunos de estos con derecho de justicia  laboral  de los trabajadores para estos reclamos.
Los intentos de normalizarla, estabilizarla, con planes y misiones que  teniendo algunos vectores positivos, no han dado los resultados esperados. Y esta afirmación no tiene que ver en nada con lo ideológico ni mucho menos con lo partidista, es estrictamente con la realidad irrefutable e irrebatible de los hechos.
Aún estamos a tiempo de aprovechar esta oportunidad excepcional, irrepetible en larguísimo tiempo, pero habría que actuar sin improvisaciones ni improvisados, solo con  gente  técnica y profesional de la minería  del oro en todos los niveles, trabajadores con cultura minera, las tenemos en Venezuela, de toda la variedad cromático-partidista, con suficientes calificaciones para ese logro nacional, que implica e incluye el desarrollo social, el mejoramiento a corto plazo de las condiciones de vida de los pueblos mineros.
Estoy consciente que las fronteras ideológicas, cromático-partidistas, dificultan esta posibilidad, pero es conveniente recordar, lo que escribió el Padre de todos en esta Patria, Simón Bolívar, del cual decimos y  nos ufanamos ser sus herederos, al General Páez el 26 de Marzo de 1826:” el modo de gobernar bien es el de emplear hombres honrados, aunque sean enemigos”. Es lo que requiere la minería, hombres honrados, que sepan de minería, así no sean compañeros de partido.          
CHINA E INDIA
El riesgo de inflación está impulsando un explosivo efecto de  compulsión de compra de oro físico en China, colocando a este gigante país de 1.300 millones de habitantes en el camino de convertirse en el consumidor de oro número uno del mundo y liderar  la demanda y posesión (que es poder)  del  metal amarillo por  décadas. La demanda china de oro en barras y monedas alcanzó las 280 toneladas el año 2010, que representa  un incremento del  80% respecto al año 2009. En oro para joyería  la demanda alcanzó un máximo histórico de 400 toneladas. En la actualidad, la India sigue siendo el mayor mercado para el oro, con  aumento de la demanda total en un 66%, llegando a  963 toneladas el año 2010.
La demanda de oro de la India se triplicó en los últimos 10 años, y fácilmente podría duplicarse de nuevo en menos de una década. Las importaciones totales de oro de la India llegaron  al nivel  récord de 918 toneladas métricas el año 2010, continuando los hindúes  con la incrementada tendencia a  comprar joyas como activo de valor. El oro es manifestación cultural hindú.


Gestión de la minería no metálica
Articulistas
Armando John Madero y Narciso Figuera,  presidente y consultor jurídico, respectivamente, el Instituto Autónomo Minas Bolívar.
Las actividades económicas son parte esencial de la existencia de las sociedades ellas permiten la producción de riquezas, el trabajo de los individuos y generan los bienes y servicios que garantizan su bienestar social.
Estas son cada día más complejas y requieren de tecnologías más avanzadas, con el objeto de mantener laa productividad competitiva, en un mercado cada vez más exigente; por lo que muchas de estas actividades económicas son fuente permanente de contaminación.
En vista de ello, se nos presenta el problema de la necesidad de mantener y ampliar nuestras actividades económicas por el significado social que ellas tienen en la generación de riquezas; pero al mismo tiempo debemos tomar conciencia sobre los impactos ambientales y externalidades que éstas causan, para buscar soluciones y mantener el equilibrio ecológico y ambiental.
El resultado de la interacción de los diferentes factores del ambiente son determinantes para que los ecosistemas se mantengan con cierto grado de estabilidad dinámica. Bajo esta realidad, se adecuó al ente rector en esta materia; el Instituto Autónomo Minas Bolívar (IAMIB), adscrito a la Gobernación del estado Bolívar, al modelo de desarrollo armónico del estado Bolívar, preparándose un plan estratégico  que  permitiera recuperar, desarrollar y apuntalar la actividad como fuente de desarrollo regional; sin que ello signifique el estar conscientes, que los minerales no metálicos, a pesar de ser indispensables para el desarrollo de las comunidades, su explotación y/o aprovechamiento, algunas veces irracional, genera impactos negativos al ambiente.
