El mundo único de los tepuyes

Estas formaciones rocosas que datan de hace 1.700 millones de años, representan uno de los paisajes más seductores del mundo
El Auyán-tepui es la montaña más grande de todo el Parque Nacional Canaima con más de 700 kilómetros cuadrados de superficie en cuyo valle interior se encuentra la cascada más alta del mundo, conocida como Salto Ángel (Kerepakupai-merú en lengua indígena) Foto Karl Weidmann

En ellos se encuentran evidencias de la evolución geológica del planeta. Alcanzar sus cimas es sobrecogerse ante uno de los paisajes más seductores del mundo, con relieves tan excepcionales como los del macizo Auyán-tepui, cuya famosa cascada Kerepakupai, mejor conocida como Salto Ángel, ha sido nominada a las “Siete Nuevas Maravillas Naturales”. Este mundo único de los tepuyes, representa uno de los centros más importantes del endemismo y la diversificación en especies de la región guayanesa. Uno de sus mayores estudiosos es el biólogo Otto Huber, graduado en la Universidad de Roma, Italia, con postgrado en Botánica y Geografía en la Universidad de Innsbruck en Austria.
Aunque nació en Alemania, su mirada ha estado puesta en la vegetación y flora de la Guayana venezolana desde que en la década del setenta realizara investigaciones sobre la botánica y la ecología de las sabanas del estado Bolívar, siendo una de sus pasiones las cumbres tepuyanas. Actualmente es el responsable del Programa Neotropical de Corología y Cartografia Vegetal "Alexander von Humboldt" (Corolab-Humboldt), y asesor científico de la presidencia de laFundación Instituto Botánico de Venezuela en Caracas.
Sus observaciones sobre estas formaciones rocosas, recogidas entre otras publicaciones en el libro “Venezuela: Tierra del Tepuy”, concluyen en la necesidad de fortalecer la conciencia de los visitantes sobre “las inconmensurables riquezas, más biológicas que minerales, allí encerradas” y exhortarlos a “acercarse a este mundo con toda la precaución y el respeto que estos bellos paisajes milenarios e incomparables exigen”.
¿Qué son los tepuyes?
Los tepuyes constituyen un conjunto de montañas emplazado sobre un extenso basamento granítico formado por el Escudo de Guayana. Este escudo se ubica en la porción nororiental del continente suramericano donde ocupa un área de aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados, que se extiende entre los ríos Amazonas al sur y Orinoco al norte. Sobre este basamento han sido depositadas, en otra secuencia larguísima de lentos procesos de sedimentación, entre 1.600 a 1.700 millones de años atrás, innumerables capas de areniscas, una encima de la otra, hasta constituirse en una gigantesca masa rocosa de hasta seis kilómetros o más de espesor. Estas areniscas son generalmente de color rosado hasta blanquecino, se desmenuzan fácilmente y tienden a quebrarse en bloques con ángulos rectos, de allí la forma casi geométrica de imponentes mesas con paredes verticales que presentan la mayoría de las montañas de areniscas o “tepuyes”, llamadas así por los indígenas que habitan esta región.
¿Qué altura pueden alcanzar nuestros tepuyes?
Las elevaciones están comprendidas entre 1.500 y los 3.014 metros sobre el nivel del mar (m snm), constituyéndose en el segundo sistema montañoso más alto de América del Sur.
¿Cuáles paisajes se pueden encontrar en un tepuy?
Abarca típicamente tres paisajes orográficos: un talud con laderas más o menos fuertemente inclinadas en la base del cerro, cubiertas por densos bosques montanos; una pared rocosa vertical que puede tener una altura variable hasta casi 1.500 metros, normalmente desprovista de vegetación; y la cumbre que es la sección más elevada del tepuy usualmente aplanada, pero con una inclinación más o menos marcada.
¿Cuántos tepuyes hay en Venezuela?
Son más de 50 las montañas que han sido clasificadas como tepuyes.
¿Cuál fue la primera expedición que se hizo en estas formaciones rocosas?
El primer tepuy en ser ascendido hasta su cumbre fue el Roraima, cuya imponente masa rocosa se levanta en la frontera entre Venezuela, Brasil y Guyana (zona en reclamación) en el rincón más suroriental de la Gran Sabana.
