Parque Nacional Canaima: Patrimonio natural herido

Cada año, durante las temporadas vacacionales de agosto, diciembre, Carnaval y Semana Santa, la Gran Sabana se ve afectada por los turistas que prefieren “rustiquear” y abrir nuevos caminos, ignorantes de la fragilidad de uno de los ecosistemas más antiguos del planeta


Han pasado dos décadas y aún hoy, se pueden observar las huellas que dejaron vehículos todoterrenos, entre Paraitepui de Roraima y el río Kukenán, en la Gran Sabana. Rastros que evidencian la fragilidad de un ecosistema de impresionante riqueza biológica y de relieves fascinantes como el Tepuy Roraima, el Macizo de Chimantá o el Auyantepuy, paisajes únicos en el mundo.
La Gran Sabana ocupa una extensión aproximada de 18.000 km2, abarcando lo que se conoce como el sector oriental del Parque Nacional Canaima, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad en 1994. Por eso ha causado tanta indignación en la opinión pública nacional e incluso internacional, la noticia sobre los destrozos ocasionados por un grupo de “vándalos” que, al volante de sus vehículos rústicos, se dedicaron a “improvisar competencias a campo traviesa, dañando accesos a cascadas y otras áreas verdes en al menos seis zonas del parque”, según recoge el boletín de noticias del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Fragilidad latente
Tal como explica Otto Huber, asesor científico del Jardín Botánico de Venezuela, la Gran Sabana está emplazada sobre el sector nororiental del Escudo de Guayana, uno de los núcleos terrestres más antiguos del planeta, por lo que “los suelos derivados son muy pobres en nutrientes y en minerales primarios que han sido disueltos y eliminados durante millones de años de erosión; además, todos los suelos de la región presentan un grado de acidez muy elevado”.
Agrega Huber que esta fuerte acidez aunada con la extrema pobreza de nutrientes, son los factores principales responsables de la productividad muy baja de estos suelos, de allí la dificultad que encuentra la vegetación de sabana para recuperarse. Tanto Huber como el geógrafo Gonzalo Febres, quien trabajó en proyectos de recuperación de áreas degradas en la Gran Sabana, advierten que “estas superficies despobladas de vegetación, son propensas a producir sedimentos en los ríos, un fenómeno que puede perjudicar grandemente el rendimiento de productividad hidroeléctrica de la represa de Guri, alimentada por el río Caroní y sus afluentes de la Gran Sabana”.
Al respecto, el monitoreo que desde 1987 efectúa la empresa hidroeléctrica Edelca, indica que, del total de la superficie estimada para la cuenca del río Caroní (92.170 km2), se evidencia una fuerte erosión en 15.219 km2; una moderada erosión en 33.775 km2 y sin erosión actual en 37.922 km2.

AMENAZAS
El estudio realizado por la ONG ParksWatch en 2004, explica que el uso de vías o caminos no autorizados, es uno de los problemas ambientales que se presentan en la Gran Sabana, bien porque la carretera principal se encuentra llena de lodo; por acceder con comodidad a ciertas áreas y en otros casos, por poner a prueba los vehículos en los distintos terrenos no intervenidos, (modalidad conocida popularmente como "rustiquear"); ocasionando “la pérdida de la capa vegetal y la erosión de los suelos, con la consecuente degradación del paisaje”.
Sin embargo, la práctica del “rustiqueo” (prohibida y penalizada por las leyes venezolanas) no es la única actividad humana que amenaza este ecosistema. Evaluaciones recientes llevadas a cabo por la ONG Vitalis identifican los siguientes problemas ambientales en el Parque Nacional Canaima (PNC):

