Venezuela requiere una política nacional de cambio climático

A juicio del científico venezolano Juan Carlos Sánchez, Premio Nobel de la Paz 2007, cada quien anda por su lado, haciendo lo mejor que le parece, sin una política nacional que respalde el hecho de que el cambio climático es importante y que se requiere inyectar recursos financieros para continuar las investigaciones

Fotos tomadas de Google/Fotos entrevistado Jesús Yépez

Al principio comenzó siendo escéptico. No creyó toda esa teoría del cambio climático; su conocimiento de la industria petrolera le aseguraba que este tema, que comenzaba a ganar más espacios en los medios, era producto de un interés por perjudicar al sector, a fin de propiciar otro tipo de negocios.
Sin embargo, luego de 17 años investigando y participando de las discusiones globales sobre el tema, Juan Carlos Sánchez ya no tiene ninguna duda de que el cambio climático “es más que evidente”, causado por el incremento de la concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera debido, principalmente, a las actividades humanas, y que se debe trabajar de forma conjunta para buscar las soluciones.
Sus esfuerzos han sido reconocidos. Fue uno de los 2.500 científicos, miembros del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, según siglas en inglés) de la Organización de Naciones Unidas, que obtuvo el Premio Nobel de la Paz (2007), conjuntamente con el ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, por sus aportes al conocimiento de este fenómeno global.

CONOCIMIENTO DE VIEJA DATA
Nacido en la populosa parroquia caraqueña de La Pastora, este ingeniero industrial con doctorado en Ciencias Ambientales (Francia), investigador y profesor de la Universidad Central de Venezuela, con más de 50 estudios postdoctorales e igual número de publicaciones, editadas en 23 idiomas, es miembro del IPCC desde el año 2002 cuando, jubilado de la industria estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa), recibe una invitación del propio presidente del panel, Rajendra Pachauri.
No obstante, Sánchez viene estudiando el tema desde que trabajaba como consultor ambiental en Pdvsa y más en profundidad, cuando le asignaron la tarea de asesorar al ministerio de Energía y Minas en las negociaciones sobre cambio climático que se estaban dando en la década de los años 90. Sus aportes al IPCC se han centrado, desde hace cuatro años, en la búsqueda de soluciones y como experto en procesos industriales, trabaja en el proyecto de mineralización del dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases que contribuye al cambio climático.
Según explica, este proyecto busca captar el CO2 que se genera en las refinerías para llevarlo a un reactor, donde el gas se pone en contacto con silicatos metálicos naturales de calcio o magnesio, para luego convertirlo en carbonato de calcio o magnesio, de forma tal que el CO2 sea retenido en la corteza terrestre y dispuesto de forma segura, con lo cual se permitiría el uso de las vastas reservas de remanente de fuentes fósiles sin afectar el clima.
“Los suelos de los llanos venezolanos poseen un alto contenido de silicatos, es decir, tenemos la materia prima y el proceso de mineralización del CO2 se está desarrollando, lo que se necesita es el conocimiento. Si este proceso llega a materializarse sería de enorme utilidad para un país petrolero como Venezuela”.
Una investigación que, tal como lo expresa Sánchez, no ha tenido receptividad en la estatal petrolera, “quizás por estar en una etapa incipiente, pero al menos debe hacerle seguimiento al desarrollo de esta investigación y conocer los avances científicos que se vayan obteniendo”.