En el sector oriental del Parque Nacional Canaima mejor conocido como la Gran Sabana, se puede apreciar al majestuoso Roraima-tepui con 2.723 m snm, siendo el de mayor elevación de todos los tepuyes. Foto flickr.com
En diciembre de 1884, Sir Everard Im Thurn, curador del Museo de Georgetown y su asistente Harry Perkins lograron esta memorable hazaña. El segundo tepuy a ser ascendido fue el Duida, ubicado en el corazón del entonces Territorio Federal Amazonas, hazaña cumplida entre 1928 y 1929 por un grupo de científicos naturalistas del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. A partir de los años 30 el proceso de exploración de los tepuyes ha ido intensificándose, destacándose el trabajo del incansable Julian Steyermark quien desde 1944 ha reunido la colección botánica más voluminosa sobre los tepuyes, trabajando intensamente en nuestro Herbario Nacional hasta 1984.
¿Cuál es la riqueza florística de los tepuyes?
Solamente en la Guayana venezolana viven más de 10.000 especies de plantas silvestres de las cuales 3.000 pueden considerarse limitadas a las cumbres de los tepuyes, por encima de los 1.500 m snm. En la flora de cada cumbre tepuyana coexisten plantas de indiscutible carácter autóctono guayanés con otras de distribución más amplia y que han ingresado en estos ecosistemas a lo largo de una serie de interminables procesos físicos y biológicos de adaptación a las condiciones ecológicas en permanente evolución.
¿Qué figura jurídica protege a los tepuyes?
Son varias, ya desde los años 60 se había tomado conciencia de la extraordinaria importancia paisajística y científica de estas montañas, con la creación del primer parque nacional al sur del Orinoco, el Parque Nacional Canaima (junio 1962, ampliado al tamaño actual de 30.000 km2, en septiembre de 1975), en el cual están ubicados algunos de los macizos tepuyanos más importantes y espectaculares como son el Auyán-tepui, el Chimantá, el Ptari-tepui, Los Testigos y una parte del Cerro Roraima. Luego, en diciembre de 1978, se crearon otros parques nacionales tepuyanos de gran importancia, como son: el Jaua-Sarisariñama en el Alto Caura, el Yapacana y el Duida-Marahuaca en el Alto Orinoco, y el Serranía La Neblina en el extremo sur de la frontera con el Amazonas brasileño. En la década de los 80 del siglo pasado y como resultado de un programa de investigaciones tepuyanas adelantado por Edelca, la Fundación de la Academia de Ciencias, Terramar y otros, se notó que una serie muy importante de tepuyes había quedado excluída del Sistema de Parques Nacionales del Sur. Por esta razón, el 18 de enero de 1991 se publicó en la Gaceta Oficial Nº 4250, el Decreto Presidencial Nº 1233 mediante el cual se declara “Monumentos Naturales los espacios territoriales conocidos como tepuyes, ubicados en el Estado Bolívar y el Territorio Federal Amazonas, caracterizado por conformar un conjunto de ecosistemas montanos típicos y exclusivos de las montañas del escudo Guayanés, que se extienden en las porciones altas de estas montañas, incluyendo las laderas superiores, las paredes escarpadas y el topo o cumbre del Tepuy, por encima de los 800 m snm”. Este decreto ofrece protección total a unos 25 tepuyes adicionales, esparcidos sobre los estados Bolívar y Amazonas, de manera que en la actualidad se puede afirmar que todos los 50 tepuyes conocidos en la Guayana venezolana están debidamente protegidos.
Aún así, el Gobierno nacional, conciente de su responsabilidad nacional e internacional de proteger estos ecosistemas naturales únicos en todo el planeta, creó en junio de 1991 la Reserva de la Biosfera “Alto Orinoco-Casiquiare”, en la cual quedan incluidos y adicionalmente reforzados, cuatro parques nacionales y cinco monumentos naturales. Y finalmente, no debemos olvidar -aunque parece que no se quiera hablar mucho sobre este tema-, que en 1995 el Parque Nacional Canaima ha sido declarado por la Unesco como Patrimonio Mundial Natural de la Humanidad, una distinción que en años recientes ha adquirido una importancia extraordinaria a nivel mundial. 

