Herramienta innovadora

Con este libro, Provita espera inspirar a la empresa privada para que asuma su responsabilidad con el ambiente de donde obtiene sus recursos; estimular a los investigadores a continuar generando datos y despertar la conciencia en cada uno de los venezolanos.
Luego de 10 años de trabajo técnico y científico, la ONG Provita presenta el Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela
 
Captados por el tino fotográfico de Thea Segall, cinco ejemplares de la cotorra cabeciamarilla, protagonizan las primeras páginas de uno de los Libros Rojos más esperados. De hecho, la idea de ofrecer un producto editorial que reflejara el estado de conservación de los ambientes venezolanos, comenzó a germinar durante el Congreso Mundial de Conservación del año 2000, realizado en Jordania.  
 Los años no pasaron en vano y luego de brindar una valiosa información a través de las ediciones 2003 y 2008 del Libro Rojo de la Fauna y de la edición 2003 de la Flora venezolana, resultaba “una consecuencia natural” que la organización no gubernamental  Provita asumiera el reto de producir el Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela.
“Definitivamente, no se trataba de un reto sencillo, pero a medida que el proyecto evolucionaba, se reafirmaba la certeza de que era una acción necesaria y prioritaria. Han sido 10 años de apasionantes discusiones e investigaciones, pero gracias a la tenacidad de los investigadores y a la confianza de las instituciones aliadas, hoy tenemos en las manos este libro”, confiesa el biólogo Franklin Rojas-Suárez, presidente de Provita.
Una alianza que la ONG ha venido tejiendo desde su creación en 1987, permitiéndole reunir a un valioso grupo de científicos nacionales y extranjeros, además de numerosas instituciones que hicieron posible la materialización de esta obra, entre ellas: Fundación Empresas Polar, el Fondo Nacional para la Ciencia, Tecnología e Innovación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, Conservación Internacional, el Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, el Centro de Ecología Tropical , Fundación Instituto de Ingeniería, Fundación Instituto Botánico de Venezuela, y las empresas Lenovo y Shell de Venezuela.
La foto de las cotorras cabeciamarilla (Amazona barbadensis), inician el recorrido por las 324 páginas que componen el libro. Foto Thea Segall
PROPUESTA INICIAL
Agrega Rojas-Suárez que la experiencia de Provita en la elaboración de listas rojas de especies de flora y fauna, sumada a las iniciativas previas de clasificación de ecosistemas amenazados, “permitió generar una propuesta inicial de crear un sistema de categorías y criterios para las listas rojas de ecosistemas y aplicar dicho régimen al caso venezolano”.
Según explica el especialista, cuantificar el riesgo de extinción de especies es apenas una de las formas en que se expresa el estado de conservación de la biodiversidad; por lo que aunado a la rapidez en que están desapareciendo las especies, había que impulsar la búsqueda de alternativas en un nivel de organización superior como el ecosistema.
No obstante, precisa que el término “extinción”, con el que se califica a las especies de flora y fauna, no aplica a los ecosistemas “ya que, aún cuando estos hayan sido severamente modificados, se observa en ellos la persistencia de vestigios biológicos de su pasado”. En tal sentido, puntualiza que al referirse a un ecosistema que ha perdido sus especies animales y vegetales, así como otros atributos biológicos, se utilice el calificativo de “eliminación”.
“La extinción de las especies y la eliminación de ecosistemas tienen consecuencias directas sobre el bienestar humano. Es en la naturaleza, en sus comunidades vegetales y animales, donde se guarda la cura para muchas de las enfermedades aún no superadas por la humanidad. Es en el planeta donde yacen materias aún no identificadas y otras vastamente conocidas, que utilizadas por la industria se convierten en tecnología para el desarrollo y en calidad de vida para la gente. El aire que respiramos, los alimentos que nutren a nuestras familias, los paisajes que nos rodea, es sólo un préstamo que hemos tomado y es nuestra responsabilidad. Si dejáramos que se perdiera, estaríamos despojando de su principal patrimonio a las generaciones que nos siguen”.
En la foto se puede comparar los cambios en las formaciones vegetales de la Venezuela actual, respecto al mapa de vegetación de 1988.
El Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela compila en cinco capítulos, la historia de las investigaciones botánicas en el país a través del análisis cartográfico de la vegetación venezolana; la estructura de las categorías y criterios empleados para evaluar el riesgo de eliminación de ecosistemas;  el estado de los ecosistemas terrestres, clasificando el riesgo de amenaza de las principales formaciones vegetales venezolanas; el conocimiento sobre la situación de riesgo de los ecosistemas en el país a través de 10 casos de estudios; y finalmente, el quinto capítulo presenta una propuesta basada en cuatro variables que definen las prioridades para la conservación de los ecosistemas terrestres en Venezuela. Sin duda una referencia obligada para los tomadores de decisiones, al momento de diseñar medidas de conservación.
Riesgo de eliminación
Detalla el Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela que el equipo de Provita diseñó un sistema de criterios y categorías para ecosistemas basado en el riesgo de eliminación, expresado en los cambios observados o proyectados en una extensión geográfica, que permite una interpretación más clara sobre la probabilidad de su desaparición. Agrega que luego, corresponderá a los tomadores de decisión, disponer o no de los limitados recursos de conservación en algún ecosistema amenazado en particular, considerando para tal fin,  factores biológicos, sociales, económicos, legales, logísticos o culturales y con una amplia participación de la sociedad.
Resultados
Teniendo como insumo básico el análisis de los mapas de vegetación de 1988 y el de las formaciones de vegetaciones 2010, así como los cambios observados en los últimos 20 años y su proyección hacia 2040, el Libro Rojo de los Ecosistemas Terrestres de Venezuela determinó que:
  • A nivel nacional, las áreas intervenidas aumentaron en un 84% respecto a 1988, observándose la eliminación de 9 ambientes vegetales del país.
  • Los ambientes con diferentes grados de intervención aumentaron en un 312% en 2010.
  • 29% del territorio de Venezuela ha perdido las formaciones vegetales existentes en 1988.
  • Al norte del país donde se concentra el 70% de la población, las causas de la intervención de la vegetación terrestre están marcadas por el cambio en el uso de la tierra debido a urbanismos, actividades agropecuarias, extractivas (forestal, petrolera y minera), así como también la construcción de presas y embalses, instalación de poliductos y líneas de transmisión.
  • 24% del territorio nacional está incluido en áreas protegidas dedicadas principalmente a la conservación.

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