Anfibios vulnerables al cambio climático

-->El sapito rayado (Atelopus cruciger) es una especie endémica de Venezuela propia de la cordillera de la Costa que se encuentra en peligro crítico de extinción. Foto Aldemar Acevedo


Hace 20 o 30 años no estaban amenazados, pero ahora evidencian pérdidas impresionantes que convierten a los anfibios en uno de los grupos en peligro de extinción

Es uno de los grupos de animales más amenazados por el cambio climático. De hecho, un estudio publicado en la revista Nature en 1999 identifica al sapo dorado y a la rana arlequín de Monteverde, como las primeras víctimas de este fenómeno que mantiene en alerta a científicos en todo el mundo.
Venezuela no es la excepción. El Libro Rojo de la Fauna Venezolana 2008, revela que de las 23 especies en peligro crítico de extinción, 11 son anfibios, una situación que ha llevado a iniciar estudios para conocer el estado actual de su conservación.
Los anfibios son vertebrados con ciclos de vida complejos porque tienen doble vida, pueden vivir tanto en el agua como en la tierra, de ahí su nombre, el cual combina las palabras griegas amphi (ambos) y bio (vida). Comprenden tres grupos: anuros (ranas y sapos), cecilias o ciegas (parecidas a las lombrices que viven en la tierra) y salamandras o tritones. La diversidad de anfibios presentes en el país alcanza las 333 especies de las cuales 318 corresponden a las ranas y sapos, 10 especies son cecilias y cinco salamandras. Estas cifras ubican a Venezuela entre los seis primeros países con mayor diversidad de anfibios en el Neotrópico y el octavo a nivel mundial.

HONGO Y CLIMA
“En Venezuela han desaparecido las especies del género Atelopus, que está distribuida mayormente en la zona de Los Andes y una especie en la cordillera de la Costa”, revela la zoóloga Margarita Lampo, investigadora del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y uno de los cuatro editores del estudio “Anfibios de Venezuela: Estado del conocimiento y recomendaciones para su conservación”.
Explica la especialista que esta situación se comenzó a observar desde finales de los años 80, desapareciendo al menos ocho especies de este género en la cordillera de Los Andes y una especie de la Costa. “Lo impresionante es que hasta esta fecha era absolutamente común ver estos Atelopus, y de pronto en el transcurso de unos pocos años ya no se ven más”.
Añade que en las exploraciones recientes se ha logrado conseguir un ejemplar de una sola especie, el sapito rayado (Atelopus cruciger), mientras que el resto de las ocho especies de Atelopus no se han visto desde hace 20 años. “El impacto ha sido tan grande que una especie pasó de ser común a no estar en ningún lado. Hay sospechas que alguna de esas especies podría estar extinta”.
La investigadora del IVIC se refiere al sapito arlequín amarillo de Maracay (Atelopus vogli), considerada por el Libro Rojo de la Fauna Venezolana 2008 como una especie extinta.

-->El sapito anaranjado de San Francisco (Atelopus sorianoi) es una especie endémica de Venezuela restringida a la cordillera de Mérida. Foto Enrique La Marca

DE AFRICA
Lampo señala que, según estudios realizados, una de las probables causas para la desaparición de este género sea la introducción del mismo hongo (Batrachochytrium dendrobatidis), que amenaza a los anfibios en otras latitudes. Al parecer, ciertas condiciones climáticas han exacerbado el efecto del hongo.
“Hay evidencias que indican que mucha de la mortandad masiva que se ha visto en Centroamérica, Australia y en otras partes del mundo están asociada al hongo. Se piensa, por la sincronización que ha habido en muchos de estos eventos de mortandad en sitios diferentes, pero que parecen coincidir en un lapso de tiempo corto, que ha habido condiciones climáticas que han exacerbado el efecto del hongo”.
Explica Lampo que cuando la temperatura aumenta por encima de los 25ºC, al hongo le cuesta trabajo crecer y probablemente muera, lo cual ayuda a los anfibios a combatir la infección por el hongo. “Se cree que en la medida en que esas temperaturas mínimas comenzaron a descender y las temperaturas no subían por encima de los 25ºC, entonces el hongo estaba en su temperatura óptima, haciéndole más difícil a los anfibios combatir la infección”.
Comenta que los anfibios son muy vulnerables a cambios de temperatura debido a su piel que es muy permeable, “por eso al haber sequía o cambios en la temperatura los animales se estresan porque les cuesta más trabajo mantener el agua”.
Agrega que la evidencia recabada parece indicar que el hongo es originario de África donde ha estado presente en especies con poco impacto, siendo posiblemente, la especie de rana Xenopus laevis, el primer vehículo del patógeno fuera de este continente. Recuerda que esta especie fue utilizada para desarrollar los test de embarazos en los años 30, los cuales se exportaron a una gran cantidad de países.
“Se cree que hay otras especies que pudieron contribuir con la expansión del patógeno como la rana toro que en Venezuela se encuentra introducida en Mérida. Esta especie es autóctona de Estados Unidos y utilizada como fuente de proteína en muchos países”.


Margarita Lampo, zoóloga e investigadora del IVIC. Foto Google (amnh.org)


INVESTIGACIÓN
El equipo del Centro de Ecología del IVIC es el único en Venezuela que se encuentra estudiando al hongo (Batrachochytrium dendrobatidis), causante de la enfermedad cutánea conocida como quitridiomicosis. “Intentamos producir los datos que sirvan de base para determinar como ayudar a las especies o que estrategia implementar para ayudar a una especie a subsistir”.
Hasta ahora el grupo de investigadores que acompaña a Lampo ha identificado las zonas vulnerables donde el hongo tiene su temperatura óptima y han recabado información sobre las especies que están infectadas.
Asimismo, realizan un seguimiento epidemiológico de las poblaciones de sapito rayado que se encuentran en la cordillera de la Costa. “Hacemos muestreos mensuales para determinar exactamente patrones de población y determinar tasas de reproducción y mortandad, y tomando muestras de piel para saber el porcentaje de animales infectados y la intensidad de la misma”.
Este monitoreo permite alertar sobre cualquier epidemia que pudiera presentarse, aunque, tal como lo enfatiza Lampo, “lo ideal sería sacar estas poblaciones para tratar el hongo en cautiverio, con antimicótico”, por eso trabajan en un proyecto de cría ex situ del sapito rayado. Sin embargo, insiste en que “es necesario contar con un laboratorio que estudie estas enfermedades y realice despistaje de infecciones”.

  • 8vo puesto mundial ocupa Venezuela en diversidad de anfibios
  • 333 especies de anfibios identificadas en Venezuela
  • 191 especies de anfibios en Venezuela son endémicas
Rol en el ecosistema
La zoóloga del IVIC, Margarita Lampo explica que los anfibios son uno de los grupos más diversos y numerosos que existen dentro de la trama trófica (alimenticia). “Representan una de las mayores biomasas que existen en los ecosistemas, tanto como depredadores que son, a la vez que son depredados por otros grupos. De ahí su rol muy importante en los ecosistemas, porque al quitar esta importante biomasa estás afectando a ambos grupos de la cadena atrófica con consecuencias que aún no se pueden predecir”. Añade que son utilizados para monitorizar la calidad del agua, “al vivir en ella tienen una piel muy permeable, sensible a los tóxicos y a la contaminación por lo que han sido utilizados como indicadores ambientales”.
Además, menciona que en la actualidad la ciencia estudia las sustancias químicas de la piel de los anfibios que pueden ser útiles para la medicina.

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