Foto google.com

La coronación de los tepuyes Es uno de los fenómenos atmosféricos que ocurre con frecuencia en la cumbre de los tepuyes, donde las masas de aire provenientes de los vientos alisios del este se encuentran con la presencia de los tepuyes por sus vertientes nororientales y orientales, y se ven obligadas a ascender y formar grandes masas nubosas de extraordinario desarrollo vertical, envolviendo las mesetas y originando las grandes precipitaciones que nutren los caudales permanentes de saltos emblemáticos como el Kerepakupai-merú. Asimismo, en la medida en que caen los rayos del sol, apreciamos en los tepuyes una policromía de tonalidades debido a los líquenes y algas que cubren las paredes de las rocas, un ocaso que nos brinda una de las imágenes más sugestivas e impactantes de estas antiguas tierras de leyendas milenarias

Principales macizos

En el estado Bolívar:
1. La cadena de los Tepuyes Orientales: integrada por el Uei, Roraima, Kukenán, Yuruaní, Wadakapiapué, Karaurín e Ilú (entre 2.730 y 2.500 m snm).
2. Los Testigos: formado por el Kamarkaiwarai, Murisipán, Tereké-Yurén y Aparamán (entre 2.100 y 2.400 m snm).
3. Auyán-tepui (entre 2.450 y 1.650 m snm), enorme meseta inclinada desde el sur hasta el norte que encierra en su valle interior la cascada de agua libre más alta del mundo, el Kerepakupai-merú o Salto Ángel.
4. Macizo del Chimantá (entre 2.650 y 1.700 m snm) representa uno de los conjuntos tepuyanos más variados y científicamente más importantes de todo el Escudo de Guayana.
5. Guaiquinima (entre 1.650 y 750 m snm).
6. Cerros Ichún y Guanacoco (entre 900 y 1.550 m snm).
7. Jaua-Sarisariñama (entre 1.500 y 2.300 m snm) en él se encuentran las famosas “simas”, enormes cavidades redondas de más de 300 metros de profundidad.


En el estado Amazonas:
1. Macizo Yaví-Yutajé-Corocoro y Guanay (entre 1.600 y 2.400 m snm) es la cadena de tepuyes que forma parte de la frontera entre los dos estados Bolívar y Amazonas.
2. Cuao-Sipapo (entre 1.000 y 2.200 m snm) se ubica al sureste de Puerto Ayacucho, incluye al famoso Cerro Autana (1.300 m snm).
3. Cerro Yapacana (1.300 m snm), cerca de la confluencia del Orinoco y del Ventuari
4. Cerro Parú (entre 1.000 y 2.200 m snm) se localiza en el Alto Ventuari.
5. Macizo Duida-Marahuaka-Huachamacare (entre 900 y 2.800 m snm) tal vez el conjunto tepuyano más bello y atractivo desde el punto de vista paisajístico. Se ubica en el Alto Orinoco.
6. Macizo de La Neblina-Avispa-Aracamuni (entre 1.500 y 3.014 m snm) en él se encuentra la montaña tepuyana más alta de todo el Escudo de Guayana, el Cerro de La Neblina que alcanza los 3.014 m snm.
 
Fuente consultada: Huber, O. 1998. Tierra de Tepuyes. En: “Venezuela: Tierra del Tepuy” (ed. K. Weidmann), pp. 23-31. Oscar Todtmann Editores, Caracas.


El dato
La Academia Venezolana de la Lengua sugiere que “tepui” debe emplearse en palabras compuestas como Auyán-tepui; mientras que al escribirla con la “y” (tepuy) se debe utilizar en forma genérica siendo su plural tepuyes.

