Embalse de Guri: también reservorio de mercurio

Los últimos resultados de una investigación iniciada en 1999 revelan la necesidad de iniciar un programa de prevención y orientación en cuanto al consumo de peces provenientes del embalse, especialmente en los sectores aledaños


Si anda por los lados de Guri y piensa almorzar un rico pescado de Payara, será mejor que escoja un Coporo, no tanto por su alto valor nutritivo sino más bien, por su bajo contenido de mercurio. Y si insiste, pida que le den un trozo de sólo 90 gramos y eso sí, no vuelva a comer Payara hasta la semana siguiente.

Desde 1995 se viene hablando de la presencia de este elemento químico que, en su forma orgánica, conocida como “metil-mercurio”, se encuentra en el embalse de Guri. Sin embargo, no fue sino hasta 1999 cuando el Centro de Investigaciones de Gestión Ambiental y Desarrollo Sustentable de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Cigads-UNEG), inicia una investigación con el objetivo de determinar la relación entre el consumo de peces proveniente del reservorio Guri, conocer y certificar los niveles de mercurio total en el cabello y la presencia de alteraciones neuro conductuales en una muestra estadística representativa de los centros poblados La Paragua y El Manteco, y el sector Los Guacos, localizados en las cercanías del embalse.
Esta investigación fue financiada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y contó con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud, el Instituto de Zoología Tropical y la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela, la Universidad de Oriente (UDO-Núcleo Bolívar), el Laboratorio de la Guardia Nacional, el Instituto Nacional de Higiene del Ministerio de Salud y el Instituto Autónomo Minas Bolívar.

ELEVADOS ÍNDICES
Los resultados del estudio confirmaron los índices elevados de mercurio en los peces carnívoros -Payara, Pavón y Curvinata-, en la misma proporción del muestreo realizado en el año 1995.
Más aún, evidenció una “menor habilidad” para la ejecución de las pruebas neuro conductuales aplicadas a una muestra de las poblaciones aledañas al embalse, lo que pudiera estar comprometiendo su salud.
Esta es la primera vez que se realiza en el estado Bolívar una investigación donde se evalúa la relación entre el consumo de peces, los niveles de mercurio y los cambios neuroconductuales en las personas expuestas.




El doctor en salud ocupacional Rafael Darío Bermúdez Tirado, coordinador de la investigación.




El antropólogo y doctor en ciencias de la educación Sergio Milano.







El doctor en ciencias médicas Salvador Penna de la UDO-Bolívar.

Para el equipo de científicos que participaron en la investigación, Rafael Darío Bermúdez y Sergio Milano del Centro de Investigaciones en Gestión Ambiental y Desarrollo Sustentable de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Cigads-Uneg), y Salvador Penna, especialista en ciencias médicas del Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente; los resultados son indicadores de la necesidad de iniciar un programa de prevención y orientación por parte de las instituciones del Estado venezolano, en cuanto al consumo de peces provenientes del embalse, especialmente a todos aquellos sectores localizados alrededor del embalse que dependen mayormente para su alimentación diaria de los peces del embalse.
Los expertos explican que estas comunidades están “sometidas a un alto riesgo de contaminación debido a los efectos del metil mercurio sobre el sistema nervioso central”. Añaden que esta forma orgánica del mercurio constituye más del 90% del mercurio total detectado en el tejido muscular de peces. “La magnitud de la contaminación dependerá de la concentración presente en el pez y la cantidad consumida de éste, suponiendo que dicha población no está expuesta a ingerir mercurio a través de la dieta de fuentes distintas a los peces del embalse”.
Insisten en alertar al sector vulnerable de la población, representada en las mujeres embarazadas, los niños y los ancianos.
En tal sentido y conociendo la gravedad del problema, el Dr. Rafael Darío Bermúdez Tirado editó el folleto “El Mercurio, el Ambiente y la Salud: Preguntas y Respuestas”, avalado por la Organización Panamericana de la Salud, y dirigido a orientar a las comunidades expuestas.

METODOLOGÍA
Para la investigación, primero se seleccionaron dos grupos: el “expuesto” integrado por 50 personas de El Manteco, 34 de La Paragua y 13 habitantes del sector Los Guacos; y un segundo grupo “no expuesto” de personas escogidas en la UNEG.
Los criterios de inclusión para el grupo “expuesto” se basaron en las siguientes premisas: las personas tenían que tener más de un año en la zona; no podían consumir pescados provenientes del mar; sólo podían comer pescado del reservorio de Guri o de sus ríos tributario; tener una edad comprendida entre los 15 y 25 años; y tener un índice de masa corporal entre 18,5 y 29, 9 kilogramos por metro cuadrado.
El grupo “no expuesto” debía cumplir todos estos requisitos, a excepción de no comer pescado proveniente de Guri o de los ríos tributarios.