En vista de ello y como parte de las políticas del Ejecutivo Regional, a partir de 2005, se propuso impulsar con fuerza, el desarrollo de esta actividad (Minera No Metálica), de manera científica y racional, procurando siempre la óptima recuperación o extracción del recurso minero, con arreglo al principio del desarrollo sostenible, la conservación del ambiente y la ordenación de las áreas.
Esto apoyado, en la conceptualización de la gestión ambiental, la cual como sabemos, se encuentra vinculada a un conjunto de actividades y técnicas dirigidas a conservar los elementos de los ecosistemas y las relaciones ecológicas entre ellos, en especial cuando se producen alteraciones por el impacto minero.
En este sentido, el  Instituto como ente rector definió una serie de políticas que fueron plasmadas en la Reforma de la Ley de Minas y su Reglamento del año 2.008, incorporando una serie de elementos que están permitiendo desarrollar a nivel de los tenedores de Derechos Mineros, la conciencia sobre el aprovechamiento de los recursos mineros, minimizando los impactos al medio ambiente.
En el año 2007, se diseñó a nivel del Instituto, bajo un enfoque interdisciplinario una metodología para recuperar áreas afectadas por la actividad minera, asociada a la explotación de minerales, ello en el marco de la denominada “Reconversión Minera”, planteándose un proyecto de recuperación de 154 hectáreas, diseminadas en el eje Santa Elena de Üairen-Ikabarú del Municipio Gran Sabana. Obteniendo  resultados halagadores, ya que se logró recuperar la superficie antes señalada, con el concurso directo de los mineros, en su gran mayoría organizados en diez Asociaciones Cooperativas, de aproximadamente 30 miembros, cada una, financiadas con recursos provenientes de la Ley de Asignaciones Económicas Especiales (LAEE), con una inversión total de 6,5 MM de Bs.





Además, dado el éxito de dicho proyecto, el mismo fue seleccionado como “Modelo a adoptar en el Convenio Cuba-Venezuela para recuperación de áreas mineras”. Como se puede apreciar, para desarrollar una gestión eficaz a favor del medio ambiente, es necesario el concurso y compromiso de la alta gerencia, asociada a la asignación de recursos materiales, económicos y humanos necesarios  para la consecución de unos estándares o niveles de calidad ambiental.
En los actuales momentos, conscientes de la importancia que representa la gestión ambiental, a nivel del IAMIB se impulsa una nueva Reforma de Ley (Ley de Minas Estadal), donde se contempla para las empresas, luego de un proceso de adecuación, exigir la certificación a través de las Normas ISO 14.001 al 14.004, de manera de contar con compañías que mantengan los estándares relacionados con la responsabilidad ambiental.
Por último, las máximas de experiencia demuestran que la conciencia ambiental, 20 años atrás, podía darse el lujo de ser un proceso  lento, pero hoy día con la situación del calentamiento global y los grados de contaminación, producto no solo de la industrialización sino de cualquier actividad humana, estamos obligados a impulsar con mucha fuerza y voluntad, mecanismos de protección del medio ambiente, que involucren la concientización y la educación como herramienta fundamental  para garantizar el equilibrio del ecosistema y nuestra permanencia en el planeta Tierra.


Apropiarse de la educación ambiental
Articulista
Nay Valero es Educadora con Maestría en Ciencias Ambientales. Profesora e Investigadora del Centro en Gestión Ambiental y Desarrollo Sustentable de la UNEG.
La educación como proceso inherente a la formación de ciudadadanos y de cultura en la sociedad, marca la pauta desde la arista de la Educación Ambiental, como la herramienta que facilita los procesos de construcción del conocimiento desde el diálogo de saberes, con aprehensión directa en los contextos de los participantes.
