Un “soldado” en peligro de extinción

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El Jabiru mycteria, conocido como garzón soldado es considerado como "la mayor cigüeña del nuevo mundo", merodea por las sabanas ganaderas del sureste del estado Bolívar, sorprendiendo a más de uno
El carro frenó de repente. Se orilló a un lado de la carretera que conduce hacia la población de El Manteco. No era para menos. Un ave de poco más de 1.30 metros de alto, con un aspecto que para algunos científicos se asemeja a uno de los inmensos animales de la era del pleistoceno (1.8 millones de años atrás), merodeaba por las lagunas de las fincas ganaderas de esa zona del sureste del estado Bolívar, sorprendiendo a más uno.
El Jabiru mycteria, conocido como garzón soldado, es considerado como la mayor cigüeña del nuevo mundo, extendiendo su hábitat desde América Central hasta el norte de Argentina. Sin embargo, es una especie calificada por la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) como en peligro de extinción. Los registros de la población observada para la región de Centroamérica estiman entre 150 a 250 individuos de esta especie, amenazados principalmente por la pérdida o degradación de su hábitat y la cacería.
Según la tercera edición del Libro Rojo de la Fauna venezolana (2008), esta es la especie que encabeza la lista de las siete aves en peligro de extinción, según el Apéndice I del Cites, y su comercio sólo se autoriza bajo circunstancias excepcionales dirigidas a la actividad de investigación científica o de conservación.

IMPONENTE BELLEZA
Con un pico “exageradamente” largo y de color negro, que contrasta con el blanco de su cuerpo bien definido por una franja roja al final del cuello, el garzón soldado suele encontrarse de forma solitaria y a veces en pareja. En esta ocasión se pudo observar a un solo individuo en las cercanías de una laguna, en plena sabana guayanesa, cazando algún pez o alguna carroña.
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Los especialistas en aves la describen como una especie que puede llegar a medir entre 1.22 a 1.40 metros, pero al extender sus alas, la medida de su envergadura alcanza los 2,5 metros que aunado a sus patas largas y delgadas, lo hacen una especie de ave imponente y digna de observación.
Estudios del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos “Alexander von Humboldt” de Colombia, citado en el portal http://www.siac.net.co/, certifica que el garzón soldado habita pantanos de aguas dulces, sabanas, fincas ganaderas con lagunas, llegando incluso hasta estuarios costeros y grandes ríos boscosos.
Asimismo, explica que su dieta se compone de insectos, peces, cangrejos, anfibios, serpientes, tortugas y caimanes, siendo los ecosistemas antes mencionados, en especial los pantanos poco profundos y las sabanas inundadas, los preferidos para alimentarse y anidar.
El informe detalla que el Jabirú mycteria suele deambular por grandes extensiones de superficies cuando esta fuera de la época de reproducción, reuniéndose en grupos de varios centenares para descansar. Aunque pobladores de El Manteco comentan que se han observado en grupos reducidos debido a la cacería insistente de esta especie.
No obstante, un estudio sobre el manejo de fauna silvestre en sabanas de la América tropical realizado por los científicos Elizabeth Pérez y Juhani Ojasti refiere que este tipo de aves “alcanza un tamaño suficiente para justificar su cacería”, pero reconocen que el garzón soldado, junto a otras especies como alcaraban, playero, patos, corocoros y gabanes, “son elementos paisajísticos que incentivan el turismo”.

REPRODUCCIÓN DE LA ESPECIE
Las investigaciones que desarrolla el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos colombiano sobre el garzón soldado, apuntan a que el periodo reproductivo “ocurre en la época seca y que depende de los patrones estacionales de la lluvia”.
Describe que la construcción del nido -una plataforma enorme de 1, 3 m x 2,5 m, ubicada sobre las ramas más gruesas de los árboles- es un trabajo que hacen en pareja, recogiendo con el grueso pico, tallos de plantas acuáticas, ramas pequeñas y gramíneas de las lagunas cercanas a los nidos.
Asimismo, detalla que durante el cortejo, el macho despliega y bate las alas alrededor de la hembra, picotea, para finalmente montarla por el dorso. “La postura del garzón soldado es de dos a cinco huevos blancos y el cuidado parental en los humedales comprende generalmente desde abril hasta julio”.

PARA SU CONSERVACIÓN
Los especialistas concuerdan en señalar que para conservar este tipo de especies es necesario mantener los humedales en perfecto estado, emprender programas de reforestación con especies forestales como la Ceiba, preferidos por el garzón soldado para anidar, y delimitar las actividades agrícolas para que sean respetuosas de estos ecosistemas.
Precisamente, entre las recomendaciones planteadas en el estudio realizado por Pérez y Ojasti sobre el manejo sustentable de la fauna silvestre en las sabanas, se encuentra “el mantenimiento de las zonas boscosas originales y de los árboles que salpican las sabanas a fin de contribuir a mantener la riqueza y diversidad de especies”. De igual forma, sugieren el incremento de los cuerpos de aguas en las zonas agropecuarias, construyendo represamientos pequeños y espaciados regularmente en la sabana.
Recomendaciones que no lograrían su objetivo sin una ciudadanía conciente del valor de estas especies de aves en el ambiente.

La enseñanza del garzón soldado
El pájaro garzón y el tucusito se desafiaron a quién llegaba más lejos, a quién atravesaba primero un gran brazo de mar.
El tucusito le dijo al garzón: “Sal tú delante, ya que vuelas muy despacio por causa de tus grandes alas, que parecen las hojas de un cambur”.
Pero el garzón le contestó: “Tú, que eres tan pequeño, debes salir el primero para que cojas ventaja”. Como el tucusito no le hacía caso y se quedó a la espera, el garzón se resolvió a salir delante, ya que efectivamente vuela despacio, diciendo con sus grandes alas: ¡pekou, pekou, pekou! Inmediatamente después ¡el tucusito emprendió su vuelo, diciendo por su vez con sus pequeñas alas: ¡pur, pur, pur! ‘Casi como un zumbido' de las moscas.
El tucusito alcanzó luego al pájaro garzón, que volaba muy despacio.
Diciendo la interjección ¡patai!, lo dejó atrás, ¡ se le adelantó con mucho
garbo. Pero al poco tiempo, el que se había puesto delante, muy fatigado, se
cayó al agua.
El pájaro garzón, sobrevolando despacio, vio al tucusito caído
en el agua y dando brazadas a punto de ahogarse. Se oía algo así como ¡sapau,
sapau! El garzón compadecido descendió un poco y le dijo: Brinca un poco y
agárrate a mis patas. Así le dijo al tucusito infeliz, que había guapeado tanto.
El tucusito dio el salto y se posó en las patas del garzón. ¡Terén!
Rápidamente volvió a batir sus alas y se fue delante del garzón. El garzón poco
después vio al tucusito que de nuevo se caía al agua. Oyó algo así como
¡sokou!
De nuevo el garzón se bajó hacia el tucusito. Y de nuevo el tucusito
saltó y se posó sobre las patas del garzón. ¡Terén! y esta vez, finalmente llegó
a la otra parte adelantándose al garzón.
Detrás de él, el pájaro garzón llegó también a la otra parte. El garzón no le dijo nada al tucusito, le dejó ganar, como suelen hacer los padres con sus hijos. El tucusito tampoco dijo nada, porque después de haberse envalentonado tanto, se sintió avergonzado y se
dio cuenta de que el garzón le había salvado la vida.
Relato de Ernesto Pinto en el año 1964, citado en www.mundopemon.org
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