El rostro humano de la ciencia

La antropóloga Nalúa Silva Monterrey acompaña desde hace 20 años, la lucha de los pueblos indígenas de la Guayana venezolana por reivindicar sus derechos

Un caño del río Caura, en lo profundo de la selva guayanesa, lleva su nombre. Un gesto de los pueblos indígenas yek´wana, que Nalúa Silva Monterrey agradece con humildad, sabiendo el significado simbólico que representa para quienes han ocupado estos territorios, aún en estado prístino, desde tiempos ancestrales.

Para los yek´wana, es quizás un reconocimiento a la solidaridad manifiesta de esta investigadora que acompaña desde hace 20 años, la lucha de los pueblos indígenas por reivindicar sus derechos.
Una lucha que ha derivado en una transformación personal y académica de aquella Nalúa, recién egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, donde se ganó el Premio Nacional de Antropología “Juan Coma”, por su tesis de grado como mejor trabajo de investigación en antropología física (1986). Era sólo el comienzo de una vida dedicada a la ciencia, que se ha dido enriqueciendo con los saberes y prácticas milenarias de los pueblos indígenas de la Guayana venezolana.
“Al tener experiencias, las personas se transforman, si no, estamos mal, porque significa que somos personas cerradas, de ideas fijas y eso está reñido con el conocimiento y la inteligencia”.

DESDE ANGOSTURA
Desde el año 1987, esta caraqueña por “accidente geográfico”, viene trabajando con las comunidades yek´wana y sanema de la cuenca del río Caura. Su interés por el conocimiento científico y su espíritu emprendedor, le viene de su gentilicio puramente bolivarense, y de esas tradiciones y valores que sólo se inculcan en el seno del hogar.
No en vano es hija del conocido escritor René Silva Idrogo y de la educadora Virginia Monterrey, una filiación que le confiere un sentido de compromiso moral con la Ciudad Bolívar que la recibió desde que tenía un mes de nacida.
Se ha nutrido, desde que tiene uso de razón, de las tradiciones y costumbres propias de la otrora Angostura, pero también de las necesidades de su gente, de sus aspiraciones como ciudadanos, de sus luchas y eso, la ha comprometido con su ciudad.
A la par de su trabajo como científica del Centro de Investigaciones Antropológicas de Guayana, adscrito a la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Ciag-Uneg), Nalúa participa en la organización “Ciudadanos de Angostura” y junto a un grupo de profesores elaboró un proyecto de universidad “innovador y acorde al siglo 21”, para Ciudad Bolívar, “ante la inercia y el deterioro no sólo de la infraestructura universitaria, sino también del ser ciudadano y la moral”.
Siempre anda inventando proyectos de bienestar para Ciudad Bolívar, un espíritu que le inculca a sus hijos, Jerónimo de 16 años y Rodrigo de 12.

POLÍTICA Y CIENCIA
Durante su gestión, en 1987, como coordinadora del Museo Etnográfico de Guayana se dedicó al estudio de la cultura material presente en las comunidades indígenas, hasta que los “intereses políticos partidistas”, acabaron con la recién creada institución. La antropóloga deja colar ese incidente que vivió con un dejo de reproche en su voz, enfrentándose a la eterna dicotomía entre los políticos y los científicos. Los primeros toman decisiones sin basarse, muchas veces, en la ciencia.
Pero éste, no sería su único encuentro con los enmarañados hilos de la política. Cuando en el año 1993 entra a formar parte del plantel de profesores de la Uneg, Nalúa inicia el proyecto de investigación básica “Poder, parentesco y sociedad entre los Yek´wana de los ríos Caura y Erebato”, con el cual pretendía conocer las formas de organización social y política de las comunidades indígenas mencionadas, así como también las distintas relaciones que establecían con la naturaleza. Lejos estaba de imaginarse que se enfrentaría a una de las propuestas más controversiales en materia ambiental y política.
En ese momento, la empresa hidroeléctrica Edelca plantea el posible trasvase de los ríos Caura-Paragua, lo que movilizó a todos los grupos defensores de la cuenca debido a las consecuencias ambientales que podría generar un proyecto de esta envergadura, propiciando un proceso de reflexión para lograr que las comunidades indígenas se fortalecieran en sus derechos y en el reconocimiento de sus territorios. Es así como desde el Ciag, Nalúa y un equipo de investigadores de la Uneg asumieron “el compromiso de contribuir con un modelo de país que se reconoce multicultural y que promulga el desarrollo sostenible y que defiende la cultura asociada al ambiente pero con un enfoque de derechos”.
Fue una oportunidad para acompañar a las organizaciones indígenas en el proceso de demarcación de sus tierras y en el desarrollo de las leyes que permitieran implementar lo establecido en la Constitución Nacional. Así fue como la antropóloga terminó siendo la artífice de ese primer borrador que permitió abrir la discusión sobre lo que sería la Ley de Demarcación y Garantía de Hábitat, aprobada en diciembre de 2000, luego de una amplia consulta nacional.
Pero Nalúa está convencida que esa experiencia resultó exitosa por el conocimiento que se tenía de los pueblos indígenas del estado Bolívar, por eso es una acérrima defensora de la investigación básica. “Para hacer aplicación de la ciencia debe pasar por una fase de generación básica de conocimiento que permiten después desarrollar propuestas innovadoras y serias que transformen la sociedad. Lo demás es sentido común aplicado”.