RESULTADOS QUE ADVIERTEN
Los parámetros estadísticos con relación al contenido total de mercurio en los cabellos, reflejaron que la población del sector Los Guacos presentó los niveles más elevados con 12.2 microgramos de mercurio por gramo de cabello; mientras El Manteco registró 2.07 microgramos de mercurio por gramo de cabello y La Paragua arrojó 5.21 microgramos de mercurio por gramo de cabello.
Por su parte, los resultados de los pescados provenientes del reservorio Guri arrojaron que la concentración promedio de mercurio en 33 muestras de Coporo fue de 0.19 microgramos de mercurio por gramo de tejido; en 18 muestras de Pavón fue de 1.33 microgramos de mercurio por gramo de tejido y en la Curvinata fue de 2.50 microgramos de mercurio por gramo de tejido.
Cabe destacar que el índice máximo de mercurio total en peces permitido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 0.5 microgramos de mercurio total por gramo de tejido; por lo que la OMS ha recomendado una norma más baja para el mercurio total de 0.2 microgramos por gramo de tejido, con el propósito de proteger al sector vulnerable.

PRUEBAS NEURO CONDUCTUALES
Con relación a las pruebas neuro conductuales, la investigación seleccionó 34 personas del grupo expuesto, por presentar 6 o más partes por millón de mercurio en el cabello. La investigación encontró “una menor habilidad para la ejecución de las pruebas neuro conductuales por parte de las personas evaluadas en el sector Los Guacos, a medida que las concentraciones de mercurio en el cabello eran mayores”.
Estos resultados indicaron a los investigadores que los niveles de mercurio en los individuos muestreados “podrían estar afectando, aunque de manera leve, la coordinación motora y destreza manual, la memoria asociativa, la rapidez motora y la función neurológica voluntaria”.
El investigador Salvador Penna, resaltó que estas pruebas fueron estandarizadas previamente para “detectar el compromiso o el daño que pudiera ocurrir a nivel del sistema nervioso central, es decir el cerebro, afectando algunas funciones como la visual y la coordinación motora, que se refiere a los movimientos”.
Las pruebas neuro conductuales aplicadas fueron: Dígitos y símbolos (“Digit symbol”) (dominio cognitivo), Santa Ana (versión de Helsinki) (dominio cognitivo-motor), Tamborileo (“Finger tapping”) (dominio motor) y el Examen Neurológico Cuantitativo de Panisset (dominio motor), especialmente diseñado para estudios neurotóxicos.

MERCURIO EN EMBALSES
La investigación dirige sus recomendaciones a las personas que tienen como fuente de alimento, el consumo de peces provenientes del embalse de Guri. ¿Por qué?
Tal como lo señala, en los embalses o represas, para cuya construcción se inundan extensos espacios de terreno, hay un factor adicional que contribuye al proceso natural mediante el cual el mercurio es transformado por las bacterias y acumulado posteriormente en los peces.
Advierte que la repentina inundación de grandes espacios cubiertos de vegetación intensifica el proceso de descomposición durante los años siguientes a la construcción del embalse, ya que después de la inundación, el mercurio presente en el suelo y la vegetación queda disponible para ser transformado en metil mercurio por acción de las bacterias presentes.
“De esta forma, no es que estemos ante una nueva fuente de mercurio sino más bien frente a una redistribución en el ambiente acuático de aquel mercurio que estaba presente en el suelo y la vegetación”.
Resalta que el efecto de la construcción de la represa sobre las elevadas concentraciones de mercurio en los peces, especialmente los carnívoros, “ha sido bien establecido a partir de los resultados de varias investigaciones que desde 1995 viene ejecutando Edelca, a través de un programa de muestreo para determinar las concentraciones de mercurio en los peces del embalse”.


La concentración promedio de mercurio en 18 muestras de Pavón provenientes de Guri, fue de 1.33 microgramos de mercurio por gramo de tejido, cuando el índice máximo de mercurio total en peces permitido por la Organización Mundial de la Salud es de 0.5 microgramos de mercurio total por gramo de tejido.

MERCURIO EN PECES
La investigación reseña que los peces más grandes y de mayor edad tendrán concentraciones de mercurio más altas que aquellos más jóvenes y de menor tamaño. ¿A qué se debe?
Según explica, las bacterias presentes en el agua atacan la vegetación y sedimentos en el lecho de los embalses. “En el transcurso de la descomposición, el mercurio inorgánico es transformado a la forma orgánica del mercurio, denominado metil mercurio, el cual es altamente tóxico”.
Este metil mercurio, presente en los cursos de agua, es tomado por los organismos acuáticos pequeños suspendidos en las aguas (plancton) y por los insectos que viven en el lecho de los mismos. A su vez, el plancton y los insectos sirven de alimento a los peces.
Los peces más pequeños son comidos por los peces más grandes y los humanos, se alimentan de los peces; de esta forma, desde el plancton hasta los humanos los niveles de mercurio se van incrementando a medida que nos movemos hacia el final de la cadena, es decir, hacia el hombre o la mujer.
Los peces herbívoros -Coporo- se alimentan del plancton y de restos orgánicos de vegetales y animales en descomposición y los peces omnívoros -Morocoto, Bagre "yaque", Palometa y Guitarrilla-, que se alimentan tanto de residuos como de otros peces, tendrán niveles más bajos de metil mercurio que los peces carnívoros - Payara, Pavón, Aymara, Caribe, Curvinata y Bagre "chola"- que se alimentan casi exclusivamente de peces.




