La formación en Ciencias Ambientales es indispensable para el desarrollo

Estudiantes del postgrado en Ciencias Ambientales de la Uneg durante sus trabajos de campo

Hasta el próximo 15 de enero estará abierta la convocatoria para cursar la Maestría en Ciencias Ambientales que ofrece la Universidad Nacional Experimental de Guayana

Abogados, ingenieros, educadores, médicos y hasta enfermeras, han cursado el programa de maestrías en Ciencias Ambientales, que desde 2002 ofrece la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Uneg) en las menciones de Gestión Ambiental, Ecología Aplicada y Especialización en Gestión Ambiental.
“Las ciencias ambientales son transversales y multidisciplinarias, luego, cualquier profesional de distinta disciplina, puede y debe hacer estudios ambientales”.
Para la coordinadora del postgrado en Ciencias Ambientales de la Uneg, doctora Juana Figueroa, la región Guayana, al sur de Venezuela, se caracteriza por su inmenso potencial en cuanto a recursos naturales, pero a la vez por el estilo de desarrollo adoptado, ha generado una serie de problemáticas ambientales derivadas de la alta fragilidad ecológica y la gran diversidad biológica presente en la zona.
De tal forma que “la universidad ante esta realidad, ofrece estudios de alto nivel para formar profesionales que necesita la región, con el fin de que sea más viable la planificación y promoción del desarrollo sustentable, minimizando este impacto ambiental”.

QUINTA COHORTE
Destaca la especialista en Química con Doctorado en Desarrollo Sostenible de la Universidad de Laguna (España), que la quinta convocatoria se encuentra abierta hasta el 15 de enero próximo, cuando se estarán recibiendo los recaudos necesarios para la preinscripción de los aspirantes.
Resalta que los ingresos se hacen cada dos años, “por tal motivo el que no asista a esta convocatoria tendrá que esperar hasta el 2012”. Recuerda Figueroa que el programa de Ciencias Ambientales de la Uneg comenzó en el año 1990, siendo actualizado en 2002 “rompiendo paradigmas e implementando la investigación-acción dando como resultados la apertura de las tres menciones”. En este sentido, detalla que del 2002 al 2008 se han graduado 26 magísteres en Ciencias Ambientales bajo la mención de Ecología Aplicada y Gestión Ambiental, y siete especialistas en Gestión Ambiental, para un total de 33 nuevos profesionales.
“El aporte de esta maestría no ha sido solo en cuanto al desarrollo académico de los participantes sino también en la sensibilidad y concientización del uso adecuado del recurso y la necesidad de establecer tecnologías limpias. Al formar más profesionales en las ciencias ambientales están más sensibilizados en el problema ambiental, por ende tratan de buscar soluciones o que la producción industrial sea más limpia y más amigable con el ambiente”.
El impacto de esta maestría en el número de inscritos es cada vez más positivo, según comenta la especialista, “las cohortes se han ido incrementado, la deserción es poca porque en principio se hace una buena selección de los preinscritos y ha tenido un impacto positivo porque observamos una mayor sensibilidad y quienes egresan de esta maestría son los factores multiplicadores para que otros profesionales vengan a estudiar”.

APOYO DE LOS CENTROS DE INVESTIGACIÓN
Figueroa enfatiza la alianza entre los proyectos que se desarrollan a través de los distintos centros de investigación adscritos a la Uneg, y las tesis de grado de los estudiantes del programa de maestrías en Ciencias Ambientales.
En este sentido, añade que el Centro de Investigaciones Ecológicas de Guayana (Cieg) ha contribuido con la formación y desarrollo de 13 tesis de maestría, dirigidas especialmente al proyecto de investigación que se desarrolla en el Corredor Ribereño del Bajo Orinoco. Asimismo, cinco tesis de maestría contaron con el apoyo del Centro de Investigación de Gestión Ambiental y Desarrollo Sustentable (Cigads) y dos tesis fueron desarrolladas bajo la coordinación del Centro de Investigaciones Biotecnológicas de Guayana (Cebioteg). Figueroa explica que en todas las tesis, los estudiantes cuentan con el aporte científico y técnico del Centro de Investigaciones Antropológicas de Guayana (Ciag).

