Tautaco: caminante de la sabana


Sus ojos y patas destacan por su intenso color rojo, y su distribución abarca desde Panamá hasta el este de Bolivia, Venezuela, norte de Argentina, sur de Brasil, Paraguay y Uruguay. Foto ibc.lynxeds.com
Es una de las siete corocoras que existen en Venezuela, y se distribuye en los Llanos y al sur del Orinoco, siendo común verlas en las sabanas guayanesas

Al atardecer, una bandada de tautacos sobrevoló la hermosa pérgola dispuesta a orillas del lago que bordea la finca “Bandola”, en las sabanas de El Manteco, sureste de la Guayana venezolana, donde los novios se preparaban para dar el “sí quiero”. La curiosidad de algunos invitados, ante el espectáculo que brindaron estas aves de gran tamaño y largo pico, les hizo voltear la mirada para sorprenderse de verlos posados en una inmensa palma cocotera (Cocos nucifera), su árbol predilecto.

El tautaco (Theristicus caudatus) es una de las siete especies de corocoras que se puede encontrar en los Llanos venezolanos y al sur del Orinoco, según refiere el estudio realizado por los biólogos Karina Liss y Jorge Pérez Emán, investigadores del Laboratorio de Ecología de Aves del Instituto de Zoología Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV), y José González Carcacía del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic).
Esta ave se caracteriza por presentar, en su adultez, unos ojos y patas largas de tonalidad roja, mientras que en el cuello y la coronilla destaca una coloración café; también sus alas son llamativas porque en el borde se observa una mancha color blanco que contrasta con el resto del ala negra.
Otros estudios señalan que, respecto a los adultos, los individuos jóvenes son más pequeños y delgados, tienen el pico más corto, los ojos café oscuro en lugar de rojo intenso y las patas más pálidas, además de presentar un parche blanco en la zona del pómulo, y estrías de color café en la frente y el pecho. Se les suele ver en parejas, y hasta con la cría juvenil, recorriendo las sabanas abiertas y picoteando el suelo, revisando ramas secas y telarañas, en busca de hormigas (sus preferidas), lombrices o semillas.
Los expertos de la UCV y del Ivic explican que en Venezuela existe escasa información sobre la biología reproductiva de la especie, y la que existe “se ha generado a partir de observaciones puntuales, permitiendo inferir que el tautaco se reproduce durante todo el año, con mayor frecuencia a finales de las estaciones de sequía y de lluvias”.
De hecho, la investigación identificó en el tautaco un patrón reproductivo entre los meses de enero y octubre. “Aunque el tautaco se reprodujo prácticamente durante todo el período de muestreo los meses con mayor número de nidos activos fueron marzo y octubre correspondientes a la estación seca y de lluvias (bimodal), respectivamente”. Añade que durante este tiempo “se registraron conductas de cortejo y cópula en los meses de febrero y marzo, un pichón en abril y un juvenil en mayo”.
Las observaciones del estudio señalan que el tautaco se reproduce durante todo el año, “con un máximo de nidificación a finales de la estación seca (marzo) y otro durante el período de lluvias (octubre)”, un patrón bimodal que según los especialistas, podría ser reflejo de una mayor disponibilidad de recursos al tiempo del nacimiento de pichones, cuyo tiempo de incubación es de 28 días. El informe menciona que las parejas de tautaco anidan en solitario y en colonias mono específicas, y sus nidos tienen forma ovalada, con una estructura generalmente poco elaborada, y con una distancia promedio entre nidos de 3 metros, variando entre 1 y 5 metros.
“El pequeño porcentaje de nidos elaborados coincide con el final del período reproductivo de la cigüeña (Ciconia maguari), lo que pudiera indicar el uso de nidos abandonados. Los nidos fueron localizados en matas (84%) o árboles aislados en la sabana (15%), ubicándose a 10-14 metros de altura y distanciados de los cuerpos de agua”. Esta ubicación de nidos altos en sitios aislados, detalla el estudio, pudiera limitar el acceso a los nidos de depredadores potenciales, en especial reptiles y mamíferos. 
Aunque anidan y duermen en otros árboles, las palmeras son sus predilectas. Foto Juan Pulasso

CORTEJO EN 5 MINUTOS
Los científicos enfatizan que es muy poco lo que se conoce acerca de las conductas de cortejo de las corocoras, de las que se han descrito varias conductas, entre las que se encuentran: el acicalamiento de cortejo (display preening), movimientos de las alas (display shaking) y chasqueo del pico (bill popping).
“Las descripciones de las conductas de acicalamiento y movimientos de las alas coinciden con las observadas durante el cortejo del tautaco. Sin embargo, el chasqueo del pico no se registró para el tautaco, ya que la conducta observada corresponde más a una vocalización”. Durante la investigación, observaron dos individuos vocalizando posados en una hoja de cocotero, y cada uno “extendía su cuello totalmente hacia atrás, mientras su pico se abría emitiendo un sonido metálico, característico de su canto. Al terminar de hacer este movimiento levantaban levemente sus alas, lo que da la impresión de un mayor tamaño corporal”. 

Dicen que después de vocalizar, “se acicalaban las alas y el cuello con la punta del pico y emprendían vuelos cortos a no más de quince metros. Luego iniciaban de nuevo la serie de conductas antes descritas. La serie completa tenía una duración aproximada de cinco minutos”.

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