La mágica avifauna del Chimanta

Zonotrichia capensis sobre un bosque de Bonnetia. Foto cortesía Weidmann.
En el macizo Chimanta existe una avifauna que habita en bosques y laderas con un rango altitudinal entre 400 y 1 300 msnm; mientras que por encima de los 1 200 msnm se encuentran otras especies de aves

Aves que soportaban temperaturas de hasta 3ºC, mientras aleteaban por la cima del macizo Chimanta, sorprendieron a la especialista en ornitología Glenda Medina-Cuervo, haciéndola reflexionar sobre la complejidad de uno de los ecosistemas más enigmáticos y seductores de la Guayana venezolana.
Como integrante del grupo científico que durante tres años de expediciones realizó diversos estudios en el conjunto de mesetas o tepuyes que conforman el macizo Chimanta, ubicado en el sector occidental del Parque Nacional Canaima, Medina-Cuervo dedicó más de 1 700 horas a observar la dinámica de las aves y en especial, lo bien adaptadas que estaban para soportar las extremas condiciones climáticas en la cima del tepuy, incluso con “actividad en todas las especies a temperatura de hasta 3ºC”.
Polytmus milleri. Foto cortesía Huber.

RESULTADOS
Detalla Medina-Cuervo que en el Chimanta existe una avifauna que habita en bosques y laderas con un rango altitudinal entre 400 y 1 300 msnm; mientras que por encima de los 1 200 msnm se encuentran aves en la vegetación típica tepuyana representada por bosques de Bonnetia, flora herbácea y vegetación pionera sobre roca, tales como Crypterellus ptaritepui, Campylopterus hyperythrus, Polytmus milleri, Automolus roraimae, Thamnophilus insignis, Elaenia dayi, Troglodytes rufulus, Todirostrum russatum, Diglossa major y Atlapetes personatus.
Precisamente, en los bosques de Bonnetia observaron la mayor diversidad de aves y, a pesar de existir abundantes ambientes acuáticos en las cumbres del macizo, solo una especie de ave acuática fue observada: Gallinago sp. Esta alada se la pasaba solitaria “sobre turberas muy saturadas de agua. Inmóvil e incospicuo hasta aproximársele unos pocos metros para luego vocalizar levantando vuelo y desplazándose unos 30 metros”, indica Medina-Cuervo.
Por su parte, las especies de herbazales y arbustales en zonas abiertas resultaron ser la Polytmus milleri y Zonotrichia capensis. Según la experta, la primera especie es una de las más activas y agresivas a lo largo del día, lo cual se manifiesta mediante “intensas vocalizaciones” y una persecución constante con la especie Diglossa major. Con relación a la alimentación, comenta que Polytmus milleri extrae el néctar de algunas flores mientras mantiene el vuelo. No obstante, la Zonotrichia capensis suele observarse sola o en pareja y rara vez interactúa con las otras aves, pero siempre hurgando en la vegetación pionera sobre rocas, herbazales y praderas abiertas.
Otra de las conclusiones de este estudio señala que solo dos especies de ave, la mencionada Polytmus milleri y Diglossa major, “hacen uso de las inflorescencias como recurso alimenticio”, más aún en la vegetación endémica conformada por las colonias de Chimantaea mirabilis y Chimantaea humilis; asimismo, ambas son muy comunes en las cumbres del Chimanta. Respecto a la Diglossa major, la científica refiere que esta especie se puede observar en todos los tipos de vegetación “desde los bosques de Bonnetia hasta la vegetación pionera sobre roca”; de hecho fue la más capturada mediante el uso de las mallas dispuestas para tal fin.
Automolus roraimae. Foto cortesía Gorzula.
También se identificó una especie, Troglodytes rufulus, muy pasiva y dedicada a curiosear entre troncos, al ras del bosque y entre las ramas “con vocalizaciones durante las primeras y últimas horas del día”. Por otra parte, la Automolus roraimae prefiere andar en pareja y metida entre los bosques de Bonnetia, según resalta la científica “no se aventura en la vegetación herbácea, ni en la vegetación pionera sobre roca”.
Un caso especial resultó la Crypterellus ptaritepui porque si bien se logró escuchar en sitios distintos sus acostumbradas vocalizaciones “fue imposible visualizar o colectar ejemplar alguno”. De igual modo, a la Atlapetes personatus “no se le observó alimentarse de flores, frutos o semillas”, pero algo andaba buscando mientras revoloteaba por debajo y entre las hojas de los árboles y arbustos.
Lo cierto es que Medina-Cuervo está convencida que “entender la evolución y adaptación de las especies de vida silvestre en estos majestuosos paisajes es energía que conduce muchos de mis pensamientos”.        

El dato
El macizo Chimanta alcanza una altura de 2 550 m snm y tiene una superficie de 1 470 kilómetros cuadrados.
Complejidad
La ornitóloga Glenda Medina-Cuervo refiere que al comenzar los trabajos de campo en la cima del Chimanta, conceptos tales como: endemismo, aislamiento, refugios pleistocénicos, especies dispersantes y colonizadoras a largas distancias, especiación, etc., moldeaban sus pensamientos; y luego de tres años de expediciones muchos de esos conceptos se han tornado aún más oscuros, otros un poco menos confusos”, pero que en todo caso, la investigación significó una oportunidad para “visualizar la complejidad de los tepuyes y su colonización sucesiva por plantas y animales”.

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