La vocación minera en los pueblos indígenas del alto Paragua


 A partir de los años 50, con el descubrimiento de las minas de diamante en la isla del Casabe, se comenzó a observar un desplazamiento de las actividades tradicionales de subsistencia en las seis etnias que hacen vida en este ecosistema
                                                                                                           
Fotos Google
La práctica de la actividad minera en los pueblos indígenas de la cuenca alta del río Paragua, es de vieja data. Análisis científicos señalan que los cambios observados en el modo de vida de las comunidades  que ancestralmente vivían de la caza, la pesca y la agricultura, se iniciaron a partir de los años 50, evidenciando “una transformación de las actividades tradicionales de subsistencia hacia una vocación fundamentalmente minera”.
Estos estudios se llevaron a cabo en el marco de una evaluación biológica realizada en 2005 por iniciativa de Edelca y Conservación Internacional-Venezuela, bajo la coordinación técnica del Museo de Historia Natural de Fundación La Salle y la participación de diversas instituciones, tales como: Fundación Jardín Botánico del Orinoco, Universidad Internacional de Florida (EEUU), Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), Centro para el Estudio de la Biodiversidad Neotropical de la Universidad Experimental de Los Llanos “Ezequiel Zamora” (Unellez), Colección Ornitológica Phelps,  Estación de Investigaciones Hidrobiológicas de Guayana, Oficina Nacional de Diversidad Biológica del Ministerio de Ambiente y el  Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura (Inapesca).
Los científicos aplicaron una evaluación rápida de la biodiversidad de los ecosistemas acuáticos de esta cuenca, ubicada en el Municipio Angostura (anterior Raúl Leoni) al suroeste del estado Bolívar, así como también un levantamiento de información sobre el uso de los recursos naturales, aspectos socioculturales y económicos de las poblaciones locales (indígena y criolla) y el estado de conservación del área estudiada.
Mina Tonoro, Alto Paragua.Foto http://img802.imageshack.us/img802/6627/laminatonorodelosindgen.jpg
SEIS ETNIAS
El estudio referido al “Escenario histórico y sociocultural del alto Paragua”, desarrollado por los investigadores Laura Perozo, Ana Liz Flores, Abel Perozo y Mercedes Aguinagalde,  identificó un total de seis etnias que hacen vida en esta cuenca: Pemón, Yekuana, Sapé, Chirichano, Sanema y Uruak, bajo un sistema de interdependencia regional.
“Han establecido redes socioculturales basadas esencialmente en el intercambio económico y comercial tradicional indígena (caza, pesca, agricultura, recolección)  y no indígena (minería, comercio de cacería, productos del conuco con intercambio de productos industriales)”.
Añaden que a partir de 1952, con el descubrimiento de las minas de diamante en la isla del Casabe, se comenzó a registrar un “rápido aumento demográfico, cambios en el patrón de asentamiento establecido en el área por parte de los indígenas y la apropiación de nuevos elementos ajenos a su cultura”.
Expresan que todos los grupos indígenas  del área formaron parte de esa explotación diamantífera, primero como ayudantes de los mineros criollos y luego en algunos casos como empresarios independientes, integrando así un nuevo elemento a su economía tradicional que les permite satisfacer necesidades básicas como alimentación, acceso al sistema de salud y educativo, vestidos entre otros.
Además, explican que esa presencia masiva de mineros en la zona “ha tenido como resultado la difusión generalizada, aunque más acentuada en la población masculina, de muchos rasgos de cultura nacional como por ejemplo, el conocimiento del idioma castellano, sistemas de organización política-social-económica y religiosas”.
Agregan que lo anterior ha promovido una relativa integración de toda la población indígena a extensas esferas económicas, a través de la producción de una materia prima (oro y diamante) con demanda en el mercado nacional e internacional y el acceso a una amplia gama de bienes de consumo provenientes de la sociedad industrial (cuchillos, machetes, hachas, anzuelos, cortes de tela, escopetas y ropa criolla).
Entre los impactos identificados se encuentra la educación, por cuanto la población infantil acompaña a sus padres a la mina sin antes haber culminado el ciclo escolar. Respecto a la influencia religiosa, mencionan que “ha causado el desplazamiento de la figura del ‘Shaman’, la utilización y aplicabilidad de la medicina tradicional y la celebración de ritos y festividades tradicionales”.
Asimismo, la “progresiva” contaminación por sedimentos, provenientes de la minería, afecta las aguas que son utilizadas por las comunidades para su higiene personal, cocinar y beber.
Con relación a la calidad de agua, el estudio evidenció que los ríos Antavari y Karún se han “seriamente perturbados debido a los vertidos provenientes de las actividades mineras, los cuales han incrementado notablemente la turbidez y carga de sedimentos suspendidos, alterando los equilibrios químicos naturales y mostrando los mayores contenidos de metales disueltos de toda la región estudiada”.
Los científicos advierten que las aguas de la cuenca alta del Paragua son pobres en nutrientes (oligotróficas) por lo que tienen menos capacidad para amortiguar los cambios en la química y física de las aguas, y tampoco para atenuar las alteraciones en vegetación y fauna asociada a los ríos y zonas de transición con suelo.

Amenazas
Los científicos detectaron las siguientes amenazas en el contexto sociocultural para la cuenca alta del Paragua: 1. Destrucción, deterioro y fragmentación del hábitat por minería, deforestación, incendios, contaminación de las aguas, específicamente en la cuenca baja. 2. Explotación y uso no sustentable de recursos naturales. 3. Pequeña minería no controlada en el caso del río Karún. 4. Cambios de patrón cultural (indígenas proveedores de los mineros y pobreza asociada a este modelo de desarrollo). 5. Sistemas políticos, económicos, jurídicos e institucionales que no priorizan y valoran la cuenca Paragua y sus comunidades. 6. Insuficiencia de conocimientos y divulgación que promuevan otras formas de desarrollo.
Ecosistema 
El río Paragua, principal afluente del río Caroní, nace en la Serranía de Marutaní (cerca de la frontera con Brasil) y recorre unos 550 kilómetros antes de verter sus aguas en el embalse de Guri, siendo uno de los tributarios más importantes del río Orinoco.
Su cuenca alta cubre una superficie de más de 22 mil kilómetros cuadrados y tal como lo refiere el estudio, es una de las cuencas hidrográficas menos conocidas del país y aún en condiciones prístinas, aunque algunas zonas están amenazadas por la actividad minera.
La investigación realizada en 2005 permitió descubrir una especie de planta, una de reptil, 4 anfibios, un género y al menos 10 especies de peces, nuevos para la ciencia. Asimismo, se determinaron nuevos registros de seis plantas, 59 anfibios y una especie de ave para el estado Bolívar. De igual forma, refiere el potencial ornamental de los peces del área, al señalar que el 75% de las especies pueden ser utilizadas en acuarios. Igual de sorprendentes fueron los resultados del estudio sobre los hábitos alimenticios de la comunidad de peces, los cuales dejaron ver un claro predominio del consumo de insectos autóctonos (84,3%), por encima de aquellos provenientes de otro lugar, (6,59%), lo que evidencia a juicio de los científicos, un ecosistema fluvial “con suficientes recursos alimenticios disponibles”.

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