Chimanta: centro más importante del endemismo y la diversificación en especies de la Guayana venezolana


Foto Alexander Rommel
El macizo Chimanta es una de las montañas más enigmáticas y seductoras del Escudo de Guayana debido al alto grado de especies únicas en flora y fauna que atesora este complejo ecosistema tepuyano


Un género nuevo para la ciencia botánica (Acopanea), cuatro especies de fauna endémica y aves que soportan temperaturas de hasta 3ºC, son algunas de las riquezas biológicas que atesora una de las montañas más enigmáticas y seductoras del complejo de mesetas o tepuyes del Escudo de Guayana.
En sus 1 470 kilómetros cuadrados de superficie, el macizo del Chimanta esconde bellezas paisajísticas y tesoros biológicos únicos para la ciencia.
Constituido por rocas sedimentarias e ígneas con una edad aproximada de dos mil millones de años de antigüedad, el Chimanta está situado en el municipio Gran Sabana del estado Bolívar, cerca de la ribera derecha del río Caroní y a 150 kilómetros al sureste de Canaima.
Su paisaje de mesetas abruptas y cumbres aplanadas, separadas por grandes extensiones de selva y sabana, hace enmudecer a turistas y científicos que se atreven a retroceder en el tiempo y evidenciar, en esas moles, sugestivas figuras que dan cuenta de los procesos de erosión que han experimentado a lo largo de millones de años. 

ESTUDIO ECOLÓGICO
Desde la primera exploración documentada en 1938, hasta el primer y único ensayo ecológico integral realizado en un conjunto de ecosistemas tepuyanos y que fue cometido por un grupo de científicos multidisciplinario entre los años 1983-1986, el macizo del Chimanta ha demostrado ser uno de los centros más importantes del endemismo y la diversificación en especies de la Guayana venezolana.
Este estudio, publicado en 1992, contó con la participación de investigadores de la Universidad Central de Venezuela (UCV), el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), la Universidad de Helsinki (Finlandia), Edelca, el Consejo Nacional para Investigaciones Científica y Tecnológicas (Conicit), el Instituto Nacional de Parques (Inparques), CVG Tecmin y la Fundación para la Defensa de la Naturaleza (Fudena).
Según comenta el editor científico de esta obra, el reconocido biólogo Otto Huber, para el estudio integral del Chimanta se utilizó “una serie de metodología científicas novedosas que permitieron describir y evaluar de manera más completa la naturaleza e importancia de este mundo tan poco conocido hasta ahora”. Aunque para el momento del estudio integral no se pudo medir con exactitud la altitud máxima del macizo, observaciones más recientes realizadas por Edelca y citadas en el libro “La cuenca del río Caroní” (2008), indican que alcanza una altura de 2 550 msnm.

Chimantaea mirabilis
Una serie de ríos y quebradas drenan el macizo provocando en algunos casos, profundos valles que han ido aislando diferentes sectores, de tal forma que al Chimanta lo conforman distintas mesetas bien diferenciadas, identificándose once tepuyes emblemáticos como son: Eruoda o Murey, Tirepón, Apakará, Abakapá, Toronó, Akopán, Churí, Chimanta, Amurí y Agparamán.


FLORA ÚNICA
Un total de 3 200 muestras de plantas fueron recolectadas por este grupo de científicos en la cumbre del tepuy durante cinco expediciones efectuadas, en las cuales se descubrió un género nuevo para la ciencia (Acopanea) y cerca de una docena de especies nuevas. No obstante, “las formaciones arbóreas no tanto de las cumbres sino principalmente de las laderas, guardan aún un considerable número de plantas desconocidas”. En las expediciones anteriores se descubrieron novedades botánicas resaltantes como la Chimantaea, Achnopogon, Mallophyton, Adenanthe y Wurdackia, además de un centenar de especies nuevas, lo que evidencia el alto grado de endemismo y de sorpresas vegetales que aún guarda este complejo ecosistema tepuyano.
Stefania ginesi, especie de rana endémica de la cima del Chimanta. Foto César Barrio-Amorós. 
FAUNA DE ALTURA
La fauna no escapa del estallido de riqueza biológica que resguarda el Chimanta: en los 151 especímenes de anfibios y reptiles (herpetofauna) recolectados, encontraron tres especies nuevas para la ciencia. El estudio reportó entre otras: seis especies selvático-montanas: una rana (Hyla sibleszi), cuatro serpientes (Atractus  steyermarki, Leptodeira annulata ashmeadii, Liophis cobella trebbaui, Bothrops castelnaudi) y un lagarto (Neusticurus rudis).
Además, registró cuatro especies endémicas del macizo: dos sapos (Dendrobates rufulus y Otophryne robusta steyermarki), una serpiente (Thamnodynastes chimantá) y un lagarto (Anolis toddi).
Asimismo, identificó cinco especies de cumbre tepuyana: dos ranas (Ololygon sp. y Stefania ginesi), dos lagartos (Anolis chrysolepis eewi y Anadia breweri) y una lagartija (Arthrosaura).
En cuanto a los animales mamíferos (mastofauna), el estudio colectó 33 ejemplares entre murciélagos, marsupiales, oso melero, roedores y danta, de las cuales destacan ocho especies (Didlephis albiventris, Anoura caudifera, A. geoffroyi, A. latidens, Rhipidomys macconnelli, Tamandua tetradactyla, Nasua Nasua y Tapirus terrestres) halladas en ambientes tepuyanos por encima de los 1 900 msnm.

ALETEO A 3°C
Luego de 300 horas dedicadas a observar las aves presentes en el Chimanta, el grupo de expertos concluyó que existe una avifauna por encima de los 1 200 msnm representada por Crypterellus ptaritepui, Campylopterus hyperythrus, Polyymus milleri, Automolus roraimae, Thamnophilus insignis, Elaenia dayi, Troglodytes rufulus, Todirostrum russatum, Diglossa major y Atlapetes personatus.
En los bosques de Bonnetia observaron la mayor diversidad de aves y que a pesar de existir abundantes ambientes acuáticos en las cumbres del macizo, solo una especie de ave acuática fue observada: Gallinago sp. De igual forma, a los científicos les sorprendió lo bien adaptadas que estaban estas aves para soportar las extremas condiciones climáticas en la cima del macizo, observándose “actividad en todas las especies a temperatura de hasta 3ºC”.
Una supervivencia de organismos únicos y exclusivos que usted irá conociendo en próximas entregas y que, a juicio de los científicos, debe ser asegurada a través de políticas de conservación que garanticen la continuidad “de una naturaleza no sólo extremadamente ingeniosa, sino también generosa”.
Conservación
El estudio concluye con una serie de advertencias sobre los posibles efectos que pudiera causar la actividad turística sobre este ecosistema. Detallan que la vegetación es sumamente frágil y susceptible al pisoteo, siendo las ramas y hojas de las plantas tepuyanas muy quebradizas y fácilmente inflamables. Además, alertan sobre la baja capacidad de regeneración de la vegetación en la cumbre de los tepuyes. Sugieren “la impostergable necesidad de crear figuras jurídicas novedosas en la política de conservación” que permitan áreas específicas para el turismo, pero que también contemplen la preservación e intocabilidad relativa de ciertas áreas.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...