De vuelta al territorio del Wazaka


Piedra de la Virgen. Foto Paola Stefano
Al traspasar el poblado minero Las Claritas, al sudeste del estado Bolívar, se comienza ascender la denominada Sierra de Lema, que en realidad consiste en la vertiente septentrional de la altiplanicie de la Gran Sabana, una de las regiones más fascinantes de todo el planeta

Al llegar al sitio conocido como la “Piedra de la Virgen”, hechiza la imagen blancuzca que da origen al nombre de esta colosal mole de diabasa. Es una primitiva roca ígnea intrusiva de extraordinaria dureza imposible de ser volada con explosivos cuando se construyó la carretera en 1973, lo que explica la acentuada pendiente de la vía.
Con algo de suerte, en este tramo se escucha al pájaro campana con su peculiar canto que invita a voltear la mirada para disfrutar de la espectacular vista del paisaje que ha dominado la penillanura del norte dejada atrás, donde el verde intenso se difumina en una lejanía infinita, reveladora de ese paraíso ecológico que es el estado Bolívar.
A partir de este momento, el visitante se interna ¡Tierra adentro!, como exclama Manuel Pérez Vila, en el territorio del “Wazaká” o árbol del mundo en lengua indígena Pemón. En este vasto territorio, la imaginación se expande sin límites al contemplar la grandeza de un escenario privilegiado.

SUCESIÓN DE CUESTAS
En el ascenso, se siente el cambio de la temperatura que refresca y alcanza su clímax al llegar a la entrada del impactante sitio desde donde se visualiza el tope septentrional de la Gran Sabana, a 1 500 msnm. El paisaje de la altiplanicie consiste en una sucesión de cuestas muy amplias que declinan altitudinalmente hasta alcanzar los 840 msnm en la población de Santa Elena de Uairén, capital del municipio Gran Sabana y vigilante de las áreas protegidas de alto valor patrimonial y cultural para la humanidad.

MORADA PEMÓN
Estamos entrando también en el territorio del Kapepiakupé -el lago donde se formó el mundo-, como lo llaman los habitantes milenarios de estas tierras originarias de la etnia pemón. Este grupo indígena pertenece a la familia lingüística Caribe y se considera el tercero más importante del país en cuanto a población y el primero del estado Bolívar.
Sus escenarios naturales son las cuencas de los ríos Caroní y Paragua, y sus prácticas de subsistencia se basan en la pesca, la cacería y la agricultura mediante sistemas de conucos, siendo sus principales cultivos la yuca amarga, mapuey, cambur, maíz, caraotas negras, algodón y tabaco. Su vivienda es de tipo criollo unifamiliar y pueden ser de base circular conocida como churuata o de base rectangular llamada tapüi, con paredes de barro y techos de palma.  Para sus danzas tradicionales se pintan sus cuerpos con tava o caolín y llevan adornos de plumas, hojas de palmas y despojos de caza. El Pemón y su hábitat son “un todo cultural inseparable”, por eso son los eternos guardianes del parque nacional Canaima.
Kerepacupay o salto Ángel en el Macizo Auyantepui. Foto Ángel
PATRIMONIO ENIGMÁTICO 
Creado el 12 de junio de 1962 como parque nacional, en él predominan paisajes contrastantes, desde densas selvas arbóreas hasta infinitas sabanas abiertas dominadas por vegetación herbácea e inmensas mesetas o tepuyes que se elevan como castillos protectores de las deidades indígenas.
Estas fortalezas rocosas, más allá de inducir en el imaginario colectivo la creencia de un mundo perdido lleno de dinosaurios o míticos dioses, son grandes macizos de areniscas que, tal y como explica el científico Otto Huber, fueron depositadas sobre el basamento del Escudo Guayanés hace 1 600 millones de años atrás, posiblemente sedimentadas en un ambiente lacustre o marino, y alcanzando espesores de varios miles de metros que fueron fracturados y erosionados posteriormente durante cientos de millones de años, bajo alternancias de climas áridos y húmedos, sometidos a procesos tectónicos por lo que son rocas que se desmenuzan fácilmente.
De allí las formas casi geométricas con paredes verticales que presentan los tepuyes, los cuales pueden alcanzar alturas hasta de 2 723 metros como el Roraima-tepui, el más alto del conjunto de montañas del parque nacional Canaima. 
En el Auyantepui, la montaña más grande de todo el parque con más de 700 kilómetros cuadrados de superficie cuyos bordes alcanzan los 1600 metros en su flanco norte y los 2460 en el sur, se encuentra el Kerepakupay o salto Ángel, la soberbia cascada más alta del mundo con 980 metros de altura que suele confundirse con el Churún-merú, un salto menor de poco más de 300 metros, situado a unos 10 kilómetros al suroeste del salto Ángel. La cuarta caída de agua más alta del mundo y la segunda en importancia en Venezuela con 610 metros después del salto Ángel, es conocida por los indígenas como Kamaiwak-merú que se desprende vistosa desde la cara sur del tepuy Kukenán.
Otro de los macizos es el Chimantá que, explorado en época reciente, aún esconde bellezas paisajísticas y tesoros biológicos únicos para la ciencia en sus 1 470 kilómetros cuadrados de superficie. Impresiona saber que el Chimantá alberga en sus entrañas la cueva de cuarcita más grande del mundo descubierta hasta hoy, con una longitud cartografiada de 4 482 metros que fue bautizada como “Cueva Charles Brewer Carías”, en honor a su descubridor, cueva que posiblemente sea también una de las más antiguas, (o la más antigua) de la Tierra.
Macizo Chimanta. Foto Charles Brewer Carías
CORONACIÓN QUE HIPNOTIZA
La bendición de este viaje es contemplar, al final, lo que se conoce coloquialmente como la coronación de los tepuyes. Las masas de aire provenientes de los vientos alisios del este se encuentran con la presencia de los tepuyes por sus vertientes nororientales y orientales, y se ven obligadas a ascender y formar grandes masas nubosas de extraordinario desarrollo vertical que envuelven las mesetas, originando así las grandes precipitaciones que, como agua bendita vendrán a nutrir el nacimiento del río Caroní en territorio indómito del Wazaká.
Endemismo
La flora existente en la cima de estos tepuyes es de un alto endemismo que sólo se consiguen en estas alturas, donde el alma se rejuvenece ante las coloridas Heliamphoras, Stegolephys, Bonnetia, Chimantaea (exclusiva del Chimanta-tepui) y Droseras
La famosa Heliamphora es una temida carnívora que los científicos prefieren llamar insectívora porque en su mayoría sus víctimas son hormigas y otros insectos. Por otra parte, la fauna muestra densidades poblacionales bajas destacando la pequeñísima ranita de color negro, del género Oreophrynella, muy curiosa porque al verse en peligro se convierte en una bolita inmóvil. También puede avistarse el zorro guache (Nasua nasua), una especie de rabipelado (Didelphys albiventris) y especies de murciélagos.

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