Especial Aniversario Ciudad Guayana

“Una ciudad necesita espacios para ejercer la ciudadanía”

Para el magíster en Filosofía, Roger Vilain, es tiempo de “ser más capaces de hacer esa labor crítica ciudadana al poder y en ese sentido construir ciudad”, lo que supone una mejor educación

Fotos flickr.com

A sus 48 años, “Ciudad Guayana tiene poco que celebrar”. Así de concluyente es el agudo juicio de Roger Vilain, licenciado en Letras de la Universidad de Los Andes con maestría en Filosofía de la Universidad Católica Andrés Bello y coordinador del Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Uneg).
Un aniversario más de esta ciudad concebida como la alternativa no petrolera del país y centro de la industria pesada nacional, epítetos que evocan una visión desarrollista que impregnó aquel 2 de julio de 1961, pero ¿y lo humano?
Para quien es un acucioso escudriñador de la vida cotidiana, cuyas reflexiones han sido plasmadas en su reciente libro “Palabra de urbe”, una ciudad va más allá de las calles y el alumbrado público, las aceras y los brocales e incluso de un centro comercial. “Una ciudad tiene que tener un elemento añadido fundamental que toca el aspecto estrictamente humano”.

¿Cuáles son esos elementos que hacen una ciudad humana?
Me refiero a esos lugares de esparcimiento, necesarios para la convivencia mutua, para ejercer la palabra, para la distracción en familia o con amigos, para pasear, para pensar, para la reflexión como el cine y el teatro, que sirven para ver al mundo de otra manera. Para admirar la creatividad humana y estar en contacto con el arte y en ese sentido, esta es una ciudad muy pobre. Ha tenido sus altas y sus bajas como cuando teníamos la Sala de Arte Sidor, que era un punto de referencia. Estos espacios son los que hacen que una ciudad merezca ese calificativo, porque sino sería una cantidad de caminos y calles entrecruzadas y eso sería solamente un conglomerado humano. Una ciudad necesita espacios para ejercer la ciudadanía.

Pero hace 48 años, esta ciudad fue concebida como una urbe planificada. ¿Cómo se entiende el hecho de no haber proyectado esos espacios?

Una ciudad esta en función de su gente que es la que hace la ciudad, no nos van a construir una mejor ciudad, el calificativo de ciudad magnífica, de ciudad mejor, no va a llegar por obra y gracia del espíritu santo, eso lo debemos construir nosotros y eso pasa por exigir, pedir las cosas que hacen falta pero con contundencia, dar el golpe sobre la mesa. Creo que hay que manifestarse y exigir cosas que quizás se ven menos, pero que a la larga llegan a ese punto de fuga como exigir una mejor educación, mejores condiciones de vida, eso que finalmente permitirá que como país despeguemos. En la medida en que tengamos una mejor educación vamos a ser más críticos, más exigentes, más capaces de hacer esa labor crítica ciudadana al poder y en ese sentido, construir ciudad, acceder a una mejor ciudad, pero porque la exigimos y seamos capaces de construirla.

¿En qué se ha convertido la otrora ciudad planificada?
Esta es una ciudad donde predomina el afán de lucro, el afán del contrato, la parcelita económica con el gobierno; y lo relativo a exigir y acceder a otras condiciones de vida, lo ubicamos en un segundo lugar y eso es triste, quizás porque esta es una ciudad bastante joven que requiere sedimentarse. Si bien ya tenemos generaciones formadas aquí, sigue siendo una ciudad aluvional, por sus características económicas y sociales, por el hecho de estar las empresas básicas, es una ciudad que tiene que hacerse todavía, repensarse otra vez, labrarse una ciudad planificada y saber que ese mito de la planificación fue, tiempo pasado. Hoy día, Ciudad Guayana es cualquier cosa menos planificada, ya nos sobrepasaron los problemas. Una ciudad planificada no puede tener la cantidad de asesinatos, muertes y robos que ocurren aquí, por mencionar un solo problema. Una ciudad planificada no tiene el déficit de actividades culturales ni los niveles de basura y de contaminación atmosférica que tiene Ciudad Guayana, por eso aquello de la ciudad que fue planificada hoy en día es un mito, no existe.
¿Cómo se debe “celebrar” lo que en su momento se creyó que iba a constituirse en una ciudad moderna llamada a elevar los niveles de bienestar y progreso de la población?

Debemos celebrar este aniversario reflexionando la ciudad, repensándola y tratando de exigir, alzar la voz, para que estos problemas comiencen a disminuir, pero sobre el hecho de una actividad o de una acción.
¿Cómo debe ser ese accionar de los ciudadanos?

Como ciudadanos somos los contralores de la autoridad, somos los que debemos marcar el rumbo, aprobando o no, criticando y señalando. Más allá de no orinar en plena calle o botar la basura, tenemos que acostumbrarnos a exigirle al funcionario público cuentas claras, que cumpla con la mayoría de sus promesas, que sea serio en su gestión, que se lleve de la mano la política con la ética, tenemos que ser mucho más críticos y escrutadores de esa gestión municipal. Vamos a tener mejores autoridades e instituciones políticas con más y mejor política; esto no se va a lograr con más ética porque son cosas diferentes, por supuesto que la ética alimenta a la ciudadanía y en ese sentido será un mejor padre de familia, un mejor ciudadano, un mejor maestro, pero si queremos tener mejores instituciones políticas debemos tener mejores políticos, mejor gente formada para eso y a veces no nos damos cuenta que llegan los menos indicados para esos cargos.

“Mirada”
Roger Vilaín expresa una “Mirada” sobre lo que considera “esa selva de cemento” en que se ha convertido la ciudad:
“Ciudad y ciudadanos, construidos mutuamente, digo yo, como un diálogo que se
alimenta poco a poco, marchan cada uno en direcciones contrapuestas. Cualquiera
vive de espaladas a la urbe, y viceversa. Cualquiera transita por las avenidas
pero éstas de ningún modo tienen lugar en su conciencia. De ahí, claro, tenemos
un conglomerado de edificios, asfalto y carros, pero con muy pocos espacios. Los
espacios aquí huelen y saben a materia ferrosa y a aquella frase desgastada por
los años y la inopia: “empresa básica”. Y esto es peligroso, en esencia porque
el peldaño de la ciudadanía reposa entonces sobre las espaldas del Estado”.
(Fragmento de “Palabra de urbe”, página 159)
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