Los delfines del Orinoco

Foto Google
La tonina del Orinoco y el bufeo negro son las dos especies de delfines de río de la cuenca del Orinoco, que enfrentan un riesgo “vulnerable” de extinción en estado silvestre, según advierte el Libro Rojo de la Fauna venezolana

La lancha zarpa desde el poblado ribereño Las Galderas, en el bajo río Orinoco.  Se detiene en el caño “Corrientoso”, nombrado así por los pescadores y lugareños debido a la fuerte corriente que alcanzan las aguas del Orinoco, en su cauce principal.
“Van a ver, dentro de poco se acercan”, atina a decir Daniel Zambrano, con la seguridad que le dan sus años como pescador. De repente, un delfín grande de color gris con manchas rosadas, salta muy cerca de la lancha, salpicando a los “intrusos” que intentan, en vano, fotografiar ese instante. “Esa es la jobera y más allá está el bucios”, dice Daniel, mientras avista a otro delfín de un tamaño menor que el primero y de color negro, muy saltarín.
En realidad, son la tonina del Orinoco y el bufeo negro, los delfines de río de la cuenca del Orinoco, mamíferos acuáticos que enfrentan un alto riesgo de extinción en estado silvestre, por lo que se encuentran en la categoría “vulnerable” del Libro Rojo de la Fauna venezolana.  Ambas especies están incluidas en el Apéndice I de la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) y desde el 19 de septiembre de 1996, el Estado venezolano decretó su veda indefinida.
Un estudio realizado por el Fondo Mundial de la Vida Silvestre (WWF, siglas en inglés) y la Fundación Omacha de Colombia, con el apoyo de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS, siglas en inglés), la Sociedad Latinoamericana de Especialistas en Mamíferos Acuáticos (Solamac) y la Sociedad para la Conservación de los Delfines y Ballenas (WDCS); para la elaboración del Plan de Acción para la Conservación de Delfines de Agua Dulce de Suramérica, determinó que las mayores amenazas para estas especies son “las interacciones negativas con pescadores locales y la degradación del hábitat debido a la contaminación de las aguas por agroquímicos, minería y efluentes industriales”.

SIEMPRE SONRIENTE
Los pescadores de Las Galderas conocen a la tonina del Orinoco como “jobera”, por presentar en su aleta dorsal un morro pronunciado, en especial en los individuos adultos, que le sirve como un ecolocalizador o “direccionador acústico para las ondas que producen”, según refieren los científicos Jaime Bolaños-Jiménez, Omar Linares, Fernando Trujillo y Marcela Portocarrero, en el Libro Rojo.
Tonina del Orinoco. Foto Fernando Trujillo
Los especialistas explican que esta especie recibe también los nombres de bufeo colorado, delfín rosado y tonina rosada, pero la ciencia concuerda en llamarla Inia geoffrensis humboldtiana, la cual se distribuye en la cuenca del Orinoco, incluido el Brazo Casiquiare. Aclaran que existen otras dos subespecies: la Inia geoffrensis geoffrensis que habita la mayor parte de la cuenca del río Amazonas y la Inia geoffrensis boliviensis exclusiva del río Madeira en Bolivia.
Destacan que es el delfín de agua dulce más grande del mundo, al alcanzar un tamaño de hasta 2.80 metros de largo y pesar 180 kilos. Respecto a su color, mencionan que puede variar siendo de color gris al nacer, pero a medida que crece “puede mantener esta coloración, tornarse más oscura, con manchas rosadas, o adquirir patrones intermedios”.
Señalan que su cuerpo es robusto y flexible, pero poco hidrodinámico, y a diferencia de los delfines marinos, “puede mover la cabeza de lado a lado debido a que las vértebras cervicales se encuentran separadas. Las aletas pectorales son grandes y con gran capacidad de movimiento”.
Este delfín parece que estuviera siempre sonriendo, debido a que su hocico largo, provisto de 106 dientes, y la línea de su boca terminan en una curva, en dirección hacia sus ojos, los cuales, aseguran los científicos, a pesar de ser diminutos “están adaptados a las condiciones del agua turbia donde habitan”.
Entre las principales amenazas que enfrenta esta especie, incluyen: alteración de su hábitat debido a la construcción de represas, contaminación de las aguas a causa del mercurio utilizado en la explotación minera, tráfico fluvial y muertes ocasionadas por la interacción con la pesquería local.

