La fuerza del Águila Harpía

Fotos cortesía Alexander Blanco

Es considerada por algunos investigadores como un pequeño halcón de gran agilidad que al momento de capturar su presa, puede llegar a desarrollar 180 kilómetros por hora. Según el Libro Rojo de la Fauna Venezolana es una especie vulnerable mientras que para la Convención Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, el águila harpía se encuentra en peligro de extinción


La fuerza de sus garras la convierten en el ave cazadora más potente del mundo. Para la mitología griega eran “monstruos alados de garras afiladas con cara de mujer y cuerpo de buitre”. Su imponente y abrumadora presencia ha sido mencionada incluso por filósofos y escritores como Aristóteles o Dionisio.

La Harpía (Harpia harpyja) es una de las tres águilas más grande del mundo. Junto al águila morena de Filipinas y el águila coronada de África, son las tres aves rapaces más grandes en cuanto a tamaño y peso.
Diversos estudios la ubican desde el sur de México, pasando por Centroamérica hasta Colombia, Ecuador, Perú, el oriente de Venezuela, las Guyanas al sur, oriente de Bolivia y Brasil hasta llegar al extremo nororiente de Argentina.
En Venezuela, la distribución histórica recorre el norte del río Orinoco, en la zona de la cordillera de la Costa, los estados Aragua, Carabobo, Cojedes, la sierra de Falcón, la sierra hacia Monagas, con algunos avistamientos en la Sierra de Perijá. No obstante, al sur del Orinoco es donde se concentra la mayor población registrada, siendo la Reserva Forestal de Imataca la de mayor concentración y distribución de esta especie a nivel nacional.
El investigador venezolano Alexander Blanco, coordinador del Programa de Conservación del Águila Harpía, considerado uno de los proyectos vanguardia a nivel internacional, dijo que en la actualidad existen 44 nidos monitoreados en la extensa área de Imataca.
Mencionó que entre el 70 y 80 por ciento de la concentración de los nidos o de la territorialidad de las aves, se ubican al sur del Orinoco, porque aunque hay una intervención marcada, es mucho menos de la que existe al norte del río padre, “por el crecimiento demográfico”.
Para Blanco la destrucción del hábitat es la principal amenaza que se cierne sobre esta especie, lo que ha repercutido en la sobrevivencia y la repoblación en algunas áreas naturales. A su juicio esta destrucción puede estar aunada a la acción de carreteras de penetración y aprovechamiento forestal en algunas áreas; la tala y quema para la expansión agropecuaria y la minería clandestina en zonas determinadas; además de la cacería en sus tres tipos: deportiva, la de subsistencia y la cacería de coleccionista.
De hecho, la Convención Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) la ubica entre las especies en peligro de extinción, mientras que la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la reporta como casi amenazada y a nivel de Venezuela, el Libro Rojo la identifica como especie vulnerable.

SOLITARIA PERO FIEL
Es considerada por algunos investigadores como un pequeño halcón de gran agilidad que al momento de capturar su presa dentro del bosque, puede llegar a desarrollar 180 kilómetros por hora. La harpía es la que tiene las garras más grandes, incluso más que las de un oso pardo, lo que indica la fuerza y la capacidad de aprehensión al momento de capturar su presa natural que suele ser, en un 80 por ciento, los perezosos, aunque igual se alimenta de monos, cachicamos, guacamayas, lapa, picure, arrendajos e iguanas.
El hábitat de la harpía se reduce a selvas poco intervenidas con una altura oscilante entre los 600 metros hasta 1.200 metros de altura, pero puede tolerar áreas donde se realicen explotaciones agrícolas, mineras o cultivos alternativos dentro de las zonas boscosas.
La harpía es de hábito solitario, sólo se le puede ver en pareja cuando se consigue el nido y están en el ciclo reproductivo, ambos individuos construyen el nido que es parte del apareamiento o cortejo del macho hacia la hembra.
De esto sabe muy bien el investigador Alexander Blanco quien ha sido el único en alcanzar el nido de un águila harpía, no sin antes sortear unos cuantos sustos. “Generalmente, construyen sus nidos en grandes árboles emergentes del bosque, como Algarrobo, Merecurillo, Capaetabaco y Zapatero; aunque su predilección, en un 70 por ciento, es la Ceiba”.
Ha conseguido nidos que llegan a medir en diámetro hasta los dos metros, con una altura promedio entre lo 70 centímetros hasta 1metro 10 cm. y un peso de hasta 100 kilos.
La cópula puede durar entre uno a dos meses con repeticiones de hasta 5 ó 6 por día, al nacer, el polluelo es de color blanco y posterior a los tres meses, le comienzan a salir las primeras plumas, que van definiendo mejor el plumaje característico para emprender luego las acciones de vuelo. Suelen vivir con sus padres durante 3 años.
Blanco confirmó la fidelidad que caracteriza a las harpías, no sólo hacia su pareja sino también a su nido. “Estas aves son monógamas incluso, si muere uno de los individuos es muy difícil que el otro vuelva a ser pareja. Hay un nido en Guyana donde la pareja reproductiva lleva 45 años reproduciéndose en el mismo árbol”.

PROYECTO VANGUARDIA
El Programa para la Conservación del Águila Harpía ha recopilado una valiosa información a lo largo de dos décadas investigando y conociendo el hábitat de esta especie en peligro de extinción, siendo el pionero de estos estudios, el guayanés Eduardo Álvarez. El programa se dedica a determinar la territorialidad de esta especie mediante la localización de las parejas en sus nidos y posterior colocación de transmisores satelitales. Asimismo, estudian el comportamiento del animal como individuos y los parámetros de anidación y sobrevivencia de la especie.
Esta actividad la realizan no sólo en Venezuela sino en diferentes áreas de su distribución en América Latina, para luego establecer estudios comparativos de un tipo de bosque en relación a otro. En la actualidad, Blanco y el equipo de investigadores que le acompañan, se encuentra en la ciudad de Campeche en México ubicando nidos de águila harpía, luego de haber culminado la investigación en Ecuador.
Otro de los objetivos del programa es incentivar en las instituciones públicas y privadas la reglamentación del uso de la tierra, por lo que se ha logrado que en muchas concesiones forestales se desvíe el corte forestal hacia otro lote boscoso cuando se observa un nido de águila arpía en uno de los árboles del área.
Mayor investigaciónAlexander Blanco dejó claro que aún falta mucho por investigar. “Si en la actualidad existen en Venezuela unas 15.5 millones de hectáreas de bosques que se encuentran bajo un régimen especial de conservación, hemos conseguido 44 nidos y si se toma en cuenta que el territorio de una pareja activa son de 10 kilómetros cuadrados aún no hemos conseguido ni siquiera el 10 por ciento de las poblaciones de águila harpía que pueden existir en el país”.
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