La exuberante fauna del Parque Nacional Canaima...Aves, Anfibios y Reptiles

Foto Google.
Solo en aves las cifras se elevan a 587 especies, mientras que en anfibios y reptiles exhibe 206 y en diversidad de peces reúne 119

A pesar de ser una de las áreas de la Guayana venezolana mejor estudiada, los científicos están convencidos que el Parque Nacional (PN) Canaima aún depara muchas sorpresas por su elevada riqueza faunística.
Solo en anfibios y reptiles (herpetofauna) exhibe 206 especies, cifra que, según explican Fundación La Salle de Ciencias Naturales (Flasa) y The Nature Conservancy (TNC) en el estudio sobre “Biodiversidad del Parque Nacional Canaima”, significa un tercio del total conocido para Venezuela y casi la mitad de los señalados para toda la región Guayana.


Mientras que en diversidad de peces, el PN Canaima reúne 119 especies, “de las cuales el 29% todavía esperan por una identificación definitiva, lo que podría resultar en la descripción de nuevas especies para la ciencia”.
Respecto a las aves, los registros se elevan a 587 especies (42,9% registradas para Venezuela) de las cuales 32 son únicas (endemismo) del parque. 
Foto cortesía Libro "Biodiversidad del Parque Nacional Canaima" y Google.
HERPETOFAUNA 
El estudio detalla que la herpetofauna está compuesta por 95 anfibios y 111 reptiles; sin embargo, a pesar de tener menos número de especies, los anfibios presentan un mayor porcentaje de especies exclusivas (36%) respecto a los reptiles (8%), encontrándose éstos en la mayoría en las cimas y laderas tepuyanas con “historias de vida muy peculiares y únicas”.
Por ejemplo, la especie Riolama leucosticta es una lagartija que solo merodea por la cadena de tepuyes Roraima-Yuruaní-Kukenán e Ilú; al igual que las cinco especies de sapitos del género Oreophrynella, emblemático de los tepuyes, de las cuales cuatro se encuentran en un estado de conservación calificado como Vulnerable por el Libro Rojo de la fauna venezolana: Sapito rugoso de cerro El Sol, Sapito rugoso del Kukenán, Sapito rugoso del Roraima y Sapito rugoso del Ilú.
No obstante, el estudio indica que “la mayor riqueza de anfibios y reptiles se encuentra en las formaciones boscosas, especialmente aquellas que se desarrollan en tierras de mediana altitud”.
En general, en el PN Canaima existen 92 especies de sapos y ranas, además de tres cecilias; tres especies de cocodrilos; cuatro especies de tortugas; una especie de culebra de dos cabezas o morrona, 39 lagartijos y 64 serpientes. 

Foto cortesía Libro "Biodiversidad del Parque Nacional Canaima"y Google.
PECES
Con relación al total de peces, el estudio señala que de las 119 especies identificadas en el PN Canaima “casi la mitad son exclusivos de los ríos del parque, de aquí que su nivel de endemismo puede considerarse el más elevado en el contexto de otras subcuencas del Orinoco”.
Al menos 55 especies de peces no se encuentran en otra parte del país, por lo que Flasa y TNC advierten sobre la importancia de calificar esta área como prioritaria para la conservación. “La mayoría de estas especies endémicas son peces de porte pequeño, restringidas a las cabeceras y nacientes de los grandes ríos. Muchas de estas áreas se encuentran protegidas bajo figuras legales, pero otras han sido afectadas o están bajo la amenaza latente de la minería ilegal”.
Por ejemplo, existen dos especies endémicas de los killifish (Rivulus immaculatus) que tienen como único hábitat las quebradas aledañas a La Escalera; asimismo, en la Gran Sabana, el estudio identifica unas 34 especies de distribución restringida de las cuales el 59% son endémicas como el bagrecito Trichomycterus, conocido en lengua Pemón como kané, una de las principales especies de peces consumidas por las comunidades indígenas ubicadas en San Ignacio de Yuruaní.
Al respecto, Flasa y TNC destacan que la productividad pesquera en los ríos del PN Canaima “es suficiente para garantizar tal vez el único aporte proteico de origen animal a las comunidades que no gozan de otro medio seguro y constante para su alimentación”. 

Foto cortesía Libro "Biodiversidad del Parque Nacional Canaima"y Google.
AVES 
De las 32 especies endémicas del parque, el estudio menciona que casi la mitad (46,9%) se encuentra solo en alturas mayores de 1 000 metros y seis de ellas en las cimas tepuyanas: Aguaitacaminos de Roraima (Caprimulgus whitelyi), la Diglosia Major (Diglossa major), el Bobito Gigante (Elaenia dayi), el Atrapamoscas de Chapman (Pogonotriccus chapmani), el Titiriji Bermejo (Poecilotriccus russatum) y el Cucarachero de Pantepui (Troglodytes rufulus).
Destaca además, que en el PN Canaima se encuentran especies amenazadas de extinción como el Águila Harpía (Harpia harpyja); 11 que ameritan acciones prioritarias de conservación; 44 tienen hábitos migratorios, 27 son utilizadas por la población criolla e indígena en actividades de caza de subsistencia, 120 especies son de suma importancia en la estabilidad de los ecosistemas presentes dentro del parque, debido a sus actividades de polinización y dispersión de semillas, y refieren la presencia de 58 especies que, por ser endémicas o estar en alguna de las categorías de conservación, tanto en el Libro Rojo de la fauna venezolana como en el Apéndice I de Cites, deben ser objeto de estudios.

HISTORIAS DE VIDA 
Este patrimonio natural no es casual y tal como lo subraya la investigación obedece “a la larga historia geológica de la región, con más de 3.000 millones de años de antigüedad, que ha involucrado alternancia en las condiciones climáticas y tipos de vegetación, aunada a la historia evolutiva de los diferentes linajes que la han habitado, sus adaptaciones fisiológicas e historias de vida”.
Conservar
El estudio de Fundación La Salle de Ciencias Naturales y The Nature Conservancy enfatiza “la fragilidad de los ecosistemas acuáticos del alto Caroní ante cualquier impacto antrópico, por mínimo que este sea”, por lo que advierte sobre “los efectos que trae consigo la minería, como la deforestación, aporte de sedimentos, contaminación mercurial, etc. en la biota acuática y por ende, al ser humano”. En tal sentido, sugiere acciones de conservación en las cuencas y en particular, en sus cabeceras, desde un abordaje integral, a fin de garantizar "la protección efectiva de los sectores medios y altos de los ríos, junto con los ecosistemas terrestres”. Menciona que los ríos de aguas negras, como el Caroní, “tienen una baja capacidad de amortiguamiento ante los cambios de la calidad del agua”.

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