Caracoles "centinelas"

Un estudio realizado por la Estación de Investigaciones Hidrobiológicas de Guayana, adscrita a la Fundación La Salle permitió conocer que unos pequeños caracoles del género Pomacea, provenientes de la laguna Bajo Grande, pueden servir como vigilantes de la contaminación con mercurio

Son pequeños y “babosos”. Al tocarlos, sus cuerpos se esconden en esas conchas de color marrón chocolate que no dejan ver ni siquiera sus tentáculos largos. No parecieran “centinelas”, pero en el Laboratorio de Mercurio de la Estación de Investigaciones Hidrobiológicas de Guayana, adscrita a la Fundación La Salle, en San Félix, los caracoles del género Pomacea sp. son organismos que dan señales de alerta sobre los procesos que pueden estar pasando en un ecosistema acuático, una especie de biomonitor.
Y vaya si lo son. Luego de un año, sometidas a ensayos de contaminación con mercurio, las Pomacea arrojaron resultados sorprendentes para los científicos.
Oriana Farina, bióloga de la Fundación La Salle

OBJETIVO
El estudio sobre “Toxicidad, bioconcentración y efectos del mercurio en el gasterópodo Pomacea sp., fue desarrollado por los investigadores Oriana Farina, Luis Pérez y Magdalena González con el objetivo de determinar la concentración letal media, los factores de bioconcentración para el mercurio y los efectos en el crecimiento del caracol debido a la exposición al metal.
Tanto los caracoles como las muestras de sedimento para el bioensayo fueron colectados en la laguna de Bajo Grande que se encuentra en la vía El Pao, en el sector Bajo Grande del Municipio Caroní. Se realizaron un total de tres bioensayos en los cuales se evaluaron la toxicidad del mercurio tanto en sedimentos como en fase acuosa. Cabe destacar que la concentración de mercurio total (en sedimento) al que estaban expuestos los caracoles en la laguna de Bajo Grande era de 2,75 partes por millón (ppm), un valor “muy superior al rango reportado de concentraciones basales para el metal en sedimentos de agua dulce (0,004 – 0,051 ppm)”.

RESULTADOS
Los resultados de la investigación señalan que “la exposición a mercurio asociado a sedimentos resultó en una concentración letal media en Pomacea sp. de 327,56 ppm, con detrimento en la biomasa del caracol como signo de deterioro fisiológico”.
Oriana Farina, bióloga con maestría en Ciencias Biológicas (Universidad Simón Bolívar), explica que los individuos de Pomacea sp. vienen de tolerar un ambiente donde hay casi 3 ppm de mercurio y éstos exhibieron además una elevada concentracion letal media para el metal asociado a sedimentos (327 ppm), lo que significa que si se contaminaran los sedimentos del ecosistema con esta concentración de mercurio, se acabaría con la mitad de la población de los caracoles presentes.
Añade que haber obtenido un valor de concentración letal media de mercurio tan alto para el caracol –mucho más que el valor reportado en la literatura-, significa que la población del caracol proveniente de la laguna de Bajo Grande, “muestra una alta tolerancia al mercurio, posiblemente debido a que la población natural del caracol ha estado expuesta durante mucho tiempo a concentraciones considerables de mercurio en los sedimentos de su hábitat”.
“Dado que, el término tolerancia incluye tanto aclimatación (tolerancia no genética) como adaptación (tolerancia genética), ésta puede involucrar el desarrollo de una nueva tolerancia en una población, como respuesta a la contaminación por metales, o puede involucrar la selección de individuos tolerantes dentro de una población; en donde el impacto de los metales en las poblaciones y comunidades, comprende tanto la pérdida de los individuos sensibles dentro de la especie, como bien la pérdida de especies sensibles. Por lo tanto, la alta tolerancia a mercurio mostrada por la población de Pomacea pareciera estar relacionada a una histórica exposición a mercurio en su ambiente natural”.
En cuanto a los valores de bioconcentración para el mercurio en fase disuelta, Pomacea sp. mostró valores de hasta 1200 veces mayores a la concentración de mercurio a la que fueron expuestos en el agua de los bioensayos. “Estos valores obtenidos concuerdan a los reportados para organismos como los bivalvos y moluscos, los cuales están predispuestos a acumular metales pesados, mostrando niveles significativamente más altos de acumulación respecto de otros organismos”.

INVESTIGAR PARA PREVENIR
La finalidad de estas investigaciones son poder ir “alimentando” modelos predictivos acerca de la contaminación en embalses, pero a juicio de Farina es necesario seguir investigando y generando toda la información que se requiere para “alimentar” esos posibles modelos, como por ejemplo establecer cuales son los factores fisicoquímicos y biológicos más importantes que influyen en la toxicidad del mercurio.
Además, insiste en ir profundizando los estudios sobre los biomarcadores, señales de alarma que da la bioquímica de los organismos antes de que los daños que ocurran en las poblaciones o comunidades de organismos sean irreversibles.
“Es probable que una contaminación crónica, en este caso de mercurio, pueda mermar a la larga, las poblaciones de caracol y éste a su vez a los organismos que se alimentan de él, produciendo así un desequilibrio ecológico. La idea de trabajar ahora con los biomarcadores (tipificarlos y estandarizarlos) es conocer cómo la bioquímica de estos organismos se altera en presencia del mercurio y utilizar esa información para predecir si van a ocurrir esos cambios y tomar acciones en el presente. Más que remediación que sean acciones de prevención, antes de lamentar daños irreversibles en el ecosistema”.




Laboratorio de Mercurio de la Fundación La Salle
en San Félix (Campus Guayana)





Problema de salud pública
La investigación de la Fundación La Salle hace referencia a la literatura científica que advierte sobre la contaminación por mercurio producida debido a las actividades de pequeña minería aurífera, “lo que se ha convertido en un problema mundial y de carácter prioritario, debido al ingreso, deposición, movilización y biodisponibilidad de este metal pesado en el ambiente, representando riesgos para el ecosistema como para la salud pública”.
Al respecto, varios trabajos documentados sobre la minería en la región de Guayana señalan que el río Caroní, “ha estado sujeto a actividades de pequeña minería desde finales del siglo XIX, en donde se han descargado por lo menos 5 toneladas de mercurio”.
Para nadie es un secreto la tradición minera de una región como Guayana y eso lo corrobora la bióloga, Oriana Farina. “El mercurio que está presente en el ambiente proviene de toda esa histórica emisión del metal que ha habido en Guayana, sometida a la explotación minera artesanal con utilización de mercurio metálico en el proceso de extracción y amalgamación, donde todo ese mercurio presente en el oro azogado se evapora pasando a formar parte de la atmósfera cuando se realiza la quema de la amalgama al aire libre. Ese mercurio no se va a desintegrar, todo metal se transforma por lo que ese mercurio que pasa a la atmósfera vuelve nuevamente a precipitar y pasa a formar parte del ecosistema acuático, en el agua, en los sedimentos y en la biota”.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...