Especies endémicas desamparadas


El pavón del Cuyuní, al ser un depredador, se le considera una especie muy importante al regular las comunidades en los ecosistemas acuáticos. Fotos Google
El rabiblando del Orinoco (ave) y el pavón del Cuyuní (pez) son animales endémicos de la Guayana venezolana que se encuentran ausentes del sistema nacional de áreas protegidas estrictas de Venezuela

Son dos de las diez especies endémicas del país que se encuentran ausentes del sistema nacional de áreas protegidas estrictas. El rabiblando del Orinoco (Thripophaga cherriei) y el pavón del Cuyuní (Cichla ocellaris), son animales cuyos hábitats están restringidos a zonas de la Guayana venezolana que no presentan ninguna figura de protección.

Jon Paul Rodríguez investigador del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas y uno de los autores del Libro Rojo de la fauna venezolana, explica que las figuras como parques nacionales, monumentos naturales o refugios de fauna son "áreas protegidas estrictas" (APE) y “son las que ofrecen un mayor grado de protección a las especies y ambientes del país”. Sin embargo, aclara que tales figuras “no garantiza que esté protegida de manera efectiva y por tiempo indefinido, pero está claro que el riesgo que enfrentan las especies totalmente ausentes en las APE debe ser mayor”.
Destaca el hecho de que la mayoría de las especies endémicas de fauna amenazada del país estén en alguna de las APE, sin embargo diez especies no lo están y tal como refiere Rodríguez “no son animales llamativos como los que comúnmente son objeto de planes de conservación. En su mayoría son peces de agua dulce (tetradiamante, bagre loricárido del río Guaire, bagre del río Guaire, tinicalo y pavón del río Cuyuní), principalmente habitantes de las cuencas más contaminadas del país. El resto son un ave (rabiblando del Orinoco), dos insectos (libélula de Aroa y mariposa papilionide de Caripito) y dos reptiles (jicotea y lagartijo trompa roja) con distribuciones geográficas pequeñas y restringidas a ambientes aislados, contrastantes con el resto de los ecosistemas que los rodean”.
No obstante, para el experto, estas especies “constituyen algunos de los retos más difíciles e interesantes para la conservación de la biodiversidad”.


Infografía Elluz Avila


DEPREDADOR VISUAL
En la quebrada “La Amarilla” es casi imposible encontrar al pavón del Cuyuní (Cichla ocellaris), especie restringida solo a la cuenca del río que lo identifica, y calificada como vulnerable por el Libro Rojo de la fauna venezolana.
Un estudio sobre el conjunto de especies de peces (ictiofauna) de la cuenca del río Cuyuní, publicado en la revista Interciencia, advierte sobre el deterioro de las áreas cercanas a Las Claritas, al noreste del estado Bolívar, considerada una zona “depauperada” debido al bajo número de especies y ejemplares colectados. “Un ejemplo extremo de deterioro lo constituye Quebrada La Amarilla donde reportamos ausencia total de peces”.
El estudio explica que los sedimentos que descargan en el río Cuyuní, debido a la intensa actividad minera ilegal que se desarrolla en el área, ocasionan temperaturas elevadas del agua, pH básico y la ausencia total de vegetación terrestre y acuática, evidenciando las condiciones de alta intervención de esta zona. Según describe el Libro Rojo de la fauna venezolana, el pavón del Cuyuní es un pez de la familia de los cíclidos (Cichlidae) que puede llegar a medir los 50 centímetros de longitud y pesar más de tres kilos. Presenta escamas grandes y una coloración en su cuerpo que dependerá de su crecimiento y de su estado reproductivo. En los adultos vivos, el color de fondo varía entre verde grisáceo y amarillo a verde oliva, siendo el dorso más oscuro que los lados donde destaca por presentar manchas negras de forma no definidas, especialmente hacia el vientre, el cual suele ser de color claro.
Al ser un depredador, se le considera una especie muy importante al regular las comunidades en los ecosistemas acuáticos, sin embargo, el Libro Rojo señala que al ser el pavón un depredador visual, es probable que su comportamiento y supervivencia se vea afectado por el aumento de la turbidez del agua. Menciona que desde 1972 la pesca comercial de esta especie se encuentra prohibida, permitiéndose su captura sólo con fines científicos y deportivos. Propone realizar investigaciones para conocer el estado actual de las poblaciones e iniciar acciones de conservación de la cuenca del río Cuyuní, “así como también la reconsideración de las actuales concesiones mineras otorgadas en el área”. 

El rabiblando del Orinoco debe sortear las amenazas de estar en una reserva forestal que eventualmente podría estar sujeta a la extracción de madera.

REVOLOTEA EN EL CAPUANA 
La reserva forestal Sipapo es considerada el único hábitat de la especie endémica rabiblando del Orinoco (Thripophaga cherriei). En el Libro Rojo de la fauna venezolana, el experto Christopher Sharpe explica que esta ave se distribuye en los alrededores del caño Capuana, un pequeño afluente del río Orinoco que según es una de las zonas de bosques vulnerable al riesgo de eliminación. Sharpe describe a esta ave de tamaño pequeño, entre 16 y 17 centímetros de longitud, y destaca su color castaño rojizo en las alas y cola, además de una mancha de tinte anaranjado en la parte superior de la garganta y sus ojos de color rojo oscuro. El nombre de rabiblando, según refiere Sharpe, se debe a que carece de las pequeñas espinas al final de la cola. Entre las amenazas que se ciernen sobre ella, Sharpe menciona: la agricultura de conuco; la cercanía de Puerto Ayacucho como principal centro de desarrollo de la Amazonía venezolana que podría influir en el deterioro de las selvas ribereñas de las cuales depende esta especie; y su presencia en la reserva forestal Sipapo, área que eventualmente podría estar sujeta a la extracción de madera.

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