La harpía fiel


Las águilas harpías (Harpia harpyja) son aves monógamas por lo que se mantienen unida a su pareja de por vida

Es tan fiel que, de morir su pareja, es muy difícil que ande revoloteando en busca de otra. Las águilas harpías (Harpia harpyja) son aves monógamas y de hábito solitario. “Hay un nido en Guyana donde la pareja lleva 45 años reproduciéndose en el mismo árbol”, asegura el veterinario Alexander Blanco, coordinador del Programa para la Conservación del Águila Harpía en Venezuela.

“Sólo se le ve en pareja cuando se consigue el nido y están en el ciclo reproductivo. Ambos individuos construyen el nido, actividad que es parte del apareamiento o cortejo del macho hacia la hembra y generalmente, lo hacen en grandes árboles emergentes del bosque, como algarrobo, merecurillo, capaetabaco y zapatero; aunque su predilección, en un 70%, es la ceiba”.
Blanco señala que han encontrado moradas de hasta dos metros de diámetro, con una altura promedio entre 70 cm hasta más de un metro y un peso de hasta 100 kilos. “Cuando nace, el polluelo es de color blanco y posterior a los tres meses le comienzan a salir las primeras plumas que van definiendo mejor el plumaje característico, para emprender luego las acciones de vuelo; y suelen vivir con sus padres durante tres años”.

El experto detalla que la harpía, junto al águila morena de Filipinas y al águila coronada de África, es una de las tres aves rapaces más grandes del mundo en cuanto a tamaño y peso, por eso es considerada como un pequeño halcón de gran agilidad y su destreza dentro del bosque le permite llegar a desarrollar los 180 km por hora, al momento de cazar.

En el mundo de las rapaces, la harpía es la que tiene las garras más grandes, incluso más que las de un oso pardo, “imagínense la fuerza y la capacidad de aprehensión al momento de capturar su presa natural”. Su hábitat se reduce a selvas poco intervenidas con una altura oscilante entre los 600 y 1 200 metros de altura, pero puede tolerar áreas donde haya explotaciones agrícolas, mineras o cultivos alternativos dentro de las zonas boscosas. Sus presas predilectas, en un 80%, son los perezosos, aunque igual se alimenta de monos, cachicamos, guacamayas, lapa, picure, arrendajos e iguanas.


Se distribuye desde México hasta el noreste de Argentina, y en Venezuela se encuentra al norte del Orinoco: en la zona de la cordillera de la Costa, en los estados Aragua, Carabobo, Cojedes, la sierra de Falcón, la sierra hacia Monagas y algunos avistamientos en Perijá; sin embargo, al sur del Orinoco es donde se concentra la mayor población registrada, siendo la reserva forestal Imataca la que presenta la mayor concentración y distribución de esta especie a nivel nacional.

Según explica Blanco, en la actualidad existen 44 nidos monitoreados en esta extensa área de la Guayana venezolana, pero también han detectado en el sector La Aplanada una altísima concentración de parejas activas. “Al sur del Orinoco se considera que se tiene entre el 70 y 80% de la concentración de los nidos o de la territorialidad de las aves, porque aunque hay una intervención marcada, es mucho menos de la que existe al norte del Orinoco por el crecimiento demográfico”.

No obstante, Alexander Blanco dejó claro que aún falta mucho por investigar: “si en la actualidad existen en Venezuela unas 15,5 millones de hectáreas de bosques que se encuentran bajo un régimen especial de conservación, y hemos conseguido 44 nidos, siendo además que el territorio de una pareja activa son de 10 km2, aún no hemos conseguido ni siquiera el 10% de las poblaciones de águila harpía que pueden existir en el país”.


PROYECTO VANGUARDIA

El Programa para la Conservación del Águila Harpía es considerado uno de los proyectos vanguardia a nivel internacional, con una valiosa información que ha podido ser recopilada a lo largo de dos décadas investigando y conociendo el hábitat de esta especie en peligro de extinción, según refiere la Lista Roja de la Uicn y el Libro Rojo de la fauna venezolana.

El pionero de estos estudios fue el guayanés Eduardo Álvarez, fundador de la Earth Matters, ONG representada en nuestro país por Alexander Blanco quien trabaja desde el zoológico de Maracay.

El programa se dedica a determinar la territorialidad de esta especie mediante la localización de las parejas en sus nidos; el comportamiento del animal como individuo y el estudio de los parámetros de anidación y sobrevivencia de la especie. Esta actividad la realizan no sólo en nuestro país sino en diferentes áreas de su distribución en América Latina, para luego establecer estudios comparativos de un tipo de bosque en relación a otro.

Asimismo, entre los objetivos del programa se encuentra el de incentivar en las instituciones públicas y privadas la reglamentación del uso de la tierra, por lo que se ha logrado que en muchas concesiones forestales se desvíe el corte forestal hacia otro lote boscoso cuando se observa un nido de águila arpía en uno de los árboles del área.

Hábitat amenazado
El veterinario Alexander Blanco enfatiza que la destrucción del hábitat es la principal amenaza que se cierne sobre esta especie, lo que repercute en la sobrevivencia y la repoblación de individuos en algunas áreas naturales. Dice que esta destrucción puede estar aunada a la acción de carreteras de penetración y aprovechamiento forestal en algunas áreas; la tala y quema para la expansión agropecuaria y la minería clandestina en zonas determinadas. Otro problema es la cacería en sus tres tipos: deportiva, la de subsistencia y la cacería de coleccionista, lo que a su juicio está perjudicando la sobrevivencia de esta especie.

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