INVESTIGACIÓN APLICADA
La especialista coincide en que la universidad tiene que salir a la comunidad “con investigaciones que no se queden sólo en los anaqueles, sino que planteen soluciones a los problemas ambientales de la comunidad con investigación aplicada”.
Por ello, indica que la maestría en Ciencias Ambientales, mención Ecología Aplicada, tiene como objetivo primordial formar investigadores, al igual que la mención de Gestión Ambiental; mientras que la especialización está más dirigida a la solución de problemas prácticos.
“Formar un investigador no es difícil, lo que se necesita es la disponibilidad y las ganas de hacer investigación sin horario restringido. Con sentido, pertenencia social y mucha ética”.
Asegura que a pesar del recorte presupuestario, la Uneg sigue apostando por el desarrollo de las potencialidades del recurso humano, direccionado cada vez más hacia la investigación, tan necesaria en una región como Guayana donde aún queda mucho por conocer y entender de sus ecosistemas.
“Esto es un reto y como investigadores hemos dicho que no vamos a cerrar líneas de investigación, buscaremos los medios, lo importante es el deseo y las ganas de trabajar, concuerdo en que, obviamente, es una labor difícil porque el recurso financiero es necesario, pero tampoco eso te limita a seguir trabajando, pero si hay voluntad, los recursos se buscan por otras vías”.
Insiste Figueroa que trabajar por un futuro mejor y mantener los recursos naturales actuales para las generaciones futuras, requiere de ciudadanos “cada vez más formados, educados y con mayor conciencia de la importancia que tienen los recursos naturales de los cuales vivimos y de los que formamos parte”.
Receso navideño
La coordinadora del postgrado en Ciencias Ambientales de la Uneg, Juana Figueroa anunció que debido al asueto decembrino, estarán recibiendo los recaudos para la preinscripción de la quinta cohorte hasta el 13 de diciembre, retomando la actividad el 11 de enero. La información se encuentra de libre acceso en la página Web de la universidad (www.uneg.edu.ve), en la cual se baja la planilla de preinscripción, el programa de estudios, la normativa y el presupuesto. El arancel de preinscripción es de 55 BsF. que deben ser depositados en el Banco Del Sur, cuenta corriente Nº 3831008234, a nombre de la Uneg. La fecha de inicio de clases está prevista para el primero de febrero de 2010.

Perfil

1. Maestría mención Ecología Aplicada
Se orienta hacia la capacitación técnica y metodológica para la investigación científica y tecnológica, que responda a las necesidades de información regional sobre el uso y manejo sustentable de los recursos naturales, el desarrollo de ecotecnologías y la participación de las comunidades indígenas, rurales y urbanas en la conservación y manejo sustentable de los recursos regionales.

2. Maestría mención Gestión Ambiental
Se orienta hacia la capacitación para la investigación científica dirigida a generar información de alto nivel y diseñar estrategias y modelos que aporten soluciones sobre los problemas ambientales de las organizaciones públicas, privadas o de la sociedad civil organizada.

3. Especialización Profesional en Gestión Ambiental
Se orienta hacia la capacitación de profesionales especializados para mejorar el desempeño o gestión ambiental de organizaciones públicas, privadas y de la sociedad civil.

Un nuevo Guitío para el Río Orinoco

La Synallaxis beverlyae había sido reportada tanto para la cuenca alta como el Delta del Orinoco, pero investigadores locales han encontrado esta ave en la cautivante isla de Mamo

Fotos Carlos Valeris

Una nueva especie de Guitío (Synallaxis) había pasado desapercibida, hasta que su canto llamó la atención de los especialistas en aves que se encontraban realizando trabajos de campo en el corredor ribereño del Bajo Orinoco.
Se trata de la Synallaxis beverlyae que había sido reportada para Puerto Ayacucho (estado Amazonas) y el Delta del Orinoco, pero el afinado sentido auditivo del ornitólogo Rosauro Navarro, coordinador del Grupo de Investigaciones Ornitológicas (GIO), la percibió entre los arbustales de la isla de Mamo.
Esta cautivante isla se ubica frente al poblado ribereño Las Galderas donde la planicie de inundación del río Orinoco tiene su mayor amplitud.

ENTRE CANTOS
El experto en aves explica que esta nueva especie fue observada por primera vez, por los ornitólogos Steven Hilty y David Ascanio el 23 de junio de 1996, pero su gran parecido, en cuanto a forma y estructura, con el Guitío Gargantiblanco (Synallaxis albescens), los hizo enmarcarla sólo hasta el genero Synallaxis, perteneciente a la familia Furnaridae dado que, a pesar de su parecido morfológico, el canto era marcadamente diferente.
Luego en mayo del 1999, una caracterización realizada por los investigadores Lentino, Ascanio, Rivero y Carreño permitió ubicar esta nueva especie en los islotes adyacentes a Puerto Ayacucho, estado Amazonas, “en islas aluviales con vegetación semipermanentes o de rápida sucesión y de afloramientos rocosos”.
Añadió Navarro que en años recientes, el experto David Ascanio logró observar de nuevo la especie en el Delta del Orinoco, describiendo su hábitat en la vegetación que crece en las playas de sedimentos del río padre.
Finalmente, el hallazgo definitivo de esta nueva especie de Synallaxis fue publicado hace dos meses en la reconocida revista arbitrada, especializada en ornitología, “The Auk”.
El artículo revela que la nueva especie Synallaxis beverlyae, fue coleccionada en un hábitat de vegetación arbustiva de las islas del río Orinoco, en la sección media del río al sur de Puerto Ayacucho, cerca de la frontera colombo-venezolana, y en la sección baja del mismo Orinoco, en Venezuela. “Esta especie había permanecido sin identificar, probablemente porque las islas formadas por sedimentos no fueron examinadas en expediciones anteriores. Con respecto al plumaje, esta especie es similar a S. albescens, pero con respecto a sus vocalizaciones tiene más similitud con S. albigularis, S. hypospodia, y S. spixi. La nueva especie está asociada, hasta donde sabemos, a vegetación secundaria arbustiva sujeta a inundación estacional en islas y bordes del río. Su distribución restringida y requerimientos ecológicos específicos, la convierten en una especie de preocupación en torno a su conservación”

