El morrocoy sabanero...guayanés que se extingue

Geochelone carbonaria. Foto Thea Segall
Diversos estudios indican que el morrocoy sabanero (Geochelone carbonaria) es uno de los animales que más está sujeto a la cacería ilegal intensiva

A siete días del inicio de la Semana Santa, los cazadores furtivos comienzan a sondear las sabanas al norte del estado Bolívar para atrapar al “guayanés que se extingue”.

Diversos estudios indican que el morrocoy sabanero (Geochelone carbonaria) es uno de los animales que más está sujeto a la cacería ilegal intensiva a pesar de haber sido declarado en 1979 como una especie dependiente de conservación, estableciéndose así su veda indefinida según decreto N°95 emitido por el entonces Ministerio de Ambiente y los Recursos Naturales Renovable (Marn). Además, está incluida en el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna (Cites), de la cual Venezuela es signataria desde 1978.



EL SABANERO

El biólogo Luis Balbás, experto que participó en la operación de rescate de fauna durante la inundación de la represa Caruachi, explica que “el sabanero” es omnívoro por lo que come estrictamente de todo; en apariencia se reproduce una vez al año al comienzo de las lluvias; es de hábito terrestre, encontrándose en bosques y sabanas con una distribución muy amplia en Venezuela, siendo más abundante en Guayana. “Prefiere las áreas de vegetación media o baja donde existan lugares con huecos, mogotes y rocas que le puedan servir de refugio”.
Destaca sus patas, las cuales recuerdan las de un elefante “porque no tiene dedos externos diferenciados y apenas se ven sus uñas”. Dice que al igual que el resto de las tortugas o quelonios del mundo, “el morrocoy presenta una concha o caparazón formada por huesos que están cubiertos de una capa dura parecida al material de nuestras uñas. Este esqueleto externo rodea y cubre sus vísceras y lo protege por completo”.

EN PELIGRO

Un análisis del biólogo Omar Hernández, sobre reproducción y crecimiento del morrocoy, señala que en la zona de Imataca esta especie de reptil ocupa el primer lugar en frecuencia de capturas de fauna silvestre para el consumo tanto en comunidades indígenas como criollas y en el resto del país, además de existir una fuerte tradición de consumir su carne durante la Semana Santa.
Al respecto, las observaciones de los científicos Stefan Gorzula y Glenda Medina detallan que en las sabanas al norte del estado Bolívar, esta especie se encuentra virtualmente extinta principalmente por la fuerte presión de caza ejercida básicamente por indígenas, mineros y leñadores.
“Esto se debe en parte al hecho que se pueden recolectar los morrocoyes vivos y mantenerlos en cautiverio en jaulas sencillas hasta que se requiere utilizarles”. Agregan que al ser el morrocoy un plato típico durante la semana mayor (hace algunos siglos la Iglesia Católica decretó que tanto el morrocoy como el chiguire -Hydrochaeris hydrochaeris- son peces) “existe cacería y tráfico ilegal para abastecer el mercado local”.


http://eltortugo.blogspot.com/
Morrocoyes para ser liberados. Foto http://eltortugo.blogspot.com/
Por su parte, Carlos Valeris, biólogo del Centro de Investigaciones Ecológicas de Guayana (Uneg), dice que la mayoría de las tortugas “son de lento crecimiento y baja tasa de reproducción en condiciones silvestres, los cuales la hacen susceptible a la extinción pues sus poblaciones tardan un período prolongado de tiempo significativo antes de su completa recuperación”. 
En tal sentido, menciona que en la actualidad llevan a cabo un curso de zoocriaderos comunitarios con la participación de un primer grupo de jóvenes y adultos de la localidad de Aceital del Yabo, en el estado Monagas, donde se pretende establecer un el centro piloto.
“El manejo de estas especies en los zoocriaderos será adecuado a las condiciones ambientales y culturales de la localidad, lo que implica el rescate y participación del conocimiento popular sobre la fauna, la flora y el hábitat, dando un valor agregado de suma importancia social que fomenta el aprecio de los conocimientos ancestrales y su uso práctico en unión con el conocimiento científico”.
Valeris añade que “la fauna silvestre puede generar recursos económicos no sólo derivados de su uso como alimento, sino además de su venta como animales de compañía, elaboración de artesanías, para la educación ambiental y el turismo, sin olvidar uno de los objetivos más importantes, como la reducción de la presión humana sobre las poblaciones silvestres y su consecuente conservación”.

Cabe destacar que desde 1994, el Ministerio de Ambiente y el zoocriadero de la Agropecuaria Puerto Miranda (estado Guárico) desarrollan el programa de conservación de esta especie con por medio de la incubación artificial.
Conservar
Gorzula y Medina señalan que los necesarios programas de manejo y conservación de la fauna silvestre (como el morrocoy sabanero) tendrán éxito en la medida en que sean aceptados por la población, lo cual dependerá de la ‘imagen mental’ que el público se forme acerca del problema y no necesariamente de la ‘realidad científica’ percibida por los expertos. Por lo que sugieren evaluar las actitudes tanto positivas como negativas que la población tenga respecto a la fauna silvestre “ya que ello podría ayudar en la planificación de conservación y manejo”.

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