El “deber” de conservar el recurso agua

Expertos en gestión ambiental coinciden en señalar que en la conciencia del colectivo pervive la idea de relacionarse con el agua desde el derecho y no desde el deber por lo que consideran imprescindible generar actitudes y valores respecto al uso, conservación y preservación del recurso agua

La persona que se cepilla los dientes con el grifo del lavamanos abierto. El conserje que “barre” las hojas en la entrada del edificio con el chorro de la manguera. El señor que lava su carro frente a la acera de su casa. ¿Se ve reflejado en alguna de estas situaciones? Entonces ya somos dos los “irresponsables” con el único de los recursos naturales que experimentará para el año 2025, una de las más graves crisis.
Cerca de 2.700 millones de habitantes serán víctimas de la escasez de agua, según los cálculos de la Organización de Naciones Unidas (ONU). El primer Informe sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo del mencionado organismo mundial explica que se trata de una crisis de gestión de los recursos hídricos causada por la utilización de métodos inadecuados, pero que “en realidad, se trata fundamentalmente de un problema de actitud y de comportamiento”. Todos queremos ver la gota de agua saliendo por el grifo, pero nadie se detiene a pensar en la responsabilidad que cada uno tiene con el vital líquido.

UNA RELACION DESDE EL DEBER
Según cálculos de la ONU, el consumo mínimo de agua por habitante debe ser: cinco litros diarios para bebida, 20 para la limpieza del medio que habita, 15 para higiene personal y 10 para la preparación de la comida. Claro, que en una ciudad rodeada por los ríos Orinoco y Caroní, pareciera una ironía tener que administrar mejor este recurso.
Para Maria Eugenia Monzón, coordinadora corporativa de la CVG y especialista en gestión ambiental, en la conciencia del colectivo pervive la idea de relacionarse con el agua desde el derecho y no desde el deber. “Lo que nosotros hacemos aquí podría crear problemas más allá y cuando vemos el efecto de ese río descargando en el mar y llegando a una plataforma mucho más grande que Venezuela y tocando todos esos países con los cuales hacemos fronteras, es cuando debemos pensar en que no es sólo el derecho a usarlo sino el deber de cuidarlo”.
Monzón es de las que piensa que más allá de los acueductos, represas y plantas de tratamiento, los ciudadanos deben empezar a relacionarse desde la esencia de lo que es el recurso hídrico y el valor que tiene para la supervivencia del ser humano. “Toca repensar cómo ayudamos a la naturaleza a que responda de la mejor manera. Hay gente que se preocupa por el problema del agua, pero realmente no se ocupa y no contribuye con parte de la solución”.

COMO LA VIDA MISMA
En esto concuerda César Garbán, el primer presidente que tuvo la Fundación de Ciencia y Tecnología de la región Guayana (Fundacite) y organizador del I Congreso Internacional de Agua celebrado en esta ciudad hace ya dos años. Considera imprescindible generar actitudes y valores respecto al uso de las cosas y reforzar esa conciencia de ser social que usa y valora las cosas que le son útiles y que forman parte de su vida misma.
“La gente protesta, hace trancas por el problema del agua, lo que es un derecho de ese ciudadano exigiendo a las autoridades la satisfacción de una necesidad básica; pero cuando te llega, entonces ves que la manguera queda abierta y la malgastan, la contaminan, la envasan y no la protegen –ocasionando múltiples enfermedades- la usan para lavar carros y otras cosas, de manera inconsciente”.
Garbán cree que parte de la solución al problema del agua está en la profundización del trabajo comunitario. “Las instituciones no pueden irse a tratar el problema de la infraestructura como la panacea del problema del agua. Cualquier desarrollo que se vaya a ser debe ir ligado a la necesidad y participación de las comunidades”.
Dijo que aunque Ciudad Guayana tiene capacidad para suministrar mayor cantidad de agua que los requerimientos de la Organización Mundial de la Salud, el agua no llega a todos “porque hay un conjunto de ciudadanos que hace un uso irracional del recurso. Y además, no pensamos que la deforestación, la minería y la contaminación de los ríos y las fuentes de agua está afectando ese gran volumen de agua que vemos en el río Orinoco”.

POLÍTICAS TÍMIDAS
A su juicio, las políticas del Estado resultan “tímidas” en lo que debería ser más bien “una actitud más agresiva en cuanto a la conservación del ambiente en todos los niveles”. Aboga por el despertar de la conciencia ambiental en todos los sectores de la población más allá de la Educación Ambiental que se imparte en las escuelas porque a su entender, su abordaje no corresponde sólo a las instituciones, a las leyes, a los medios sino más bien a un esfuerzo integral de todos los actores.
“Debemos coincidir sin que las diferencias medien frente aquello. Todo parte de esa actitud que como ciudadanos debemos tener ante el ambiente y frente a la vida misma, hay que reforzar eso desde el hogar y en tu relación con la sociedad”.
Los medios de comunicación
Cuando César Garbán habla de la necesidad de formar conciencia ambiental hace énfasis en el papel que ejercen los medios de comunicación en la sociedad. Considera que uno de los grandes retos que tienen los comunicadores es no quedarse sólo en la denuncia sobre la crisis del agua sino más bien elaborar un mensaje integral donde se incorpore el uso, la conservación y preservación del recurso agua, “que la gente sienta que es parte de la solución. Pero esta es una labor que los medios deben hacer permanentemente, una cuestión de día a día y en donde el
elemento común es la creación de conciencia ecológica”.
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