TAMBIÉN EN EL BAJO ORINOCO
Las sorpresas han sido muchas para los investigadores de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Uneg) y el Grupo de Investigaciones Ornitológicas (GIO) que estudian la funcionalidad ecosistémica de la avifauna del corredor ribereño del Bajo Orinoco.
Navarro comenta que el pasado mes de octubre de este año, en trabajos de campo realizados como parte de la fase dos del proyecto de investigación que desarrollan ambas instituciones en la isla de Mamo, se observaron unos ejemplares, que según descripción, coincidían con la nueva especie. “En este primer avistamiento fue grabado su canto, luego se contactó a David Ascanio quien había reportado por primera vez esta ave, y gustosamente nos envió el formato del canto y al compararlo, se verificó que se trataba de Synallaxis beverlyae”.
En una segunda visita a la isla, tanto Navarro como el biólogo de la Uneg, Carlos Valeris, lograron capturar dos ejemplares del nuevo Guitío del Orinoco, a los cuales se les tomaron las medidas morfométricas correspondientes.
Los datos de observación y captura ubican a esta especie en vegetación emergente de las islas aluviales y en la etapa hidrológica del Orinoco que se conoce como subida de aguas (abril, mayo y junio), meses en los cuales el río aun mantiene cotas muy bajas y se observan remanentes de este tipo de vegetación, que en aguas altas desaparecen.
“Sin embargo en la isla de Mamo, lo reportamos en el mes de octubre (comienzo de bajadas de aguas), en paisajes internos de la isla, en grandes arbustales permanentes, asociados a caños de conexión que unen paisajes internos (bosques altos) con el canal principal de río”.

AL VAIVÉN DEL ORINOCO
Navarro dijo que con esta observación “podemos especular que esta ave se mueve al compás del pulso de inundación del río”. Este pulso de inundación, según detalló, es considerado por muchos autores (Junk, Bayley y Spark) como la fuerza responsable de la existencia, productividad e interacciones de la biodiversidad, siendo clave para el mantenimiento de la complejidad paisajística de las áreas ribereñas.
“Nuestra observación sugiere además que tiene una distribución a lo largo del río Orinoco. Ahora corresponde seguir investigando para conocer la biología de esta ave, y solicitar a la presente generación, a los entes gubernamentales, a las organizaciones no gubernamentales y a las comunidades locales, dar el cuido y resguardo correspondiente a estos paisajes, para que sean también aprovechados para el disfrute y goce de las futuras generaciones”.

Nido que protege
Tal como lo describe Gustavo Jiménez, ornitólogo e ilustrador (ecoturave.com), el Guitío es muy activo, poco arisco, y se moviliza ocasionalmente en bandadas pequeñas. Su época reproductiva va de abril a julio, haciendo nidos de palitos y hierbas, adherida y en forma oblonga, de manera de proteger los huevos o las crías. La entrada del nido es por arriba, teniendo un paso largo y tubular hasta el sector donde se colocan dos o tres huevos de color blanco. Esta ave se alimenta principalmente de insectos y probablemente también de arácnidos.
Guitíos de Venezuela
Del género de Synallaxis se conocen más de 30 especies y en Venezuela, según la Sociedad Conservacionista Audubon, se tienen registros de nueve especies de Guitío, a saber:
Guitío Gargantiblanco (Synallaxis albescens), Guitío Canelo (Synallaxis cinnamomea), Guitío Gargantinegro (Synallaxis castanea), Guitío de Azara (Synallaxis elegantior), Guitío de Bosque (Synallaxis macconnelli), Guitío Espinoso (Synallaxis gujanensis), Guitío Rufo (Synallaxis unirufa) y Guitío Rojizo (Synallaxis rutilans)

Evaluarán efectos del calentamiento global en los tepuyes


Fotos Nicolas Laughlin


La investigación verificará las estimaciones realizadas en estudios previos, en las que se calcula que “entre el 75 y el 80% de las casi 2.500 especies de plantas vasculares del Pantepui se extinguirían antes de finales de siglo”


Los efectos del calentamiento global en las mesetas (tepuyes) presentes en el Escudo de Guayana, serán evaluados por un grupo de científicos de la Fundación Instituto Botánico de Venezuela (Fibv) y el Instituto Botánico de Barcelona, España.
El proyecto de investigación, que será financiado en su totalidad por la Fundación BBVA de España, verificará las estimaciones realizadas en estudios previos, en las que se calcula que “entre el 75 y el 80% de las casi 2.500 especies de plantas vasculares del Pantepui se extinguirían antes de finales de siglo”.
Según el científico Otto Huber, la provincia conocida como Pantepui se ubica entre los 1.500 y 3.000 metros sobre el nivel del mar y comprende los herbazales y bosques tepuyanos ubicados en las cumbres de las mesetas de areniscas de Guyana y sur de Venezuela.
Los investigadores venezolanos y españoles que participarán en el estudio, realizarán una comparación entre la flora actual de los tepuyes con la observada en expediciones históricas, a fin de establecer un observatorio permanente que permita monitorear el fenómeno.
Aníbal Castillo, presidente de la Fibv y profesor Asociado de la Escuela de Biología de la Universidad Central de Venezuela (UCV), confirmó vía telefónica, que el proyecto de investigación se encuentra a la espera de los permisos ambientales que se gestionan ante el Instituto Nacional de Parques (Inparques), a fin de proceder a planificar las distintas fases del proyecto, el cual se estima iniciar en 2010.
Explicó Castillo que los resultados de una primera investigación realizada por el mencionado Instituto Botánico de Barcelona, plantean el grado de amenaza a la que estaría expuesta la flora tepuyana frente al cambio climático, por lo que ambas instituciones académicas aunaron esfuerzos para iniciar un estudio de forma conjunta.
Dicho estudio advierte que ante un aumento de entre 2 y 4 ºC de las temperaturas medias en el norte de Sudamérica –tal como lo pronostica el Panel Intergubernamental de Cambio Climático para el año 2100-, las consecuencias para el ecosistema de las cimas de los tepuyes “podrían ser catastróficas, debido a la dificultad de soportar tasas de cambio tan elevadas y a la desaparición o fragmentación del hábitat de especies adaptadas a las mayores altitudes. Como consecuencia, existe una amenaza evidente de pérdida de biodiversidad que, debido al elevado endemismo, sería en parte de carácter global”.

