miércoles, 29 de julio de 2009

Especial Aniversario Ciudad Guayana

La utopía de repensar la ciudad
Para el psicólogo social con doctorado en Antropología, Luis d´Aubeterre, el modelo de desarrollo concebido hace 48 años para Ciudad Guayana resultó insostenible, lo que a su juicio obliga a otra construcción de ciudadanía

Celebrar este aniversario de Ciudad Guayana evaluando el progreso humano que ha tenido a lo largo de sus 48 años de corta existencia resulta “un ejercicio de imaginación utópica”, a decir del psicólogo social Luis d´Aubeterre, responsable de los estudios sobre “Identidad y Discursividad” del Centro de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Uneg).
“La historia da cuenta de la insostenibilidad de un desarrollo humano, al menos en los términos entendidos hasta buena parte del siglo 20 y que aún perdura”.

¿Por qué un proyecto que se concibió por expertos en planificación urbana, resultó insostenible?
Guayana fue un proyecto basado en los polos de desarrollo que apuntaban a la creación de una especie de centro generador de un sinnúmero de procesos productivos, que debían generar en su periferia dinámicas que iban a fortalecer el polo, el cual iba a armonizar los procesos productivos con los de consumo y viceversa, impactados a su vez por los otros polos de desarrollo que iban a estar coexistiendo, y ya de alguna manera, prefigurando el proceso de globalización. Un proceso que al final se cayó por las perturbaciones de todo tipo que comenzaron a aparecer en los polos de desarrollo, que tuvieron que ver con la imposibilidad de sostener en el tiempo estos procesos de explotación bestiales.

¿Cómo impactó eso en lo humano?

Sin duda que la afectación hacia lo humano de muchos de estos procesos son directos para quienes están implicados en el proceso mismo de producción extractiva y de elaboración primaria y secundaria. Ese paraíso del desarrollismo y el progreso del que tanto se habló, parece cada vez más perdido e inalcanzable y que en todo caso, los costos sociales son terribles y esto ha derivado en enfermedades laborales y en una enfermedad peor, aparentemente irreversible, que tiene que ver con los grandes ríos sobre los cuales se planificó y desarrolló Ciudad Guayana. Los ríos Orinoco y Caroní están en un proceso de contaminación cada vez más irreparable y el mismo proceso productivo, con sus posibilidades de mantenerse en el tiempo, parece ser que está cada vez más cuesta arriba, lo que conlleva a una crisis económica, emocional y psicosocial de las personas que apostaron su vida a un proyecto de desarrollo alternativo no petrolero, pero que seguía bajo la misma utopía progresista y desarrollista de los siglos 19 y 20, que apunta finalmente a devorar todo lo que tenga la tierra en sus adentros y a tratar de producir una materia prima, exigidos en otros mercados, para luego devolverla como elementos tecnológicos sofisticados por los cuales se paga muy caro.

Pero ¿en ese polo de desarrollo no estaba implícito el progreso humano?
El proyecto de ciudad dedicada a la producción no tenía visos humanistas, lo que si se hizo fue hacerla lo más funcional posible a todo lo largo de un eje vial que permitía, por un lado la comunicación de aquellos contingentes que venían a trabajar y a proveer la mano de obra calificada que venía del otro lado del Caroní; y por otra parte, una ciudad que tuviera pretensiones de modernidad suficientes y de eficiencias en servicios. Sobre esa dicotomía se construyó una ciudad que luego, después de la década de los 90, cuando se inició el proceso de Alcaldía electa por sus ciudadanos y de involucramiento de la ciudadanía por aquello de hacerla participar en sus procesos de toma de decisiones, sin duda que se va construyendo una ciudad con la posibilidad de ser apropiada por sus habitantes, creando las bases aún incipientes de una ciudadanía con sentido de pertenencia que se está formando desde las dos últimas décadas.
El proceso de construcción de ciudadanía parte también de una intención de Estado, una intención regulatoria que propicie participación, esto que significa imaginarse a sí mismo dentro de la ciudad donde se vive y que esa ciudad me imagine y me de cabida para que yo exista e interactúe con otros, y eso se ha venido construyendo de manera contradictoria.
Luego de 48 años de fundada, ¿Qué lectura tiene de la actual coyuntura que vive la ciudad?

Estamos en una encrucijada de caminos, crucial y muy crítica, porque la situación de crisis de las empresas básicas hablan de un proyecto que ya tiene más de 40 años, un proyecto de modernidad tardía que aparentemente no rinde los frutos que se esperaban y que implicaría repensar la ciudad, lo que supone repensar el sur, esta gran parte de Venezuela donde está la Amazonía, compartida con otros países, que a su vez alberga la mayor diversidad biológica del planeta, y las posibilidades ciertas de una decisión crucial que puede ser para bien o para mal, en lo que sería otra definición de ciudad, otra construcción de ciudadanía a partir de un proyecto distinto a la concepción extractivo minero, y eso es apostar a una utopía de la cual aún no se ha escrito.
Pareciera que no hay los recursos para reapuntalar estructuras, procesos productivos y tecnológicos, que implicaría algo que no presenta visos de sostenibilidad económica y tecnológica y por otra, dejando solamente la lectura local de la ciudad y sus empresas básicas y expandir la mente para tratar de comprender los ecosistemas ribereños, del bosque y las disyuntivas que se plantean con la subida de aguas de los océanos que necesariamente, va a implicar inundación del delta del Orinoco, reflujo, salinización del Orinoco y un cambio en lo que es la hidrodinámica del Caroní con las consecuentes perturbaciones en los procesos de generación de energía eléctrica, lo que obliga repensar todos los procesos de industrialización del sur de Venezuela.

¿Qué acciones se deben implementar para seguir construyendo ciudad?
El ejercicio de imaginación utópica al cual nos obliga estos 48 años es tremendo, fabuloso pero también aterrador, por la persistencia e insistencia de una visión desarrollista, modernista y decimonónica. Estamos hablando todavía en los términos del espíritu positivo que data de 1876, retomando la idea de hacer de Guayana un emporio, ¿De qué? ¿Para qué? y ¿Por qué?, con más ciudades del hierro y del acero. Es finalmente, perder de vista las grandes preocupaciones planetarias, en función de tratar de seguir alimentando una especie de deseo visceral por seguir extrayendo minerales de la corteza, cuando los mercados están quebrados, y se está más bien pensando en la adopción de otras medidas energéticas distintas a las que tenemos. La utopía que se está pensando no parece ser la que tenga las mayores posibilidades de sostenibilidad en el tiempo.
RelegadosExplicó Luis d´Aubeterre que durante los años 80, los países de la Europa comenzaron a experimentar un giro tecnológico hacia la robotización y la imposición de la cibernética en los procesos productivos de alto riesgo (empresas básicas, sector automotriz) por lo que decidieron “que lo sucio de la producción era preferible que ocurriera en otros lugares, para ellos poder limpiar sus ecosistemas degradados y eso apuntaba a que los procesos burdos y toscos, fueran relegados a otros espacios del tercer mundo como África, Asia y América Latina. Eso coincidió con el polo de desarrollo de Ciudad Guayana, con el cuarto plan de desarrollo de las empresas básicas y en eso estamos todavía”.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...