Hacia un pacto inteligente entre naturaleza-sociedad


La científica del Ivic, Eglée López Zent considera que las tradiciones indígenas “en sus cosmologías, en sus cuerpos religiosos y sus rituales, tienen mucho que enseñarnos”

Foto Google

Declarar 2010 como el Año Internacional de la Diversidad Biológica no ha sido casual. La pérdida de genes, especies y ecosistemas ha sido tan alarmante que el director del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Achim Steiner exhortó al planeta a establecer un pacto “inteligente” entre la humanidad y los sistemas que sostienen la vida en la Tierra “si queremos alcanzar la sostenibilidad en el siglo 21”.
Frente a esto, muchos especialistas retoman el debate de las ideas sobre esa relación hombre-ambiente, que en la tradición occidental ha sido concebida como entidades opuestas, y vuelven su mirada a las prácticas ancestrales indígenas. Para científicos como Eglée López Zent, Magíster en Biología (mención antropólogía) del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), este es un punto de partida fundamental para cualquier análisis.
“En la tradición popular la conducta actuante del hombre occidental no concebía una separación entre lo que era natural y lo que era sociocultural, éramos parte de un gran sistema de vida; pero es realmente a partir del siglo 17 y en particular, la edad de la ilustración, cuando se comienza a ver paulatinamente, una separación entre las cosas consideradas naturales y aquellas socioculturales. La naturaleza era una expresión de la divinidad también, imagen y reflejo de Dios. La noción de que el hombre domina la naturaleza en términos evolutivos es relativamente reciente, mientras que en los grupos indígenas de toda la América no existen términos para separar naturaleza y cultura, existen términos que explican una esfera de vida global, pero no considerando al hombre fuera de la naturaleza”.
Para quien ha dedicado sus estudios a la etnobotánica y la ecología humana, este es un punto de partida “interesante”.
“Con tanta tecnología consideramos que nuestro dominio es aparte del dominio natural, pero cuando piensas en tsunamis y terremotos, te replanteas si somos parte de un sistema más global, que nos incluye como entidades naturales también”.
En este sentido, la especialista considera que las tradiciones indígenas “en sus cosmologías, en sus cuerpos religiosos y sus rituales, tienen mucho que enseñarnos”.

ESENCIA HOTI
Una enseñanza que ha sido documentada por la misma investigadora del Ivic, a través de sus estudios sobre la cultura indígena Hoti, los cuales arrojan que la zona ocupada por esta comunidad en la Sierra de Maigualida (límite geográfico entre los estados Bolívar y Amazonas), presenta la más alta diversidad alfa beta que se ha reportado para la Guayana venezolana.


La comunidad indígena Hoti practica un manejo y dispersión de la ecología de la semilla que actúan como modificadores “creativos” del ambiente. Foto López Zent

“Al estudiar sus conocimientos sobre las plantas y los animales te das cuenta que son biólogos, los jóvenes de 13 años ya tienen un conocimiento ecológico de su zona sólo comparado con el conocimiento que pueda tener una persona de 45 años y te das cuenta que hacen manejo de la ecología de la semilla, dispersión y actúan como modificadores del ambiente en términos más bien creativos, no solo negativos”.
Una realidad que contrasta con el impacto que, a juicio López Zent, ha provocado la sociedad occidental en otras entidades de la naturaleza, considerado “muy destructivo” no sólo por el incremento de la tecnología y uso de químicos contaminantes, sino también “porque se han olvidado de tradiciones y formas de ser y estar en el mundo, que son mucho más coherentes con nuestra propia naturaleza”.
Al respecto, enfatiza que cuando se sobreponen los mapas mundiales sobre la diversidad biológica más alta del mundo, se encuentra que las zonas tropicales son las de mayor diversidad, y al mismo tiempo, al sobreponer este mapa con el de la diversidad cultural, coinciden.
“Este fenómeno tangible que muestran los mapas de las diversidades culturales y biológicas, ha sugerido la implementación de estudios puntuales para tratar de indagar si existe algún tipo de correlación a esta coincidencia”.