PRIMER ESTUDIO
El primer estudio desarrollado por el Instituto Botánico de Barcelona (http://ddd.uab.cat/pub/orsis/02134039v20p61.pdf), bajo la coordinación del científico Valentí Rull, Teresa Vega y Sandra Nogué, utilizó una muestra representativa de 83 especies de la flora tepuyana, correspondientes a los 23 géneros endémicos de esta zona y a tres géneros que dominan los principales tipos de vegetación: bosques de galería (Bonnetia), arbustales paramoides (Chimantaea) y herbazales tepuyanos (Stegolepis). Estas muestras se basaron en los estudios realizados por los científicos Julian Steyermark, Paul Berry, Bruce Holst y Otto Huber, plasmados en la enciclopedia “Flora de la Guayana venezolana”, y de ejemplares del Jardín Botánico de Missouri (Estados Unidos).
El propósito del mismo fue estimar la magnitud de extinción potencial de las especies de plantas vasculares por desaparición de hábitat. Señalan que la escogencia de estas plantas se sustentó en el conocimiento que se posee sobre las mismas y además porque son organismos reconocidos como buenos indicadores de la biodiversidad general.
Las plantas vasculares, según define el diccionario de Botánica, son aquellas que poseen raíz, tallo y hojas, y presentan un sistema vascular para la distribución de agua y nutrientes.

RESULTADOS
Los resultados indican que, ante un calentamiento de 2 a 4 ºC como el previsto, entre un 8 y 33% de las 83 especies analizadas “se encuentran en peligro de extinguirse debido a la desaparición de su hábitat”.
Respecto a los géneros endémicos, el estudio señala que una tercera parte estaría en peligro de perder su hábitat. “De las 45 especies correspondientes a los 23 géneros endémicos, 16 (aproximadamente el 35%) están amenazadas de extinción por pérdida de hábitat”.
Detalla que la mitad de las especies de Bonnetia que habitan las cimas tepuyanas están amenazadas de pérdida de hábitat. La Bonnetia es un género ampliamente distribuido en Guayana, representado por 26 especies de las cuales 24 se encuentran en las cimas tepuyanas y 14 están restringidos a esta provincia por lo que se considera una especie de género dominante.
“Algunas de estas especies son dominantes en los bosques de galería que constituyen una de las pocas formaciones arbóreas de las cimas tepuyanas, por lo que comunidades enteras podrían estar amenazadas”.
Asimismo, puntualiza que cuatro especies endémicas del género Stegolepis presentes en Guayana, están amenazadas de pérdida de hábitat y un número similar se encuentra cerca del límite. “La mayoría de herbazales tepuyanos están dominados por especies de este género, por lo que su desaparición comportaría un cambio muy significativo en la flora y la vegetación de Pantepui”.
Con relación al género Chimantaea, restringido a las mayores altitudes del macizo de Chimantá y sus alrededores, “dos de sus especies perderían el hábitat con un calentamiento de 2 a 4 ºC, mientras que otras seis están muy cerca del límite y, si bien su hábitat altitudinal potencial no desaparecería totalmente, quedaría reducido a unas pocas y diminutas áreas aisladas de las cumbres más altas”.
Para el grupo de científicos españoles que participaron en este primer estudio, el elevado endemismo del ecosistema alto tepuyano y su posible extinción por pérdida de hábitat “trasciende el ámbito local y afecta directamente la biodiversidad global”. A su juicio, esta situación compromete la biodiversidad futura ya que Pantepui “ha sido considerada un área de especiación muy activa, una especie de ‘bomba de diversidad’ para las cuencas del Orinoco y el Amazonas”. 
Advertencia
Los resultados del primer estudio llevado a cabo por el Instituto Botánico de Barcelona (España), fueron una “advertencia” que justificaba continuar con investigaciones más detalladas sobre las posibles consecuencias del calentamiento global en las comunidades alto tepuyanas. De tal forma que el proyecto que se contempla realizar con la Fundación Instituto Botánico de Venezuela, incluirá observaciones de campo utilizando sistemas remotos de posicionamiento y técnicas de alta resolución para el análisis de datos geográficos; además de un mejor conocimiento fitogeográfico de la provincia Pantepui y el uso de técnicas más sofisticadas como por ejemplo, modelos espaciales de simulación del área potencial para las especies en estudio, bajo los supuestos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático previstos para el año 2100.

