sábado, 18 de febrero de 2012

La Llovizna invita a explorar sus senderos

Aproveche la temporada de carnaval para internarse en las 30 islas entrelazadas por hermosos puentes y senderos del parque más visitado de Ciudad Guayana
Sin duda, el parque La Llovizna destaca por la espectacular caída de agua de unos 20 metros de altura, que impacta por la fuerza del río Caroní en su última vuelta antes de entregarse por entero al majestuoso Orinoco. Debe su nombre a esa bruma misteriosa producida por las millones de gotas de agua que, al chocar contra las rocas precámbricas, se elevan en un rocío refrescante para beneplácito de los visitantes, deseosos de disolverse en esa brizna permanente.

El tordo maicero.
Sin embargo, internarse en el parque es disfrutar también de los raudales y las apacibles lagunas que bordean las 30 islas entrelazadas por hermosos puentes y senderos, que se descubren sumergidos en el denso bosque, a lo largo de las 160 hectáreas que conforman el oasis más visitado en esta temporada.
Desde las islas La Guacharaca y El Colibrí, conectadas por un puente colgante, y El Paují el visitante se puede recrear en la eterna neblina del salto La Llovizna, elevando el espíritu ante tanta belleza indomable del río Caroní. Estando en La Guacharaca aproveche para identificar al purgo o balatá (Manilkara bidentata), importante especie vegetal que llegó a ser uno de los principales productos de exportación en la Venezuela de finales del siglo 19 y principios del 20.
Acercarse a la isla El Azulejo es descubrir los olores de la abundante rosa de monte (Brownea coccínea) con sus llamativas flores rojas, que a decir de muchos entendidos es la más hermosa isleta del parque.
Para otros resultará más atractiva la laguna El Danto ubicada cerca de la fuente de soda, donde las cachamas (Piáractus brachypomus), el pavón amarillo (Cichla ocellaris), el bocachico (Semaprochilodus kneri), entre otros, se convierten en la alegría de los niños y en el mejor salón de clase para aprender sobre la fauna regional. Además, es el sitio preferido de dos especies de cotúas (Phalacrocorax olivaceus y Anhinga anhinga). 



El salto La Llovizna es sin duda el mayor atractivo del parque.
SOBRE EL AGUA
Aquellos que quieran explorar los senderos sobre las aguas del Caroní, pueden ir hasta la isla Gallito de las Rocas donde encontrarán los caminos que conducen a El Murmullo, La Cuesta, La Garza y el Sendero de las Aguas. En todos podrá apreciar una exuberante vegetación representada por el señorial roble (Platymiscium pinnatum), el duro zapatero (Maytenus pittieri) y el drago (Pterocarpus podocarpus), uno de los más abundantes y frondosos. Puede que, de rama en rama, un mono capuchino (Cebus apella) le acompañe durante la caminata y si tiene suerte, al final de la tarde podrá ver al chiguire (Hydrochaeris hydrochaeris), el roedor más grande del mundo. 

Mono capuchino.
Una visita obligada es el Paseo Jacarandá que debe su nombre al árbol (Jacarandá mimosifolia) de impactantes flores color violeta, que suelen cubrir los escalones como si fuera una alfombra. Desde este sitio se llega a los senderos Las Babas y Las Terecayas que conectan al sector Chaparral donde es común observar diversas especies de aves como las vistosas: tordo maicero (Gymnomystax mexicanus) de plumas doradas y negras; y el piarro (Cyanocorax violaceus) de plumaje violeta, azul y negro, entre otras.
Y si quiere divisar no solo el parque en todo su esplendor, sino también el río Caroní y Ciudad Guayana, acérquese hasta los miradores Chaparral, Pica-Pica, Punta Vista y Las Arenas y Las Cocuizas. En este carnaval intérnese y descubra los misteriosos senderos de La Llovizna. 

Laguna El Danto donde los niños alimentan a los peces y observan a la cotúa.
Selva citadina
Esta “pequeña selva enclavada en Ciudad Guayana”, como expresa el hacedor del parque don Rafael Mendoza, atrapa a sus visitantes liberándolos del ritmo acelerado de una ciudad en permanente progreso y, más aún, erigiéndose como un ecosistema que, aunque intervenido por el hombre, es el mejor salón de clases para enseñar la importancia de conservar la rica diversidad de flora y fauna de nuestra región y valorar la riqueza hídrica del Caroní. Este encuentro de las aguas, como comúnmente se escucha decir en la ciudad, es un fenómeno natural digno de esos códigos silenciosos que el ambiente establece en su faena diaria de la creación. Un regalo de la naturaleza, moldeado por el hombre, que merece ser conservado.

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