1. Actividad Turística no planificada: Está afectando diversos sectores del parque, deteriora sus elementos naturales e interactúa fuertemente con sus pobladores nativos. Entre los impactos adversos se mencionan: descontrol sobre tours aerotransportados por helicóptero a zonas de alta fragilidad ecológica, disposición de basura en sitios de difícil acceso y apertura indiscriminada de picas para vehículos de doble tracción.
2. Poca valorización de los elementos culturales autóctonos: Se denota a través de las construcciones ejecutadas por entes gubernamentales e incluso por las propias comunidades indígenas.
3. Quemas recurrentes: Afectan grandes extensiones de sabanas que a su vez, son motivo y consecuencia de conflictos importantes de gobernabilidad entre los entes públicos y las comunidades locales.
4. La expansión de conucos y de la ganadería: Aunque en escalas locales, son también motivo de preocupación.
5. Actividad minera: Una de las principales amenazas es la minería que se realiza fuera del parque en zonas aledañas a sus linderos, pero que también está empezando a incursionar dentro del propio parque nacional. Esta minería, aunque incipiente, está siendo ejercida por pobladores locales, lo cual puede desatarse como un problema de importantes consecuencias al mediano plazo. Esta actividad, además de la contaminación que genera y del deterioro del paisaje que produce, aumenta la sedimentación de los ríos que drenan dentro del parque y que son fuente primaria de producción de energía eléctrica.
6. Ausencia de Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso: El PNC sólo cuenta con un Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso para el sector oriental del parque. El sector occidental (conocido más como Canaima) carece de Plan de Ordenamiento y experimenta un auge en la oferta turística con los problemas ambientales asociados. Tampoco cuenta con un Plan de Manejo.
7. Problemas para la vigilancia: El PNC tiene 11 puestos de guardaparques con un funcionario cada uno, lo cual es un número insuficiente de funcionarios para la vigilancia, tomando en consideración la extensión de esta área protegida (3 millones de hectáreas).
8. Otros: Debe mejorar sustancialmente el acceso a la información, la participación de las comunidades indígenas y la incorporación de los procesos educativos para lograr una mejor conservación y gestión.

DESAFÍO DE GESTIÓN
Plantearse una agenda ambiental común para encarar la conservación, manejo y uso de uno de los principales monumentos naturales del país y del mundo, será siempre un desafío de gestión debido a los actores tan disímiles que convergen en el Parque Nacional Canaima. 
Para la científica Mariapia Bevilacqua, bióloga y directora ejecutiva de la Asociación Venezolana para la Conservación de Áreas Naturales (Acoana), “el parque posee por un lado, valores turísticos y de biodiversidad; y por el otro tiene toda una presión de uso turístico y de uso local de aprovechamiento de los recursos por parte de las comunidades indígenas que viven en el parque; además de cubrir y proteger la cuenca alta del río Caroní que tiene un uso hidroeléctrico”.
De tal manera que, a su juicio, requiere una mayor atención, herramientas de manejo, recurso humano capacitado y motivado para la gestión; además de “una agenda de sustentabilidad donde puedan encontrarse los actores indígenas, gubernamentales, sociedad civil, para compartir una agenda común que permita la gestión y manejo del parque”.
Voluntad política
El diagnóstico sobre la situación actual del Parque Nacional Canaima, realizado por los científicos Mariapia Bevilacqua, Domingo Medina y Lya Cárdenas, concluye con una reflexión que exhorta al concurso de la voluntad política, a fin de establecer reglas claras y legítimas  que prevengan el aprovechamiento no sostenible de los recursos naturales presentes en el parque y que, a su vez, beneficien a todos los actores interesados. “Establecer nuevos arreglos institucionales que definan, negocien y acuerden reglas de apropiación y exclusión de usuarios a los recursos naturales, donde los mecanismos de control, sancionamiento y estructuras de buena gobernanza, permitan compartir la autoridad y responsabilidad a nivel local, así como compartir los costos de la conservación y el desarrollo de manera justa y equitativa”.
Los científicos están convencidos que “sin esa voluntad política, desde el nivel individual hasta el nacional, los recursos naturales del Parque Nacional Canaima seguirán siendo un recurso común sujeto a extracción y uso sin control eficiente, con la consecuente pérdida de biodiversidad y el desenlace inevitable de una crisis ambiental irreversible”.
Datos
El Parque Nacional Canaima es el cuarto parque más grande del mundo y el segundo de Venezuela. Alberga una biodiversidad representada en: 1.058 especies de animales de los cuales 151 especies son endémicas: 119 especies de peces, 95 anfibios y 111 reptiles, 587 especies de aves, 151 especies de mamíferos. En cuanto a flora y vegetación: 60% de la superficie total del parque es bosque, 28% sabanas y 6,8% arbustales. 


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