Bajo esta premisa, desde el Centro de Investigaciones en Gestión Ambiental y Desarrollo Sostenible de la UNEG, a través de la línea de Educación Ambiental se ha venido impulsado una serie de actividades asociadas, principalmente a  la capacitación y sensibilización de los docentes del ámbito del Municipio Caroní, por la vía de talleres y cursos cortos sobre la regionalización del currículo desde la Educación Ambiental; así como, programas de capacitación y asesoría en salud y ambiente para instituciones educativas ubicadas en las riberas del Caroní (Liceo Bolivariano Nacional “Las Amazonas” y Escuela Básica “Villa Caruachi”) con el fin de impulsar actividades que consoliden la construcción de huertos escolares y el manejo de los residuos orgánicos para la preparación de compost.
En el marco del Proyecto de Investigación Pedagógica en el Corredor Ribereño del Orinoco, durante cinco años se llevaron a cabo una serie de actividades de capacitación y empoderamiento de la comunidad Las Galderas, fortaleciendo una red de cinco proyectos socio-productivos, elaborados por los miembros de la comunidad desde sus potencialidades, oportunidades y fortalezas: Ecoturismo: rutas, alimentación y hospedaje, piscicultura, artesanía, viveros comunitarios y Educación Ambiental (manejo de la basura y del agua potable).
De estos proyectos, se gestionaron alianzas gubernamentales con varios actores del estado y hasta la fecha no se ha logrado el capital semilla para su activación. Estos proyectos surgieron de los procesos de capacitación y acompañamiento que se desarrollaron sistemáticamente por más de tres años, con un equipo interdisciplinario de la UNEG.
Paralelo a ello, se formaron docentes de las comunidades del NER 308 con herramientas pedagógicas para contextualizar y regionalizar el hecho educativo desde lo local. Actualmente se cuenta con una metodología para regionalizar el currículo desde los contextos locales (en proceso de presentación ante la zona educativa).
Se involucraron estudiantes de Pregrado de Educación Integral de la UNEG y de Comunicación Social de la Universidad Católica para el diseño de estrategias pedagógicas, las cuales formaron parte integrante tanto del proceso de formación profesional como de sus proyectos de culminación de carrera (tesis de pregrado).
La UNEG, consciente de la necesidad en la región de formar profesionales en materia de Educación Ambiental, diseñó el Diplomado en Educación Ambiental dirigido a profesionales de diferentes disciplinas, interesados en incursionar en las herramientas y principios éticos, conceptuales y metodológicos de esta área pedagógica, bajo la premisa de que todos los ciudadanos debemos  ser educadores ambientales.
El Diplomado se desarrolla actualmente con la participación de 21 profesionales conformando tres grupos geográficos, representados por los Municipios Heres, Caroní y Piar. Las preinscripciones están abiertas durante todo el año a través de diplomadoea@uneg.edu.ve.
Existen también eventos en la ciudad que llaman la atención de los investigadores del CIEG, CIGADS y de la Fundación GIO, como es el de las aves migratorias australes, que tienen como dormidero la Plaza de Ciencias en Puerto Ordaz; evento que se ha venido observando desde hace cinco años (2005-2010), generando una matriz de opinión entre investigadores y vecinos sobre la importancia estratégica, tanto desde el punto de vista de conservación y manejo de ese micro-ecosistema de ceibas que está ubicado en el sitio, como las potencialidades ecoturísticas que posee el periodo del evento, entendido como un espacio para valorar y recrear el mágico mundo de las aves.
Surge así, la iniciativa de diseñar una “Propuesta de capacitación y sensibilización para la observación de aves con niños y niñas de las instituciones educativas y sus docentes”, a los fines de aprehender el evento y conformar la red de observadores de aves. Este proyecto se inició en enero y estamos en la fase de observar el evento y aprender el qué y cómo podemos ser observadores de aves. Se tiene como propósito que los jóvenes participantes se vinculen con el evento y también desarrollen su creatividad y capacidades para la indagación de primera mano, fortaleciendo así su formación científica-social.