Ciclo del mercurio en el agua: Las bacterias presentes en el agua atacan la vegetación y sedimentos en el lecho de los embalses. En el transcurso de la descomposición, el mercurio inorgánico es transformado a la forma orgánica del mercurio, denominado metil mercurio, el cual es altamente tóxico. Este metil mercurio, presente en los cursos de agua, es tomado por los organismos acuáticos pequeños suspendidos en las aguas (plancton) y por los insectos que viven en el lecho de los mismos. A su vez, el plancton y los insectos sirven de alimento a los peces. Los peces más pequeños son comidos por los peces más grandes y los humanos, se alimentan de los peces; de esta forma, desde el plancton hasta los humanos los niveles de mercurio se van incrementando a medida que nos movemos hacia el final de la cadena, es decir, hacia el hombre o la mujer.


EFECTOS EN LA SALUD
La investigación revela que el 95 por ciento del metil mercurio presente en los alimentos consumidos, se incorpora al cuerpo humano donde tendrá una vida media de 45 a 70 días, tiempo durante el cual, el cuerpo humano logra excretar la mitad de la cantidad de metil mercurio incorporada.
No obstante, advierte sobre los efectos dramáticos del metil mercurio en el sistema nervioso, particularmente en bebés, evidenciándose los signos y síntomas varios meses o pocos años después de la exposición. “Las etapas más sensibles a la intoxicación por metil mercurio son la prenatal y la niñez temprana, pues es entonces cuando el cerebro se desarrolla con más rapidez. Si la mujer durante el embarazo ha estado expuesta al metil mercurio, el feto puede afectarse”. El grave problema es que “no existe medicamento para curar los efectos del metil mercurio en humanos”, es por ello que la investigación sugiere que lo mejor es comer aquellas especies de peces que presentan bajas concentraciones de metil mercurio.

¿CUÁNTO COMER?
El investigador Bermúdez Tirado alerta sobre la inexistencia en Venezuela de normas que regulen la pesca por problemas de contaminación de peces por mercurio, en especial para el consumo de estos peces por parte del sector más vulnerable: mujeres embarazadas y en período de lactancia, y niños menores a 15 años de edad. De tal forma que la investigación sugiere un consumo de peces carnívoros y omnívoros provenientes del embalse de Guri no mayor de una a dos veces por semana para las mujeres embarazas y niños; mientras que para los adultos de tres a cuatro veces por semana en las siguientes cantidades: 130 gr. de Aymara; 220 gr. de Curvinata; 90 gr. de Payara; 270 gr. de Caribe; y 450 gr. de Pavón, bien sea sancochado, frito o asado, porque la forma de cocinarlo no alterará la concentración de metil mercurio acumulada en la carne del pez.

Presencia del mercurio en el ambienteLos vapores de mercurio metálico –presentes en la actividad minera-, constituyen el mayor componente del total del mercurio gaseoso presente en la atmósfera. El mercurio inorgánico también se evapora fácilmente y está presente en bajas concentraciones en la atmósfera, al igual que su forma orgánica: metil mercurio. Estos vapores pueden viajar grandes distancias antes de ser depositados finalmente en el suelo o cuerpos de agua por acción de la gravedad o del agua de lluvia. Estudios recientes han revelado que aún en áreas bien alejadas de las zonas industriales, el mercurio ambiental se ha triplicado en los últimos 50 años. De hecho, los principales factores involucrados en la distribución del mercurio ambiental son: el transporte atmosférico y su deposición desde el aire hacia el suelo y el agua. El mercurio entra a los ambientes acuáticos (lagos, ríos, océanos y embalses) usualmente en la forma de mercurio inorgánico por precipitación desde la atmósfera y por la acción de las aguas de lluvia sobre la tierra que al deslizarse sobre la superficie del suelo arrastra parte de él (escorrentía). Fuente: “El Mercurio, el ambiente y la salud: Preguntas y respuestas”, editado por el Rafael Darío Bermúdez, febrero 2003.

Señales de aviso
* Dificultad para realizar movimientos finos
* Inestabilidad en la
marcha
* Atrofia muscular
* Pérdida leve de la sensibilidad
superficial con sensación de adormecimiento en las extremidades
* Perturbación mental
* Dificultad para articular palabras
* Dificultad para coordinar
movimientos


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