Bosques de la Guayana venezolana bajo la lupa del Libro Rojo


El Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela advierte sobre el estado de conservación y los riesgos de eliminación presentes y futuros, que se ciernen sobre uno de los ambientes que concentra el 90% de los bosques siempreverdes de Venezuela

Fotos cortesía LR de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela

Una sensación de inquietud invadió al grupo de científicos que trabajó en la elaboración del Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela (LR). Por primera vez, se detectaron áreas intervenidas en los bosques siempreverdes de la Guayana venezolana, región extendida a lo largo de los estados Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro, ubicados al sur de Venezuela.
Esto sugiere, tal como lo advierte el LR, “que las zonas de impacto humano se han expandido, a pesar de la relativa baja densidad poblacional de esa región del país”. Según el censo nacional 2001 (Instituto Nacional de Estadísticas, 2006), la región Guayana alberga más de 1.600.000 habitantes, para una densidad poblacional de apenas 3,2 habitantes por kilómetro cuadrado.
Detalla el LR que la Guayana concentra el 90% de los bosques siempreverdes del país, mientras que el restante 10% se distribuye en las cordilleras Andina, Costa Central y Oriental.

RESULTADOS
Como señala el LR, los bosques siempreverdes del país abarcan una superficie de 311.496 km2, de los cuales 290.018 km2 se encuentran en los estados Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro, siendo el Amazonas el segundo con mayor extensión boscosa, superando más de 131.700 km2 en 2010.
Estos bosques han sido clasificados por el LR como Casi Amenazados, según el análisis realizado por el equipo de científicos, integrado por María Oliveira-Miranda, Otto Huber, Jon Paul Rodríguez, Franklin Rojas Suárez, Rosa De Oliveira, Sergio Zambrano y Diego Giraldo, cuyo estudio se fundamentó en el mapa de las formaciones vegetales presentes en  Venezuela  para el año 2010 (identificadas por Huber y Oliveira-Miranda); los cambios evidenciados en los últimos 20 años respecto al mapa de vegetación de 1988, y aquellos cambios proyectados para los próximos 30 años.
El estudio indica que en 1988 la cobertura de bosques siempreverdes en la Guayana venezolana era de 309.247 km2, mientras que para 2010, ésta se redujo en 19.229 km2 (casi del tamaño de las Bahamas) para un total de 290.018 km2.
Entre sus principales amenazas, el LR menciona a la minería, la extracción de madera ilegal, las quemas, los cambios en las prácticas agrícolas, la presión poblacional, el turismo y la explotación comercial de productos naturales, como “los detonantes más importantes de la modificación o pérdida del bosque, además del recién reconocido efecto de cambio climático”.
El LR también refiere el estado de conservación de otras formaciones vegetales que se encuentran en la Guayana venezolana, entre las que destacan:
Bosques de palmas entre Yavita y Maroa. (Foto Pedro Uveco en LR).
Bosques de palmas: se distribuyen en las llanuras de los ríos Ventuari y Orinoco y abarcan 5.202 km2, por lo que el LR los clasifica en estado Vulnerable, siendo sus principales amenazas la actividad agropecuaria, la extracción de especies para su comercialización y la explotación de madera. El LR especifica que un ecosistema se considera Vulnerable “cuando evidencia una pérdida muy severa de su función ecológica o de su cobertura (mayor al 30%), y cuando existan amenazas presentes o que se esperen actúen en el futuro”. 

Bosques semideciduos: estos bosques disminuyeron en 0.6% respecto a 1988 cuando la superficie estimada era de 33.327 km2. En 2010 comprenden 27.274 km2, ubicándose en la categoría En Peligro para el estado Delta Amacuro, Vulnerable para el estado Bolívar y Preocupación Menor para el estado Amazonas. El LR precisa que si bien su extensión ha permanecido con relativo impacto en los últimos 20 años, “la intervención es notoria, principalmente por la minería ilegal y los efectos que subyacen tras esta actividad”, por lo que la clasificación de riesgo de eliminación “se hizo bajo el supuesto de que las perturbaciones continuarán en las próximas décadas”. No obstante, destaca que estos bosques se encuentran en áreas protegidas bajo la figura de los parques nacionales Duida-Marahuaca y Parima Tapirapecó, al sureste del Amazonas; y el Jaua-Sarisariñama, al suroeste de Bolívar.
Bosques ribereños inundables río Orinoco a la altura de Puerto Ayacucho (Foto César Molina en LR).
Bosques ribereños: los 12.821 km2 de área valuada para estos bosques se encuentran en las categorías de Preocupación Menor (Amazonas), Casi Amenazado (Bolívar) y Vulnerable (Delta Amacuro); siendo sus amenazas principales la deforestación y la minería. Resalta el LR, la debilidad de la legislación ambiental venezolana en no contemplar “estrategias suficientes” para la protección de estos bosques considerados por los científicos como “corredores ecológicos que posibilitan la dispersión de organismos y su intercambio genético, proporcionan energía y nutrientes para peces, aves y mamíferos, y actúan como refugios de flora y fauna silvestre en paisajes caracterizados por una dinámica de cambios frecuentes”.