Primates en peligro

La cuenca del río Caura es el hábitat del Mono barbudo y el Mono araña del sur

La destrucción de su hábitat, la cacería indiscriminada con fines comerciales y la captura para usarlos como mascotas, son las principales amenazas que enfrentan el Mono barbudo y el Mono araña del sur

Resulta que es un vanidoso. Cuando el Mono barbudo se dispone a beber agua, pone especial cuidado en no mojarse su peluda –pero muy arreglada- barba. Un gesto que le llamó tanto la atención al conocido naturalista Alejandro de Humboldt, quien lo bautizó Chiropotes que significa “el que bebe con la mano”.
Pero, aunque tenga tanto cuidado en su arreglo personal, el Mono barbudo (Chiropotes israelita) junto al Mono araña del sur (Ateles belzebuth) son las especies de primates que se localizan en el estado Bolívar, cuyo estado de conservación es considerado “vulnerable” por el Libro Rojo de la Fauna Venezolana (LR).
La destrucción de su hábitat, la cacería indiscriminada con fines comerciales y la captura para usarlos como mascotas, son las principales amenazas que enfrentan estos parientes vivos más cercanos de la humanidad. Ambas especies se localizan en la cuenca del río Caura, considerada por muchos científicos como una de las últimas fronteras forestales de bosques húmedos del planeta, amenazada por el avance de la frontera agrícola y ganadera, la explotación ilegal de madera y la minería del oro.

MONO BARBUDO
El Mono barbudo es una especie limitada para Brasil (noreste de la cuenca Amazónica) y Venezuela donde se le encuentra en las cuencas de los ríos Caura (estado Bolívar), alto Ventuari y alto Orinoco (estado Amazonas). Según el Decreto Nº 1486 del Ministerio de Ambiente, es una especie en peligro de extinción.
La ficha que describe las características de esta especie, realizada por el científico Juhani Ojasti para el LR, detalla que este primate habita los bosques húmedos de tierras bajas en altitudes que oscilan entre los 130 y 200 metros. Entre el cuerpo y la cabeza, puede llegar a medir entre 42 y 45 centímetros de longitud, mientras que su cola alcanza los 40 centímetros. Destaca su cabeza negra con dos copetes que suelen ser más pronunciados en los machos, así como sus grandes colmillos y su mandíbula fuerte. Es de hábito diurno, arbóreo y gusta de tener múltiples parejas. Llega a formar tropas de hasta 30 individuos, lideradas por uno o varios machos dominantes y su dieta se basa en frutas, semillas e insectos.
Ojasti aclara que la clasificación de esta especie ha sido revisada porque en Venezuela sólo se conocía la Chiropotes satanás, “sin embargo, una revisión reciente del género realizada en Brasil, basada en la morfología, los cariotipos y la genética molecular, reveló que los taxa tratados como subespecies o sinónimos, eran especies plenas”. El estudio al que hace referencia Ojasti, explica que la especie que se encuentra al norte de Brasil y en las regiones colindantes del sur de Venezuela es el Chiropotes israelita, mientras que la anterior especie (Chiropotes satanás) está restringida para el sur del río Amazonas en el Brasil oriental.
El LR menciona una serie de acciones de conservación para esta especie, entre las que destacan la promoción de otras alternativas alimentarias para las comunidades que aprovechan este recurso, así como también desarrollar campañas que sensibilicen a los cazadores, turistas y autoridades de vigilancia y control.