LA ESFERA NATURAL
Explica que uno de los mensajes más contundentes que enseñan muchas de las ideologías amerindias es ver a la naturaleza “como una entidad viva”.

La sociedad occidental “se ha olvidado de tradiciones y formas de ser y estar en el mundo, que son mucho más coherentes con nuestra propia naturaleza”. Foto López Zent

“La teoría de la biofilia, amor y apego hacia la vida, plantea que en el momento de la generación de la vida original (la famosa explosión del Big Ben), el primer pull genético que originó a todas las especies y que permitió la especiación de todos los organismos vivos es compartido en este momento por todas las formas de vida. El hecho de compartir aunque sea una ínfima proporción de la composición genética, hace que sintamos irracionalmente una cercanía, es decir que codificado ya en todo nuestro ADN de nuestro cuerpo, hay una intención por acercarnos a todas las otras formas de vida de la tierra. Estas teorías están cambiando la forma de ver nuestra inserción como culturas y sociedades humanas dentro de la esfera de vida”.
De hecho, revela que estudios en el Amazonas han demostrado que el conocimiento y manejo de las semillas por parte de las poblaciones indígenas, “ha permitido configuraciones, composiciones y estructuras de los bosques contemporáneos porque conocen muy bien la biología de esas especies”.

BIOCULTURALIDAD
Insiste en la necesidad de tomar conciencia de que los procesos naturales y los socio culturales “no son sistemas apartes”, por eso sugiere que el Año de la Diversidad Biológica, debería replantearse como de Bioculturalidad, “que es el paradigma que creemos tiene que intentar implantarse. Es un cambio de visiones y valoraciones, un cambio de la relación que tenemos con el entorno, de lo que dependerá la subsistencia de la especie humana.
“La postura del hombre contemporáneo es muy soberbia, probablemente si nosotros como especie nos extinguimos, eso no quiere decir que se extinga la vida ni el planeta, seremos nosotros como especie, pero no los procesos de vida. No creo que podamos asumir una postura tan extremadamente pedante para considerar que vamos a acabar con la vida. Si creo que podamos acabar con el homo sapiens y como muchas otras especies, pero no con la vida”.
En la actualidad, Eglée López Zent dicta una clase a sus alumnos del Ivic llamada “Ecogonía”, un término quizás lapidario, a la luz de las cifras del Pnuma, pero que busca “saber cómo empezó esta mala relación del ser humano con el resto de las entidades del mundo".
Esfera natural
López Zent está convencida que, como entidades culturales, “somos parte de una esfera natural, estamos abrazados por eso, y podemos ofender y dañar a muchos elementos de la naturaleza, pero el efecto que tienen esos efectos naturales sobre nosotros es significativo”. Una mirada a las diversas teorías lo refuerza.
“Hay científicos que a partir de los años 70 comenzaron a notar esto, y los valores y las posiciones que tienen las diferentes culturas en el mundo es la que generan la relación que se tiene con el resto de las entidades naturales. Una revisión de la noción de naturaleza en las doctrinas de las principales religiones del mundo culminó en lo que se llamó el Tratado de Asís, santo relacionado a las plantas y animales en la edad media de la tradición cristiana católica. El científico inglés James Lovelock, nominado al Premio Nobel, propuso la teoría de Gaia la cual considera, al igual que hicieron los griegos en su momento, a la Tierra como un solo organismo vivo que regula y produce todo lo necesario para reproducirse y subsistir. Este científico ha sido muy polémico porque ante los eventos catastróficos, ha dicho que son mecanismos de limpieza de la misma Tierra, como haría cualquier otro organismo vivo que ante una enfermedad comienza a producir células blancas, porque quiere protegerse de alguna infección, en este caso la Tierra está tratando de curar algunos lugares que han sido maltratados por la sociedad contemporánea”.

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