Alternativa para el desarrollo productivo y sustentable


El contar con atractivos turísticos y tenerlos accesibles es sólo una parte de la ecuación, la otra es cómo en la práctica el ecoturismo logra los objetivos que predica


Por Mariapia Bevilacqua y Domingo Medina (*)

Los impactos ambientales se agudizan cuando no hay una planificación del turismo adecuado y/o por la falta de monitoreo y control del rápido crecimiento del turismo en el destino. Sucesivamente, las soluciones para atender muchos de los problemas ambientales del turismo recaen y tienden a venir de las instituciones gubernamentales encargadas del manejo de recursos naturales y no de la industria del turismo. Estas instituciones a su vez sufren de serias limitaciones en cuanto a su capacidad y efectividad de manejo, ya que están sujetos a la disposición política y de la asignación apropiada de los presupuestos públicos para la conservación.
EL GRAN DESAFÍO
Dado lo anteriormente expuesto, el gran desafío es cómo llevar a la práctica las definiciones y premisas del ecoturismo. Ellas sugieren y apuntan a nociones de “viajar responsablemente”, “sustentabilidad”, “sensibilidad social y ambiental” y “equidad social” que son vagas y crucialmente no un requerimiento directo para una empresa eco turística, financieramente viable.
Reconociendo las implicaciones éticas y principios inmersos en las definiciones y la necesidad de hacer del ecoturismo una estrategia sólida de conservación y desarrollo, académicos, ambientalistas y organizaciones de conservación han desarrollado lineamientos para operadores de turismo.
Otros han desarrollado códigos de ética para “ecoturistas” y métodos de evaluación basado en encuestas de turistas como intento para estimular en la práctica los principios del ecoturismo.

14 sitios se han decretado como Monumentos Naturales los Tepuyes Orientales que en conjunto abarcan una superficie de 1 069 820 ha. Fuente DEA Minamb
Estos esfuerzos tienen sus meritos pero, han probado ser difíciles de institucionalizar e insuficientes para lograr los principios del ecoturismo. La razón es que solo propician una ética ambiental y social, la cual se deja a la potestad de la industria de asumir o no. Además, no abordan la naturaleza estructural del turismo y el contexto político, social, económico y ambiental en que se desarrolla la actividad la cual determina quien controla el proceso de desarrollo, cuales son las limitaciones ambientales, quien se beneficia y quien paga los costos del desarrollo del turismo.

Esto solo se puede lograr con una industria turística responsable en cooperación con comunidades locales y manejadores de recursos naturales en destinos turísticos, que internalicen y estén genuinamente estimulados por el entendimiento que la preservación de lo que hace un destino turístico una “ventaja comparativa” es clave para la sustentabilidad de la industria.
Esto requiere que la industria turística por su parte no maximice sino optimice sus beneficios económicos, poniendo límites a su crecimiento e invierta en minimizar los impactos negativos. Mientras tanto, hay que seguir examinando y monitoreando si el ecoturismo en un contexto específico satisface las necesidades de las comunidades locales, satisface las necesidades de la demanda turística y de las operadoras y, más aun, si resguarda y protege el ambiente natural para su regulación.


(*) Domingo Medina es licenciado en Educación del Pedagógico de Caracas con máster y doctorado en Manejo de Recursos Naturales y Desarrollo Comunitario de la Universidad Estadal de Michigan, EEUU. Investigador Asociado de Acoana. Mariapia Bevilacqua es licenciada en Biología de la Universidad Central de Venezuela con doctorado en Ciencias Biológicas en la Universidad Simón Bolívar. Coordinadora de Proyectos de Acoana, consultor para PNUD en Brasil, consultor FAO/World Bank (Investment Center/Roma) en El Salvador y Brasil.



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