Investigadores proponen nuevas áreas de conservación para el estado Bolívar

Así lo acordaron más de 30 instituciones científicas y organizaciones ambientalistas de Colombia y Venezuela reunidas con el objetivo de priorizar zonas para la conservación de la biodiversidad en la cuenca del río Orinoco

La diversidad y endemismo de los ecosistemas de la Orinoquia guayanesa, presentes en el estado Bolívar, quedó demostrada en el reciente taller binacional realizado en la ciudad de Bogotá, donde se dieron cita más de 30 instituciones científicas y organizaciones ambientalistas de Colombia y Venezuela, con el objetivo de proponer áreas prioritarias para la conservación de la biodiversidad y su uso sostenible en la cuenca del río Orinoco.
Este taller fue una iniciativa de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales, por Venezuela, y la Fundación Omacha, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, además del Instituto Humboldt (IAvH), por Colombia, con el apoyo de la Fundación Palmarito.
Carlos Lasso, coordinador del programa de Biología de la Conservación y Uso de la Biodiversidad del IAvH, explicó que el taller permitió identificar 19 áreas prioritarias para la conservación de la biodiversidad de esta cuenca, de las cuales cuatro áreas están ubicadas en el estado Bolívar, a saber:


En áreas de humedales, los corredores ribereños del bajo Orinoco y Delta superior:
1. Zona de confluencia de los ríos Caura (desde raudales de 5 mil) y Orinoco (entre las confluencias del Rio Zuata y Rio Mapire).
2. Isla de Mamo, paisaje Las Galderas que incluye las riberas del Orinoco aguas abajo de Ciudad Bolívar y aguas arriba de Ciudad Guayana.
3. Corredor Bajo Orinoco-Delta Sur desde la isla aguas abajo de Los Castillos de Guayana hasta su desembocadura en el Océano, incluyendo la zona de influencia del norte de Imataca.


En tierra firme:
4. La Sierra de Maigualida-Río Cuchivero que incluye las tierras al norte de la Maigualida, vertiente noroeste de la altiplanicie de Icutú, en la serranía de Guamapí de la sierra, donde se encuentran las cabeceras del río Cuchivero.

RAZONES PARA SU CONSERVACIÓN
Según detalló Lasso, el criterio para escoger estas áreas como prioritarias se basaron en razones de índole biológico “por las riquezas, endemismos, la presencia de especies amenazadas con valor de uso (pesquero-consumo, ornamental, deportivo, sanitario, piscicultura, cacería, zoocría, comercio ilegal, subsistencia, cultural)”.
Asimismo, por ser áreas importantes desde el punto de vista ecológico, debido a su funcionalidad como “vías de dispersión de especies, migración, reproducción, refugio, entre otras, y por ser áreas no protegidas previamente dentro de los sistemas nacionales de áreas protegidas, y que pueden complementar las preexistentes como corredores de conservación”.

