Un ecoturismo basado en la conciencia ecológica

La Guayana venezolana es una de las regiones más visitadas para hacer ecoturismo.
La bióloga Riolama Fernández considera que “la protección ambiental es un componente esencial- no aislado- del proceso de desarrollo y el desarrollo de hoy no puede impedir, obstaculizar o mermar las posibilidades de desarrollo ni la calidad ambiental del futuro”

Fomentar el turismo y más aún el ecoturismo, es una de las premisas que más se escucha como actividad para el desarrollo sustentable, sin embargo a juicio de la bióloga y Magíster en Ciencias, Riolama Fernández, “la mayoría de las veces el término no es utilizado en su acepción correcta y en muchos casos el término es abusado o usado de manera aberrante por quienes afirman practicarlo”.
Advierte la especialista que aunque todas las actividades productivas humanas causan impacto ambiental, ya sea la actividad industrial, forestal, agrícola, pecuaria, minera, urbanística o turística, “el tipo, extensión e intensidad de los impactos ambientales que generan estas actividades tienen que ver con las particularidades del mismo proyecto y con las características físico-naturales y sociales del área donde se implanta o desarrolla”.

Riolama Fernández.
CONCIENCIA ECOLÓGICA
Fernández defiende que ante todo es imperativo crear la “conciencia ecológica”, un término que a su juicio “no es solamente la toma de conciencia de la degradación de la naturaleza, sino que es la toma de conciencia -en la sede de la ciencia ecológica- del carácter de las relaciones humanas con la naturaleza, encontrando que la sociedad es vitalmente dependiente de la naturaleza y que la misma está profundamente comprometida, trabajada y degradada por los procesos sociales humanos”. 

La especialista antes de comenzar a argumentar sobre las políticas para controlar los impactos ambientales que causa la actividad turística, hace énfasis en la definición del prefijo ECO, “el cual denota la casa, morada, ámbito vital o ecosistema. En consecuencia una visión ecológica consiste en percibir todo fenómeno en relación con su entorno, pero la ecología va mucho más allá de la relación que existe entre los seres vivos y el medio, y de la defensa de la naturaleza y el ambiente”. Esta “conciencia ecológica”, refiere Fernández, surgirá de esa relación que se establece en la ecología entre “la vida-naturaleza con la cultura-antroposociología, es decir considera al hombre con su entorno”

“La conciencia ecológica profundizada en conciencia eco-antroposocial desarrolla conciencia política, que muchas veces suscita movimientos de mil formas éticas y colectivas, existenciales y militantes, de donde surge la gran diferencia entre un ecólogo y un ecologista. Un ecólogo es un científico y un ecologista es un activista, aunque se puede llegar a ser ambos”.

Fernández explica que una muestra vigente de la conciencia ecológica relacionada con lo antroposocial, lo constituye la Conferencia de Río realizada en junio de 1992, en la cual “se impuso que son los seres humanos –no el ambiente- el objeto de preocupación relacionado con el desarrollo sostenible. En definitiva, es el desarrollo el que tiene que responder equitativamente a las necesidades de desarrollo y de la protección ambiental de las generaciones presentes y futuras. La protección ambiental es un componente esencial- no aislado- del proceso de desarrollo y el desarrollo de hoy no puede impedir, obstaculizar o mermar las posibilidades de desarrollo ni la calidad ambiental del futuro”.

AMBIENTE PROTEGIDO
Sin embargo, acotó que cualquier proyecto o programa de desarrollo turístico que pretenda ser instalado en el ámbito del territorio nacional debe someterse a las disposiciones contenidas en el Decreto Nº 1257 referido a las “Normas Sobre Evaluación Ambiental de Actividades Susceptibles de Degradar el Ambiente”.

“Este decreto establece los procedimientos para evaluar las implicaciones ambientales de los programas y proyectos de desarrollo económico, garantiza la incorporación oportuna de la variable ambiental como parte del proyecto y permite determinar -de acuerdo al tipo de proyecto y al área donde será implantado- los impactos que generará, asimismo garantiza la incorporación oportuna de las correspondientes medidas de prevención, mitigación o corrección de los impactos. Todo lo cual se hace posible a través de la elaboración de un Estudio de Impacto Ambiental, cuyo alcance y contenido lo fija el Ministerio del Ambiente, que luego de su evaluación y aprobación tomará la decisión de autorizar o no la afectación de los recursos naturales, necesarios para la instalación del proyecto”.

Aclara la bióloga que entre los principales impactos ambientales que genera la actividad turística se cuenta: la generación de desechos sólidos, afectación de la calidad de los cuerpos de agua natural o colapso en los servicios de tratamiento de las aguas servidas domésticas, aumento en la demanda de servicios de disponibilidad de agua potable, transporte, vialidad, luz eléctrica, teléfonos; así como también deforestación para construcción de infraestructura, erosión por tránsito vehicular o peatonal y otros que dependerán del tipo de proyecto y del área a ser intervenida.

CONTACTO HOMBRE-NATURALEZA
Ecoturismo es más que ese contacto hombre-naturaleza.
Riolama Fernández insiste en tener presente que aunque el proyecto tenga el prefijo ECO, es requisito necesario realizar el Estudio de Impacto Ambiental. 

“La mayoría de las veces se llama proyecto ecoturístico a aquellos que hacen uso de áreas de gran belleza escénica poco intervenidas, pensando que ecoturismo es el simple contacto del hombre con la naturaleza, pero como hemos descrito aquí, ecoturismo debe prever el desarrollo de una actividad productiva en forma rentable, incorporando la variable ambiental como parte del proyecto no sólo para su disfrute sino para el control de los impactos que genere, de modo de garantizar que las generaciones futuras tengan la misma posibilidad de disfrutar y aprovecharse de ello”.

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