MONO ARAÑA DEL SUR
La situación del Mono araña del sur (Ateles belzebuth) no es tan amenazada como la de su similar el Mono araña del norte (Ateles hybridus), que se ubica entre los primeros 25 primates en mayor peligro del mundo, según el último reporte presentado por la Unión Internacional para Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Sociedad Primatológica Internacional.
Sin embargo, la cacería y la destrucción de su hábitat han disminuido la población del Mono araña del sur en los países donde se localiza (Colombia, Brasil, Perú, Ecuador y Venezuela), según registra el LR. “De hecho, su distribución coincide con áreas donde aún persisten grupos indígenas, principales consumidores de primates en el país. La especie también es capturada para ser utilizada como fuente de alimento por cazadores furtivos, que a su vez suelen comerciar con ésta para el consumo humano o como mascota”.
En Venezuela se distribuye en los estados Amazonas y al oeste del estado Bolívar, desde la cuenca del río Negro hasta San Juan de Manapiare, y en la cuenca del río Caura, observándose en altitudes entre los 35 y 850 metros y habitando los bosques siempreverde de tierras bajas. Aunque el LR coincide en que el hábitat del Mono araña del sur se encuentra aún en “buen estado”, advierte que podría verse afectada con la explotación minera que se efectúa en algunas partes de la cuenca baja del río Caura y en el Brazo Casiquiare (Amazonas).
La descripción de esta especie, bajo la autoría de los científicos Juhani Ojasti y Pablo Lacabana, destaca el gran tamaño de esta especie que puede llegar a medir entre 48 y 58 centímetros, desde la cabeza hasta la base de la cola “que fácilmente puede alcanzar los 80 centímetros”. Sobre esta larga cola, los autores refieren su gran agilidad para desplazarse entre las ramas de los árboles al usarla hábilmente. El pelaje varía entre el color negro y el pardo claro, rostro desnudo y negro que resalta por una banda en su frente de pelos de color blanco-amarillento en forma de media luna. Al igual que el Mono barbudo, es de hábitos diurnos, arbóreos y de múltiples parejas, además de alimentarse de frutas, hojas e insectos.
Por ser una de las especies de primates poco estudiadas y asociada a un hábitat único y susceptible a las modificaciones ambientales, el LR recomienda realizar investigaciones básicas para evaluar la sustentabilidad, intensidad e impacto del recurso.

CONSERVACIÓN INTEGRAL
En Venezuela existen 17 especies en 11 géneros, agrupados en seis subfamilias, integrando cuatro familias, según comenta Héctor Aguilar, biólogo del Centro de Investigación y Reproducción de Especies Silvestres (Cires), con sede en el estado Mérida, para quien es necesario trabajar en una lista actualizada a fin de difundir el conocimiento taxonómico de los primates venezolanos.
“En Venezuela, existen colecciones privadas, zoológicos y amantes de la fauna silvestre que conservan primates. Sin embargo, no existe ningún programa de manejo de poblaciones de estos grupos de animales, lo que hace necesario crear libros de registros y establecer programas de conservación integral del Orden Primates en nuestro país”.
En tal sentido, explica que desde el Cires se ha creado el departamento de Primatología, como proyecto prioritario, “así como un proyecto de investigación sobre los primates de Venezuela y otro sobre enfermedades tropicales que involucran a grupos como marsupiales, roedores y a los primates, en una base de datos bibliográficos que incluirá toda la información necesaria sobre historia natural, veterinaria, zoonosis, medicina y salud pública, así como un Sistema de Información Geográfica para su ubicación en mapas”. Sobre la importancia de los primates dentro de la funcionalidad de un ecosistema, Aguilar expresa que la misma reviste diversos intereses, entre los que menciona:
Interés ecológico: como parte del contingente de especies que favorecen la dispersión de semillas y por ende, enriquecen la diversidad de la biota.
Interés médico: como reservorios de endémias y virulencias.
Interés económico: con incidencia en el sector agroalimentario cuando se consideran plagas de algunos cultivos, y cuando comprende su importancia comercial para ser incluido en los programas de conservación ex situ en zoocriaderos comerciales y de repoblación.
Interés estético y educativo: que reclama un sitial en las colecciones privadas y en los zoológicos.

