Toques finales para la operación rescate de fauna en Tocoma

Jorge Novoa sostiene una Lora macheta (Chironius carinatus). Foto Emmanuel Gómez
Desde marzo pasado un equipo de especialistas realiza el inventario de aves, mamíferos, anfibios y reptiles que habitan en el área de inundación del embalse Tocoma, sitio donde Corpoelec construye la última central hidroeléctrica del Bajo Caroní
Escudriñan todo.
Con un gancho especial para atrapar serpientes, el veterinario Jorge Novoa revisa los escondrijos que va encontrando en una enorme roca granítica que irrumpe entre la agreste vegetación de la isla Campo Alegre en el embalse Tocoma, sitio donde la empresa estatal Corpoelec construye la última central hidroeléctrica del Bajo Caroní.
“Estos lugares suelen ser el refugio preferido para muchos reptiles por el calor que emanan, pero también podemos hallar la madriguera de algún cachicamo, por eso hay que revisarlo todo”.  

Espiguero bengali
En efecto, al pie de la roca -en una guarida escondida entre la espesa hierba- Novoa divisa las huellas dejadas “quizás por una cascabel” dice, mientras sigue hurgando hasta que un enorme sapo común (Rhinella marina) salta a su lado. A lo lejos se divisa al ornitólogo Rosauro Navarro acercándose hasta un matorral donde el biólogo Francisco Velásquez acaba de agarrar al Espiguero bengalí (Sporophila bouvronides), una especie de ave propia de estos ecosistemas que presenta una mancha blanca en sus alas. A su lado, el biólogo Marcial Quiroga saca de una bolsa color verde oscuro a la reinita (Liophis poecilogyrus), una serpiente venenosa que habían capturado más temprano en la mañana.
Reinita.
Son las 9 am y apenas empieza el día de trabajo para los especialistas y el equipo de técnicos Daniel Muller, Asterio Farreras, Orangel López, Rafael Salas y Adrián Rojas, que desde marzo pasado realizan el inventario de aves, mamíferos, anfibios y reptiles presentes en el área de inundación del embalse Tocoma (87,34 Km2). Esta actividad forma parte del programa “Manejo y Rescate de Fauna Silvestre” que ejecuta la empresa eléctrica nacional en el marco del Plan de Manejo Ambiental y Social de Tocoma, el cual establece una serie de medidas de compensación y mitigación de los impactos ambientales ocasionados por el desarrollo del proyecto hidroeléctrico, ubicado a 80 kilómetros aguas arriba de la confluencia de los ríos Orinoco y Caroní, entre las represas Caruachi y Guri. 

UN DÍA EN TOCOMA
 
Los expertos dicen sentir “adrenalina pura” desde que comienzan la faena -casi de madrugada- hasta que la naturaleza termina regalándoles uno de los atardeceres más hermosos de este rincón de la Guayana venezolana.
A las cinco de la mañana “y luego de un sabroso café”-acota el ornitólogo Navarro- el grupo se dedica a colocar las mallas que permiten atrapar aves en pleno vuelo y a revisar las trampas fosas para pequeños mamíferos, anfibios y reptiles, dejadas durante la noche anterior. La tarea consiste en identificar las especies capturadas, caracterizarlas en su hábitat y fotografiarlas, para luego liberarlas; esta actividad suele durar hasta las 10:30 am cuando se disponen a recorrer las islas hasta el mediodía. 
Los especialistas durante su faena diaria de inventariar la fauna silvestre presente en el área del embalse Tocoma.
Mono araguato que fue reubicado en un bosque de la margen derecha del Caroní.
Durante este tiempo se dedican a registrar las especies de fauna mediante la observación del más mínimo rastro de pisadas o excretas, así como también estar atentos al canto de las aves. A las tres de la tarde retoman el trabajo en aquellas áreas que aún no han escudriñado en su totalidad, colocando de nuevo las mallas hasta la hora del ocaso, instante del día que, asegura Navarro, se activan las aves nocturnas como los aguaitacaminos y las lechuzas. El trabajo de inventario es arduo, son siete islas con superficies tan variadas -desde los 200 m2 a las 300 hectáreas- y con un mosaico de vegetación muchas veces intrincado, pero la información recopilada permitirá orientar la operación rescate de la fauna silvestre que se verá impactada durante el llenado del embalse, previsto para los últimos cuatro meses de este año.
Salvan a un puercoespín y lo liberan en la margen izquierda del río Caroní.
INVENTARIO EN DATOS
En lo que va de inventario han censado 172 especies de fauna, de las cuales 119 son aves como el semillero del Caroní (Amaurospiza carrizalensis) y el aguatacaminos rufus (Caprimulgus rufus); una cantidad que a juicio del ornitólogo responde quizás a esa capacidad de ser aladas “y poderse mover dentro de los ambientes, lo que les da oportunidad de colonizar áreas que ya están impactadas”.
Respecto a los reptiles y anfibios, el experto Francisco Velásquez confirma que el trabajo ha sido “muy provechoso”. Hasta la fecha se han identificado 17 especies de reptiles como: mato común (Ameiva ameiva), largarrabo enano (Pseudogonatodes guianensis) y tragavenado (Boa constrictor); y 6 anfibios: sapito minero (Dendrobates leucomelas) y ranita chillona (Elachistocleis ovalis).

Palomita columbita.

“No hemos podido ver las serpientes vipéridas como el crótalo, mapanare, cuaima piña; ni el morrocoy, suponemos que cuando comience el llenado del embalse empezarán a salir, porque el 50% de la herpetofauna del país se encuentra en esta región”. 
Con relación a los mamíferos se han registrado 30 especies, entre ellos: rabipelado (Didelphis marsupialis), mono araguato (Allouata seniculus) y puercoespín (Coendou prehensilis), estos dos últimos rescatados y reubicados el mismo día. 
Semillero de Carrizal. Foto Corpoelec
El biólogo Marcial Quiroga y el veterinario Jorge Novoa recuerdan ese momento con emoción porque aunque la operación rescate aún no se inicia, ambas especies se hallaban solitarias en árboles con muy poco follaje, “por eso aprovechamos para tratar de salvarlos sin que sufrieran ningún daño”, a fin de cuentas ése es el objetivo final de todo programa de manejo y rescate de fauna silvestre.
Programa Integral
El funcionario de Corpoelec Alfredo Jiménez, coordinador del programa “Manejo y Rescate de Fauna Silvestre”, detalla que el mismo se lleva a cabo en tres etapas: la primera está dedicada a la evaluación de los hábitats y el inventario de las especies que serán reubicadas “una vez que inicie el llenado del embalse de Tocoma”. La segunda corresponde al operativo de rescate, “en el cual se activa toda una programación logística para salvar de las aguas a aquellos animales afectados por el ascenso del nivel del río Caroní hasta la cota 127 msnm”. La tercera y última etapa del programa consiste en “el monitoreo o seguimiento, que es la investigación asociada a todos los espacios (islas) que queden reducidos de tamaño donde serán liberados o relocalizados los animales producto del salvamento”.

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