Carnavales por la cuenca del Caura

Foto Javier Mesa

Prístina para algunos, laboratorio natural para otros, es una de las cuencas poco intervenidas por la mano del hombre que destaca por albergar el misterioso Parque Nacional Jaua-Sarisariñama, santuario de tres grandes tepuyes o mesetas cuyas alturas oscilan entre 2.500 y 2.300 msnm


Fotos Google
Selva, río, sol y lluvia son elementos naturales que le acompañarán en una travesía mágica hasta los confines de la cuenca del río Caura, ubicada en los municipios Sucre y Cedeño del estado Bolívar.
Prístina para algunos, laboratorio natural para otros, es una de las cuencas poco intervenidas por la mano del hombre. Sin duda que el imponente salto Pará, con su caída de 80 metros que marca la separación entre la parte baja y la parte alta de la cuenca del río Caura, aunado a lo intrincado de la selva y la ausencia de vías de penetración, han contribuido en la conservación de las 5 millones de hectáreas que conforman uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del mundo.

Según la organización venezolana ambiental Acoana, esta cuenca posee una biomasa aproximada de 1.400 millones de toneladas, prestando un servicio ambiental contra el calentamiento global al producir el equivalente de 700 millones de toneladas de carbono. Además, conserva el 17 por ciento de las especies florísticas del país y más del 32 por ciento de la fauna nacional y reporta una diversidad étnica representada actualmente por siete grupos indígenas: Ye`kwana, Sanema, Hotï, Pemón, Guajibo, Piapoco y Kariña.
La “selva virgen” de la cuenca del río Caura abarca el Parque Nacional Jaua-Sarisariñama y los monumentos naturales Sierra Maigualida, Ichún-Guanacoco y las Cataratas de Pará.

Salto Pará

BOSQUES QUE CAUTIVAN
“Los bosques del Caura poseen características que los hacen únicos. Por un lado en la parte baja presentan características orinoquenses y en la parte alta se presentan como los bosques amazónicos”, reitera la antropóloga Nalúa Silva Monterrey.
Bosques tan únicos como los aromas de la sarrapia, árbol emblemático del estado (según decreto de mayo de 1952), cuya flora se extiende de forma natural a lo largo de la cuenca baja del río Caura.
La sarrapia, con sus casi 30 metros de altura, le permite disfrutar no sólo de su sombra sino de su aroma penetrante por el cual se disputaban muchos comerciantes del Viejo Mundo, a principios del siglo 20. Su nombre científico es Dipteryx punctata y su fruto es parecido al mango por sus hilachas, con una cáscara semejante a la piel, con poca pulpa, no muy sabrosa más bien insípida y olor penetrante, que contiene una semilla grande de la que se extrae la cumarina, una sustancia blanca aromática parecida al azúcar muy apreciada por el mercado internacional debido a su utilización en la elaboración de tabacos, perfumes y alimentos.
También predominan en esta zona otras especies forestales como purguo o balatá (Manilkara bidentata), puy (Tabebuia seratifolia), palo blanco (Piptadenia leucoxylon), zapatero (Teltogyne porphirocardia), algarrobo (Hymenaea courdaril) y pardillo (Cordia alliodora).

MISTERIOSAS CAVERNAS
Y si lo prefiere, viaje más al suroeste donde nacen los ríos Caura, Erebato y Ventuari, una región misteriosa por encontrarse en ella las cavernas más antiguas y amplias del mundo, hoy protegidas bajo la figura del Parque Nacional Jaua-Sarisariñama, según decreto del 12 de diciembre de 1978.
En sus 330 mil hectáreas de parque se encuentran tres grandes mesetas (tepuyes) conocidas como Jaua-Jidi, Sarisariñama Jidi y Guanacoco-Jidi, macizas de arenisca del Triásico o Jurásico, que tienen una altura entre 2.500 y 2.300 msnm.
En la meseta del Tepuy Sarisariñama encontrará la caverna con mayor profundidad vertical de 350 metros, un diámetro de boca de 352 metros y 502 metros de diámetro de fondo. En febrero de 1973, cuando se organizó la primera expedición liderada por la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, a los científicos les tomó nueve horas descender la sima que fue bautizada con el nombre de “Humboldt” en honor al naturalista y explorador alemán que remontó el Alto Orinoco en 1799.
Colibrí Frente Verde

FLORA Y FAUNA ÚNICA
Estudios realizados por el Instituto Nacional de Parques (Inparques) y el Ministerio de Ambiente en 1983, identificaron una composición florística única en el mundo, encontrándose “en las zonas planas de los valles y colinas, y en las zonas de afloramiento rocoso, una vegetación comúnmente conocida como de sabana que, a diferencia de las sabanas del norte del Orinoco, no están dominadas por Graminae y Cyperaceae, sino por plantas pertenecientes a otras familias botánicas, como Xyridaceae, Abolbodaceae, Droseraceae, Bromeliaceae, Rapataceae y Liliaceae”.
Asimismo, investigaciones citadas por la Birdlife International (alianza mundial de organizaciones de conservación que se esfuerza por conservar las aves, sus hábitats y la biodiversidad global) en su informe de 2006, señalan que las especies arbóreas del Parque Nacional Jaua-Sarisariñama presentan un alto grado de endemismo.
“En el interior de las simas, los muros de areniscas están casi totalmente desprovistos de vegetación, pero en los lugares donde se presenta, así como en el fondo, el número de especies endémicas es muy elevado. Los bosques submontanos y montanos son abundantes en epifitas (las orquídeas) y especies endémicas como Sloanea cavicola, S. jauaensis y Piper jauaense”.
El mismo informe de Birdlife reitera el poco conocimiento sobre la fauna debido al difícil acceso al parque, al que sólo se puede llegar en helicóptero. Entre las especies se encuentran el Tapirus terrestris (danta) y la Panthera onca (jaguar o tigre mariposa), así como las especies endémicas Marmosa tyleriana (comadrejita tepuyana) y Estefania riae, (anfibio endémico de la meseta de Jaua), identificándose hasta el momento 53 especies de aves. Una cuenca, con una flora y fauna única, donde el tiempo adquiere otra dimensión.
Marmosa (Comadrejita)

Monumento NaturalAdemás del mencionado parque, esta región del suroeste del estado Bolívar cuenta con uno de los 40 monumentos naturales que existen en Venezuela dedicados al estudio y a la recreación, conocido como Sierra Maigualida, formación montañosa que abarca 7 mil kilómetros cuadrados y constituye el límite entre los estados Amazonas y Bolívar. Es el hábitat de la etnia Hotï, grupo aborigen dedicado a la recolección, caza, pesca, y en menor grado a la agricultura, que ha sido poco intervenido por la cultura occidental, y que según reporta el censo realizado por el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) en febrero de 1999, es una comunidad de apenas 826 indígenas.
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