La Semana de la Tierra

Planeta herido
El Día Mundial de la Tierra, se ha convertido en una semana dedicada a recordar la valentía de un grupo de 20 millones de personas que se atrevieron a tomar las calles de Estados Unidos un 22 de abril de 1970, exigiendo de sus autoridades, “un ambiente saludable y sustentable”
 
Aunque el día para reconocer el valor que tiene el planeta y sus ecosistemas en el sustento de la vida misma, fue fijado cada 22 de abril; la sociedad universal ha extendido esta celebración a una semana con el fin de sembrar, en un número cada vez mayor de personas, los tres objetivos que impulsaron su creación: conciencia, educación ambiental y participación.


Organizaciones mundiales concuerdan en señalar que el cambio climático, la reducción de la capa de ozono, la deforestación, la pérdida de biodiversidad y la contaminación de las aguas continentales son los principales problemas ambientales a los que el planeta se enfrenta. ¿Lo peor? La poca participación y conciencia ciudadana acerca de los temas ambientales que afectan su vida y su entorno, según revela un estudio realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).
Sumar voluntades
CONCIENCIA CIUDADANA
La Semana de la Tierra es propicia para recordar la valentía de un grupo de 20 millones de estadounidenses que el 22 de abril de 1970, tomaron las calles para mostrar su indignación por el estado del medio ambiente. Para esa época, la agenda mediática giraba en torno a la cuestionada guerra de Vietnam, por lo que el senador Gaylord Nelson impulsó la primera protesta de importancia en Norteamérica, a fin de que el tema ambiental se incluyera en la agenda del gobierno del entonces presidente Richard Nixon. “Fue solo una apuesta, pero funcionó”, diría tiempo después el senador Nelson, instaurando cada 22 de abril, el Día Mundial del Planeta. Una fecha creada por la misma gente con el fin de fortalecer el compromiso de actuar cada vez más, con una mayor responsabilidad con el medio ambiente.
Precisamente, la organización venezolana Vitalis, dedicada a la formación de un ciudadano ambientalmente responsable, recuerda que esa manifestación propició “la creación de la Agencia de Protección al Medio Ambiente de Estados Unidos y la aprobación de leyes relacionadas con el aire limpio, el agua limpia y la conservación de especies en peligro de extinción. A partir de entonces, cada año en esta fecha, el mundo entero reflexiona y se moviliza por una Tierra mejor”.
 
 
ACCIONES
Para la organización ambientalista venezolana Bioparques, en poco más de un siglo, la actividad humana se ha caracterizado por el uso de combustibles fósiles, incrementando así la concentración de dióxido de carbono, metano y otros compuestos en la atmósfera, 

La quema de combustibles produce la emisión de miles de estos gases que atrapan el calor del sol en las capas inferiores de la atmósfera, alterando la temperatura de la Tierra y ocasionando el fenómeno que se conoce con el nombre de efecto invernadero. Este efecto trae como consecuencia el calentamiento global que altera los fenómenos climáticos naturales y causa graves daños a los ecosistemas, a su biodiversidad y a los seres humanos, amenazando gravemente la vida del planeta”.
Explica Bioparques que cada año son deforestados millones de hectáreas de bosques tropicales en todo el mundo, para la extracción de madera, la agricultura y la ganadería, sin detenerse a pensar que son bosques necesarios “para regular los ciclos vitales debido a que actúan como grandes pulmones que absorben dióxido de carbono, mantienen el ciclo hidrológico y son albergue de biodiversidad”.
Por su parte, Alejandro Lanz, director general del Centro de Investigaciones Ecológicas de Venezuela (CIEV), destaca que “tenemos aún la oportunidad de educar a toda la sociedad sobre los desafíos a que se enfrenta nuestro planeta y que afectan directamente a nuestro bienestar y al de futuras generaciones”.
Explica que “si bien el estado Bolívar es uno de las regiones del país con mayor riqueza ambiental, no menor es la preocupación por los graves delitos ambientales que la aquejan: minería ilegal de oro y diamantes que arrasan ecosistemas, contaminación mercurial y de aguas servidas en nuestros principales ríos, tala indiscriminada, deforestaciones, incendios forestales y el mal manejo de desechos sólidos, son sólo algunos de los problemas más graves que presenta nuestra región”.
En tal sentido, el ecologista aboga por la necesidad de “crear una conciencia colectiva para enfrentarnos a los problemas ambientales de nuestra sociedad, y desde el gobierno, instituciones públicas y privadas, centros de educación y ONG debemos unirnos para impulsar acciones que tiendan a la eficiencia energética, el reciclaje, la disminución de emisiones contaminantes y el fomento de las energías renovables”. Es hora de actuar como aquel 22 de abril de 1970.
 
Por una Generación Verde 
Un futuro libre de dióxido de carbono, basado en la energía renovable, que pondrá fin a nuestra dependencia de los combustibles fósiles, incluyendo el carbón. Un compromiso del individuo con el consumo responsable y sostenible. Creación de una nueva economía verde que saque a gente de la pobreza creando millones de empleos sostenibles y que transforme el sistema educativo global.
 

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