Especial minería: Sobre prácticas reales, simbólicas e imaginarias de la minería en Guayana


Por Dr. Luis d’Aubeterre (*)

Al ser una tradición humana desde la pre-historia, la práctica secular de minería de oro y diamante en Guayana, supone la existencia de toda una forma de vida y cultura, con sus dimensiones real, simbólica e imaginaria, en el pequeño colectivo humano local, que la hace parte de su mundo cotidiano de existencia. La pequeña minería arraigada en esta región siempre ha sido bajo impacto y pareciere legítima y válida, dentro de los patrones tradicionales que dan sentido psico-socio-antropológico a las comunidades de pequeños mineros criollos e indígenas de Guayana que la han heredado.
No obstante, gracias a las múltiples denuncias y reportajes en los medios de comunicación social nacionales y extranjeros, hemos visto que en estas últimas tres décadas, ha habido un impresionante fenómeno de concentración de la actividad minera por parte de grupos (regulares e irregulares, nacionales y extranjeros), con equipamiento y tecnologías de alto impacto ecológico, que se comportan como mafias compitiendo brutalmente entre sí, a causa de la revalorización creciente del oro a nivel de los mercados globales: inclusive, con la perspectiva del posible retorno global al etalón oro, frente a la crisis de las monedas fuertes (Euro/ US Dólar), en los mercados mundiales (Financial Times, 12-03-2012).

En suma, la que otrora fue una forma de vida tradicional, ha devenido una actividad peligrosa, profundamente depredadora de los frágiles ecosistemas del macizo guayanés y sus cuencas hidrográficas, cuya motivación principal es el lucro inmediato y exorbitante de grupos organizados que extraen el mineral y lo sacan del país de forma ilegal (presuntamente: militares de rangos altos y medios, políticos importantes del gobierno nacional y regional, guerrilla colombiana, garimpeiros brasileros, grupos armados nacionales y extranjeros).
Por otra parte, el Plan Caura y la llamada "Reconversión Minera" pretendieron ser una supuesta estrategia de resguardo y preservación de una de las pocas cuencas prístinas del planeta (el Rio Caura). Pero, en realidad, ha sido varias veces criticado y pública-mente denunciado por los mismos pequeños mineros, como un fraude del gobierno nacional y regional, ya que: 
a) Tardaron mucho tiempo en cancelar sólo una míni-ma parte de lo que el Gobierno prometió a los pequeños mineros. 
b) Nunca hubo un tal proceso de reconversión, que implicara la formación técnica, asesoría y financiamiento gubernamental que permitiera a los pequeños mineros ejercer otro tipo de actividad alternativa que significara una mejor calidad de vida para ellos y su familia. 
c) No hubo procedimientos claros en la implementación del Plan, ni tampoco claridad en los objetivos del mismo, ni seguimiento y continuidad de lo que se inició y se dejó a medias.
La minería ilegal de oro en Guayana sería pues, un gigantesco negocio de corruptelas en las cuales participan mafias locales y foráneas, así como una red de comerciali-zación internacional, lo que hace muy difícil creer que pueda desaparecer en poco tiempo. Por dar una somera idea, a finales de los años ‘90, el Dr. Andrew Cousin, en su Tesis de Maestría en Antropología del IVIC, estimaba que, desde Guayana, salían ilegalmente en avioneta unas 10 toneladas de oro para Brasil, de donde seguían rumbo a los mercados europeos.
Por lo demás, cabe preguntarse: ¿es sostenible en el tiempo, seguir destruyendo aceleradamente los ecosistemas del macizo Guayanés, en procura de: minerales preciosos, tierras raras, gas e hidrocarburos, a sabiendas de la escases creciente de fuentes de agua dulce en el planeta? ¿Qué capacidades tecno-científicas generadoras de productos con valor agregado se están formando ahora, para superar la fragilidad estructural del Estado venezolano mono-productor de hidrocarburos y exportador de materias primas?... ¿Qué prospectiva podría tener el país de continuar con una economía nacional minero-extractiva frente a la “Sociedad del Conocimiento” que nos compra petróleo, briquetas, hierro y algo de aluminio, baratos y a cambio, nos vende tecnología cada vez más cara?...

A menudo, el sentido común popular dicharachero, alegre, optimista, buenagente, bonchón, improvisador y mamador de gallo, que tanto nos ayuda a sobrellevar las dificultades cotidianas de la vida (“Al mal tiempo, buena cara”; “Hay que hacer de tripas, corazón”, etc.), ha parecido conducir la lógica inmediatista, de quienes planifican las políticas estatales (“Como vaya viniendo, vamos viendo”…).

Obviamente, pensar que lo único que existe es el presente, supone un empirismo miope mortal que no es exclusivo de los países del Tercer Mundo. De facto, el recalentamiento global, el deshielo de los casquetes polares, la subida del nivel de los océanos y los efectos geo-eco-meteorológicos catastróficos concomitantes, son el complejo producto de las decisiones suicidas que las élites corporativas transnacionales y los presidentes de las naciones más desarrollas de la Tierra, han asumido para mantener, “cueste lo que cueste”, el modelo de civilización occidental que se ha impuesto a todos los pueblos del planeta.


(*) Licenciado en Psicología con maestría en Psicología Clínica en la Universidad de París y doctorado en en Psicología en la Universidad Central de Venezuela. Docente e Investigador de la Universidad Nacional de Guayana (Uneg).

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