Especial minería: Actividades extractivistas y el nuevo paradigma del desarrollo en Guayana


Por Dra. Nalua Silva Monterrey (*)

La minería es y ha sido una actividad importante en Guayana desde el siglo XIX, época en la cual se inició la explotación de las minas de El Callao. Antes de esa época no se tienen evidencias certeras de que en nuestra región haya habido actividades extractivistas de minerales o piedras preciosas. Tanto es así que en las excavaciones arqueológicas no han aparecido hasta ahora vestigios de materiales metálicos correspondientes a la época pre-colombina. En la región Guayana no se han encontrado objetos de oro ni tampoco gemas.

En las crónicas de Ralegh (1596) aparecen dibujos que muestran como un hombre al visitar un pueblo es recibido soplándosele oro en polvo con una caña hasta cubrirlo totalmente. Aún cuando Ralegh tiene muchas informaciones dignas de ser tomadas en cuenta, hay que recordar que Ralegh llegó solo hasta el sitio en donde se encuentra hoy el parque Cachamay en Puerto Ordaz y que, en toda la región que el atravesó entrando por el Delta del Orinoco, no hay evidencias que apoyen lo que se observa en estos dibujos y en las crónicas. Antes bien, la forma en que esto es abordado, deja la duda de si este no es otro de los relatos que llevó a la creación de la leyenda del El Dorado. 
Un Dorado que fue buscado durante casi 300 años, y que los españoles persiguieron arduamente sin alcanzar, pero que llevó a la exploración de las tierras inaccesibles de la Guayana; hasta que en el periodo de Centurión (1760) se declaró casi “oficialmente” que El Dorado no existía, y que si hubiese existido ellos, los españoles, lo hubieran encontrado.
Desde el siglo XIX con el descubrimiento de las minas de El Callao se inicia la actividad minera en Guayana en escala importante, y desde allí y hasta el siglo XX, se ha ido desarrollando en diferentes áreas a través de la explotación de minerales metálicos como el hierro y la bauxita, por mencionar dos de los más importantes, además de la extracción de diamantes.

En la segunda década del siglo XX se establecen las empresas básicas. Para que ellas funcionaran era necesario contar con la energía necesaria, y es aquí en donde empieza a surgir (desde nuestro punto de vista) un nuevo paradigma: la valoración de la energía.


Se construye la represa de Guri y poco a poco la sociedad va internalizando que más valiosa incluso que la actividad extractivista per se, es la producción de la energía que posibilita no solo la vida de las industrias sino también la realización de todas las actividades cotidianas de quienes hacemos vida en la región, en el país e incluso más allá de nuestras fronteras.

La valoración de la energía, y la toma de conciencia de que es necesario cambiar los esquemas de desarrollo de las sociedades para posibilitar la vida en el planeta, son dos elementos que han producido profundos debates sobre las actividades mineras. Se sabe que ninguna sociedad se ha desarrollado por el extractivismo y que son las sociedades que manejan el conocimiento las que a través de la transformación de los materiales y la producción de nuevas tecnologías las que poseen los índices más elevados de calidad de vida.

En el siglo XXI las sociedades extractivistas están a la zaga y no se puede pensar en su desarrollo si ellas no van acompañadas de industrias de transformación, de producción de conocimientos e innovaciones, así como de sostenibilidad ambiental.
Es en este último aspecto en lo que queremos concentrarnos. En nuestra región se pretende seguir explotando el oro y el diamante con tecnologías propias de siglos pasados en los cuales no había preocupación mayor por el medio ambiente. Esto no puede seguir ocurriendo. 
Ahora es necesario explotar estas riquezas con el menor impacto ambiental posible, y si esto no pudiera minimizarse, entonces habría incluso que parar su explotación pues la prioridad es salvaguardar los cursos de agua y los bosques, elementos que en nuestra región se ven seriamente afectados por las actividades mineras.
Ambos elementos son fundamentales para la vida del planeta. El agua dulce de los ríos es cada vez más escasa, amén de que en nuestra región es aprovechada como la principal fuente de producción de energía; y los bosques son literalmente los pulmones del planeta.


En nuestra región el dilema es ¿qué hacer con las personas que se dedican a estas actividades productivas?. Hasta ahora se ha planteado la reconversión, pero eso no es tan simple porque una persona no deja de hacer lo que ha hecho o lo que sabe hacer, tan fácilmente, sin alternativas realmente atractivas de vida. Sin embargo, esto es necesario.
Una creciente toma de conciencia de la necesidad de preservar los bosques y el agua debe llevar a políticas y soluciones adecuadas para todos los actores. La minería debería hacerse bajo estrictos controles y en zonas en donde no se vean impactados los cursos de agua y los bosques, ¿es esto posible?, ¿dónde puede ser esto? No lo sé, pero existen en nuestra región expertos en la materia que pueden orientarnos al respecto; lo que si es cierto, es que un cambio de paradigma sobre el desarrollo de nuestra región es necesario.

(*) Doctora en Antropología, profesora e investigadora de la Universidad Nacional de Guayana (Uneg).

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