MAPAS TEMÁTICOS
Entre los resultados del taller, destacó la creación de 82 mapas temáticos sobre biodiversidad, con un promedio de 13 mapas por cada grupo (flora y vegetación, insectos, peces y crustáceos, anfibios y reptiles, aves y por último mamíferos).
De igual forma, el taller permitió evaluar las amenazas que se ciernen sobre las 19 áreas seleccionadas, entre ellas: deforestación, densidad poblacional, bloques de explotación de hidrocarburos (exploración, producción y transporte), minería, hidroeléctricas, represas y diques, infraestructura vial (ferrovías, vías terrestres, hidrovías), sobreexplotación directa del recurso y extracción selectiva (sobrepesca, cacería por retaliación, productos forestales y no forestales, etc.); contaminación de los cuerpos de agua (agroquímicos, mercurio, etc.); cambio climático; especies introducidas; monocultivos (agroindustria-biocombustibles); cultivos ilícitos; turismo sin planificación y eventos naturales catastróficos.
“Se integró toda esta información en un portafolio concertado de conservación que permita gestionar eficientemente, recursos financieros, articular acciones y disminuir la duplicación de esfuerzos para conservar y aprovechar sosteniblemente los recursos naturales de una cuenca que convoca y aporta a la integración de dos pueblos hermanos”.
Aclaró Lasso que este ejercicio no es vinculante desde el punto de vista administrativo o político, aunque fueron convocados los representantes del Ministerio de Ambiente, Ministerio de Agricultura y del Instituto Nacional de Investigación Agrícola (INIA-Apure), “pero desafortunadamente no pudieron ajustar sus agendas”.
No obstante, dijo que los resultados del taller “se están enviando y distribuyendo a los tomadores de decisiones y gestores de la biodiversidad para su conocimiento y consideración”. Asimismo, añadió que la información generada relativa a las áreas propuestas y a la biodiversidad “ya está en manos de todos los participantes e interesados en el tema con el objetivo de socializarlo al interior de sus instituciones y puedan articular acciones de investigación, conservación y búsqueda de fondos, basados en los conocimientos y recomendaciones del taller”.
Dijo que las próximas acciones estarán dirigidas hacia el análisis de amenazas y oportunidades de cada una de las 19 áreas prioritarias para la conservación de la cuenca del Orinoco, para lo cual el Instituto Humboldt de Colombia se encuentra gestionando los recursos necesarios para el segundo taller binacional a realizarse en 2010.
Isla de Mamo
Esta isla se ubica frente al poblado ribereño de Las Galderas, kilómetro 55 de la autopista, e incluye las riberas del Orinoco aguas abajo de Ciudad Bolívar y aguas arriba de Ciudad Guayana. Los estudios realizados por la Uneg en ella dan cuenta de una diversidad de especies, tanto flora, fauna, aves migratorias, aves endémicas del Orinoco, que evidencian su importancia y requieren un monitoreo constante. Esta isla presenta la mayor área de planicie de inundación de este tramo del bajo Orinoco, en la que se encuentra la laguna más grande, conocida como Laguna de Mamo. Estos estudios evidencian el interés de las comunidades ribereñas de participar en proyectos de ecoturismo fluvial, restauración de bosques inundables y producción piscícola.
SU EXACTO VALOR BIOLÓGICO
Por Venezuela, asistieron los investigadores Reina Gonto y Ángel Fernández del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Arnaldo Ferrer, Josefa Señaris y Miguel Perera de la Fundación La Salle Ciencias Naturales, Antonio Machado del Instituto de Zoología Tropical de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Miguel Lentino de la Fundación Phelps y Judith Rosales y Donald Tophorn de las universidades nacionales experimentales de Guayana (Uneg) y Los Llanos (Unellez), respectivamente.
Judith Rosales, bióloga con doctorado en Geografía de la Universidad de Birmingham (Inglaterra) y profesora e investigadora de la Uneg, dijo que con este proyecto binacional buscan resaltar la importancia de la Orinoquia, mostrando su exacto valor biológico e importancia a nivel internacional, regional y nacional porque a su juicio, ha estado “relegada” de las estrategias de conservación tanto de su biodiversidad como de sus importantes recursos hídricos.
“Las políticas nacionales de manejo de recursos hídricos continentales deben considerar que la cantidad y calidad de dichos recursos dependen de las relaciones hidrodinámicas, que evolutivamente se han establecido en los ecosistemas naturales de una cuenca”.
Explicó Rosales que el incremento poblacional y el cambio en el uso de la tierra y transformación de los ecosistemas tanto terrestres como acuáticos afectan la cantidad y calidad de los recursos hídricos continentales.
“Es importante recordar que, del agua dulce aprovechable del planeta, básicamente  encontrada en los ríos, la Amazonía y la Orinoquia, son las más importantes a nivel global, sosteniendo el 15% de las reservas hídricas del mundo, una cifra que estratégicamente debe dominar la agenda geopolítica de nuestros países hermanos en Suramérica”.

Confluencia Caura-Orinoco
Esta área comprendida entre los ríos Zuata y Mapire, hasta los raudales de La Mura en el río Caura, tiene una gran importancia como nodo de conservación de humedales. Los estudios han demostrado que en ella convergen sistemas de aguas ricas en nutrientes del Orinoco y sistemas oligotróficos (pobres en nutrientes) de aguas como el Caura y el Mapire. Además de contar con una alta diversidad de especies de bosques inundables típicas de cada uno de estos sistemas, en áreas que drenan cuencas relativamente poco perturbadas, cuya conservación asegura maximizar la diversidad tanto de componentes como de funciones de los humedales del bajo Orinoco.
RESERVA DE AGUA DULCE
Enfatizó la investigadora de la Uneg que en un planeta cada vez más impactado por los efectos de cambios climáticos globales, y con una población en pleno crecimiento, “reservas de agua dulce del planeta tan importantes como las de la Orinoquia, son de importancia primordial para el futuro de nuestros países y los esfuerzos de investigación y conservación deben llevarnos a trabajar mancomunadamente”.
Destacó que de los grandes ríos que drenan sus aguas al océano, el Orinoco es el tercero que más agua descarga al océano a nivel global, pero además es el segundo río más importante del mundo en términos de su descarga específica. “La cantidad de litro de agua por segundo, que drena el Orinoco por kilómetro cuadrado, es equivalente a la cantidad que drena el Amazonas, por eso se destaca en términos de eficiencia hídrica, y eso es un hecho que hay que valorar”.
Por lo anterior, Rosales insistió en que los proyectos de desarrollo que se adelanten en la Orinoquia, “incorporen y consideren los aspectos ambientales, ecológicos y sociales en las cuentas de los proyectos, desde su diseño hasta la operación del mismo, considerando la valoración y contabilidad ambiental en la producción, la cual se incrementa con el mantenimiento de los servicios ambientales y se disminuye con el deterioro ambiental”.
Con relación a la factibilidad de muchos proyectos, sitio de obras, entre otros aspectos, Rosales dijo que la decisión debe estar basada en suficiente conocimiento que evite costos innecesarios a futuro. “Los programas de monitoreo de la información sobre  composición, dinámica y procesos en los ecosistemas es básica para evaluar la eficiencia de las medidas de protección ambiental, necesarias para sostener la salud de la Orinoquia”.







