Urge una gestión intercultural del fuego en Canaima


Vía Wonkén, Parque Nacional Canaima. Foto cortesía Cap. Santos Guzmán.
Para la socióloga Iokiñe Rodríguez combinar el conocimiento tradicional sobre el fuego que posee la cultura pemón, con la tecnología y el conocimiento científico modernos, “es una alternativa lógica para desarrollar un sistema de manejo del fuego más efectivo y legítimo, culturalmente”

Los recientes episodios de incendios producidos en el Parque Nacional (PN) Canaima reavivan lo que ha sido un conflicto complejo y de vieja data, por el uso del fuego que hacen los indígenas de la etnia pemón, habitantes ancestrales de uno de los escenarios paisajísticos más deslumbrantes del mundo, declarado por la Unesco Patrimonio Natural de la Humanidad.


Diversos han sido los estudios científicos que advierten sobre la incidencia del fuego como elemento acelerador en la reducción de la superficie boscosa del parque nacional, área protegida que alberga una emblemática diversidad biológica: 1.058 especies de animales de los cuales 151 especies son endémicas; 60% de la superficie total del parque es bosque, 28% sabanas y 6,8% arbustales.
Nelda Dezzeo, bióloga y editora del estudio referido a la dinámica bosque-sabana en el sector sureste del PN Canaima, publicado en la revista científica Scientia Guaianae, indica que existe “una reducción de la superficie boscosa y una expansión de la sabana, esencialmente debido a una combinación de fragilidad latente en la vegetación, baja capacidad de recuperación de ésta y frecuencia de incendios”. Además, agrega que durante la temporada de sequía, las raíces superficiales de los árboles “hacen que la vegetación sea susceptible a impactos por la falta de agua y a los incendios”.
Esta fragilidad del ecosistema presente en el PN Canaima ha llevado a diversas instituciones a implementar políticas de control de incendios, las cuales a juicio de la socióloga Iokiñe Rodríguez, doctora en Ciencias Sociales del Instituto para Estudios del Desarrollo (IDS) de la Universidad de Sussex, Reino Unido; e investigadora del Centro de Estudios de la Ciencia del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC); han dado escasos resultados positivos.
 


“La exclusión del conocimiento pemón de la política institucional de control del fuego, ha sido uno de los factores más determinantes en el origen del conflicto y de su prolongación durante tanto tiempo”, asegura la experta cuya trayectoria incluye 10 años de investigaciones en el tema y más recientemente como parte del equipo de científicos que desarrolla el proyecto “Factores de riesgo en la reducción de hábitat en el Parque Nacional Canaima: vulnerabilidad y herramientas para el desarrollo sostenible”, ejecutado desde el 2006 de manera conjunta por la Universidad Simón Bolívar, el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG) y la Estación Científica Parupa (CVG).
“Los pemón tienen un conocimiento ancestral profundo sobre el uso del fuego en la Gran Sabana que, de ser aprovechado adecuadamente por los gestores ambientales, puede contribuir significativamente a prevenir incendios destructivos en los bosques del área”.
Explica que “para muchos de los pemón, especialmente los abuelos, el fuego no es un factor perturbador del paisaje, más bien hace feliz a su tierra (patá), porque ayuda a hacer el necesario mantenimiento a las sabanas, entre otras cosas para que se vean verdes y bonitas, y no se ocasionen grandes incendios. Además de tener una lógica ambiental y de estar vinculado a una gran cantidad de prácticas socio-culturales de los pemón, el fuego está profundamente arraigado en su cosmovisión. El fuego es protagonista y está presente en una variedad de leyendas y mitos que dan sentido a la relación de los pemón con su territorio y ambiente. Es por lo tanto una parte central de la identidad cultural de este pueblo y un elemento indispensable para su sobrevivencia cultural”.
Precisamente, Rodríguez señala que los abuelos pemón son los que más podrían “apoyar en la definición de una estrategia de gestión del fuego que sea sostenible en el tiempo”, sin embargo e “irónicamente, éste es el sector de la población pemón que ha sido mayormente excluido”.


Menciona que los pemón “usan un sistema de quema prescrita y controlada en las sabanas para prevenir la acumulación de materia vegetal combustible que, con el impacto de un fuego, pueda desencadenar un gran incendio. Para ello han desarrollado dos sistemas de quema prescrita de sabanas: uno aplicado a las sabanas abiertas y otro aplicado a los bordes de la sabana en cercanía a los bosques”.
Por ello, insiste que “es indispensable propiciar un proceso de diálogo de saberes que permita valorar este conocimiento y definir mecanismos para integrarlo en las intervenciones institucionales”. Asimismo, sus investigaciones evidencian “cambios en el uso del fuego como consecuencias de los procesos de transculturización que han vivido los pemón en los últimos 70 años, que están ocasionando un cambio en el patrón de la vegetación de sabana. Estos cambios pueden ser potencialmente muy peligrosos a futuro en términos de causar grandes incendios”.
De hecho, Rodríguez recuerda que en los últimos años “han comenzado a ocurrir incendios de gran escala en zonas donde anteriormente no se habían reportado incidentes de este tipo, como la base del Auyantepuy. Más que producto de un mal uso del fuego, estos incidentes parecen ser en parte el resultado de alteraciones del paisaje por quemas menos frecuentes en algunos sitios. Esto se traduce en una capa de vegetación más homogénea y en la acumulación de pasto seco, y como resultado en materia combustible para incendios de gran envergadura”.
La científica está convencida de que combinar el saber y conocimiento tradicional sobre el fuego que posee la cultura pemón con la tecnología y el conocimiento científico modernos, “es una alternativa lógica para desarrollar un sistema de manejo del fuego más efectivo y legítimo culturalmente”. Sin embargo, resalta que “para ello es indispensable que se abran espacios de deliberación y reflexión pública entre los pemón, investigadores y los gestores ambientales de la Gran Sabana (Corpoelec e Inparques) con el fin de intercambiar visiones y perspectivas del problema del uso y manejo al largo plazo del fuego”.

En una ladera del Auyantepui, donde se encuentra el emblemático Kerepacupai o Salto Ángel, se observa los efectos del incendio. Foto cortesía Raúl Arias. 

El dato
Según cifras aportadas por el Instituto Nacional de Parques (Inparques), las quemas afectaron 1 400 hectáreas que, a juicio de su presidenta María Isabella Godoy, solo representa el 0,043% de las 3 millones de hectáreas que integran la segunda área protegida más extensa del país.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...