El vanidoso mono capuchino del Orinoco


Foto Google.
La destrucción de su hábitat, la cacería indiscriminada con fines comerciales y la captura para usarlo como mascota, son las principales amenazas que enfrentan esta especie de la Guayana venezolana

  

Resulta que es un vanidoso. Cuando el mono capuchino del Orinoco se dispone a beber agua, pone especial cuidado en no mojarse su peluda –pero muy arreglada- barba. Un gesto que le llamó tanto la atención al conocido naturalista Alejandro de Humboldt que terminó bautizándolo con el nombre de Chiropotes: “el que bebe con la mano”.

Pero, aunque tenga tanto cuidado en su arreglo personal, el mono capuchino del Orinoco (Chiropotes israelita), es una de las especies de primates cuyo estado de conservación es considerado vulnerable por el Libro Rojo de la fauna venezolana, mientras que para el Estado venezolano es una especie en peligro de extinción.

La destrucción de su hábitat, la cacería indiscriminada con fines comerciales y la captura para usarlos como mascotas, son las principales amenazas que enfrentan estos parientes vivos más cercanos de la humanidad.

"Esta especie se reproduce al final de la temporada de lluvias y durante el periodo de sequía".

EN PELIGRO                                                                     

El nombre de esta especie le viene por el flequillo que tiene en su cabeza, el cual es muy parecido al que usan los frailes capuchinos, pero también se le conoce con el calificativo de mono barbudo. Es una especie limitada para Brasil (noreste de la cuenca Amazónica) y Venezuela donde se le encuentra en las cuencas de los ríos Caura (estado Bolívar), Alto Ventuari y Alto Orinoco (estado Amazonas).

Según el Decreto Nº 1486 de fecha 11 de septiembre de 1996, emanado de la Presidencia de la República, el mono capuchino del Orinoco es una especie en peligro de extinción y está incluida en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites).
La ficha (página 78 del Libro Rojo de la fauna venezolana) que describe las características de esta especie, realizada por el científico Juhani Ojasti, detalla que este primate habita los bosques húmedos de tierras bajas en altitudes que oscilan entre los 130 y 200 metros. En realidad su tamaño no es tan grande, entre el cuerpo y la cabeza puede llegar a medir 42 o 45 centímetros de longitud, mientras que su larga y hermosa cola alcanza los 40 centímetros. 

Su rostro desnudo sorprende en una cabeza negra que destaca no solo por la coloración dorsal de su pelaje amarillento oliváceo, sino también por los dos copetes bien acicalados y que suelen ser más pronunciados en los machos; sin dejar de mencionar los grandes colmillos y la mandíbula que los caracteriza.

De hecho, Ojasti dice que su apariencia poco común y su espeso pelambre la hace una especie muy cotizada como mascota, su principal amenaza, además de la cacería indiscriminada para consumo de su carne.

Al decir del experto, esta especie es de hábito diurno, arbóreo y gusta de tener múltiples parejas. Llega a formar manadas de hasta 30 individuos, las cuales son lideradas por uno o varios machos dominantes y su alimentación se basa en frutas, semillas e insectos.

El especialista aclara que la clasificación de esta especie ha sido revisada porque en Venezuela sólo se conocía la Chiropotes satanás, “sin embargo, una revisión reciente del género realizada en Brasil, basada en la morfología, los cariotipos y la genética molecular, reveló que los taxa tratados como subespecies o sinónimos, eran especies plenas”.

El estudio al que hace referencia Ojasti, explica que la especie que se encuentra al norte de Brasil y en las regiones colindantes del sur de Venezuela es el Chiropotes israelita, mientras que la anterior especie (Chiropotes satanás) está restringida para el sur del río Amazonas en el Brasil oriental.

Ojasti menciona que, si bien los especialistas venezolanos “coinciden en que la situación de la especie en el país no es tan alarmante, en especial si se considera que una gran porción de su área de distribución tiene un grado de perturbación relativamente bajo (…) sin embargo, su distribución localizada y su dependencia de hábitats prístinos la hacen muy sensible a las perturbaciones”.

Precisamente, el mono capuchino del Orinoco al encontrarse en la cuenca del río Caura, considerada por muchos científicos como una de las últimas fronteras forestales de bosques húmedos del planeta, se ve impactado por el avance de la frontera agrícola y ganadera, la explotación ilegal de madera y la minería del oro que amenaza este importante reservorio boscoso del país.

En tal sentido, el Libro Rojo de la fauna venezolana menciona una serie de acciones de conservación para esta especie, entre las que destacan: la promoción de otras alternativas alimentarias para las comunidades que aprovechan este recurso, así como también desarrollar campañas que sensibilicen a los cazadores, turistas y autoridades de vigilancia y control.

Orden Primates
En Venezuela existen 17 especies en 11 géneros, agrupados en seis subfamilias e integrando cuatro familias, según comenta Héctor Aguilar, biólogo del Centro de Investigación y Reproducción de Especies Silvestres (Cires), con sede en el estado Mérida. A su juicio, es necesario trabajar en una lista actualizada a fin de difundir el conocimiento taxonómico de los primates venezolanos. “En Venezuela, existen colecciones privadas, zoológicos y amantes de la fauna silvestre que conservan primates. Sin embargo, no existe ningún programa de manejo de poblaciones de estos grupos de animales, lo que hace necesario crear libros de registros y establecer programas de conservación integral del Orden Primates en nuestro país”.

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