Los docentes de los diferentes niveles educativos requieren capacitación en el área de lo ambiental para contextualizar y potenciar las capacidades de sus estudiantes, para ello desde la UNEG se diseñó una propuesta de capacitación mensual en el centro de Formación Docente Luis Beltrán Prieto Figueroa para ser desarrollada este año, una vez al mes, iniciándose en el mes de mayo, bajo el título Curso: Educación Ambiental: una herramienta para la construcción participativa. El objetivo es analizar las herramientas para el dialogo de saberes desde los contextos socio-ambientales y su vinculación con los procesos educativos formales y comunitarios. (Inscripciones en el Centro de Formación Docente en Villa Asia).



La formación ambiental del periodista
Articulista
Gabriela Simosa es Licenciada en Comunicación Social y Especialista en Gerencia para Comunicadores Sociales. Profesora de la Cátedra Ecología de la Universidad Bolivariana de Venezuela Núcleo Bolívar.
La formación de los nuevos comunicadores sociales dentro de la Universidad Bolivariana de Venezuela, está orientada a fomentar valores y principios de conservación del ambiente, contando con el conocimiento de lo que en materia de políticas ambientales se está realizando en el país y en la Región Guayana.
Las veces que me ha tocado instruir a mis futuros colegas, sobre la ecología y el periodismo, les muestro la caricatura de un ave en un lugar desolado, casi muerto, que se pregunta si su padre conocería el ambiente completo o ya estaba medio, entendiendo que el ambiente lo es todo. Es una estrategia con la cual busco hacerlos reaccionar ante el papel de los comunicadores sociales en la sociedad, porque somos los encargados de hacer los llamados de atención, para que las generaciones futuras puedan disfrutar los recursos naturales que hoy tenemos.
Sin embargo, si nos adentramos acerca de la importancia que le dan los modelos de producción a la tierra, diariamente se observa, cómo los países desarrollados tienen muchas intenciones y pocas acciones.
Aunque la unidad curricular de la cátedra Ecología, Energía y Preservación del Ambiente está dirigida a estimular el interés del estudiante en la generación de los valores y una cultura ambiental en el colectivo, la labor contralora e investigativa de los comunicadores sociales nos lleva al conocimiento y supervisión del cumplimiento de las políticas y responsabilidades ambientales del Estado y su implementación, trabajando como premisa primordial el desarrollo sustentable.
Este último término, es importantísimo en nuestro estamento legal referido al ambiente, pero es en el estudio de los modelos de desarrollo económico aplicado en los países capitalistas y los menos industrializados, donde se pone en evidencia cuánto los gobiernos están dispuestos a sacrificar por dejarles recursos naturales para el aprovechamiento de nuestros hijos y nietos, además de la disposición de continuar produciendo dinero en serie, sin importar las consecuencias venideras.
Es nuestra responsabilidad como comunicadores sociales alertar a la sociedad acerca de aquellos daños que se puedan ocasionar al ecosistema, ejemplo de ello ha sido la labor titánica por la conservación de la Cuenca del río Caura para salvaguardarla de los daños ocasionados por la minería, o más recientemente los daños realizados por los vehículos de doble tracción en el Parque Nacional Canaima, hechos graves que han sido detenidos gracias a su divulgación y concienciación.
Definitivamente, es satisfactorio ver como los estudiantes exponen sus puntos de vista acerca de lo que está pasando con el agua, los bosques y nuestros recursos naturales, testificando con ello que el periodista, al aportar información, ya está participando en la creación de conocimientos, opiniones y por ende, conciencia sobre un tema.