VALOR AGREGADO
Según señala Héctor Aguilar del Cires, todos los primates “constituyen un potencial económico bajo un marco legal para la zoocría comercial, científica o de repoblación cuando la especie lo requiera”. El darle un valor agregado a la especie en cautiverio bajo programas de conservación ex situ, en zoocriaderos comerciales legalmente establecidos, es la propuesta del Cires, por cuanto “desvía la atención que soportan poblaciones silvestres de la demanda nacional e internacional, hacia la adquisición de individuos mansos, sanos, nacidos y criados en cautiverio, que al mismo tiempo soportan mejor las condiciones de manejo y adaptación al cautiverio, exhibición en zoológicos o en las colecciones privadas o como mascotas”.

Peces amenazados del estado Bolívar

Fotos Google

El pavón del Cuyuní, el bagre doncella y el bagre cunaguaro son especies que
enfrentan un alto riesgo de
desaparecer por la contamina
ción de los cuerpos de agua y la pesquería indiscriminada


El pavón del Cuyuní, el bagre doncella y el bagre cunaguaro son especies que enfrentan un alto riesgo de desaparecer en su estado silvestre, según advierte el Libro Rojo de la Fauna Venezolana. De hecho, son especies catalogadas como “vulnerables” debido a la destrucción de su hábitat y la sobreexplotación comercial. La mencionada publicación retrata el estado de conservación de las especies de mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces e invertebrados del país, alertando sobre la necesidad de darle un “freno” a los factores que amenazan a la fauna venezolana y de encarar acciones urgentes de conservación.


PAVÓN DEL CUYUNÍ
Desde el aire es difícil visualizar el cauce principal de “La Amarilla”, una de las quebradas que desembocan en el río Cuyuní. Ubicada en la zona minera de Las Claritas al noreste del estado Bolívar, no es de extrañar que este ecosistema parezca más bien un campo de guerra por las inmensas fosas, llenas de lodo y vegetación putrefacta que va dejando a su paso la intensa actividad minera del oro que ahí se desarrolla de manera ilegal, desde hace más de 20 años.
En sus aguas turbias es casi imposible encontrar al pavón del Cuyuní (Cichla ocellaris), una de las especies endémicas de la región y calificada como vulnerable por el Libro Rojo de la Fauna Venezolana. Un estudio sobre el conjunto de especies de peces (ictiofauna) de la cuenca del río Cuyuní, publicado en la revista Interciencia (Volumen 25 Nº 1) advierte sobre el deterioro de las áreas cercanas a Las Claritas considerada desde el punto de vista biótico como una zona “depauperada”, debido al bajo número de especies y ejemplares colectados. “Un ejemplo extremo de deterioro lo constituye la Quebrada La Amarilla donde reportamos ausencia total de peces”.

El estudio explica que los sedimentos que descargan en el río Cuyuní ocasionan temperaturas elevadas del agua, pH básico y la ausencia total de vegetación terrestre y acuática, evidenciando las condiciones de alta intervención de esta zona. De hecho, un solo ejemplar fue encontrado en la Isla Jacobo o raudal del río Kinotovaca a 40 Km al Sur de El Dorado. Según describe el Libro Rojo de la Fauna Venezolana, el pavón del Cuyuní se encuentra distribuido en la cuenca del río Esequibo que abarca Guyana y Venezuela. Es un pez de la familia de los cíclidos (Cichlidae) que puede llegar a medir los 50 centímetros de longitud y pesar más de tres kilos. Presenta escamas grandes y una coloración de su cuerpo que dependerá de su crecimiento y de su estado reproductivo.
En los adultos vivos, el color de fondo varía entre verde grisáceo y amarillo a verde oliva, siendo el dorso más oscuro que los lados donde destaca por presentar manchas negras de forma no definidas, especialmente hacia el vientre, el cual suele ser de color claro.
Al ser un depredador, se le considera una especie muy importante al regular las comunidades en los ecosistemas acuáticos, sin embargo, el Libro Rojo señala que al ser el pavón un depredador visual, es probable que su comportamiento y supervivencia se vea afectado por el aumento de la turbidez del agua. Menciona que desde 1972 la pesca comercial de esta especie se encuentra prohibida, permitiéndose su captura sólo con fines científicos y deportivos. Propone realizar investigaciones para conocer el estado actual de las poblaciones e iniciar acciones de conservación de la cuenca del río Cuyuní, “así como también la reconsideración de las actuales concesiones mineras otorgadas en el área”.

