32 años del Parque Nacional Jaua-Sarisariñama

Sólo se permite el acceso para estudios científicos
Así se decretó el 12 de diciembre de 1978, por los ecosistemas y atractivos naturales relevantes que alberga este Parque Nacional, ubicado al suroeste del estado Bolívar, donde se encuentra uno de los fenómenos únicos del planeta: grietas o simas que sorprenden por su gran profundidad

Fotos Google

Conocer el suroeste del estado Bolívar, es internarse en la misteriosa región donde nacen los ríos Caura, Erebato y Ventuari. Misteriosa por encontrarse en ella, las cavernas más antiguas y amplias del mundo, hoy protegidas bajo la figura del Parque Nacional Jaua-Sarisariñama.
Este parque está ubicado en el sector conocido como Jaua-Maigualida del Escudo de Guayana, macizo constituido por las rocas más antiguas de la geocronología del territorio nacional y del mundo, conformadas por las cuatro provincias geológicas:  Imataca, Cuchivero y Pastora, formadas hace tres mil millones de años y Roraima, creada hace mil ochocientos millones de años. Son rocas que datan de la era arcaica o paleozoica y que se mantuvieron incólumes a lo largo de la evolución geológica del planeta, con una superficie esculpida por una sucesión diversa de climas que la convirtieron en los paisajes más seductores del mundo, con relieves tan excepcionales como los del Jaua-Sarisariñama.
Con una superficie de 330 mil hectáreas, la figura de parque fue declarada el 12 de diciembre de 1978, según decreto N° 2.978. El Instituto Nacional de Parques (Inparques) explica que tal decisión se basó en los ecosistemas y atractivos naturales relevantes que esta área presenta como los tepuyes o mesetas conocidas como Jaua-Jidi, Sarisariñama Jidi y Guanacoco-Jidi, macizos de arenisca del Triásico o Jurásico, que tienen una altura entre 2500 y 2300 metros sobre el nivel del mar; así como también las enigmáticas simas o fosas originadas por hundimiento de techos de ríos subterráneos.
Tal como lo señala un estudio de la BirdLife International y Conservation International (2005), en el tepuy Sarisariñama encontramos la caverna con mayor profundidad vertical de 350 metros.
“Las cumbres de estos macizos se caracterizan por presentar extensiones planas y profundas grietas. Sobre Sarisariñama, se localizan las mayores simas de colapso (hundimiento) formadas en roca arenisca, siendo una de las más voluminosas del mundo y la cuarta en profundidad absoluta con 352 metros de diámetro de boca, 350 metros de profundidad vertical y 502 metros de diámetro de fondo”.
Destaca el hecho que en febrero de 1973, cuando se organizó la primera expedición liderada por la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, a los científicos les tomó nueve horas descender la sima, misma que fue bautizada con el nombre de Humboldt en honor al naturalista y explorador alemán que remontó el Alto Orinoco en 1799.
Sin embargo, a pesar de su difícil acceso, el estudio advierte sobre la presencia de tala y quema en la vegetación del Parque Nacional Jaua-Sarisariñama, “sin que exista información con respecto al origen y frecuencia de estas amenazas”.

FLORA Y FAUNA ÚNICA
El mencionado estudio refiere que este parque presenta una composición florística única en el mundo. “En las zonas planas de los valles y colinas, y en zonas de afloramiento rocoso, se presenta una vegetación comúnmente conocida como de sabana que, a diferencia de las sabanas del norte del Orinoco, no están dominadas por Gramíneas y Ciperáceas, sino por plantas pertenecientes a otras familias botánicas, como Xyridaceae, Abolbodaceae, Droseraceae, Bromeliaceae, Rapataceae y Liliaceae (Inparques-Ministerio de Ambiente 1983)”. 
Por su parte,  en el interior de las simas, señala que “los muros de areniscas están casi totalmente desprovistos de vegetación, pero en los lugares donde se presenta, así como en el fondo, el número de especies endémicas es muy elevado”. Asimismo, en “los bosques submontanos y montanos son abundantes en epifitas y especies endémicas como Sloanea cavicola, S. jauaensis y Piper jauaense”.
De hecho, en la colección del Herbario Nacional referida a la diversidad vegetal de la cuenca del río Caura, se encuentran 115 especímenes correspondientes a descripciones de taxas nuevos para la ciencia, la mayoría provenientes de los cerros Jaua y Sarisariñama. De igual forma, de las 55 especies endémicas depositadas en la mencionada colección, 51 se distribuyen en la parte alta de la cuenca del Caura, mayormente en la meseta del Jaua Sarisariñama.
Respecto a la fauna, el estudio de la BirdLife International y Conservation International menciona que es poco conocida, debido al difícil acceso al Parque; no obstante, se han registrado 53 especies de aves y entre las especies de mamíferos observadas se encuentran Tapirus terrestris y Panthera onca, así como la especie endémica Marmosa tyleriana (comadrejita tepuyana). También se ha registrado la Estefania riae, un anfibio endémico de la meseta de Jaua.

ESPÍRITU DEL AVE
Detallan los expedicionarios Charles Brewer Carías y César Barrio Amorós en sus “Historias del Sarisariñama”, que según la mitología de los Ye’kwana, habitantes de los bosques ribereños del Caura, Ventuari, Cunucunuma, Padamo y alto Orinoco,  el nombre Sarisariñama deriva de un espíritu-ave maligno que se posaba en uno de los muchos riscos del borde sur de la meseta. “Este espíritu era similar al pájaro gigante Dimoshi cuyas plumas habrían dado origen a las cerbatanas de los pueblos de la base del Marahuaka Tepuy. Este pájaro mitológico, cuyo nombre actualmente también se le asigna al águila arpía, hacía el ruido “sari” mientras devoraba humanos. Sarisari vendría siendo un nombre repetitivo onomatopéyico. El sufijo “ña” significa lugar y “ma” indica un hogar o casa. El nombre completo en el lenguaje indígena, Sarisariñama-jidi, define un lugar montañosodonde el Dimoshi acecha y come humanos”.

Expediciones
En las publicaciones del Acta Botánica de Venezuela se reseñan las diversas exploraciones científicas realizadas desde 1965, en las tierras altas de la cuenca del río Caura, con la primera expedición a la meseta de Sarisariñama, en la que se exploró la escarpa sur de la meseta. Luego, “en 1967 se organizó la expedición Phelps al cerro Jaua. Posteriormente, mediante vuelos de reconocimiento más detallados, se determinó que se había estado en la cima occidental de la meseta del Sarisariñama, junto a las nacientes de uno de los afluentes del río Canaracuni. Estos viajes sirvieron de base para una expedición multidisciplinaria realizada en 1974, en la cual se exploraron varias áreas del cerro Jaua y el cerro Sarisariñama, incluyendo las dos simas más notables al noroeste de la meseta”.

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