Un paseo con las aves de la Gran Sabana



Cualquier momento es propicio para disfrutar la belleza del gallito de las rocas o del canto metálico, fuerte y penetrante del pájaro campanero
Gallito de  las rocas.

Fotos Google

Entrar a la Gran Sabana es sumergirse en los sonidos y colores de una de las regiones más fascinantes de todo el planeta. Si la intención es aprovechar los días de la Semana Santa para admirar los enigmáticos paisajes que la han hecho famosa, pues deténgase en cada uno de los ocho tramos identificados por el biólogo Otto Huber y el geógrafo Gonzalo Febres, a lo largo del trayecto desde Sierra de Lema hasta la frontera con Brasil y deslúmbrese con las aves únicas de estos parajes milenarios:  



TRAMO 1  
Comentan que al internarse en los frondosos bosques siempreverdes de la Sierra de Lema y llegar al sitio conocido como Piedra de la Virgen (Km 98), se logra observar -sobre la roca o volando cerca- al atrapamosca de precipicios, Hirundinea ferruginea, una especie de ave exclusiva de acantilados y paredes rocosas. También, entre los Km 111 y 112 pueden sorprender los gallitos de las rocas, Rupicola rupícola, volando de un lado a otro de la carretera y llamando la atención por su colorido naranja. Los especialistas recomiendan detenerse en el Km 118 para escuchar el sonido metálico, fuerte y penetrante del pájaro campanero, Procnias alba, parecido a la paloma blanca que suele verse en las copas de los árboles.

Schistochlamys cara negra.

TRAMO 2

Mencionan que en el Monumento al Soldado Pionero (Km 137) se consigue disfrutar del canto del campanero herrero, Procnias averano, que al igual que su nombre, se escucha como el golpe que hace el herrero al martillar el metal. Hay que estar pendientes de ver por los alrededores al schistochlamys cara negra, Schistochlamys melanopis, y al espiguero canelillo, Sporophila minuta, ambos se alimentan de semillas mientras que el inquieto colibrí tepui, Polytmus milleri, prefiere el néctar de las flores de hierbas y arbustos. Cerca de Luepa (Km 140) y muy temprano en la mañana, se oye el canto del halcón semiacollarado, Micrasur semitorquatus.

Carpintero dorado verde.

TRAMO 3

Señalan que en los bosques que rodean los rápidos de Kamoirán (Km 171-173) aparece el carpintero dorado verde, Piculus rubiginosus; el bobito de los tepuyes, Elaenia pallantagae; el chiví silbador, Basileuterus culicivorus; y la tángara monjita, Tangara cayana. Tanto Huber como Febres sugieren estar atentos a lo largo del río Kauí para observar al martín pescador grande, Ceryle torquata, el de mayor tamaño de su familia en las Américas.

TRAMO 4 
 
Ala de sable rufo.
Indican que en el Km 202, el vencejo de tepuyes, Cypseloides phelpsi, vuela en bandadas alrededor del salto Kamá; así como también el ala de sable rufo, Campylopterus hyperythrus, un colibrí endémico que se alimenta de las flores que están en el borde del salto. Destacan la baja frecuencia con la que han venido observando al pequeño atrapamoscas piojito, Polystictus pectoralis, especie enigmática que, a su entender, deberá considerarse amenazada de extinción. “Esta especie depende de las sabanas que no se queman todos los años, ya que requiere de parches con grama alta”.

TRAMO 5

Para los especialistas, la ruta entre El Oso (Km 21) y el puente del río Yuruaní (Km 247) es hábitat del gavilán maromero, Elanus leucurus, que se distingue por la capacidad de quedar inmóvil en el aire mientras busca sus presas; agregan que en estas sabanas abiertas también se encuentran: el halcón aplomado, Falco femoralis, el cual, a diferencia del ave anterior, se percha en árboles o postes y usa la velocidad de vuelo y la sorpresa para cazar insectos, aves pequeñas y murciélagos; y la perdiz encrestada, Colinus cristatus, se moviliza en bandadas familiares a través de la sabana siendo ave predilecta del halcón aplomado. 
Gavilán maromero.
Resaltan el llamativo canto que regalan tanto el caminero, Anthus lutescens como el perdigón, Sturnella magna; el primero canturrea cuando se mantiene inmóvil contra el cielo a cien metros del piso y el segundo se monta bien sea en el hábitat de las termitas o encima de una roca emitiendo un sonido simple pero melódico de gran alcance.
Revelan que desde el puente Yuruaní se puede observar al halcón golondrina, Falco rufigularis, en busca de su presa favorita: murciélagos.

TRAMO 6

Apuntan que los atardeceres en San Francisco de Yuruaní (Km 250) deslumbran además, por los aguaitacaminos barriga blanca, Podager nacunda y el menudo, Chordeiles pusillus, que vuelan alrededor de las casas en busca de insectos. Luego, en el desvío de San Ignacio (Km 259) se pueden ver a toda hora a los mochuelos de hoyo, Athene cunicularia, custodiando la entrada de sus hogares subterráneos. 

Mochuelo de hoyo.

TRAMO 7

Los expertos recomiendan observar las copas de los árboles que rodean la quebrada Kako-parú (Km 273), más conocida como Jaspe, para encontrarse con el gavilán plomizo, Ictinia plumbea; en las ramas que están a orillas del quebrada suele posarse tranquilamente el barranquero castaño, Brachygalba lugubris, que con su largo y puntiagudo pico atrapa los desprevenidos insectos. Dicen que los morichales del valle del río Kukenán (Km 300) resultan el hábitat ideal para el guacamayo enano, Ara nobilis; el vencejo tijereta, Tachornis squamata; el moriche, Icterus chrysocephalus; y el atrapamoscas sulfuroso, Tyrannopsis sulphurea.


Gavilán plomizo.

TRAMO 8
El último tramo corresponde al valle del río Uairén (entre los Km 300 y 316) donde una de las especies más visibles, según añaden Huber y Febres, es el vencejo grande, Streptoprocne zonaris, que se alimenta de insectos atrapados en pleno vuelo. También, en la propia carretera se observan el caricare encrestado, Polyborus plancus, y el caricare sabanero, Milvago chimachima, alimentándose de los animales atropellados por los carros, mientras que el halcón primito, Falco sparverius, se posa en los postes y cables al lado de la vía.

Halcón primito.


Datos
Explican Huber y Febres que la Gran Sabana está emplazada enteramente sobre el sector nororiental del Escudo de Guayana -conocido como uno de los núcleos terrestres más antiguos del continente americano- y abarca una superficie de 18 mil km2 que se extiende desde Sierra de Lema en el norte, hasta la sierra Pakaraima en el sur; y desde las tierras altas de la cadena de tepuyes Los Testigos y los ríos Karuai y Uaiparú en el oeste, hasta la cuenca alta de los ríos Kamoirán y Mazaruni en el este. Añaden que se han reportado más de 495 especies de aves para la Gran Sabana, lo que representa un 37,4% de las 1 323 aves registradas en el país, de las cuales siete especies son únicas de esta región (endémicas).

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