Sonoro cortejo del Otarwa

Es conocido en lengua indígena Pemón como Otarwa.
El Otarwa o pájaro capuchino, ave emblemática del Municipio Sifontes, puede emitir hasta cinco tipos de cantos diferentes, desde el gruñido de un gato, hasta el croar de una rana, pasando por el ya conocido mugido de vaca y el de las flautas, para atraer la atención de la hembra 

Fotos Google

No es una vaca, aunque su canto se parece al mugido de este rumiante. Tampoco es un cura, aunque se le conozca con el nombre de una de las órdenes religiosas que llegaron a estas tierras de gracia, a principios del siglo 18. Mucho menos es un ser de otro planeta, no obstante su cara y sus patas sean de color azul.
El pájaro capuchino o Otarwa (en lengua indígena Pemón) es el ave emblemática del Municipio Sifontes del estado Bolívar, al sur de Venezuela. Según la organización ambiental BirdLife International, está catalogada dentro del grupo de especies vinculadas a un tipo único de hábitat, por lo que se considera de importancia mundial.
Sin embargo, el uso de la tierra con fines agropecuarios, la tala, la quema recurrente, la pérdida de la cobertura vegetal, la erosión, el crecimiento de la población, la demanda turística, la extracción de plantas ornamentales, la extracción de oro, cuarzo y diamante y las actividades de caza, son las principales amenazas de esta especie.
 

APARIENCIA QUE DESLUMBRA
El pájaro capuchino (Perissocephalus tricolor) es considerado por muchos especialistas como una de las aves más enigmáticas de la cuenca amazónica, encontrándose en el sur de Venezuela, el norte de la Amazonía brasilera, las Guyanas y el sur oriente de Colombia.
Su apariencia deslumbra, no tanto por su tamaño de 36 centímetros desde la cola hasta el largo pico, sino más bien por su plumaje de color pardo rojizo que contrasta con el azul de su cara totalmente desnuda, tanto en el macho como en la hembra.
De hecho, una tradición del pueblo indígena Pemón advierte a los cazadores que si por equivocación le dan acoso a esta ave, deben taparse la cabeza con alguna hoja grande so pena de quedar calvo como el pájaro capuchino.
La literatura da cuenta de sus hábitos y comportamientos particulares: vive en las selvas de tierras bajas empleando el estrato alto en la vegetación, hasta los 1 400 metros de elevación. Suele mantenerse en pequeños grupos, siendo su alimentación basada en frutos e insectos.
Construyen sus nidos en las ramas de los árboles de una forma rudimentaria, sin llegar a tener la forma de copa, más bien parecida a una plataforma de ramitas donde depositan sólo un huevo, cuya incubación toma de 26 a 27 días.
Su canto puede escucharse hasta un kilómetro de distancia.
CANTOS DE AMOR 
Un estudio sobre el repertorio de cantos asociados al cortejo del pájaro capuchino en la Amazonía central brasilera, encontró situaciones sorprendentes para un ave que se precia de tener un aspecto más bien “bizarro”.
Menciona que en Suramérica, los machos del pájaro Capuchino “se asocian para cantar juntos en arenas que usan año tras año y probablemente durante muchas generaciones”. Este comportamiento reproductivo es conocido como Lek o asambleas de cortejo y tal como señala el estudio “son un sistema de reproducción en el cual varios machos se localizan en un área determinada (arena), durante la época reproductiva para hacer despliegues a otros machos y a las hembras, quienes eligen entre ellos un compañero, y en ocasiones se presentan cópulas”. 

En la Piedra de la Virgen, vía Gran Sabana, se puede observar al Otarwa.
Sobre el comportamiento del cortejo de esta especie, el estudio explica que “es llamativo por sus poderosos cantos audibles a más de un kilómetro de distancia, ya que son capaces de aumentar el volumen de las emisiones gracias a una extensión de la parte anterior de la tráquea y de la faringe que son extensibles”.
Según sus observaciones, llama la atención los preparativos que realizan los machos, limpiando la rama adecuada desde la cual entonan sus cantos. “Además existe cierta coordinación en los cantos emitidos por los miembros del grupo, de modo que los vecinos cantan simultáneamente, pero no al mismo tiempo”. Hasta cinco tipos de cantos diferentes logró identificar el estudio, desde el gruñido de un gato, hasta el croar de una rana, pasando por el ya conocido mugido de vaca y el de vibrantes sonidos parecidos al de las flautas.
Este último canto se caracteriza por incluir movimientos repetidos del cuerpo y el plumaje al compás del sonido producido. “Cuando comienza, inclina su cuerpo hacia adelante y ejecuta la primera parte del canto. Posteriormente se ubica verticalmente y ejecuta la segunda parte del canto. Finalmente, se inclina hacia atrás y baja la cola emitiendo el mugido con todo vigor. Cuando realiza esta última parte del canto levanta las plumas de la región superior del cuerpo y comprime las coberteras inferiores de la cola de color anaranjado brillante, que se proyectan para los lados de la cola quedando muy visibles desde cualquier posición”.
Lo que también notó fue lo tempraneros y activos que suelen ser en el centro de la arena. A partir de las 5:30 am se inicia la actividad de canto, la cual abandonan entre las 8 y 9 am, sin embargo “mientras realizaban este tipo de vocalizaciones fue frecuente que los individuos se persiguieran dando pequeños saltos y vuelos cortos entre las ramas, y en ocasiones dándose pequeños empujones. Éste comportamiento puede ser generado por la llegada de una hembra a la arena, produciéndose un acercamiento entre los machos dominantes y ella”. Cortejos sonoros que preservan la especie...

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