ENTE CENTRALIZADOR
De hablar pausado y con un profundo conocimiento de las distintas variables que inciden en el tema del cambio climático, Sánchez percibe que en Venezuela cada quien anda por su lado, haciendo lo mejor que le parece, sin una política nacional que respalde el hecho de que el cambio climático es importante y que se requiere inyectar recursos financieros para continuar las investigaciones.
Reconoce que aún cuando existe un plan de ciencia y tecnología que contempla el desarrollo de energías alternativas y un ministerio de Ambiente que elaboró la Primera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático, “es necesario contar con un ente que aglutine los distintos organismos públicos a fin de impulsar una política nacional en este sentido”.
Recuerda el investigador que los países que han adelantado una política con el enfoque meramente ambiental, se han dado cuenta que se quedan “cortos”, porque entienden que el problema del cambio climático también es energético, social, sanitario y tecnológico.
“Colombia tiene una política transversal que abarca todos estos cinco sectores, y al haber esa coordinación, se les facilita más conseguir fuentes de financiamiento internacional para sus investigaciones”.
Insiste en la conformación de un ente integrador que trabaje tanto en la reducción de las emisiones de gases, como en la adaptación a las nuevas condiciones que se van a suscitar producto de ese calentamiento global.
“La preparación tiene que ver con muchos factores como saber administrar los recursos hídricos y energéticos, ahorrar y reciclar el agua para hacer un mejor aprovechamiento de ellos. Hay acciones del Gobierno favorables al cambio del clima, como la Misión Árbol, Misión Energética, entre otras que son significativas, pero por otro lado el Estado da facilidades de créditos para la compra de vehículos, lo que ha duplicado el consumo de gasolina en los últimos 10 años; son dos acciones diametralmente opuestas y eso se debe a que no existe un ente que centralice este tema".

PONER ORDEN EN CASA
Para el experto en cambio climático, los recursos provenientes de la renta petrolera “que son extraordinarios, como nunca antes en la historia del país, hay que utilizarlos para poner orden en el país, para desarrollar y conseguir una diversificación de la economía y formas de progreso sustentable, porque el futuro va a ser totalmente distinto”.
Afirma que si la política del Gobierno es apegada al desarrollo sustentable, se debería estar propiciando y lo que percibe es lo contrario. “No se tiene una visión de país. Se tiene una visión política pero no una visión económica, pragmática, de beneficio para la población, estamos creciendo sustentados en el recurso petrolero y eso crea una situación de fragilidad terrible, y si no se toma conciencia de eso, lo que le espera a las generaciones futuras no es nada alentador”.

SIEMPRE OPTIMISTA
Frente a estas adversidades, Sánchez es optimista. No pierde las esperanzas de que Pdvsa se interese en la tecnología propuesta de mineralización del CO2, no obstante en lo personal, continuará sus investigaciones en el área de los biocombustibles, con el etanol celulósico que se produce a partir de los desechos orgánicos porque avizora mayores posibilidades de desarrollo cercanas a Venezuela.
También tiene el firme propósito de continuar recorriendo el país dictando conferencias y estimulando al sector estudiantil a "hacer ciencia", algo que según dice, pudiera resultar frustrante ante la falta de recursos destinados a la investigación y generar la consecuente fuga de talentos.
Sin embargo, cree que la humanidad siempre ha buscado soluciones a sus problemas y esta no será la excepción. Si bien las soluciones en los actuales momentos, no se ven con claridad porque, según dice, el problema avanza de forma acelerada, está convencido que se encontrará una salida, "que no será única y exclusiva de un país, sino que responderá al desarrollo de múltiples tecnologías".
Pero advierte que nada de esto servirá si no se fortalece la conciencia ambiental, “lo que se quiere es que la gente tenga conciencia del problema y que actúe en consecuencia. Sin la conciencia de las personas no se conseguirá ninguna solución al problema del cambio climático”.

La respuesta a los escépticos
Los científicos escépticos son, en su mayoría, tradicionalistas a quienes les cuesta mucho confiar en el resultado de un modelo matemático.
Muchos de los escenarios futuros del cambio climático están fundamentados en esos modelos que fueron desarrollados y que simulan el clima. Los primeros modelos eran imprecisos, pero se han ido perfeccionando y hoy día nadie duda que el calentamiento global es una realidad. No creer en estos modelos significa no creer en la física de la dinámica del ambiente.
Hay otro grupo que continúa escéptico porque responden a intereses particulares.
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