BAGRE DONCELLA
Es probable que lo de “doncella” le venga por su cuerpo alargado y su boca ancha, pero lo cierto es que este bagre (Sorubimichthys planiceps) está siendo amenazado por la pesquería no controlada lo que ha causado la merma en su población.

Esta especie de la familia de los pimelódidos (Pimelodidae) se encuentra distribuida en la cuenca del río Orinoco y en el estado Bolívar ha sido reportada específicamente para el río Caura. Esta especie presenta una coloración muy particular, la mitad de su cuerpo es de color gris o marrón oscuro con manchas de color negro intenso y en la otra mitad de color blanco. Se alimentan de peces, reportándose canibalismo en su estado juvenil.
Las estadísticas del Instituto Nacional de Pesca (Inapesca) registran una disminución del 67% de la producción nacional entre 2000 y 2002. Al respecto, el Libro Rojo señala que es frecuente el incumplimiento a la norma establecida desde junio de 2002 que regula su pesca en el río Orinoco y en sus afluentes ubicados en los estados Amazonas, Anzoátegui, Bolívar, Guárico, Monagas y Delta Amacuro, además de los ríos de Apure, Barinas, Cojedes, Portuguesa y Táchira. Esta normativa legal exige que la talla mínima de captura para esta especie debe ser mayor a 95 centímetros de longitud (puede llegar a medir hasta 150 cm).


BAGRE CUNAGUARO
Sus once franjas negras transversales, alternadas con bandas
claras color castaño, destacan en su cuerpo verde claro o amarillento, asemejándolo al felino. El bagre cunaguaro (Brachyplatystoma juruense) se encuentra a lo largo y ancho de las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco, es muy vistoso y puede llegar a alcanzar tallas de 80 centímetros de longitud con un peso mayor a los cinco kilos. Al igual que el bagre doncella, esta especie de la misma familia de los pimelódidos, se encuentran amenazada por la comercialización indiscriminada, llegándose a registrar una disminución en la producción nacional cercana al 90% desde el año 2000 a 2002, según datos de Inapesca.
“Con frecuencia aparece en los mercados de venta por debajo de la talla mínima de captura permitida por las autoridades (superior a 65 cm desde la punta de la cabeza hasta la base de la cola)”, detalla el Libro Rojo al tiempo que exhorta a las autoridades vigilar el caudal actual en las cabeceras de los principales afluentes del río Orinoco, evitando los procesos de deforestación de las cuencas altas.

El reto de conservar especies endémicas
Jon Paul Rodríguez investigador del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas y uno de los autores del Libro Rojo de la Fauna Venezolana, explica que las especies endémicas (aquella que solo se encuentra en una región geográfica particular) como el pavón del Cuyuní, constituyen algunos de los retos más difíciles e interesantes para la conservación de la biodiversidad.
“El desarrollo de un plan de conservación para dichas especies, requeriría tomar decisiones complejas y costosas sobre el manejo de desechos sólidos y la contaminación de los cuerpos de agua. Los recursos para financiar iniciativas de este tipo tendrían que venir de entidades gubernamentales, quizás en perjuicio de otras iniciativas con impacto social o político a corto plazo, más visibles. Resolver un dilema como éste no es asunto fácil. En el largo plazo, tanto especies amenazadas como poblaciones humanas se verían beneficiadas por ríos y lagos más limpios. Sin embargo, en el corto plazo se evidencia el conflicto existente entre atender las necesidades humanas más urgentes con las de los otros seres vivos con los que compartimos el planeta”. No obstante, señala el compromiso que deben asumir los ciudadanos en prevenir la extinción de las especies endémicas porque “no existe ninguna otra parte del mundo donde pueda ser protegida”.

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