La valoración económica de los servicios ambientales

Para el investigador Martín Rada el objetivo de esta herramienta no es conseguir un precio, sino tener un instrumento de intercambio de lenguaje para distintas disciplinas, en especial para los que toman decisiones públicas

Es una de las líneas de investigación poco difundida entre la comunidad científica venezolana. Sin embargo, la valoración económica de los servicios ambientales está comenzando a dar sus primeros resultados, con aplicaciones directas de esta disciplina.
Por ejemplo, estudios desarrollados por la Estación de Investigaciones Marinas de Fundación La Salle de Ciencias Naturales (Edimar-Flasa), ubicada en la isla de Margarita, han estimado que el carbono fijado en el Parque Nacional Laguna de La Restinga alcanza los 2.56 millones de dólares cada año.
Martín Rada, uno de los investigadores que participó en el estudio, considera que existen distintos “mitos” sobre este tema que resultan, a su entender, “polémicos”, en especial “por la falta de información o el manejo inadecuado de los conceptos a la hora de tomar una posición al respecto”.

- ¿Podemos darle un valor económico a los servicios que presta la naturaleza?
Realmente, al realizar una valoración ambiental no estamos necesariamente dando un valor económico al ambiente como tal, lo que hacemos es estimar el valor integral de los bienes y servicios ambientales. La valoración es un aspecto inseparable del proceso de toma de decisiones y mientras estemos forzados a hacer elecciones, realizaremos valoraciones y te digo que en el tema ambiental este proceso es cada día más frecuente y crucial. Desafortunadamente, en relación con otras formas de capital, el capital natural es muy poco comprendido. Salvo la cuantificación económica de los bienes, o materias primas naturales, la valoración de los ecosistemas como activos y la de sus servicios, es considerada por algunos, riesgosa e inconveniente a pesar, que seguramente representan un valor mucho más grande que el de los bienes. Sin embargo, la alternativa parece ser, seguir considerando los servicios ambientales como gratuitos por lo que una adecuada contabilidad del capital natural, su capacidad regenerativa y los servicios que provee a la humanidad, parece ser la única manera de preparar el camino hacia la sustentabilidad.

-¿Que valor le da la humanidad a estos servicios ambientales?
El valor que los humanos otorgamos a los servicios que presta el ambiente puede diferir sustancialmente de los valores intrínsecos de las funciones, procesos y estructuras ecosistémicas que permiten que el sistema se mantenga en el tiempo. Como las funciones y procesos ecosistémicos están interrelacionadas entre si, su análisis y cualquier intento de manipularlas deben hacerse con esas consideraciones. Queda claro que la mera valoración económica no recoge estos valores, que deben ser considerados mediante otros mecanismos. Pero, queda más claro aún que los servicios deben ser identificados y cuantificados adecuadamente, independientemente de si se les asigne un valor monetario o no.

-¿Por qué causa polémica debatir este tema?
Ya de por sí la discusión de aplicar precios de mercado a los ecosistemas entraña problemas filosóficos y de opinión pública en general; no obstante ese no es el objeto central de una valoración integral. La sociedad y los hacedores de políticas que tienen que tomar decisiones centradas en información tangible para conservar y proteger los servicios que prestan estos ecosistemas, a veces necesitan argumentos basados en unidades comúnmente comprendidas. Más aun, ya que muchos de los servicios ecosistémicos tienen, a la larga, consecuencias económicas, la aplicación de valores monetarios de aquellos aspectos dentro de la valoración integral a los cuales puede conferírsele algún peso económico, llega a ser necesario al menos como lenguaje para discutir y proponer.
Lo importante es ver la utilidad que esta herramienta provee a la sociedad con su uso adecuado y en el entendido que nuestras acciones deberían tomar en cuenta las necesidades de todos los que compartimos estos servicios ambientales y de las generaciones futuras, por encima de cualquier interés particular, comercial o trasnacional.

-¿Cómo está Venezuela respecto a esta herramienta, existe alguna experiencia exitosa que pueda comentar?
En Venezuela hubo un impulso especial en la formación de talento humano ligado a la valoración ambiental que se inició a principio de esta década y ha continuado de forma discontinua hasta el presente. Se han realizado numerosos cursos con la participación de investigadores internacionales y cada vez más nacionales; hoy en día existen diversas casas de estudios donde se dictan cursos especiales o algunas materias sobre el tema. El Cendes de la Universidad Central de Venezuela, Universidad de Los Andes y Edimar-Flasa, están entre las instituciones nacionales que han participado activamente en diversos estudios y promocionado el tema de diferentes maneras.
En el 2005 el actual Fonacit propuso varias agendas de investigación a nivel nacional entre las cuales una fue dirigida a trabajos realizados en valoración de bienes y servicios ambientales. Dentro de esta agenda el único trabajo aprobado finalmente fue la investigación que culminamos el grupo de trabajo al cual pertenezco en Edimar en el 2006, en colaboración con el Cendes UCV e Inparques, sobre el establecimiento de una metodología para la valoración de bienes y servicios ambientales de los Monumentos Naturales y Parques Nacionales de Venezuela. Después de este trabajo continuamos con una valoración Integral del Parque Nacional La Restinga en Nueva Esparta como parte de un proyecto Locti entre el 2007 y 2008.

-¿Por qué y cómo aplicar esta herramienta en parques nacionales?
En el caso de Venezuela, estamos hablando de uno de los países con mayor diversidad biológica del mundo. Existen 43 Parques Nacionales y más de 14 millones de hectáreas de áreas protegidas, las cuales son bienes públicos de carácter estratégico, político, ecológico, económico, social y cultural que en teoría, deben abrir oportunidades para el mejoramiento de la calidad de vida de la población y el crecimiento espiritual y material del país. Sin embargo, no siempre las poblaciones locales entienden y aceptan esta realidad. Estas áreas protegidas existen para preservar ecosistemas y sus funciones; ya que las mismas nos brindan servicios ambientales indispensables como: la mitigación de emisiones de gases con efecto invernadero, la protección de cuencas y costas, recursos hídricos, refugio y criadero de fauna, reservorio genético y sirven de sitios de recreación. Como estos servicios ecosistémicos no son capturados en los mercados comerciales o adecuadamente cuantificados, casi siempre terminan asignándoles muy poco peso en las decisiones políticas.
Es así como la valoración integral de los servicios prestados por estas áreas, es fundamental para ubicarlos en el contexto amplio de la planificación y gestión del desarrollo sostenible, a nivel nacional, regional y local, que es la única forma de garantizar su subsistencia; más aun si reconocemos que están bajo una creciente presión antrópica, haciendo que la toma de decisiones adecuadamente fundadas sea crítica y deba ser rápida.
Servicios ambientales
El investigador Martín Rada explica que los servicios ambientales son todos aquellos beneficios que la humanidad deriva del funcionamiento de los ambientes naturales, como por ejemplo: la regulación del clima, el reciclaje de los nutrientes, la protección contra la erosión de las costas, la posibilidad de disponer nuestros desechos, la factibilidad de medios a través de los cuales transportar bienes y personas, la recreación, etc. “En general, la clasificación más utilizada para los servicios ambientales es la basada en el tipo de uso, es decir, como los servicios aportan el bienestar a la humanidad, de hecho es la que más hemos utilizado en nuestras investigaciones”.

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