SALTARÍN
Bufeo negro. Foto Fernando Trujillo
Al bufeo negro o “bucios”,  como le llaman los pescadores locales, también se le conoce como bufete, delfín de río, tonino negro, tonina del lago, delfín estuarino y tonina costera. Su nombre científico es Sotalia guianensis y se distribuye desde las costas de Honduras hasta el sur de Brasil, registrándose en Venezuela avistamientos frecuentes en el delta y en el Orinoco medio (a 800 kilómetros aguas arriba de su desembocadura en el Atlántico), en el Lago de Maracaibo y algunos varamientos en las costas de los estados Falcón, Miranda, Sucre y Zulia. El pescador Daniel Zambrano comenta que siempre lo observa en grupos de hasta 20 o 30 individuos y siempre haciendo piruetas, saltando y dando vueltas.
Señalan los expertos Jaime Bolaños-Jiménez, Daría Pirela, José Rojas y Tatiana León, autores de la ficha científica que describe a esta especie amenazada en el Libro Rojo de la Fauna venezolana, que el bufeo negro puede llegar a medir casi 2 metros de longitud y pesar en promedio, unos 60 kilos. “El cuerpo es compacto, de color gris claro a medio, con fajas grises más claras en sus costados que pueden tornarse rosa” y su aleta dorsal presenta una forma casi triangular, pero ligeramente redondeada en la punta.
Detallan que esta especie es sometida a “intensas amenazas de origen antrópico (actuales y potenciales), principalmente vinculadas con actividades petroleras y pesqueras, y con tráfico de grandes embarcaciones”.

MERCURIO
Ambas especies son carnívoras y consideradas como los depredadores superiores más exitosos, de ahí la advertencia del estudio llevado a cabo por la WWF y Fundación Omacha sobre el uso de mercurio para extraer el oro, lo que a su juicio, se ha convertido en la forma más eficiente para contaminar las aguas, cuya toxicidad es la más poderosa forma de daño, no sólo a las aguas, sino también a los peces que luego son ingeridos por los depredadores como el delfín. “El mercurio es un elemento bioacumulativo, que reposa en los tejidos de los peces, delfines, nutrias y los seres humanos, haciéndolos dañinos durante un largo período de tiempo”.
Para el biólogo Bolaños-Jiménez es posible que la calificación de especie “vulnerable” según el Libro Rojo, “sea tomada próximamente por otros países y que esto conduzca a mayores esfuerzos de conservación e investigación y a la consolidación del Plan de Acción para la Conservación de Delfines de Agua Dulce de Suramérica”.

Plan Suramericano de Conservación
El Plan de Acción para la Conservación de Delfines de Agua Dulce de Suramérica,  destaca la importancia de los delfines de río en el continente, como indicadores del estado saludable de las aguas y de las demás especies. Asimismo, resalta la necesidad de generar alternativas económicas en las comunidades locales “para poder implementar estrategias de conservación que sean efectivas y que motiven a los ribereños y gobiernos a consolidar esfuerzos de manejo en los grandes ecosistemas acuáticos de Suramérica”. 
http://www.wwf.org.co/about_us/delfines/
Para la elaboración de este plan, se llevó a cabo una expedición en 12 de los ríos más importantes de Suramérica, registrando más de 4.000 conteos directos de delfines en las cuencas del Orinoco y el Amazonas. La expedición en el Orinoco medio estimó una abundancia de 114 individuos de bufeo negro y 132 toninas del Orinoco, para un total de 246 delfines avistados, observando amenazas como la contaminación por mercurio, pesquerías intensivas y deforestación.

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