VALIÓ LA PENA
Luego de 15 años de trabajar en proyectos tan productivos como los antes mencionados,
Nalúa culminó la investigación “Poder, parentesco y sociedad entre los Yek´wana de los ríos Caura y Erebato”, con la cual concursó para su Doctorado en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (Francia), obteniendo los máximos honores académicos. Además es la autora del libro “Etnografía de los Pueblos indígenas de la Guayana Venezolana”, editado por la Uneg y ganador del Premio Nacional del Libro 2007.

CONSEJOS COMUNALES

Ahora su mayor preocupación es la forma como se está promoviendo la conformación de consejos comunales en las comunidades indígenas. “La Constitución Nacional es clara cuando dice que las organizaciones tradicionales de las comunidades deben ser respetadas, y entonces cómo es eso que se quiere colocar una organización como los consejos comunales, a la cual se le está dando dinero y alimentando políticamente, minando las bases organizacionales de las comunidades tradicionales”.
Dice que la gente frente a estas dos estructuras sociales “una con moral, pero la otra con dinero”, se encuentra en una disyuntiva. “Muchos dejan la organización tradicional para irse a esos consejos comunales, erosionando las bases culturales de las comunidades que se pretenden conservar, este tipo de acción tiene un efecto etnocida”.
Acuciosa como es, Nalúa advierte que mientras la Constitución dice que se debe preservar, mantener, reforzar las formas culturales autóctonas como parte de la identidad venezolana y sus propios derechos, “en la práctica se hace todo lo contrario”. Lo que lamenta es que basado en la polarización que vive el país, estas reflexiones científicas -producto del conocimiento y análisis de estas sociedades-, “son tomadas como una cuestión político partidista, deslegitimando un criterio técnico como científicos que somos de las ciencias sociales”.
A pesar de esto, Nalúa Silva Monterrey seguirá analizando, investigando, aportando ideas, retándose a sí misma con nuevas hipótesis y formando a las generaciones futuras, porque está conciente que la labor y el esfuerzo de un científico nunca terminan.

Fantasmas sin sentidoLa antropóloga Nalúa Silva Monterrey defiende la demarcación de los territorios indígenas y desestima lo que califica como “los fantasmas que impiden su aprobación, porque estamos hablando de comunidades indígenas que están muy insertas dentro de las sociedades nacionales en las que ellos se encuentran, son indígenas venezolanos”.
Explica que “el Presidente Chávez ha dicho que no va a reconocer los grandes territorios y eso va en contra de lo que establece la Constitución, porque en el caso de los yek´wana ya cumplieron con los requisitos que marca la Ley, y por ende sus derechos deben ser respetados y reconocidos, nadie puede estar por encima de la Constitución, no se trata de que yo quiera o no; y en este sentido el expediente de ellos ya fue aprobado por la Comisión Nacional de Demarcación y en está en manos del Presidente”.
Además, insiste en que la Constitución se blindó ante una posible intención secesionista, al especificar el derecho a la tierra de forma colectiva y a su vez, dándole carácter de inalienable, imprescriptible, inembargable e intransferible.
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