Corredor del bajo Orinoco-Delta Sur
Esta área se ubica desde la isla que marca el inicio del delta superior aguas abajo de Los Castillos de Guayana, hasta su desembocadura en el Océano incluyendo la zona de influencia del norte de Imataca. En ella se encuentra uno de los mayores humedales de Suramérica, con bosques de pantano, islas deltaicas y praderas aún por descubrir. Se caracteriza por ser un ecosistema dominado por grandes brazos de ríos, caños menores, playas arenosas y abundantes formaciones boscosas de manglar, albergando éste último la mayor diversidad de anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Más de un tercio de todas las especies de peces conocidas para la cuenca del Orinoco (incluye tanto especies dulceacuícolas como de aguas salobres) están presentes en el Delta, lo que determina que ésta sea un área extremadamente importante para la conservación de la ictiofauna en general.
HUMEDALES CONTINENTALES
Para Rosales, quien participó en el grupo de expertos que analizó flora y vegetación, la inclusión de estas cuatro áreas de conservación ubicadas al norte del estado Bolívar, es una oportunidad para dar a conocer la potencialidad de estos ecosistemas que no cuentan con el respaldo de una figura de protección especial.
“Ello ocurre con los humedales continentales de gran importancia ecológica no sólo en términos de su biodiversidad, sino por sus servicios ecosistémicos en el metabolismo de los materiales orgánicos e inorgánicos, que llegan a los cauces de agua”. En este sentido, Rosales resaltó que si bien Venezuela destaca en Suramérica por el hecho de contar con figuras jurídicas de conservación en áreas de gran importancia dentro de la Orinoquia, los corredores principales del río, no cuentan con ninguna, “la única que existe está en su delta y representa sólo parte de este territorio. Entre los tributarios, el delta interno del Orinoco con las extensas planicies inundables del río Apure, a pesar de no tener un alto número de especies endémicas, tiene una importancia vital en cuanto al funcionamiento de los humedales (lagunas, esteros), en términos de los servicios ecológicos que ellos prestan”.
Añadió que para toda la región Guayana, incluyendo el estado Amazonas, destacan el corredor ribereño del río Ventuari, así como el corredor del medio Orinoco y la triple confluencia de los ríos Atabapo e Inírida (Colombia), cuyos esfuerzos en conservación pueden ser compartidos entre comunidades e investigadores de ambos países.


Sierra Maigualida-Río Cuchivero
La Sierra Maigualida, uno de los 40 monumentos naturales que existen en Venezuela, es una formación montañosa que abarca 7 mil kilómetros cuadrados y constituye el límite entre los estados Amazonas y Bolívar. Este sector, aparte de destacarse por su valor endémico en cuanto a flora y fauna es de una invaluable riqueza e historia cultural y representa el límite norte del territorio de la etnia Hoti y antiguo asiento de la etnia Eñepa, los que hoy día se han distribuido al medio Cuchivero y otras zonas vecinas. (Foto cortesía Luís Pérez)

ÁREAS DE CONSERVACIÓN EN BOLÍVAR
La escogencia de cuatro ecosistemas del estado Bolívar dentro de las 19 áreas prioritarias de conservación para la cuenca del Orinoco, no fue una sorpresa para quien coordina la línea de investigación sobre Ecohidrología y Manejo de Cuencas Hidrográficas del Centro de Investigaciones Ecológicas de la Uneg.
Rosales está convencida que tal decisión es consecuencia de más de 20 años de investigación llevada a cabo por diversas instituciones, entre las que destacan Fundación La Salle, Uneg, Jardín Botánico del Orinoco, Grupo de Investigaciones Ornitológicas, UCV, Fundación Phelps, Ivic e instituciones colaboradoras internacionales como el Programa Ecos-Nord y el Observatorio Hybam de Francia, que apoyan los proyectos recientes de la segunda fase del estudio sobre el Corredor Ribereño del Bajo Orinoco que desarrolla la Uneg desde 2002.
Investigaciones que según dijo, han contado con el soporte del Ministerio de Ciencia y Tecnología, Fonacit, Fundacite Bolívar y Locti, instituciones a quienes Judith Rosales llama la atención “por la gran inversión que es necesaria mantener e incrementar para el sostenimiento de los programas de investigación, las redes y el apoyo a la participación y capacitación de las comunidades en el estudio y sostenimiento de estos ecosistemas”.

Enfrentar el cambio climático requiere de múltiples tecnologías


El experto venezolano Juan Carlos Sánchez, uno de los 2500 científicos integrantes del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, trabaja en el proyecto de mineralización del dióxido de carbono, uno de los principales gases que contribuye al cambio climático

Luego de 17 años investigando y participando de las discusiones globales sobre el tema, el científico venezolano Juan Carlos Sánchez, ya no tiene ninguna duda de que el cambio climático “es más que evidente”, por lo que a su juicio, se debe trabajar de forma conjunta para buscar las soluciones.
Sánchez es ingeniero industrial y doctor en Ciencias Ambientales (Francia), investigador y profesor de la Universidad Central de Venezuela, con más de 50 estudios postdoctorales e igual número de publicaciones editadas en 23 idiomas, y miembro del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (Ipcc) desde el año 2002 cuando, jubilado de la industria estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa), recibe una invitación del propio presidente del panel, Rajendra Pachauri. En 2007 recibió, junto a 2 mil 500 científicos integrantes del Ipcc, el Premio Nobel de la Paz. “En lo que queda del presente siglo, el calentamiento global puede producir cambios radicales en la sociedad mundial de consumo”.