La pregunta sobre si los periodistas deben concienciar, no sería ya lo importante, de hecho generamos conciencia sobre algunos temas informando sobre ellos, o dando nuestra opinión, y dejando en el olvido otros. De lo que se trata, entonces, es de tomar conciencia del poder y generar conciencia con conciencia para hacernos más humanos.

La UCAB Guayana y el periodismo ambiental
Articulista
Vladimir Kislinger es Licenciado en Comunicación Social con postgrado en Comunicación Organizacional. Dirige la Escuela de Comunicación Social de la UCAB Guayana y coordina la línea de investigación "Soluciones Comunicacionales" del Centro de Investigación para la Educación, Productividad y Vida.
El desarrollo sustentable entendido como aquel en el que se aprovechan los recursos naturales para satisfacer las necesidades actuales sin comprometer el de las generaciones futuras, es el eje en torno al cual se debe concebir el progreso de cualquier territorio o sociedad.
El planeta ya ha dado suficientes evidencias de que no tiene capacidad de resarcir los daños y la cantidad de desperdicio que sobre él se ha venido generando con el modelo de producción industrial característico del siglo XX, tal como lo planteó el Club de Roma, en su primera publicación a comienzos de los 70´s, los “límites del crecimiento”.
Las alertas del ecosistema, caracterizadas por recientes tsunamis, terremotos, inundaciones, cambios climáticos, entre otros, hacen impostergable la formación de un individuo que, basándose en sus capacidades y competencias, genere desarrollo para sí mismo y para los suyos, transformando los recursos con un sentido ambientalista.
En este proceso formativo de hoy en día, hablar de periodismo es hablar de conciencia y seguimiento. La primera enfocada a la formación y fomento de hábitos constructivos en nuestra sociedad y el segundo, destinado a acompañar y monitorear las políticas públicas y privadas en materia ambiental.
En el contexto nacional y regional, el color añadido al periodismo en la actualidad está orientado principalmente a la denuncia social, la política y el suceso. Muchas veces desperdiciamos la importancia de la investigación, para no solamente llegar a la simple exposición de los mensajes, sino, para generar conciencia, soluciones y orientaciones fácticas ante las situaciones que se nos presenten.
De este argumento se desprende el motivo del presente artículo. Una de las ramas más incipientes y con mayor posibilidad de desarrollo en nuestra región es la del Periodismo
Ambiental. Sin duda los académicos debemos orientar nuestro accionar a formar profesionales con un alto grado de conciencia ecológica y ambiental.
Es por ello que para la Universidad Católica “Andrés Bello” extensión Guayana, el eje de formación ambiental es transversal para todos los comunicadores sociales, independientemente del área de especialización. Esto pasa por dos aristas fundamentales: la primera, dirigida a la educación ambiental, la cual compone elementos como la incidencia de la globalización en lo ecológico, el desarrollo sustentable, la educación y los avances tecnológicos en materia; la segunda arista que debemos destacar es la que corresponde a la formación de comunicadores que sepan transmitir a la sociedad contenidos y herramientas que faciliten la conservación del ambiente, así como los conocimientos necesarios para servir de monitores ante nuestro entorno inmediato.
Uno de los programas que hemos desarrollado en el pensum de la Escuela de
Comunicación Social es precisamente el de Periodismo Ambiental, que dentro de su exposición de motivos expresa que “uno de los mayores retos del periodismo ambiental es la formación de comunicadores que doten a las comunidades de toda la información y herramientas necesarias para preservar el frágil equilibrio del planeta. Propuestas como el llamado Periodismo verde facilitan la democratización de la información ambiental y la sensibilización de la población ante la necesidad de preservar el medio ambiente” (Ucab, Programa de Periodismo Ambiental, 2008).
Es por ello que, al menos desde nuestra visión, el periodismo ambiental deber enfocarse en la estricta formación de una correcta cultura ambientalista, con el firme propósito de fomentar el uso correcto de las herramientas dispuestas para el desarrollo de los pueblos.

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