Cumbre del clima 2009: consenso que arde

Desde hoy y hasta el 18 de diciembre, se llevará a cabo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático en la ciudad de Copenhague, Dinamarca

Fotos Google/Minamb

Desde hoy y hasta el 18 de diciembre, se llevará a cabo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmcc) en la ciudad de Copenhague, Dinamarca. Serán doce días de intensas negociaciones por lograr un consenso entre los países industrializados y aquellos en vías de desarrollo para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, los cuales continúan creciendo a una velocidad sin precedentes, según las últimas estimaciones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Estos gases, cuya eliminación de la atmósfera puede tomar siglos, son provocados por actividades humanas como el consumo de combustibles fósiles y la agricultura, atrapando el calor e impidiendo su transferencia al espacio.
El boletín anual de esta organización señala que en 2008, las concentraciones globales en la atmósfera de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, principales gases de efecto invernadero, alcanzaron los niveles más altos desde que se llevan registros históricos. Según la publicación, en 20 años las emisiones han aumentado en un 26%, y solamente de 2007 a 2008 se incrementaron en 1.3%.
De algo están seguras las altas autoridades de las Naciones Unidas: las emisiones de gases de tipo invernadero “deben reducirse radicalmente para impedir que el cambio climático se convierta en un caos climático”.

CUMPLIR LAS PROMESAS
Aunque son muchas las voces que aseguran que la cumbre del clima ha fracasado antes de comenzar, el Secretario Ejecutivo de la Cmcc, Yvo de Boer se mostró confiado de su éxito, al hacer referencia a las nuevas promesas y compromisos adquiridos por países como Brasil o Corea del Sur de reducir las emisiones, así como también, la generosa oferta de Japón de adelantar fondos para financiar acciones.
El alto funcionario de la ONU indicó que entre otras señales positivas, se encuentra la presentada por la Unión Europea que acordó un paquete climático y energético con el cual podrá cumplir con su objetivo de reducir las emisiones un 20% respecto de los niveles de 1990 para 2020. De igual manera, de Boer mencionó las intenciones del presidente de Estados Unidos, Barack Obama de alcanzar una reducción del 80% de las emisiones de gases de tipo invernadero para 2050, y retrotraer las emisiones norteamericanas a los niveles de 1990 para el año 2020.
Dijo que el éxito de Copenhague dependerá de que los países industrializados elaboren un listado con compromisos sólidos de reducción de emisiones para 2020 y de que los países en desarrollo establezcan con claridad el ámbito y alcance de su implicación, creando, por ejemplo, un programa de medidas específicas para la disminución del carbono. Asimismo, mencionó que Copenhague debe aportar claridad respecto al apoyo financiero a corto y largo plazo, a las acciones de mitigación y adaptación que se ejecuten en las naciones en desarrollo, y crear un marco adecuado para el uso óptimo de esos recursos.

MODELO ECOSOCIALISTA
La posición que el gobierno de Venezuela llevará a la cumbre del clima está fundamentada en lo que han denominado “el modelo ecosocialista”.
Tal como lo explica un comunicado enviado por el Ministerio de Ambiente, las negociaciones en materia de Cambio Climático se han intensificado este año en la ONU, a fin de conseguir una redistribución de responsabilidades “tomando en cuenta que han sido los países industrializados los que, durante todo el siglo pasado, han degradado la atmósfera debido al aprovechamiento de los recursos naturales bajo una óptica capitalista”.
La nota señala que las negociaciones promovidas por Venezuela se fundamentan bajo el esquema básico de la revolución “en el sentido que la materia cambio climático exige un tratamiento de solidaridad transgeneracional, que garantice a los venezolanos y a cualquier ser que nazca a partir del 2030 un ambiente sano y equilibrado”. A su juicio, el modelo de desarrollo es lo que debe cambiar la humanidad “para poder garantizar a las nuevas generaciones un ambiente sano y un aprovechamiento de los recursos naturales cónsonos”.
Para quienes elaboran las políticas ambientales del país, las comunidades industrializadas son las responsables de la variabilidad climática adversa y las que deben pagar y financiar todos los mecanismos posibles para que los países vulnerables, que no tienen nada que ver en la generación del problema, se beneficien y puedan implementar mecanismos de adaptación nacional ante esta grave amenaza del cambio climático.
“Defendemos el cambio de modelo económico, el cambio de modelo en el aprovechamiento y explotación de los recursos naturales. Siendo nosotros, como lo hemos mantenido, un país muy claro en el papel de los bosques y de la cobertura vegetal, hemos defendido en estas conversaciones que los bosques no son negociables”.
La nota del Ministerio de Ambiente resalta que la Ley de Bosques y Gestión Forestal, emitida en junio de 2008, concibe los bosques no como elementos comerciales, sino como sumideros de CO2, e incluso los inscribe en el papel real que debe tener el nuevo siglo, el de permanecer bajo la soberanía de las naciones. En tal sentido, destaca que la propuesta de Venezuela ha tenido puntos coincidentes con países como Bolivia, Malasia y Brasil.

BUENA DISPOSICIÓN
En el caso específico de Copenhague, la directora de Gestión y Cooperación Internacional del Ministerio de Ambiente, Claudia Salerno explicó que “la visión ambiente es más allá del momento político, el trabajo más arduo comienza el año próximo porque, de concretarse un acuerdo, comenzaremos a trabajar de inmediato”. Así lo reseña una nota enviada por el ministerio en la cual se enfatiza el “compromiso serio y profundo con el tema” del Gobierno Bolivariano, por lo que ante cualquier resultado de este encuentro, “tenemos el resto de la vida para seguir intentándolo”.


Impacto en Suramérica
Según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, grupo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los impactos en los países de América del Sur se verían reflejados en: cambios en la disponibilidad de agua, pérdida de tierras agrícolas o anegamiento de áreas costeras, ribereñas y llanas; con lo que se “agravarían los problemas socioeconómicos y sanitarios, fomentarían la migración de las poblaciones rurales y costeras, y recrudecerían los conflictos nacionales e internacionales.

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