El fuego acelera la degradación boscosa de la Gran Sabana


Así lo señala una investigación financiada por Edelca y la alemana Universidad de Gottingen, cuyos resultados fueron publicados en la revista Scientia Guaianae Nº4

Como una espada de Damocles, el fuego siempre está presente en la Gran Sabana, al sur de Venezuela, uno de los paisajes más atrayentes del planeta, pero ¿cuál es su impacto en este ecosistema?
Una investigación sobre la dinámica bosque-sabana realizada en el sector sureste de la subcuencas de los ríos Yuruaní, Arabopó y Alto Kukenán en el Parque Nacional Canaima, señala que el fuego actúa como un factor acelerador del proceso de degradación de los bosques en la Gran Sabana.
“Se ve que los incendios, que afectan la sabana en un ritmo anual o bianual, alcanzan frecuentemente los bosques”. En el mencionado estudio científico, financiado por la empresa venezolana generadora de hidroeléctrico dar Edelca y la Universidad de Gottingen (Alemania), cuyos resultados fueron publicados en la revista Scientia Guaianae Nº4 (1994), se confirma que existe una “reducción de la superficie boscosa y una expansión de la sabana, esencialmente debido a una combinación de fragilidad latente en la vegetación, baja capacidad de recuperación de ésta y frecuencia de incendios”.

SUELOS MUY POBRES
El estudio explica que esa fragilidad y la baja recuperación de los bosques, se debe a que los mismos se desarrollan sobre suelos muy ácidos, con alta saturación de aluminio; marcada pobreza de nutrientes (principalmente calcio) y con una muy baja relación de calcio y aluminio.
“Estas condiciones limitan la actividad de los microorganismos y fauna del suelo, generando una acumulación paulatina de material orgánico en la superficie de éste y determinan una elevada mortalidad de las raíces que penetran en el suelo mineral”.

Byrsonima verbascifolia, especie de dicotiledonia cuya recuperación frente al fuego resultó más lenta en comparación a las ciperáceas. Foto tomada del libro Scientia Guaianae Nº4


Sin embargo, por algo dicen que la naturaleza es sabia y la misma vegetación se ha encargado de buscar una solución al problema de la pobreza de nutrientes. Según detalla la investigación, gran parte del sistema de raíces finas del bosque se traslada hacia la superficie del suelo “para así capturar y asimilar directamente o por vía de las micorrizas (hongos) los nutrientes liberados por la descomposición del material orgánico allí acumulado”.
No obstante, los investigadores agregan que estas raíces superficiales, en la temporada de sequía, hacen que la vegetación sea susceptible a impactos por la falta de agua y a los incendios.
“En la medida que el bosque pierde los nutrientes almacenados en la vegetación y en la capa orgánica, se va desestabilizando con una consecuente disminución en crecimiento y regeneración vegetal. Si la magnitud de los daños es muy grande o la frecuencia de las perturbaciones es alta, el bosque se va degradando paulatinamente siendo finalmente sustituido por comunidades arbustivas (matorrales) o por sabanas”. Un ejemplo de esto último, son las sabanas que han quedado en Arabopó y Kukenán.

COMPORTAMIENTO DEL FUEGO
Con el apoyo de la CVG Estación Científica Parupa, se ejecuta un proyecto de investigación a largo plazo coordinado por los profesores Bibiana Bilbao, Carlos Méndez, Alejandra Leal y María Dolores Delgado, todos adscritos al Laboratorio de Ecología Vegetal, de la Universidad Simón Bolívar.
El objetivo del experimento es conocer el comportamiento del fuego y el impacto del régimen de quemas en las características de la vegetación, suelo y atmósfera en las sabanas de la cuenca del Alto Caroní. Para esto han escogido una zona de estudio cercana a la Estación Científica Parupa, al norte de la Gran Sabana, donde abundan las gramíneas (Axonopus anceps, Axonopus pruinosus, Trachypogon plumosus) y las ciperáceas (Lagenocarpus rigidus y Bulbostylis paradoxa); mientras que las dicotiledóneas (Vismia sp. y Byrsonima verbascifolia) son muy escasas.

Bulbostylis paradoxa, ciperácea que evidenció una fuerte recuperación después de la quema.Foto tomada del libro Scientia Guaianae Nº4


En los primeros resultados de la investigación se observó que las especies dominantes estudiadas, reaccionaban ante el fuego rebrotando. “Las gramíneas y ciperáceas mostraron altas tasas de crecimiento longitudinal en rebrotes después de la quema con respecto a las dicotiledóneas, evidenciando, su buena capacidad de respuesta y resistencia a la acción del fuego”. Por su parte, las dicotiledóneas evidenciaron una recuperación más lenta, “aunque la sobrevivencia reportada en las últimas fechas de evaluación (un año después de la quema) fue casi del 100%”.
“En todas las parcelas quemadas se observó la floración profusa de Bulbostilys paradoxa. Esto parece reflejar una respuesta específica de este organismo frente al fuego, debido a que en las parcelas de control, nunca se observó individuos en estado de floración durante el período de muestreo”.
Estos resultados permiten deducir que “estas comunidades vegetales poseen una baja capacidad de recuperación frente al fuego, ya que si bien se presenta una alta sobrevivencia de las especies dominantes, en un ciclo de un año no alcanzan su estado inicial en lo que respecta a la cobertura”.
Para los científicos de la USB, “esto podría representar un punto clave en la degradación del paisaje de la Cuenca alta del Río Caroní”, por lo que esperan continuar sus investigaciones con el fin de evaluar el impacto de los frecuentes incendios a largo plazo.
Fragilidad
1.- Los suelos de la Gran Sabana son muy pobres en nutrientes, muy ácidos, con problemas de toxicidad de aluminio a muy poca profundidad de los horizontes del suelo, generalmente a los 40 o 50 centímetros, lo que impide que las raíces penetren lo suficiente.
2.- Las raíces se limitan a desarrollarse en esos centímetros donde está almacenada el agua, que no es suficiente para mantener el verdor del bosque durante la época seca.
3.- La defensa de estos árboles durante la sequía es su desfoliación, en la cual las hojas se caen al suelo y hacen un manto espeso (material combustible) sobre la superficie, lo cual favorece aún más al fuego cuando penetra en el bosque.
4.- El bosque muere y viene un proceso sucesional, donde rebrotan las especies dominantes y los arbustos. En los suelos hay mucha materia orgánica (cenizas) pero la capacidad de regeneración es lenta y el fuego entra cada año.
5.- Debido a la alta precipitación, altas temperaturas y la alta humedad, las ramas y las hojas se descomponen rápidamente en la época de lluvias y las raíces y hongos permiten que esa materia orgánica sea asimilada nuevamente por la planta. Prácticamente, la planta se alimenta de si misma y al eliminar esto, el suelo no tiene capacidad para darle oportunidad a otra vegetación que se instale ahí. La lluvia arrastra la materia orgánica (cenizas) quitándole a la planta los pocos nutrientes para existir, llega un momento en que la sabana no tiene capacidad para regenerarse y de ahí vienen los procesos de desertificación.

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