Día del Árbol



Al árbol se le debe no sólo “solícito amor” (como dice su canción) sino también reverencia. Es por eso que el último domingo de mayo se celebra el Día del Árbol, fecha escogida cuando el 29 de mayo de 1948, se decretó al Araguaney como árbol nacional, luego fue ratificada mediante una resolución del Ministerio de Educación de fecha 19 de mayo de 1951 en la cual se dispone celebrar la Semana del Árbol el último domingo de mayo.


El árbol, más allá de su valor ornamental, contribuye con la salud del planeta, por eso para muchos activistas, estas plantas requieren de ciudadanos comprometidos con su ambiente permanentemente, y no sólo por hoy, fecha en la que se siembran muchos árboles, pero pocos los que después sobreviven.

Estudios científicos han demostrado los múltiples beneficios que brindan. De hecho la organización ambientalista Vitalis enfatiza la función que tienen al absorber el dióxido de carbono, que luego es transformado en substancias nutritivas tanto para la misma planta, como para el resto de los seres vivos.

Asimismo, “liberan oxígeno como parte de la fotosíntesis; airean la tierra, con el crecimiento de sus raíces; purifican el aire y reducen el calentamiento de la tierra; desempeñan una función vital en la regulación de los ciclos climáticos e hidrológicos; sirven de alimento y refugio a decenas de seres vivos, incluyendo a los seres humanos; fuente de madera para la construcción; dependiendo de la especie, proveen frutas, caucho, corcho, tinturas, fibras, aceites y medicamentos; el látex se utiliza para fabricar neumáticos, tubos, prendas de vestir, goma y cola; símbolo de culturas y civilizaciones; atractivo para el turismo y la recreación”.Valores que, una vez sembrados los árboles, se pueden observar de inmediato, no así la semilla de la conciencia ambiental en los ciudadanos, que amerita un trabajo a largo plazo

Kuawäi: dispersando conocimientos

Esta semana fue bautizada la revista arbitrada del Departamento Hombre y Ambiente de la UNEG, aporte editorial para la generación y difusión del conocimiento, dirigido no sólo a la comunidad académica sino también a la colectividad en general

Todo era emoción en la sala de usos múltiples de la Uneg en Chilemex. Y no era para menos, un nutrido grupo de la comunidad universitaria asistía al nacimiento de “Kuawäi”, revista arbitrada del Departamento Hombre y Ambiente de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Uneg).
Flores de flamboyán, orquídeas y trinitarias sellaron con sus aromas silvestres, el bautizo de un anhelado sueño del equipo humano que conforma el departamento con mayor número de investigadores de la Uneg y que el Fondo Editorial de esta casa de estudios plasmó en 500 ejemplares.

La especial flora de la Guayana venezolana

Estudios indican que la variedad de los ecosistemas únicos presentes en el Escudo de Guayana, tales como los tepuyes o mesetas de arenisca, alojan “una flora sumamente especializada en sus cumbres aplanadas”


Fotos tomadas del Vol. I de la enciclopedia “Flora de la Guayana venezolana”.

No es precisamente una guía de campo para llevar en el morral. Mide medio metro de ancho y pesa 18 kilos, pero en sus más de seis mil páginas se pueden observar en forma gráfica, la especial “Flora de la Guayana venezolana” con sus más de 9.500 especies de plantas distribuidas en 235 familias y 1.800 géneros.

Chapuzón de tortuguillos en el río Caura

Un total de 2.000 tortugas de las especies terecay y arrau fueron liberadas en el marco del programa de conservación de tortugas continentales de la cuenca del río Caura, que desarrollan de forma conjunta el Museo de Historia Natural de la Fundación La Salle y el Zoocriadero Experimental Wasaña de Maripa con apoyo del Ministerio de Ambiente


Fotos cortesia Rojas-Runjiac/Becerra/Sánchez/Mesa

Si pudiesen hablar, seguro se preguntarían el motivo de tanto movimiento. Luego de haber nacido hace un año en cautiverio, un total de 2.000 tortugas de las especies arrau (Podocnemis expansa) y terecay (Podocnemis unifilis), iniciaron el retorno a su hábitat.

"Las leyes ambientales son inaplicables"

Venezuela se ufana de tener una legislación ambiental “casi perfecta”, pero no cuenta con los recursos, las instancias, ni la gente que los ejerza; por lo que para algunos “el Derecho ha dado respuestas muertas a problemas vivos”

“Venezuela se ufana de ser casi perfecta en cuanto a leyes ambientales, sin embargo son inaplicables”. De eso está convencida la académica María Alexandra Vásquez, miembro del comité técnico del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello. Parece que tener rango constitucional no resuelve los problemas o parafraseando a la ex consultora jurídica de la organización ambientalista Vitalis, “el Derecho ha dado respuestas muertas a problemas vivos”.
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