Arbustales siempreverdes: estas plantas que no superan los cinco metros de altura, se encuentran en el rango de Preocupación Menor, aunque el LR reconoce un nivel de bajo a medio de intervención de su superficie estimada en 10.134 km2 (30% para Amazonas  y 55% para Bolívar). Se distribuye en las zonas inundables de la penillanura de los ríos Ventuari y Casiquiare (Amazonas) y en la altiplanicie de la Gran Sabana, en la base del Guaiquinima y en el Caroní medio (Bolívar). Entre sus amenazas, el LR destaca la destrucción por quemas recurrentes y la actividad minera.
Arbustales siempreverdes en caño Yagua. (Foto Otto Huber en LR)
Arbustales ribereños: son plantas adaptadas a periodos de inundación entre seis y ocho meses al año, encontrándose al suroeste del Amazonas en las cuencas de los ríos Atabapo-Guainía, Casiquiare y Río Negro. Abarca un área de 12.017 km2 y según el LR califican en
Preocupación Menor por lo que recomiendan “iniciar observaciones de campo y con sensores remotos, para identificar posibles modificaciones antrópicas y tomar medidas correctivas antes de que alcancen los umbrales de ecosistemas amenazados”.

Arbustales y herbazales tepuyanos: con 8.863 km2 de extensión, estas formaciones vegetales típicas de las cumbres de los tepuyes o mesetas del Escudo de Guayana, como el cerro Autana, se ubican en la categoría de Vulnerable, siendo sus potenciales amenazas: el turismo (debido al pisoteo, aterrizaje de helicópteros, actividades de escalada y rapel, vuelos en parapente y aerodeslizador, introducción de especies exóticas y acumulación de basura) y los cambios climáticos globales que “podrían representar una amenaza futura mayor” debido a la poca tolerancia de estas especies ante variaciones de humedad y temperatura.
Arbustal tepuyano sobre cerro Sipapo. (Foto Gustavo Romero en LR)
 Sabanas abiertas: la clasificación es de Vulnerable  debido a que en 1988 se estimó una superficie de 10.534 km2 y en 2010 de 8.660 km2, una disminución “preocupante porque puede ser indicio de transformación de bosque en sabana antrópica”.

Sabanas arbustivas: el chaparro (Curatella americana) es la especie más representativa en los 49.630 km2 de superficie estimada para la Guayana venezolana con sabanas arbustivas y arboladas que se extienden a lo largo del río Orinoco. El LR la clasifica como un ecosistema Casi Amenazado, recomendando “reforzar las figuras legales de protección para los chaparrales” y los diferentes tipos de sabanas arbustivas del Amazonas que “corren el peligro de ser eliminados por ignorancia o por expansión de actividades que implican deforestaciones a escala mayor”.

Herbazales arbustivos sobre arena blanca: estas comunidades vegetales son exclusivas del Amazonas y su particularidad es que crecen sobre suelos de arenas blancas cuarzosas “muy ácidos, profundos y pobres en nutrientes”. Se localizan  a lo largo del medio y bajo río Ventuari, el bajo Casiquiare y los ríos Atabapo y Guainía, en una extensión que comprende 8.083 km2. Aunque el LR la ubica en el criterio de Preocupación Menor, señala como su principal amenaza “las actividades mineras que se puedan estar desarrollando en el área” y los cambios climáticos “que podrían implicar a mediano y largo plazo alteraciones en el peculiar régimen de anegamiento y el aumento de los meses secos de este ecosistema”.
Vegetación saxícola en Laja San Borja entre El Burro y Puerto Ayacucho. (Foto Giuseppe Colonneloen LR)
Vegetación saxícola: ocupa un área menor a 2.000 km2. Esta vegetación crece sobre substratos rocosos, tanto en los afloramientos graníticos amazónicos llamados también lajas, como en las paredes y cimas rocosas de los tepuyes; así como también en las sierras graníticas de Maigualida entre Bolívar y Amazonas. El LR la ubica en la categoría Vulnerable debido al turismo descontrolado en cerros como el Autana, donde ya se observa el deterioro de esta vegetación por el pisoteo y los desechos orgánicos (heces, orina, basura) dejados por los turistas. “Se estima que el daño generado es radicalmente irreversible, debido a la fragilidad intrínseca de este tipo de vegetación y a la extrema pobreza donde se arraiga”.
Ambientes en Rojo
El mencionado Libro Rojo es una herramienta innovadora editada por la organización ambiental venezolana Provita, que permite conocer el estado de conservación y el riesgo de eliminación de los ambientes terrestres venezolanos, expresado en los cambios observados o proyectados en una extensión geográfica, facilitando una interpretación más clara sobre la probabilidad de su desaparición.
Franklin Rojas-Suárez, presidente de Provita, explica que el término “extinción”, con el que se califica a las especies de flora y fauna, no aplica a los ecosistemas “ya que, aún cuando estos hayan sido severamente modificados, se observa en ellos la persistencia de vestigios biológicos de su pasado”. En tal sentido, puntualiza que al referirse a un ecosistema que ha perdido sus especies animales y vegetales, así como otros atributos biológicos, se utilice el calificativo de “eliminación”.
La primera edición 2010 del Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela contó con el apoyo científico y técnico de Fundación Polar, el Fondo Nacional para la Ciencia, Tecnología e Innovación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, Conservación Internacional, el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, el Centro Internacional de Ecología Tropical, Fundación Instituto de Ingeniería, Fundación Instituto Botánico de Venezuela; y las empresas Lenovo y Shell de Venezuela.
Además de este LR, Provita, creada en 1987 y con más de 105 proyectos de investigación dirigidos al conocimiento de las especies y ambientes amenazados en Venezuela, edita igualmente los libros rojos de la fauna y flora venezolana.

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