Los indígenas y la conservación de la vida


De nada nos sirve que en nuestro país mejore egoístamente el PIB, la balanza de pagos o los niveles de bienestar material, si el costo de nuestra irresponsabilidad lo van a pagar carísimo los que todavía no han nacido

Por Luis E. Pérez (*)

Hace menos de 20 años, escuchábamos voces de desarrollistas que se burlaban de los científicos que pretendían transmitir a toda la humanidad, la angustia que sentían por las evidencias de un cambio climático que avanzaría rápidamente y con graves consecuencias. Pocos años bastaron para que todos nos demos cuenta de que el clima está totalmente desarreglado.

Aun así, los ciudadanos de cualquier país no terminamos de decirles a los políticos, elegidos por nosotros, que dejen de ver la reelección como el objetivo supremo de la existencia y tomen las medidas necesarias para frenar este inevitable proceso, que afectará las vidas de las sucesivas generaciones.


De nada nos sirve que en nuestro país mejore egoístamente el PIB, la balanza de pagos o los niveles de bienestar material, si el costo de nuestra irresponsabilidad lo van a pagar carísimo los que todavía no han nacido. Como ciudadano consciente del planeta Tierra yo suplico a los responsables de las políticas ambientales de este país y de todos los demás, que se apresuren a apretar los cinturones del bienestar actual, reduciendo drásticamente el consumo de energías no renovables, parando en seco la deforestación y destrucción de ecosistemas valiosos, explicando a la población que cada pareja no puede estar trayendo al mundo tres o cuatro hijos, de modo que nuestros nietos puedan vivir en un mundo algo parecido al maravilloso que aún tenemos hoy.


CAMINO AL FUTURO
Aclaro que el camino al futuro con conciencia ecológica, debemos recorrerlo bajo esquemas de equidad. Pero, así como un magnate no controla el vicio de acumular cada vez más bienes hasta el fin de sus días, la mayoría de los políticos de ésta y de otras latitudes no pueden poner coto a sus deseos de gobernar durante el próximo periodo, al precio que sea, incluso hipotecando el futuro de sus hijos.

Al menos en los países con mayores niveles educativos existen los partidos verdes, los que tienen la inteligencia de dar prioridad al tema ambiental, siendo una minoría de la sociedad que va creciendo en la medida en que más ciudadanos dejan de taparse los ojos ante la realidad que muestran los científicos. Estas sociedades distorsionadas veneran a actrices, cantantes y futbolistas, copiando su manera de vestir y hasta de caminar, pero están de espaldas a esos científicos que consagran su vida a entender cómo funciona el planeta y a hacer advertencias desagradables sobre las reacciones de Gaia, el planeta vivo.

Nos recuerda el trato que recibían los impertinentes profetas del antiguo testamento cuando aguaban las fiestas del pueblo, llamándoles a la penitencia para aplacar la ira divina que se avecinaba. También hay que reconocer que importantes canales de televisión internacionales especializados en temas ecológicos están emitiendo excelentes programas que permiten entender la situación.

Tengo la certeza de que nuestros mismos hijos dirán: “Nuestros padres estuvieron muy equivocados cuando se entretuvieron en discusiones ideológicas, en pugnas políticas, mientras el planeta se enfermaba gravemente y se perdían ecosistemas y especies que necesitábamos. No supieron identificar lo más grave y prioritario. Tenían que haber tomado medidas drásticas para retroceder a tiempo en los niveles de consumo y destrucción de recursos no renovables”.

De qué les servirá a nuestros hijos vivir encerrados en habitáculos con aire filtrado, saturados de las más avanzadas tecnologías de comunicación y entretenimiento digital si han estropeado el aire, el agua y la vida, sin poderse bañar en una playa no contaminada ni escuchar el canto de los pájaros.


CASO VENEZUELA
Venezuela contaba con considerables extensiones de bosques, e incluso con la cuenca boscosa tropical mejor conservada del mundo, hasta que una minoría de mineros enfebrecidos por el oro, no frenados por autoridades que tenían la responsabilidad de impedirlo, decidió que también había que destrozarla.

Esos son los espacios en los que todavía se refugian los “socialistas originarios”, los venezolanos originarios, los indígenas de una treintena de culturas. Y venían viviendo bajo el sabio concepto de que ellos no dominan a la naturaleza, sino que pertenecen a ella. Mantenían el equilibrio que siempre mantuvieron, con poblaciones que se ajustaban a la disponibilidad de recursos, siendo reciclables todos los materiales que usaban durante el curso de su vida, sin nada que contaminara.

El actual pueblo venezolano, consciente y responsable, debe tener claro que lo más conveniente para sus hijos es que los indígenas sigan ocupando, sin amenazas, esos espacios, sin abandonar su relación con la naturaleza, sin dejar perder la sabiduría de sus ancestros, que nos lleva a reflexionar que el “hombre primitivo pero sabio” mantenía la capacidad de seguir viviendo feliz en el planeta, mientras el “hombre tecnológico pero estúpido”, ya comenzó ahogar en las excrecencias de su desarrollismo, a toda la humanidad. Seamos sensatos, controlemos la instintiva voracidad y renunciemos a extraer nuevos recursos al sur del Orinoco, exigiendo -eso sí- que los países desarrollados compensen a Venezuela por ese valioso aporte ecológico global.

Pero, independientemente de que sea capitalista neoliberal o socialista revolucionario, el desarrollismo sigue caminando en dirección contraria a la que señalamos como sensata. El temor que me entristece profundamente es que el conflicto socio-político que apasiona a la sociedad polarizada nos impida ver más allá y que, gobierne quien gobierne, durante los próximos años la sociedad avale más destrucción de ecosistemas al sur del Orinoco y más expulsión de indígenas a la marginalidad de las ciudades. Como ciudadano debes asumir una posición y buscar la forma de hacer llegar a los políticos tu mensaje y el de los que coinciden contigo.

(*) Biólogo, especialista en ecología de peces y dinámica del mercurio en embalses del estado Bolívar. Ha desarrollado tecnología de piscicultura en jaulas flotantes para embalses neotropicales.

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