10 500 hectáreas menos de bosques en la Reserva Forestal Sipapo del Amazonas venezolano

Imágenes satelitales analizadas para el estudio de la cobertura de bosques siempreverdes de la reserva forestal Sipapo. Tomada del Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela p. 277.

Científicos advierten que las actividades agrícolas, la quema, la cacería ilegal, el tráfico de madera y la minería “tienen un efecto marcado en las coberturas boscosas de las áreas que circundan los asentamientos humanos”

En solo quince años, los bosques siempreverdes de la reserva forestal Sipapo, ubicada al noroccidente del estado Amazonas, sufrieron una reducción de 10 500 hectáreas.

La cifra pareciera insignificante, máxime cuando esta área bajo régimen de administración especial (Abrae) abarca más de un millón trescientas mil hectáreas (1 350 890 ha para ser exactos), pero los investigadores Irene Zager y Fabián Carrasquel advierten que en un periodo de 50 años, “la proyección de estos cambios predice una pérdida de menos de 20% del total de la superficie de bosques siempreverdes”.

Según los expertos, el 82,33% del área de la reserva está compuesta por bosques, 4,39% son sabanas, 4,98% son matorrales, 0.48% es vegetación secundaria y 7,82% son terrenos donde afloran rocas de granito con alto contenido de cuarzo y sílice, tales como el tepuy Autana.
Ubicación de la reserva forestal en el mapa del estado Amazonas. Tomada del Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela, p. 276.

SIPAPO
La Gaceta Oficial del 8 de enero de 1963 (N° 27 044) otorgó la figura de reserva forestal a una extensa zona comprendida entre los ríos Orinoco, Ventuari, Manapiare y la Sierra de Guampi, con el objetivo de proteger y racionalizar el manejo del recurso forestal, así como también gestionar la conservación de las aguas de los ríos Autana, Sipapo, Guayabo y de la región que lleva sus aguas al Orinoco.
El informe del Ministerio de Ambiente sobre Áreas naturales protegidas de Venezuela, señala que esta área boscosa se caracteriza por presentar paisajes con una topografía que varía entre sitios montañosos, penillanuras onduladas, colinas bajas, llanos y tepuyes; suelos arenosos de baja productividad y con problemas de inundación.
Con relación a la vegetación, el Ministerio destaca los bosques siempreverdes, parcialmente inundables densos y altos; arbustales que forman islas de tamaño variable, asociadas a bancos arenosos y a sabanas anegadizas. Asimismo, entre las especies forestales consideradas más valiosas, el informe menciona al zapatero, gobo, hierrito, hueso de pescado y algarrobo.
Sin embargo, según Zager y Carrasquel, en las áreas inundables existe “una gran cantidad de especies forestales de las que se desconoce su capacidad productiva, alternativas de uso y manejo comercial”
De igual forma, agregan que del 82% de la superficie boscosa de la reserva existe un 56% que está cubierta por un “bosque medio denso sobre una topografía abrupta de montaña, con serias limitaciones para el manejo forestal por albergar las nacientes de los ríos Cuao, Auatana, Guayabo y Sipapo”.

Comunidad de Pendare en reserva forestal Sipapo. Foto tomada de http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=445412&page=12
RESULTADOS
Zager y Carrasquel, miembros de la ONG Provita, estudiaron los cambios en la cobertura ocurridos en la reserva forestal Sipapo, mediante el procesamiento y análisis de imágenes de satélite, fechadas el 26 de diciembre de 1986 y el 9 de enero de 2001. El área de estudio abarcó cerca de 9 000 kilómetros cuadrados de la zona noroccidental del estado Amazonas, lo que representa un 5% del área total de esta entidad y casi la totalidad de la reserva forestal Sipapo.
Los resultados, que fueron publicados en el Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela, indican que la mayor parte de las áreas amenazadas “coincide con la ubicación de algunas de las principales comunidades indígenas de la zona, lo que pone de manifiesto el impacto de su desarrollo sobre los ecosistemas naturales que las circundan”.
Según el mapa del riesgo de eliminación de los bosques siempreverdes de esta zona noroccidental, las áreas en peligro crítico son: Ratón, Danto, Santa Rosa, Canarabén; mientras que las consideradas vulnerables son: Loro, Pendare, Mariposa, Capuana (hábitat del ave endémica rabiblando del Orinoco), Grulla, Niericagua y San Fernando de Atabapo.
Para Zager y Carrasquel estos resultados “sugieren que solo a escalas muy finas se detectan cambios lo suficientemente marcados en la cobertura forestal de la zona que hacen temer por su persistencia en el futuro, de mantenerse estables las tasas de deforestación”.
Señalan que a pesar de la baja densidad de habitantes en el estado Amazonas, las actividades agrícolas, la quema, la cacería ilegal, el tráfico de madera y la minería, “tienen un efecto marcado en las coberturas boscosas de las áreas que circundan los asentamientos humanos” y a su juicio son presiones que se han incrementado en los últimos años.
Sugieren monitorear los cambios en la extensión de los bosques a futuro, más aún por los megaproyectos extractivos (agua, minerales, madera y fauna) que se plantean para la región y que “evidentemente resultará en un incremento de las tasas de deforestación”. 

Rabiblando del Orinoco (Thripophaga cherriei). Foto David Southall, tomada de arkive.org
Ave endémica
Respecto a la avifauna, los estudios de la Birdlife International han registrado un total de 173 especies de aves para la reserva forestal Sipapo, considerado el “único lugar donde se ha encontrado a la especie endémica Thripophaga cherriei”. En el Libro Rojo de la fauna venezolana, el experto Christopher Sharpe explica que esta ave, más conocida como rabiblando del Orinoco, se distribuye en los alrededores del caño Capuana, un pequeño afluente del río Orinoco que según refiere Zager y Carrasquel es una de las zonas de bosques siempreverdes vulnerables al riesgo de eliminación. Sharpe describe a esta ave de tamaño pequeño, entre 16 y 17 centímetros de longitud, y destacando su color castaño rojizo en las alas y cola, además de un mancha de tinte anaranjado en la parte superior de la garganta y sus ojos de color rojo oscuro. El nombre de rabiblando, según refiere Sharpe, se debe a que carece de las pequeñas espinas al final de la cola. Entre las amenazas que se ciernen sobre ella, Sharpe menciona: la agricultura de conuco; la cercanía de Puerto Ayacucho como principal centro de desarrollo de la Amazonía venezolana que podría influir en el deterioro de las selvas ribereñas de las cuales depende esta especie; y su presencia en la reserva forestal Sipapo, área que eventualmente podría estar sujeta a la extracción de madera.

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