SOLUCIONES GLOBALES
El científico venezolano es quien coordina el subgrupo del Ipcc dedicado a buscar soluciones al problema del cambio climático. Desde hace cinco años trabaja en el proyecto de mineralización del dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases que contribuye al cambio climático.
Explica que este método "busca captar el dióxido de carbono que se genera en las refinerías para llevarlo a un reactor, donde el gas se pone en contacto con silicatos metálicos naturales de calcio o magnesio para luego convertirlo en carbonato de calcio o magnesio". De esta forma, añade, el CO2 es retenido en la corteza terrestre y dispuesto de forma segura y permanente, con lo cual se permitiría el uso de las vastas reservas de remanente de fuentes fósiles sin afectar el clima.
“Los suelos de los llanos venezolanos posen un alto contenido de silicatos, es decir, tenemos la materia prima y el proceso de mineralización del CO2 se está desarrollando, lo que se necesita es el conocimiento. Si este proceso llega a materializarse sería de enorme utilidad para un país petrolero como Venezuela”.
Sin embargo, dice que el proyecto se encuentra limitado en cuanto a recursos financieros para continuar con las investigaciones. Algo que lamenta porque a su entender, de llegar a ser factible este proceso de captación y retención de dióxido de carbono, Venezuela "podrá seguir disfrutando de una economía petrolera por muchos años sin dañar el ambiente".

ENERGÍAS ALTERNATIVAS
Agrega que entre otras de las soluciones en las cuales trabaja el grupo de expertos del Ipcc se encuentran: mayor inversión en el desarrollo tecnológico de vehículos más eficientes, energías que no emitan dióxido de carbono, biocombustibles, menor deforestación y mayor reciclaje.
Asimismo, el desarrollo de la energía eólica y solar, ésta última con el desarrollo de la nanotecnología, le hacen avizorar una nueva revolución tecnológica en la que el petróleo continuará teniendo un peso importante, pero con una mayor participación de este tipo de tecnologías amparadas en los subsidios.

EFECTO INVERNADERO
El especialista explica que el calentamiento global es causado por el incremento de la concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, los cuales, como el dióxido de carbono, pueden durar hasta 100 años en la masa de aire que rodea al planeta. Un problema que para este ingeniero industrial se convierte "en uno de los retos más importante que enfrenta la humanidad por sus potenciales consecuencias adversas sobre numerosos sectores de la actividad económica y sobre la calidad de vida".
"La temperatura promedio de todo el planeta ha aumentado 0,8°C, lo que ha provocado una elevación del nivel del mar en 20 centímetros que puede potenciarse a futuro, y de una manera concordante ha habido un retroceso de la cobertura de hielo registrado en el hemisferio norte".
Dice Sánchez que este incremento en la temperatura, "que pudiera ser insignificante, provoca que los veranos sean más calientes y los inviernos sean menos fríos, lo que trae consecuencias importantes para los ecosistemas".
Según explica, las emisiones de estos gases provienen del uso de combustibles fósiles, procesos industriales actividades agrícolas, cambios en el uso de la tierra y de la disposición inadecuada de los desechos orgánicos. Menciona a los gases PFC y SFG, los cuales están presentes en la industria del aluminio y en la transmisión y distribución de la electricidad respectivamente.
Insiste en que la humanidad debe limitar la emisión de estos gases a fin de prevenir las consecuencias del cambio climático. Una tarea, a su juicio, nada fácil, "porque la reducción plantea dificultades relativas al desarrollo, adquisición, adaptación y adopción de tecnologías de sustitución que reducen las emisiones de gases, asumir los elevados costos implícitos al cambio tecnológico y probablemente, también aceptar cambios en los hábitos de consumo".

CONCIENCIA AMBIENTAL
En lo personal, el científico Juan Carlos Sánchez continuará sus investigaciones en el área de los biocombustibles, con el etanol celulósico que se produce a partir de los desechos orgánicos, porque avizora mayores posibilidades de desarrollo cercanas a Venezuela. Cree que la humanidad siempre ha buscado soluciones a sus problemas y esta no será la excepción. Si bien las soluciones en los actuales momentos, no se ven con claridad porque, según dice, el problema avanza de forma acelerada, cree que se encontrará una salida, que no será única y exclusiva de un país, sino que responderá al desarrollo de múltiples tecnologías.
Pero, advierte que nada de esto servirá si no se fortalece la conciencia ambiental, “lo que se quiere es que la gente tenga conciencia del problema y que actúe en consecuencia. Sin la conciencia de las personas no se conseguirá ninguna solución al problema del cambio climático”.
Soluciones tecnológicas
El investigador estadounidense Wallace Broecker, quien acuñó el término calentamiento global en los años 70, apuesta por soluciones tecnológicas masivas para luchar contra el cambio climático, según reseña una nota del diario español El Mundo. Según su opinión, “los países ricos deben de capturar y almacenar el CO2 de la atmósfera para paliar el problema al que han contribuido más que otros”. En la nota, el científico resalta su apoyo a la investigación que se desarrolla en la Universidad de Columbia (EEUU), en la cual se retendría el 30% del CO2 del aire que circula por las zonas desérticas. Advierte que el calentamiento será aún más agudo en el Hemisferio Norte que en el Sur, donde los océanos ocupan mucha mayor superficie y atenuarán esos cambios.
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