Día Mundial para la Protección de la Capa de Ozono


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Tumores cancerosos, alteración química de las plantas, deterioro del ecosistema marino, son algunas de las alteraciones que sufrirían los seres vivos, si los rayos ultravioleta del sol entraran directamente a la superficie de la Tierra.
Pero el planeta cuenta con la capa de ozono, una zona en la estratosfera que permite filtrar los rayos ultravioletas procedentes del sol, evitando los dañinos efectos sobre la humanidad y el medio ambiente. La importancia de esta zona para el mantenimiento de la vida terrestre llevó al ambientalista venezolano Erick Quiroga a tomar la iniciativa, que luego fue aprobada por las Naciones Unidas, de celebrar cada 16 de septiembre el Día Mundial para la Protección de la Capa de Ozono.

A POCOS KILÓMETROS
El ozono es un gas que se encuentra en una de las capas de la atmósfera llamada estratosfera. La alta densidad del ozono en la estratosfera forma lo que se conoce como la capa de ozono cuya mayor concentración se encuentra aproximadamente entre los 20 y 27 kilómetros de altura, sobre la superficie terrestre. Este gas se forma debido a la acción de los rayos ultravioleta procedentes del sol y de las descargas eléctricas sobre las moléculas de oxígeno, las cuales absorben esta energía transformándose en ozono (O3). De forma tal que esta capa actúa como filtro de las peligrosas radiaciones ultravioletas, llegando sólo una pequeña cantidad de ellas a la superficie de la Tierra, las cuales son necesarias porque facilitan la absorción de la vitamina D.

ATAQUES
Sin embargo, la capa de ozono es atacada por elementos como el cloro, metano, bromo y flúor; los cuales se liberan de los compuestos sintéticos que se originan en los aerosoles, frigoríficos, aires acondicionados, extintores, productos de limpieza, disolventes y también en la fabricación de los materiales de aislamiento térmico a espumas plásticas.
Estos compuestos, mejor conocidos como clorofluorocarbonos, van debilitando la capa de ozono generando los conocidos “agujeros negros”, los cuales se ubican sobre los polos. Uno de los primeros científicos en comprobar los efectos perjudiciales de los clorofluorocarbonos fue el mexicano y Premio Nobel de Química, Mario Molina quien dijo que estos compuestos “pueden permanecer en el medio ambiente varias décadas, y algunos de ellos casi un siglo. Los efectos que en la capa de ozono vemos hoy en día son debidos a los compuestos emitidos hace uno cinco, diez o quince años".
Asimismo, además del efecto de los gases y productos químicos producidos por el hombre, las erupciones volcánicas y el afecto invernadero provocan un recalentamiento de las capas inferiores de la atmósfera, las cuales generan un enfriamiento de la estratosfera que a su vez estimula la formación de partículas de hielo que facilitan la liberación del cloro y por consiguiente la destrucción de la capa de ozono.
Sin embargo, “desde 1950 la producción mundial de clorofluorocarbonos crece entre un 7 y un 10% anual. Esa tasa de crecimiento significa que se duplica la producción de estos gases cada diez años, aproximadamente. En los años 80 se alcanza y supera la producción anual de un millón de toneladas de clorofluorocarbonos”.

CONSENSO MUNDIAL
Un primer trabajo científico de Mario Molina y Sherwood Rowland alertó en 1974 sobre el peligro de los compuestos químicos; sin embargo no fue sino hasta 1987 cuando se logró un fuerte consenso internacional sobre la necesidad de proteger la capa de ozono.
El Informe de la Unidad de Acción por el Ozono del Programa de las Naciones Unidas detalla que “la necesidad de un protocolo surgió casi de inmediato, cuando se publicó en junio de 1985 la primera demostración de la existencia del agujero de la capa de ozono de la Antártica. Las negociaciones mundiales sobre un protocolo se iniciaron sin tardanza y dieron lugar a la aprobación, en septiembre de 1987, del Protocolo de Montreal el cual constituye el fundamento jurídico de los esfuerzos mundiales por salvaguardar la capa de ozono mediante controles sobre la producción, el consumo y el uso de sustancias que agotan el ozono”.
Más de 150 países han ratificado el Protocolo de Montreal, de los cuales un tercio de éstos son desarrollados y dos tercios son países en desarrollo. Por otra parte, en febrero de 2005 entró en vigencia el Protocolo de Kyoto con la aprobación de más de 140 países que decidieron asumir el compromiso de disminuir para 2008-2012, las emisiones de gases de efecto invernadero a un 5 por ciento menos del nivel de emisiones de 1990.
Sin embargo, a la luz del último informe elaborado por 250 científicos de la Organización Meteorológica Mundial, (OMM) y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) bajo el título “Evaluación Científica del Agotamiento del Ozono del PNUMA/OMM”, las investigaciones realizadas en 2002 preveían una completa restauración de la capa de ozono para el año 2050, sin embargo, “las nuevas mediciones de los científicos reflejan que ese momento tardará en llegar entre 5 y 15 años más de lo previsto, según las zonas geográficas”.

ESPERANZAS
Aunque parezca lejana la recuperación de la capa de ozono, el científico mexicano, Mario Molina vislumbra una esperanza para mediados de este siglo. “En la actualidad los agujeros de ozono de los polos se mantienen estables y será dentro de unos veinte años cuando empezarán a disminuir debido a la desaparición progresiva en la estratosfera de los clorofluorocarbonos”. Molina está convencido que las medidas adoptadas por los países signatarios del Protocolo de Montreal han surtido efecto. Pero tal como lo asegura este Informe de Naciones Unidas, “aún queda mucho por hacer”. Fuentes consultadas: Enciclopedia Océano, PNUD y Tierramérica.
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