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Amazonía bajo presión


El atlas presentado por la coalición de organizaciones civiles y académica que integran la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (Raisg) advierte que 550 km2 del Parque Nacional Canaima se encuentra bajo presión de la explotación minera, mientras que el pemón se ubicó entre los diez territorios indígenas de la Amazonía con las mayores cantidades de focos de calor durante el período 2000-2010

Minería, incendios y deforestación son las tres amenazas que enfrenta la Amazonía venezolana, de acuerdo al último informe presentado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (Raisg). El documento, lanzado en formato de atlas y titulado “Amazonía bajo presión”, ofrece información detallada sobre las presiones actuales y potenciales que amenazan el complejo ecosistema de 7,8 millones de km2 compartido entre Bolivia (6,2%), Brasil (64,3%), Colombia (6,2%), Ecuador (1,5%), Guyana (2,8%), Perú (10,1%), Suriname (2,1%), Venezuela (5,8%) y Guyana Francesa (1,1%).

Mastofauna que merodea por el Chimanta

La comadreja Didelphis albiventris. Foto Google 
Entre los mamíferos hallados en el macizo de Chimanta se encuentran murciélagos, marsupiales, oso melero, roedores y hasta danta


Murciélagos, marsupiales, oso melero, roedores y hasta danta, merodean por las cumbres tepuyanas del macizo Chimanta, para refugiarse en cuevas o grietas formadas por las antiquísimas rocas que han sido moldeadas por intensos procesos de erosión ocurridos a lo largo de millones de años.

Anfibios y reptiles únicos del Chimanta

Anadia mcdiarmid. Foto cortesía Steve Gorzula.
Especies únicas de anfibios y reptiles merodean a sus anchas, por bosquecillos y rocas de las mesetas abruptas y las cumbres aplanadas que conforman el imponente macizo Chimanta 
 
Un pequeño “sapito minero” deambulaba por la cima del Eruoda-tepui, una de las once mesetas que integran el Chimanta, enigmático macizo de dos mil millones de años de antigüedad ubicado a 150 kilómetros al sureste de Canaima. En medio de una delgada línea de agua que drenaba desde un bosquecillo de Bonnetia roraimae, Henry Briceño no dudó en recoger a este batracio, sin pensar que estaba tomando entre sus manos una especie de anfibio que solamente ha sido encontrada en este ecosistema tepuyano único de la Guayana venezolana.
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