Sequía: una lucha más allá de lo ambiental

Este martes 17 de junio, se celebra el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha para reflexionar sobre las acciones que adelantan las autoridades con el fin de corregir problemas de degradación de tierras en el país

¿Desiertos en Venezuela? Aunque no se dispone de una información oficial que muestre el alcance de la desertificación en el país, los estudios indican que este fenómeno se da en 11 de los 26 estados que conforman la geografía nacional. Una realidad que debe llamar a la reflexión cuando este 17 de junio se celebre el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

Pensar que el territorio venezolano se ve afectado por la desertificación es casi imposible de imaginar si se toma en cuenta que, en poco más de 916 mil kilómetros cuadrados, posee más de 500 cuencas, subcuencas y micro cuencas con superficies mayores a 100 kilómetros cuadrados, repartidas en 16 regiones hidrogeográficas; el volumen total de aguas por concepto de escorrentía y drenaje es de más de 1.200.000 hectómetros cúbicos al año, siendo sus reservas totales de agua subterráneas, de 7 mil 700 millardos de metros cúbicos. Sólo la Región Guayana cuenta con seis cuencas hidrográficas que en conjunto, tienen el más importante volumen de escurrimiento de agua del país, situándose en promedio en el orden de 1.374.200 m3/ año.
Sin embargo, la información recogida en el Plan de Acción Nacional contra la Desertificación y Mitigación de la Sequía preparado por el Ministerio de Ambiente (MinAmb), señala que el área desertificada en Venezuela supera el 10% del territorio nacional (98.831 kilómetros cuadrados), afectando a un 26% de la población (6.119.112 habitantes). Según este documento, los estados del país con mayor porcentaje de área desertificada son Lara, Falcón y Trujillo.
Este instrumento busca abordar la lucha contra la degradación de las tierras en el Estado venezolano donde “un poco más de la cuarta parte de la población en esos once estados vive bajo climas áridos, semiáridos y subhúmedos secos, mientras que aproximadamente un décimo de la superficie, en esos mismos climas, se encuentra ya degradada”.
Una cifra que según advierte el informe del MinAmb debe haberse incrementado “producto del aumento de la población rural y de la frontera agrícola en cuencas altas y medias”.




















DEFINICIÓN PROPIA
El mencionado Plan de Acción Nacional contra la Desertificación y Mitigación de la Sequía define a la desertificación “como un proceso de degradación de las tierras inducido por fenómenos naturales o por la acción antrópica (actividad del hombre), que conlleva a la aparición de condiciones que tienden a la desertificación y tiene como consecuencia la disminución del potencial biológico y productivo de los ecosistemas (pérdida de la diversidad biológica, de suelos y cambios en el balance de agua y energía), limitando su capacidad de sustentación y deteriorando la calidad de vida de la población”.

ESTRATEGIAS EN MARCHA
El Informe del MinAmb explica que la deforestación de los bosques y selvas, los incendios forestales entre muchos otros, favorecen la pérdida de productividad de los suelos, y con ello la pérdida de la biodiversidad, y que es necesario atacar con planes particulares.
En tal sentido, señala cinco grandes líneas estratégicas de acción las cuales contemplan: el desarrollo sostenible de las zonas afectadas por los procesos conducentes hacia la desertificación y por los efectos de la sequía; educación, capacitación y concienciación como elementos fundamentales del desarrollo humano; investigación científica e innovación tecnológica como base del desarrollo local científicamente argumentada; fortalecimiento institucional y local; y la cooperación intra e internacional.
Actualmente, las autoridades gubernamentales desarrollan la implementación de 25 proyectos en las regiones Centro Occidental, Centro Oriental y en la Guajira venezolana “bajo la consideración de que los mismos pueden aliviar o corregir problemas locales comunes de degradación de tierras”, haciendo énfasis en la participación de todos los actores involucrados.
El Plan Nacional plantea, entre otros problemas a erradicar, la contaminación química, erosión y deterioro de las propiedades del suelo y de la cobertura vegetal por mal manejo; las descargas de aguas servidas de origen urbano, comercial e industrial, dañando el volumen y calidad del agua disponible para uso humano; y, como consecuencia natural de todo esto, la pérdida de biodiversidad y la degradación de la calidad de vida en los asentamientos humanos y de la infraestructura económica.

COMPROMETIDA DESDE 1998
Venezuela se adhirió a la Convención de las Naciones Unidas de Lucha Contra la Desertificación y Mitigación de la Sequía en el año 1998, fecha en la que asumió el compromiso de actuar en el combate de las condiciones y procesos que generan inseguridad alimentaria y conducen a la pobreza, porque están “convencidos de la necesidad de un desarrollo sustentable, de que la lucha no es sólo ambiental, sino también social, económica, política y cultural, porque la desertificación es un proceso de disminución de la capacidad productiva de las tierras, que gravita en la profundización de la pobreza y porque dicha degradación disminuye la posibilidad de producir alimentos y otros bienes de consumo, lo cual conduce a la miseria e implantación del hambre”.
Precisamente, para muchos expertos, la sequía es un evento recurrente y como tal, la humanidad debe empezar a establecer herramientas que le permitan convivir con el fenómeno que amenaza la sobrevivencia de más de mil millones de personas en todo el mundo. Cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) revelan que cerca del 35% de la superficie de los continentes se consideran áreas desérticas.
Latinoamérica, considerada como una región de contrastes en el tema de la sequía, debe integrar, a juicio de los especialistas, las políticas y estrategias de gestión de los recursos hídricos como algo habitual y no cuando suceden catástrofes.

Caso Latinoamérica Julio Calderón, representante de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe del PNUMA está convencido que la comunidad internacional está tomando conciencia del problema ambiental generado por la sequía en los últimos años.
Menciona que la región está siendo bastante activa en el desarrollo de políticas de mitigación de la sequía, sin embargo exhorta a los países a destinar mayores recursos para ejecutar las medidas concretas de acción que ya están planteadas en los planes de acción nacional contra la desertificación y la sequía.
Expresa que en la actualidad, el organismo de las Naciones Unidas está centrando su trabajo en revisar el nivel de cumplimiento de los planes establecidos en cada país y en ayudar a aquellos países que se encuentran atrasados en las líneas de acción y motivar la cooperación Sur-Sur.
“Es una región donde hay logros modestos pero se ha avanzado”. Calderón asevera que las carteras ministeriales de ambiente y agricultura de los países miembros deben ser fortalecidas tanto o más que las otras, apoyando el trabajo cercano con las comunidades y los programas de educación dirigidos a la población en estos temas.
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