Orinoco herido

“El problema es el poco valor que le damos al ambiente, el cual no puede ser el reservorio final de los desechos que producen las actividades industriales, humanas y municipales”, afirma el científico del IVIC, Jorge Paolini


¿A quién no le va a gustar tener una casa a orillas del Orinoco y disfrutar a diario de ese exuberante paisaje? Pero, ¿se tiene conciencia de su valor?
En sus 2.140 kilómetros, desde su nacimiento en Sierra Parima, en el Estado Amazonas, hasta su desembocadura en el Atlántico, el río Orinoco estalla en una riqueza biológica que lo convierte en el tercer ecosistema ribereño más importante del mundo, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
Sin embargo, su singular fauna acuática con sus toninas, manatíes, tortugas arrau, caimanes del Orinoco y especialmente, las 450 especies de peces reportadas, entre las que destacan el lau-lau y la zapoara; las vistosas aves como la chenchena, garza morena, además de las 129 especies de aves migratorias que cada año viajan por el “río padre”; los bosques primarios, el potencial pesquero estimado en 45 mil toneladas anuales y la diversidad étnica presente en ella, parecen no ser razones suficientes para su conservación.

Embalse de Guri: también reservorio de mercurio

Los últimos resultados de una investigación iniciada en 1999 revelan la necesidad de iniciar un programa de prevención y orientación en cuanto al consumo de peces provenientes del embalse, especialmente en los sectores aledaños


Si anda por los lados de Guri y piensa almorzar un rico pescado de Payara, será mejor que escoja un Coporo, no tanto por su alto valor nutritivo sino más bien, por su bajo contenido de mercurio. Y si insiste, pida que le den un trozo de sólo 90 gramos y eso sí, no vuelva a comer Payara hasta la semana siguiente.

Nuevos registros para la flora de Guayana

El salto Ichún fue una de las 21 localidades seleccionadas para la recolección de la flora y vegetación de la cuenca alta del río Paragua. (Foto A. Rial)

 





La botánica del IVIC, Reina Gonto, identificó a la Cyperus ischnos, una hierba que se conocía para Centroamérica y Colombia, pero no para Venezuela, durante la evaluación rápida de los ecosistemas acuáticos de la cuenca alta del río Paragua, al sur de Venezuela


A 317 metros sobre el nivel del mar, a orillas del río Karún y en lo profundo de la cuenca alta del río Paragua (sur de Venezuela), Reina Gonto detuvo su paso. Una hierba le llamó la atención.
La botánica experta en ciperáceas, identificó a la Cyperus ischnos, una hierba que se conocía para Centroamérica y Colombia, pero no para Venezuela. Un nuevo registro que viene a corroborar la riqueza en especies y endemismos que ostenta la “especial” flora de Guayana.
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